Avances y obstáculos para la paz coreana

Enrique Martínez

 

MSc Enrique R. Martínez Díaz

martinez@cipi.cu

Los más recientes acontecimientos en la península coreana parecen demostrar que se están dando pasos para encaminar la solución de ese conflicto, uno de los más antiguos de la era moderna, aunque no sin dificultades; tal consideración es posible hacerla tras la lectura de la llamada Declaración de Pyongyang del 19 de Septiembre de 2018, emitida tras las conversaciones en esa ciudad, entre los presidentes de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) Kim Jong Un, y de la República de Corea (RC), Moon Jae-In.

Durante tres días los gobernantes de los estados en que se encuentra dividida la nación coreana realizaron una nueva ronda de conversaciones, tras lo cual emitieron la Declaración a la que nos hemos referido anteriormente, la que establece un conjunto de medidas encaminadas a la disminución de las tensiones entre las dos partes.

Entre los aspectos acordados están medidas para reducir los riesgos de incidentes  militares en la zona fronteriza de Panmunjeon (incluyendo el desminado en la llamada Área de Seguridad Conjunta); también  acordaron establecer un comité militar conjunto para la observación y ejecución de los aspectos acordados en esa esfera, incluyendo el objetivo hacer de la península coreana  una “zona de paz permanente”.

Además se alcanzaron acuerdos importantes en el plano económico, en búsqueda de lograr una cooperación e intercambio más fluidos en esa esfera, con la aplicación de un conjunto de medidas, que incluye el establecimiento de zonas económicas y turísticas conjuntas, así como la reactivación de otras ya existentes. Igualmente se acordó tomar medidas para establecer la cooperación en esferas  tales como la salud, los temas ambientales, la reunificación familiar, la cultura, las competencias deportivas, etc.

Un aspecto importante es el relacionado con los temas nucleares, en los cuales se ratificó el objetivo de que la Península coreana sea un “lugar de paz libre de armas nucleares y amenazas nucleares”, para lo cual ambas partes acordaron una estrecha cooperación, y la RPDC acordó desmantelar dos instalaciones, una nuclear y otra de prueba de mísiles.

Finalmente se anunció una probable visita, en fecha por precisar,  del líder norcoreano a Seúl, capital de la RC, por invitación de su par sudcoreano.

Valorando los resultados de las conversaciones recién terminadas, uno no puede dejar de comparar los mismos con acontecimientos de etapas anteriores, especialmente entre finales del Siglo XX y comienzos del XXI, cuando los entonces presidentes de la RC Kim Dae-Jung (1998-2003) y Roh Moo-Hyun (2003-2008), mediante la famosa política del Sunshine,  sostuvieron conversaciones, realizaron visitas, emitieron comunicados y se lograron determinados acuerdos con la otra parte,  que parecían  encaminarse al logro de la paz definitiva en esa convulsa región; acuerdos que además eran apoyados por las llamadas “Conversaciones a Seis Bandas”, auspiciadas por la República Popular China. Incluso, se debe recordar que al Sr. Kim Dae-Jung le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz del año 2000 por esas conversaciones.

Como se sabe, tales resultados no perduraron, y muchos atañen la responsabilidad del fracaso de aquellas conversaciones a la actitud del gobierno norteamericano, especialmente a la administración de George W. Bush, que como se conoce comenzó su ejecutoria el 20 de Enero de 2001.

La actual administración estadounidense, encabezada por Mr. Donald John Trump, al parecer está enfocada en lograr avances en la solución del problema coreano, o al menos pretende hacer creer eso a la opinión internacional. El magnate devenido presidente de EE.UU. se entrevistó con el líder de la RPDC en Singapur en el pasado mes de Junio, y recientemente en la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró su disposición a reunirse nuevamente con Kim Jong-Un.

No obstante, en ese mismo discurso afirmó que las sanciones no serán levantadas hasta que se complete por parte de la RPDC el desarme nuclear. El ministro de Relaciones Exteriores de esa nación, Ri Yong Ho, denunció el 29 de Septiembre en la sede de las Naciones Unidas, que EE.UU. insiste en la desnuclearización e incrementa la presión respecto a las sanciones contra Pyongyang, sin hacer ningún gesto, ni dar garantías.

Ante esta situación, nos viene a la mente la actitud norteamericana en anteriores etapas en las cuales los gobiernos de ese país, muy especialmente la ya mencionada administración republicana de George W. Bush, que saboteó abiertamente las llamadas Conversaciones a Seis Bandas entre los años 2003 y 2007.

No puede olvidarse tampoco la forma en que otros gobiernos estadounidenses manejaron las conversaciones con el entonces Presidente de la desaparecida Unión Soviética, el Sr. Gorbachov, a finales de los años 80 y principios de los 90 del pasado Siglo XX. Los norteamericanos presentaban un número determinado de exigencias a los soviéticos, como premisa para negociar acuerdos de determinado tipo; una vez que Gorbachov y su equipo acataban tales requerimientos, la parte estadounidense congratulaba a su contraparte, pero declaraba que no era suficiente, y hacía nuevas exigencias. Tal proceso se repitió varias veces. El resultado fue que la parte soviética hizo notables concesiones sin lograr que EE.UU. hiciera prácticamente ningún compromiso; los resultados están a la vista: el Pacto de Varsovia y la URSS desaparecieron, la OTAN ha desplegado fuerzas militares prácticamente hasta las fronteras rusas, incluyendo el despliegue de tropas y medios de combate norteamericanos en antiguos estados socialistas, como Polonia y Rumania.

La firma de un Tratado de Paz entre las partes, con compromisos que garanticen la perdurabilidad de la estabilidad en la región; un levantamiento total o gradual de las sanciones contra la RPDC; una retirada parcial o total de las fuerzas militares estadounidenses de la región, pudieran ser medidas que demostrarían el real compromiso de los gobernantes de Washington con la paz en la península coreana, y garantizarían al pueblo coreano las condiciones para en un futuro lograr la reunificación nacional, que es el deseo de la mayoría de los habitantes de los dos estados.

¿Conviene eso a los gobernantes norteamericanos y a sus planes de mantener su esquema de dominación global? Tras un lenguaje, que en ocasiones puede  parecer conciliador, lo cierto es que los discursos de Trump y sus acólitos, y el texto de los principales documentos estratégicos hechos públicos recientemente, no demuestran una voluntad de paz por parte de la potencia imperialista, sino por el contrario, su interés de mantener, mediante la amenaza o el empleo de la fuerza el llamado liderazgo norteamericano a nivel planetario, y muy especialmente en la región que ellos denominan Indo-Pacífico. Dentro de su esquema de confrontación con las potencias que consideran rivales estratégicos, China y Rusia, el teatro de operaciones del Noreste de Asia tiene especial importancia. Japón y la República de Corea son calificados de aliados, y el actual gobierno norteamericano pretende mantenerlos en esa condición, sin reducir su presencia militar en ambas naciones.

Es por ello que nuestro criterio es que aún es muy pronto para considerar que la situación en la Península Coreana tendrá una solución a corto plazo, y mantenemos nuestro pesimismo y desconfianza respecto a las verdaderas intenciones del imperialismo norteamericano, en el cual, como dijera el Guerrillero Heroico, Comandante Ernesto Ché Guevara, no se puede confiar: “Ni tantito así, ¡Nada!”

BIBLIOGRAFIA

Full text of September 19th Pyongyang Declaration KBS World Radio 19-09-2018. Globalsecurity.org. https://www.globalsecurity.org/wmd/library/news/dprk/2018/dprk-180919-kbs01.htm

Trust with US must be built before Korean Peninsula can be reunited, DPRK insists at UN. UN News, New York, September 29, 2018 https://news.un.org/en/story/2018/09/1021702