China colosal obra centenaria

José Luis Robaina

 

 

Lic José Luis Robaina, Embajador

robaina@cipi.cu

El triunfo de la Revolución China y la fundación de la República Popular el primero de octubre de 1949 fue uno de los mayores terremotos políticos del siglo 20, estremeció la geopolítica mundial y el sistema de dominación imperialista y fortaleció sustancialmente el naciente campo socialista y las esperanzas de millones en el planeta.

Para China fue el cierre con broche de oro de un fatídico siglo de saqueo colonial de todas las metrópolis europeas, más Estados Unidos y el Japón imperial, humillaciones y guerras sin fin y empobrecimiento total y el inicio de un largo camino de desarrollo propio como país independiente y soberano y con objetivos bien claros, el socialismo.

Al campo socialista que ya se formaba con la Unión Soviética, vencedora sobre el fascismo, varios países del centro y este de Europa así como la parte norte de Corea y Vietnam en Asia se le unía uno de los mayores territorios del planeta y el más poblado, heredero de una de las civilizaciones más desarrolladas de la historia, que fuera durante el milenio que terminó en 1840 la primera economía del mundo.

Para Estados Unidos, el principal sostén del régimen dictatorial del Kuomintang derrotado, fue su mayor fracaso del siglo XX, justo cuando estaba en el apogeo de su poderío al término de la Segunda Guerra Mundial y en medio de la Guerra Fría y la histeria anticomunista generalizada.

El rotundo fracaso desató un histérico debate y cacería de brujas en Estados Unidos buscando a los responsables, como alegaban, de haber perdido a China y como es de suponer no los encontraron en Estados Unidos. Los responsables del fracaso estaban en China a la vista de todos: el Partido Comunista, sus fuerzas armadas, el pueblo chino y un genio político llamado Mao Zedong.1

Ese partido, fundado el primero de julio de 1921 en Shanghái con apenas 53 militantes dispersos en siete ciudades, sin raíces en el campo rural donde vivía la inmensa mayoría de la población y obviamente sin impacto nacional, en solo 28 años había logrado superar fracasos muy costosos y convertirse en millones y en 1949 liberar a todo el país.

La liberación con sus propias fuerzas, básicamente la lograron en tres grandes campañas militares en 1948 y 1949 con ejércitos que movilizaban a más de un millón de efectivos cada uno guiados por la dirección del partido encabezado por Mao e integrado por dirigentes como Zhou Enlai, Liu Shaoqi, Zhu De, Deng Xiaoping y una pléyade de jefes militares que recorrieron el inmenso país derrotando al ejercito del Kuomintang armado y respaldado por Estados Unidos en todos los sentidos.

La conversión de aquella minúscula organización en la formidable maquinaria política y militar vencedora fue obra de un grupo de veteranos revolucionarios que con Mao Zedong a la cabeza encontraron el camino correcto hacia el triunfo, organizaron las fuerzas políticas y militares necesarias para materializar el empeño, diseñaron las estrategias y tácticas convenientes para sus fines como una amplia reforma agraria que movilizó a millones de campesinos y los dotaron de la cohesión ideológica llamada Pensamiento de Mao imprescindible para el triunfo2.

Cuando las fuerzas revolucionarias triunfan, encuentran un país en ruinas y además hostigado con saña por Estados Unidos que no acepta la nueva China.

En varios saltos rápidos y contundentes establecen los cimientos del desarrollo del país, primero la liquidación del sistema de dominio de los terratenientes en el campo y la entrega de la tierra a campesinos y de los mecanismos de dominación imperialista tales como el control de las aduanas y el comercio exterior.

Luego la confiscación de las propiedades de los personeros del Kuomingtan que dominaban las arterias principales de la economía, dotó a la propiedad estatal de una solida base y la construcción inicial de la estructura industrial básica de la república.

El odio de los círculos gobernantes de Estados Unidos, mezcla de ideología supremacista, racismo y pérdida efectiva de grandes negocios y ganancias, no ha tenido límites y abarcó, según documentos desclasificados por agencias estadounidenses, de varios momentos en que diseñaron planes para bombardear con armamento nuclear a ciudades densamente pobladas como Beijing y Shanghái.3

La obsesión genocida no era, por cierto, algo nuevo en el pensamiento de esos círculos. Ya lo habían probado extensamente cuando bombardearon la población civil de ciudades abiertas de Alemania, Japón, Corea del Norte, y luego Vietnam, Laos y Cambodia, masacraron a sus pueblos, así como atacaron con armas nucleares a los habitantes de Hiroshima y Nagasaki, actos genocidas sin parangón en la historia.

El desprecio por la vida de algunos de los líderes de estas acciones lo evidenció el general Curtis Lemay, responsable de los ataques mencionados, icono de las fuerzas aéreas de Estados Unidos, quien se vanagloriaba de que los llevarían a la Edad de Piedra. 4

Como jefe militar este personaje también se destacó años después en las presiones incesantes sobre el Presidente Kennedy para bombardear (su especialidad), invadir y ocupar a Cuba durante la crisis de los misiles en 1962.

Pero China no se amilanó y siguió su camino.

La entrega de la tierra a los campesinos era anhelo ancestral convertido en realidad por primera vez en la historia del país y base además del desarrollo independiente iniciado. Con la construcción con ayuda de la Unión Soviética de 156 grandes complejos siderurgias, plantas químicas, infraestructuras eléctricas y de viales comenzaba la industrialización y el despegue integral de la nación.

Los 70 años de existencia de la república popular no han sido de etapas lineales. Sin embargo, el país siempre marchó hacia adelante a pesar de todo.

China logró autoabastecerse de petróleo y acero, fortalecer sus sistema industrial y agrícola. También lanzar y recuperar satélites al espacio, establecer un sistema de salud que eliminó las epidemias que antes azotaban a la población, controlar con diques construidos a mano por decenas de miles de personas las inundaciones que azolaban al país cuando se desbordaban sus grandes ríos y en 1964 dotarse del arma atómica, vital para la defensa nacional.

Cuando comienzan a principios de la década del 80 del siglo pasado bajo la conducción del veterano Deng Xiaoping el proceso de reformas económicas estructurales y de apertura a las inversiones y cooperación intensiva con el exterior no partieron de cero, sino de la base ya establecida y paso a paso se fueron convirtiendo en la gran potencia que es China hoy.

El nuevo sistema agrícola basado en el usufructo familiar de la tierra, atracción masiva de inversiones extranjeras y de las comunidades de chinos residentes en el extranjero; la apertura de zonas económicas especiales y ciudades para atraer esos flujos de capital; la priorización de la educación y la formación del capital humano imprescindible para el desarrollo, modernización tecnológica de la base industrial y agrícola, entre otros, constituyó fomento impetuoso del desarrollo científico, tecnológico y la innovación. Estas fueron, en sentido general, las líneas maestras del proyecto diseñado por el Partido Comunista de China.

Gracias a estas políticas el país se elevó hasta los planos actuales y la población urbana y rural conoció niveles de bienestar material y espiritual sin precedentes y hoy ya con diez mil dólares de ingreso promedio per cápita para sus 1400 millones de habitantes se están proponiendo en menos de 15 años alcanzar el nivel de ingreso de los países medianamente desarrollados.

Quien conoció a China en los 60, 70, 80 y posiblemente en los 90 del siglo pasado no conoce hoy al país, pues las transformaciones son abrumadoras tanto a nivel de indicadores económicos como desarrollo socioeconómico, urbano y rural. También de modo de vida de la ciudadanía, hoy con el mayor rango de informatización del planeta.

La corporación multinacional china Huawei es un buen ejemplo de este salto. Surgida en 1987 ya es el primer fabricante mundial de teléfonos inteligentes y de equipos de telecomunicaciones y está presente con su avanzada tecnología del sistema 5G en un centenar de países, con más de 700.000 estaciones de base, a pesar de la campaña del gobierno norteamericano iniciada en su contra durante la administración Trump y continuada luego por Biden

Para superar las prohibiciones norteamericanas que no le permiten usar el sistema Androide, Huawei acaba de presentar su sistema operativo propio y al independizarse no solo se mantienen en el mercado, sino que demuestran la capacidad innovadora de China para en tan poco tiempo saltar por encima de los muros que Washington levanta.

La hostilidad norteamericana contra Huawei y su aventajada tecnología de 5G no es gratuita. Temen sobremanera que se consolide esta tecnología clave de la Cuarta Revolución Industrial en curso y con ella se fortalezca aún más económica y tecnológicamente el gigante asiático.

Entre las últimas novedades de la innovación china hay que incluir la conversión del país en el cuarto lugar en crear un sistema de navegación satelital totalmente propio y en estos instantes su sistema de ventas online supera al de Estados Unidos y Europa juntos, áreas diferentes, pero que confirman los avances.

Los avances no se limitan empero al planeta Tierra. En estos precisos momentos varios equipos enviados por el país realizan exploraciones e investigaciones simultaneas en la Luna y Marte, preparan con Rusia operar a partir del año próximo una estación permanente en la Luna que debe funcionar durante 15 años y para fines de esta década planean llegar a Venus y a una de las lunas de Júpiter.

Ya los tres astronautas chinos que trabajarán en la primera fase de la construcción de la estación permanente están en el módulo central de la estación, y le seguirán otros. En total son once misiones para la fase constructiva. Desde 2003 China ha enviado al cosmos seis misiones y once astronautas, uno de los cuales, Zhai Zhigang realizó la primera caminata espacial en la historia nacional.

Haberse convertido en una de las pocas potencias espaciales del mundo en menos de 40 años es otra de las hazañas del país, que acaba de erradicar la pobreza extrema y beneficiar con ello a más de 800 millones de personas, éxito sin precedente en la historia mundial y controlar la pandemia del COVID19 y ayudar con sus vacunas, equipos e insumos a millones.

Desde 2013, China promueve activamente entretanto a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta en sus variantes de las Rutas de la Seda marítima y terrestre el mayor programa de construcción de infraestructuras de la historia de la humanidad.5 Esta iniciativa global ya abarca a un centenar de países de todos los continentes, más de 2.600 proyectos y una inversión china total de 136 billones de dólares.

Según el Buro Estatal de Estadística de China mientras en 1952 el producto interno bruto de China apenas ascendió a 30 mil millones de dólares en 2018 totalizo 13,61 billones de dólares para incremento de 452 veces.6 De 1961 a 1978 la contribución de China al crecimiento mundial fue 1,1%, pero en 2018 se elevó a 27,5 %, superó a Japón y se convirtió en la segunda economía mundial.

Según el Fondo Monetario Internacional en 2014 supero a Estados Unidos por la paridad del poder de compra del producto interno bruto (PIB), lo que la convirtió en ese sentido en la primera economía del orbe.

Segunda economía mundial por el volumen de su PIB en camino de convertirse en la primera en los próximos años, primera potencia comercial del planeta y una de las primeras en las ramas tecnológicas y financieras, China ha priorizado desde la fundación de la república popular la defensa del país y hoy ya dispone de una poderosa fuerza disuasoria capaz de rechazar cualquier agresión extranjera.

En su informe ante la Asamblea Nacional del pasado mes de abril, el Primer Ministro, Li Keqiang develó varias de las principales medidas y objetivos que persiguen para los próximos 15 años, hoja de ruta clave para el próximo salto que preparan.

Aumentar 10 % durante el período señalado las asignaciones estatales para el desarrollo de las ciencias básicas, fuente principal de la innovación científica y tecnológica y siete por ciento los fondos para la investigación y el desarrollo, que, planteó, deben convertirse en el soporte estructural del desarrollo nacional.

Objetivos fundamentales son la digitalización del sistema industrial, el gobierno y la sociedad.

El nuevo plan quinquenal enumera 119 proyectos claves en áreas como la inteligencia artificial, las ciencias cuánticas, los circuitos integrados, la biotecnología y las neurociencias, la tecnología aeroespacial, las nuevas energías y materiales, la digitalización y la protección ambiental, entre otros.

En paralelo el país aprobó la creación de 120 zonas especiales de alta tecnología para promover que la innovación se convierta en el motor del país, mientras impulsa otros monumentales proyectos de integración regional para el desarrollo como la coordinación entre las provincias de Guangdong y Hainan, Hong Kong y Macao y el desarrollo del cordón agroindustrial del rio Yangtse, que abarca a una docena de grandes ciudades.

En su proyección internacional hay que resaltar, por otro lado, la conversión de China en activo defensor de un nuevo orden político y económico internacional justo, inclusivo, sin hegemonismos, del respeto al derecho internacional y la convivencia civilizada de las naciones, sin agresiones ni injerencias externas que lesionen la soberanía nacional, a favor de la paz y el multilateralismo centrado en el sistema de Naciones Unidas y del enfrentamiento al hegemonismo imperialista, lo que la ha convertido en foco central de la ofensiva estadounidense.

Además, el Presidente Xi Jinping se ha convertido en abanderado activo de estos postulados, que en esencia expresan los intereses y deseos de la inmensa mayoría de la humanidad.

China hoy se encuentra en un nuevo ciclo de desarrollo, intensivo, ecológico basado en su inmenso mercado interno y en la calidad de sus producciones no en la cantidad como hasta ahora, la excelencia tecnológica y la innovación, ejes principales del 14 Plan Quinquenal y los Objetivos hasta 2035 recientemente aprobados con el propósito de arribar al centenario de la fundación de la república popular en 2049 como una gran potencia socialista, democrática, prospera y moderna.

Como parte esencial de este empeño se esfuerzan desde hace años, pero particularmente en la última década, en avanzar en la estructuración de un régimen político interno democrático basado en el sistema de asambleas populares, el imperio de la ley y la administración del país por las leyes.

Al frente de este nuevo ciclo, como siempre antes, está el partido comunista ahora encabezado por Xi Jinping, quien en sus dos mandatos ha logrado con su talento y esfuerzos la revitalización de la organización y el sistema político nacional y proyectar el desarrollo del país hacia los más altos objetivos y el respaldo activo de la población consagrados todos a materializar el sueño ancestral de la nación china.

Bajo la conducción de Xi Jinping el país ha continuado avanzando en su desarrollo económico y social y también logrado importantes avances en el perfeccionamiento y fortalecimiento de la defensa nacional tanto en términos organizativos como de tecnologías militares convenientes para derrotar cualquier agresión.

Como se evidenció anteriormente, la hostilidad y obsesión de Estados Unidos contra China no es nueva. Nació con la fundación de la Nueva China y se ha extendido en el tiempo, con matices diferenciales según los gobernantes de turno pero siempre con un objetivo común: impedir el desarrollo independiente y socialista del gigante asiático.

Lo nuevo ahora es que los distintos grupos integrantes del establisment norteamericano perciben desesperados que mientras China prosigue su ascenso pacifico, Estados Unidos está en franco declive y de ahí los esfuerzos de la nueva administración Biden para reactivar la economía y el desarrollo científico tecnológico, mientras hostigan a Beijing de todas las maneras posibles.

La mentalidad imperial condensada en todas las doctrinas de seguridad nacional aprobadas en las últimas décadas en Estados Unidos coinciden en que Washington no admite la existencia de potencias rivales que amenacen su predominio hegemónico global. Misión imposible, por el declive cierto del poderío estadounidense por un lado y el fortalecimiento por el otro de diversas naciones en tendencia hacia la formación de un mundo multipolar.

Washington sin embargo, no toma lecciones de sus derrotas en Vietnam y más recientemente en Afganistán, Irak y Siria y todo indica que con la administración Biden harán el máximo esfuerzo, entiéndase Guerra Fría y hostilidad total, para tratar de lograr sus propósitos.

Para China el antagonismo norteamericano respaldado por algunos de sus aliados significara todavía un largo y complejo periodo de conflictos y batallas, y quizás también algunos escasos puntos de cooperación.

En cualquier caso hay un horizonte previsible: estudios de consideración e indicadores diversos vaticinan que China proseguirá su ascenso pacifico, al igual que el de otras naciones mientras Estados Unidos seguirá declinando aunque mantenga su condición de primera potencia militar, con amplio poder económico, financiero, tecnológico y de dominio de los medios.

Baste leer el informe Global Trends 2040 elaborado por la Comunidad de Inteligencia de los propios Estados Unidos difundido en abril pasado, según el cual para esa fecha ningún país individualmente podrá dominar el mundo.7 Dicha fuente plantea que, mientras China y otros países asiáticos aportaron 18 y 7% respectivamente al producto bruto global en 2020, la contribución combinada se elevará al 35% para 2040, mientras Estados Unidos descenderá del 24% en 2020 a 20% en la fecha indicada.

A juzgar por los hechos reconocidos por líderes políticos y estimaciones de la propia comunidad de inteligencia de Estados Unidos, el orden unipolar post guerra fría ya finalizó y la decadencia de Estados Unidos es evidente.

Así se han pronunciado, entre otros, el presidente de Francia Macron y estudios como Global Trends. The paradox of progress elaborado por la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos en 2017, Global Risk 2035 producido por Atlantic Council titulado Decline or New Renaisance 2019 y la compañía británica antes mencionada. 8

Estrategas orgánicos del sistema como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, sin importar su filiación republicana o demócrata, coinciden totalmente en los que aceptan como un hecho el declive de Estados Unidos y hasta proponen alternativas de búsqueda de nuevos equilibrios para, en escritos de Kissinger, por lo menos dominar la transición hacia un nuevo orden, dado que Washington, afirman, ya no puede dominar el mundo.9

Brzezinski incluso advirtió en su obra El gran tablero mundial de 1997 sobre la extrema peligrosidad que para Estados Unidos representaría lo que denominó una gran coalición entre China, Rusia e Irán, lo cual, como se sabe, es hoy una realidad.

Para reconocidos intelectuales progresistas como el sociólogo norteamericano Inmanuel Wallerstein el declive de Estados Unidos es estructural, de largo plazo, comenzó en los años setenta, se ha ido acentuando con las derrotas en Vietnam, Irak, Afganistán y los ataques del 11 de septiembre y en algún momento se expresara con la eliminación del dólar como la moneda básica de reserva.10

Conclusiones

El dominio colonial del mundo evidentemente es cosa del pasado, de los siglos XIX y XX y ahora se asiste a un período complejo y contradictorio de transición hacia una estructura multipolar, que puede complicarse si las elites gobernantes estadounidense no despiertan de sus sueños imperiales.

La Administracion Biden por lo visto tampoco representara un cambio positivo y por ello ahora trata, sin el éxito que procuran, de organizar una especie de Santa Alianza multilateral para asfixiar a China, lo que provoca una bipolaridad no deseada por Beijing pero al parecer inevitable.

La humanidad está, sin embargo, en el siglo XXI.

Todo indica que China y otras naciones proseguirán su ascenso pacifico que unos cuantos países no pueden impedir para tratar de imponer su voluntad, como antes, al resto de la familia humana aunque lo pretendan.

Cien años después de su fundación en las más precarias condiciones, el Partido Comunista de China ha demostrado sin margen de dudas que ha cumplido y sobrecumplido sus objetivos básicos de dirigir la modernización y revitalización del país por el camino de la independencia, la soberanía y el socialismo hasta los más altos niveles de desarrollo económico y bienestar social.

Bibliografía:

  • Briefing book no 130. (2004). The creation of SIOP 62 y actualizaciones anuales. National Security Archive of Washington.
  • Gao, Hua (2011). How did the sun rise over Yanan. A history of the rectification movement? En chino. The Chinese University of Hong Kong.
  • Hu, Sheng (1994).Breve historia del Partido Comunista de China. Editorial Lenguas Extranjeras Beijing.
  • National Security Archive. (2018). US nuclear war plan option sought destruction of China and Soviet Unión as viable societies.
  • Rand Corporation.(1966).The Taiwan Straits crisis, a documentary history.
  • Russia Beyond (2017). Operation DROPSHOT; el plan de Estados Unidos para destruir la URSS en 1959.
  • The New York Times. (2021). Risk of nuclear war over Taiwán in 1958 said to be greather than publicity know.

The Atlantic. (2001). JFK first strike plan.

  1. The Independent. (2013). JFK was ready to use nuclear bomb on China,tapes reveal.

Referencias indicadas en epígrafe anterior.

  1. Global Times. (2021). G7 infraestructure iniciative cant compete with the BRI.
  2. XINHUA. (2019). Economía de China se acelera en 70 años.
  1. Rosales, O. (2020). El sueño chino. Editorial Siglo XXI, CEPAL.
  1. The National Intelligence Council. (2020). Global Trends 2040.
  2. Hawksworth.J, Tiwari.A. (2011). The World in 2050. Pricewaterhouse Cooper.

Burrow M.J. (2019). Global Risks 2035 Update. Decline or New Renaissance? Atlanti Council.

  1. Kissinger,H. (1996).Libros Diplomacia. Fondo de Cultura Económica, México, y Orden mundial reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia. Penguin Random House.
  1. Brzezinski,Z. (1997).El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Edit Paidos, Barcelona.
  1. Wallerstein,I . (2003).The decline of american power. The US in a caotic world, New York Press.