Cuba enfrenta y vence al caos

MSc Elio Perera

 

 

 

MSc Elio Perera Pena

elioe@cipi.cu

 

Los disturbios acaecidos el 11 de julio en varios lugares de Cuba no obedecieron a la espontaneidad, todo lo sucedido está descrito en el Manual de Operaciones Psicológicas del Ejército de los Estados Unidos y en otros documentos que le sirven de base a los tanques pensantes y a los servicios de inteligencia norteamericanos para lograr el fraccionamiento social en lugares en los que consideran que no se defienden sus intereses hegemónicos.

La defensa a ultranza de un sistema político peculiar y autóctono, molesto para la elite imperial, hizo que contra la isla caribeña se experimentara un arsenal fabricado por estrategas de la desestabilización. Todo ello unido a un férreo bloqueo que busca ahogar económica y socialmente a más de once millones de seres humanos sin distinción alguna. Cuba resiste los embates a pesar de estar incluida injustamente en la lista de países terroristas. En medio de esta situación, el gobierno norteamericano siente una inmensa inquietud por el posicionamiento estratégico que en el área internacional han alcanzado Rusia y China, países con los que Cuba mantiene relaciones históricas de amistad e intercambio.

En opinión del autor, sobre Cuba se desató una campaña mediática de descrédito sin precedentes con el empleo agresivo de medios de prensa internacionales y de las redes sociales. Si en otras naciones donde han orquestado ese tipo de campañas el accionar ha sido paulatino, en Cuba fue más veloz, de ahí que aumente el mérito del pueblo y el gobierno cubano que la enfrentaron con valentía.

Las falacias utilizadas en la campaña anticubana partieron del estudio de teóricos que han conceptualizado al “caos” como sistema de ataque, entre ellos Leo Strauss; Steve Mann; Thomas Barnett; y Zbigniew Brzezinski; teniendo todos como objetivo estudiar la forma más eficaz de lograr la desestabilización mediante instrumentos psicológicos de fracturación social y de miedo para lograr paralizar cualquier reacción contraria a sus objetivos.

Leo Strauss defiende que los Estados Unidos es la única nación capaz de configurar un nuevo siglo favorable a sus principios e intereses y para ello debe establecer un poder verdadero mediante la destrucción de toda forma de resistencia, de manera que arrojando a las masas al caos puedan garantizar los máximos organizadores de ese caos el establecimiento de sus posiciones.

En 1992 Steve Mann en “Teoría del Caos y Pensamiento Estratégico”, conceptualizó que estudiando el entorno social se pueden trazar las estrategias y tácticas para promover los intereses de cambio que se persigan por el núcleo aglutinador del caos. Compara la capacidad de producir ese tipo de cambio con el hackeo a un software, y habla de implantar un virus social.

Argumenta que para un país objetivo, en este caso Cuba, el método sería provocar descontento en la población de manera que una parte de esta se enfrente a la otra. “El gobierno de ese país objetivo se encontraría ante el dilema y la confusión al no poder distinguir fácilmente los agentes provocadores, organizadores del caos implantado como un virus, y entonces así la población que se suma, con demandas reales y legítimas, sería reprimida fuertemente por el estado; conformándose una acción contraproducente al gobierno objetivo, que provocaría un escalamiento en la tensión social.

Ese factor de incertidumbre, temor o confusión multiplicaría aún más el efecto caos. El resultado de la aplicación de esos principios persigue el objetivo de derrocar al gobierno, para lo cual es válido establecer combates y guerras civiles, resquebrajando siempre el interior de la sociedad”.

Pero así no les salieron las cosas, el pueblo no se enfrentó al pueblo sino a la delincuencia que no encontró cabida, los únicos virus siguieron siendo el derivado de la Covid y el Bloqueo, y el gobierno cubano no se encontró ante dilema alguno, solo ante la preocupación de que se restableciera el orden y se respetaran los derechos humanos, cuestiones que se lograron completamente en muy poco tiempo.

En “El nuevo Mapa del Pentágono”, Thomas Barnett propone el modelo “núcleo funcional y zonas no integradas”, conflictos interminables y recurrentes en los que el desorden y el desgobierno son el objetivo. El núcleo funcional solo tendrá acceso a los recursos recurriendo a los estadounidenses y para ello se debe destruir primero la estructura estatal del país a desordenar. El objetivo estratégico conceptual es que el caos sea útil como herramienta, y a la vez que se pueda gobernar mediante el caos. El 11 de julio, el desorden, reitero, causado durante sólo algunas horas, fue contenido mayoritariamente por el propio pueblo, auxiliado por las fuerzas del orden que lograron la tranquilidad ciudadana.

El que con más fuerza ha desarrollado las mencionadas facetas de teorías desestabilizadoras es Zbigniew Brzezinski, quien recopilando en buena medida lo publicado sobre el tema en cuestión, reitera en sus escritos lo que pudiera conceptualizarse como “caos constructivo”, con el mismo objetivo de los analistas antes mencionados, pero con un aparato conceptual mucho más trabajado, que trataron de aplicarlo el 11 de julio, en medio del enfrentamiento a la Pandemia, para hacer fracasar un gobierno que dedica gran parte de sus recursos económicos a reducir el efecto del virus y a garantizar los principales alimentos de la población.

Los postulados iniciales de Brzezinski fueron con el objetivo de alterar la organización geoestratégica en la Península Arábica, como parte de una línea de acción que procurara mantener un mayor control sobre los importantes recursos energéticos de esa zona. Su teoría se basa en la máxima atribuida al emperador romano Julio César “divide et impera” para instaurar un campo de inestabilidad violenta, y originar un caos que se extendería desde Líbano, Palestina y Siria a Iraq; y desde Irán y Afganistán hasta Pakistán.

Más tarde sus conceptualizaciones se aplicaron en otras regiones, entre ellas en América Latina. La revista Foreign Policy, edición enero-febrero de 2012, publicó un análisis de Brzezinski titulado: “Después de América” en el que puntualiza que un México con problemas internos podría alcanzar niveles de escenarios amenazantes, y por tanto “sería un estado fallido en la ciudad de Juárez, por lo que para evitar el posible auge de movimientos revolucionarios antiestadounidenses se procedería a la intensificación de la inestabilidad interna de esa ciudad hasta completar su total sumisión a los dictados de los Estados Unidos”.

La tesis de Brzezinski se sostiene en las ideas y planteamientos del norteamericano Sherman Kent en el texto “Inteligencia Estratégica”, donde plantea que las guerras próximas que le tocaría pelear a los Estados Unidos implicarían armas no convencionales; por un lado, bloqueo, congelación de fondos, boicot, embargo y listas negras; y por otro, subsidios, empréstitos, tratados bilaterales y convenios comerciales, que es lo que hoy llamamos “Soft Power” o poder blando.

Una segunda base paradigmática del “Caos Constructivo” enarbolado por Brzezinski está conformada por los aportes del teórico Gene Sharp en su obra “De la dictadura a la democracia” en la que se analizan cinco pasos para desestabilizar a un país: 1- generar y promocionar un clima de malestar, 2- intensa campaña en defensa de la libertad de prensa y de los Derechos Humanos acompañada de denuncias de totalitarismo por el gobierno, 3- promoción de manifestaciones y protestas violentas, amenazando instituciones y personajes políticos, 4- operaciones de guerra psicológica que promuevan desestabilización del gobierno, mediante movilizaciones e informaciones falsas construidas para lograr los propósitos, y 5- forzar la renuncia del presidente o jefe de gobierno y el llamado a una intervención humanitaria o agresión militar, buscando el aislamiento internacional del país objetivo. Desde el primero hasta el cuarto paso existió sistematización casi constante en el actuar de los organizadores de la campaña contra Cuba.

La tercera base teórica del Caos Constructivo se fundamenta en el reforzamiento de las operaciones psicológicas. Los investigadores norteamericanos plantean que las batallas se ganan sin luchar, la guerra se basa en el uso del engaño. Hasta lo que hemos vivido, las acciones del 11 de julio organizadas por sectores extremistas mostraron una alta dosis de tretas con el fin de confundir, sin éxito, al pueblo cubano.

Los servicios especiales norteamericanos aplican lo que sus tanques pensantes denominan “líneas de persuasión” que es una técnica empleada para inducir una reacción deseada sobre una audiencia objetivo. Y si esas líneas no surten resultado, se apelaría a las guerras hibridas, o sea conjugación de métodos de lucha regular con irregular, y a las guerras de cuarta y quinta generación, manifestaciones que tienen como propósito la lucha en ciudades mediante una campaña desestabilizadora propugnada por redes sociales y otros medios de comunicación, mediante la atemorización constante de la población, y la implementación de noticias falsas.

Una de las diferencias fundamentales entre las guerras de cuarta y quinta generación, es que en esta última se aumenta la intensidad de los ataques hasta que se creen daños neuronales en los individuos y colectivos. No se puede negar que, unido al lógico temor causado por la Covid, imágenes y textos falsos, en Facebook y otras plataformas, sobre supuestos asesinatos, desapariciones, y llamadas a actos sanguinarios, no hayan creado en la población cubana un clima psicológico inapropiado, un efecto en ocasiones indetectable en toda su magnitud hasta después de pasado algún tiempo.

La campaña mediática contra Cuba se intensificó en el momento más duro de la Pandemia. Todos los autores mencionados plantean que, en situación de crisis motivadas por virus y enfermedades colectivas sus postulados obtienen mayores resultados.

Desconociendo la realidad cubana, a través de las redes sociales formularon líneas de pensamiento, tales como, “el gobierno actual en Cuba carece de prestigio y apoyo popular”, y eso lo fueron repitiendo cada día, utilizando diferentes espacios, tratando también de establecer diferencias insalvables entre una parte y otra del pueblo, estimulando una silenciosa guerra que estallara en el momento más propicio para los organizadores de los disturbios.

Esbozaron que, con la precaria situación económica, Cuba llegaría a una situación fuera de control, dudaron de la capacidad cubana para producir vacunas, y criticaron que la Isla no acudiera a las vacunas rusas, tratando de crear diferencias políticas entre dos naciones amigas.

Constantemente enjuician al sistema de salud de Cuba mediante informaciones falsas, labor que se facilita por la existencia en la nación caribeña de los llamados periodistas independientes y medios de prensa digitales alternativos que, al ser subvencionados por la extrema derecha cubanoamericana y de otras naciones, tienen que estar prestos a sus designios.

Conclusiones

La intensidad de la campaña se produjo a partir de la votación casi unánime internacional en contra del bloqueo norteamericano, lo cual indica que sectores de extrema derecha intentaron silenciar el éxito alcanzado, una vez más, por la diplomacia cubana.

Entre los objetivos estratégicos de la campaña vislumbramos el hecho de impedir, retardar, y hasta poner en situación de desventaja al gobierno norteamericano, en caso de que el actual presidente estadounidense pretenda cambiar la política hacia Cuba; teniendo en cuenta que, entre otros, algunos congresistas y parte del sector académico han solicitado la flexibilización de las sanciones.

El respaldo mayoritario de apoyo popular al gobierno cubano quedó demostrado desde los primeros momentos en que se presentó el presidente de la República en el lugar en que se originaron los disturbios.

El rechazo a elementos delincuenciales presentes en los disturbios se produjo, mayoritariamente, por parte del propio pueblo en defensa de su proceso revolucionario, cuestión que particulariza y diferencia lo sucedido en Cuba en relación con otros países en que los órganos represivos actúan despiadadamente en contra de los manifestantes.

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