China en África Subsahariana: Diplomacia, Relaciones Económicas y Cooperación Sanitaria

Jayne La Nuez

 

 

 

LIc Jayne La Nuez Mesa

jayne@cipi.cu

 

El continente africano – sometido al dominio colonial durante siglos - necesitaba de una reconstrucción en toda la extensión de la palabra, en la medida que sus Estados se enfrentaban al proceso de descolonización. A pesar de la independencia política, su soberanía y su economía se vieron fuertemente afectadas, por el control que mantuvieron las ahora ex potencias coloniales. A pesar de ello, la mayoría de los países africanos buscaron  mecanismos para integrarse a nivel subregional, continental, así como en las cambiantes dinámicas del escenario mundial.

África se ha caracterizado desde siempre por ser una región rica en recursos naturales estratégicos, al tiempo que se consolidaba como un nuevo mercado. Por lo que se convertía en una región con la cual estrechar las relaciones económico-comerciales. La condición exportadora e importadora de África se entiende a través del vínculo comercial con los actores que tradicionalmente han estado presente en la región, sobre todo los integrantes de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. Debido a la necesidad del capital transnacional de ampliar sus mercados, África ha sido un punto de acogida de las manufacturas, de petróleo ya procesado, de bienes de consumo y de medicamentos. 

En tanto esto continúa sucediendo, África busca alternativas que apuestan por el desarrollo de su industria doméstica valiéndose de sus propios recursos. El ejemplo más contundente es la puesta en funcionamiento (desde el 1ro enero de 2021) del Área de Libre Comercio Continental Africano (AFCFTA), con el fin de lograr un mejor intercambio intrarregional y lograr disminuir el nivel de dependencia externa en el plano económico. A la par que avanzaban en sus procesos de integración continental, se hacía necesaria la búsqueda de nuevos socios estratégicos, que ayudaran a revertir el déficit de financiamiento que presentaban sus economías.

La República Popular China, por su parte, necesitaba materias primas, recursos energéticos y  de mercados para satisfacer su creciente demanda interna, exportar sus manufacturas y realizar inversiones, en la medida que su economía se desarrollaba. Luego del proceso de reforma y apertura iniciado en la década del 80 del siglo pasado, el gigante asiático ha venido insertándose de manera contundente en el escenario de las relaciones internacionales. En este sentido, el vínculo con el continente africano fue necesario y oportuno para ambas regiones, por ende, las relaciones sino-africanas se han fortalecido. Fue así que, a través de la cooperación entre ambas regiones se fueron tejiendo los lazos para consolidar el estrecho vínculo que existe hasta la actualidad.  Ejemplo de ello fue la creación en el año 2000 del Foro de Cooperación entre China y África (FOCAC).

La política exterior de China en el orden internacional se ha caracterizado desde la Conferencia de Bandung en 1955 por “sostener cinco principios básicos de coexistencia pacífica. En primer orden, el respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial, la no agresión, la no intervención en asuntos internos de otro país, igualdad y beneficio recíproco y coexistencia pacífica” (Gómez, 2020). Estos principios de política exterior han mantenido su esencia, pero han evolucionado en correspondencia con la proyección exterior del gigante asiático según sus intereses, en función de sostener un intercambio multilateral y bilateral armónico.

En este sentido, las relaciones con África también se enmarcan en estos postulados. China ha mantenido como una constante, el respeto a los asuntos internos de los países africanos y el fomento de la cooperación sin condicionalidades políticas. De acuerdo con Wang Yi, Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores, la proyección exterior de China está basada en “la unidad y no la división, por la apertura y no el enclaustramiento y por la cooperación y no la confrontación” (Yi, 2021). En su gira oficial de enero del 2020, por África, se evidenció la posición de China en materia de intercambio económico y el diálogo político entre ambas regiones, al reafirmar la continuidad de la colaboración, sobre todo en el marco de la ampliación del proyecto de la Franja y la Ruta de la Seda, a la que cada vez más, se incorporan nuevos Estados africanos. En particular, existe un marco interés chino en los países africanos enclavados en la zona costera del Índico, con el fin de establecer una ruta marítima y conectar el continente en zonas estratégicas, ampliando sus rutas comerciales.

Desde hace varios años, las relaciones económicas de China con África se han fortalecido y ampliado en diferentes sectores. Por solo citar un ejemplo entre tantos, Angola y China anunciaron la continuidad del estrechamiento de sus relaciones comerciales. “Para Angola, el país asiático constituye el principal destino de sus exportaciones y el segundo socio en términos de importaciones,  (…) mientras que China es el principal país que ofrece préstamos al territorio angoleño, con el fin de apoyar el programa de inversión pública de Angola” (Prensa Latina, 2020). El acceso a las materias primas y recursos naturales como el petróleo, el gas, el oro y los diamantes, ha sido uno de los motivos fundamentales de la presencia china en todo el continente. En este sentido, el gigante asiático ha implementado un elevado plan de inversiones en el área (construcción de infraestructuras, ampliación de las facilidades industriales, desarrollo del transporte y la tecnología) para favorecer el comercio birregional. Este intercambio, sustentado bajo la cooperación y el respeto mutuo, no ha provocado todavía que la economía africana alcance un alto nivel de independencia de los socios tradicionales y muchos plantean incluso que se esté en camino del fomento de “nuevas dependencias”.

Esto se debe a que muchas de las subregiones del continente se han valido del financiamiento multimillonario chino y de su inversión extranjera directa para el desarrollo de sus economías, con los efectos negativos y positivos que este proceso podría acarrear en el futuro cercano. Dos variantes saltan a la luz teniendo en cuenta las relaciones económico-comerciales en términos de inversiones, préstamos y creación de infraestructuras. Una ha sido la denominada “diplomacia de la trampa de la deuda” (término acuñado por el analista indio Brahma Chellany). Según esta, se plantea que el gigante asiático invierte grandes sumas en determinados proyectos y como consecuencia aumenta la deuda de los países africanos, lo cual implica dependencia. Una visión maniquea y manipulada del asunto lleva a criterios como los planteados anteriormente. 

A pesar de ello, el balance económico es positivo para ambas regiones y China ha cancelado parte importante de la deuda de algunos países de la región contraída con ellos. Al respecto, el G2O, que reúne a los países más industrializados y a los emergentes, incluida Sudáfrica, como único representante africano, han acordado por dos veces “suspender el pago de la deuda hasta junio de 2021, de los 73 países considerados más pobres del mundo, la mitad de ellos países africanos” (Soler, 2021). Sin embargo, el compromiso más real con el alivio de la deuda externa proviene, para el caso de África, desde China.

El segundo criterio apunta a que muchos países africanos se benefician gracias a la inversión de capital chino (Soler, 2021). Ante ello, África debe  incentivar su economía de forma tal que el capital extranjero no sea la fuente principal para ello. Sin embargo, un buen provecho de cada préstamo y de cada inversión, con la finalidad de obtener ganancias que aporten directamente a la economía de los países, es también una vía que ayuda al progreso. Así, ambas regiones estarían en el camino correcto para el desarrollo de beneficio mutuo.

Sin dudas, cada día se hace más visible el interés de China por afianzar su posición en la región subsahariana, a la vez que el continente demanda un mayor apoyo internacional para el desarrollo de sus economías. Esta relación sino-africana se ha hecho más necesaria en el actual contexto marcado por los efectos negativos de la pandemia de la Covid-19, que ha provocado una recesión económica difícil de manejar, de la cual África no escapa. En entrevista realizada al presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, por la cadena Telesur, el mandatario expresó la preocupación existente en medio de la pandemia y alentó a la ayuda y la cooperación multilateral como medio para superar el escenario vigente. Mientras, insistió en el apoyo que necesita el continente africano para recuperarse de la epidemia.

La pandemia ha develado, como en el resto del mundo, las debilidades de muchas naciones. En el ámbito de la cooperación sanitaria, ha estado presente la ayuda de China hacia el continente africano ante la difícil situación epidemiológica en la cual se encuentra inmerso el mundo. El término de diplomacia sanitaria ha sido una de las etiquetas con las que han identificado el apoyo del gigante asiático. En este sentido, Wang aseguró que “los lazos fraternales entre las partes se estrecharon (…) mientras enfrentaron la pandemia de la Covid-19 y definió la recuperación económica como las áreas prioritarias para consolidar las relaciones” (Prensa Latina, 2021). A su vez, una de las áreas posibles de cooperación es en el sector del acceso a las vacunas anti-Covid 19. En este sentido, “se estima que para finales del 2021 tenga producido alrededor de seiscientos millones de dosis y la empresa China Alibaba ya ha construido almacenes en África que serán utilizados como medio para la distribución” (Esperanza, 2020).

El mundo de la diplomacia en el contexto de las relaciones internacionales es complejo y dinámico. Ha demostrado la historia que mientras los intereses no se vean afectados, el entendimiento prevalece. Sin embargo, es erróneo interpretar la política exterior china desde esa arista, pues, ha validado con hechos en no pocas ocasiones, lo que en ella plantea. Su estilo diplomático varía con respecto al de muchos países, que apuestan por aplicar la fuerza, transgredir los derechos de las naciones y desconocen de límites en materia de política. Desde la legalidad y el uso de los recursos que brinda la diplomacia, el gigante asiático se ha situado como un actor confiable para el establecimiento de nexos con la mayoría de los países africanos.

 La política exterior china  y su Comunidad de Futuro Compartido, continúa bajo los preceptos de la cooperación, la ayuda fraternal y el intercambio en vísperas del desarrollo mutuo, con el fin de lograr un orden eficaz en el ámbito de las relaciones internacionales. En tal sentido, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, deja claro su interés en el escenario internacional al expresar: “que la antorcha del multilateralismo ilumine el camino de la humanidad” (Jinping, 2021).

Referencias Bibliográficas

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