El silencio del Parlamento Europeo (2)

Leyla Carrillo

 

 

 

Lic Leyla Carrillo Ramírez

leyla@cipi.cu 

     

Hace un decenio se publicó “El silencio del Parlamento Europeo”, cuando el órgano legislativo de la Unión Europea exhibió su vocación injerencista para juzgar a Cuba. Poco ha cambiado la institución que propende a evaluar y certificar el comportamiento de los denominados terceros países (los no aliados ni afines) respecto a la democracia y los derechos humanos, según los cánones occidentales.

Tampoco es casual la semejanza de pronunciamientos entre el  citado Parlamento e instituciones y personeros de Estados Unidos. sobre el comportamiento del resto del mundo.

La actual correlación de fuerzas entre grupos partidistas del Parlamento propicia el intrusismo contra gobiernos progresistas o soberanistas en cualquier continente y, salvo contadas excepciones, tiende a involucrarse en los asuntos internos de otros países, traducido en una injerencia flagrante, mientras que contribuye a arreciar el acoso y las sanciones contra gobiernos, como Venezuela, con exacerbación de la inestabilidad en la región.

Un apretado recuento sobre las más recientes resoluciones del Parlamento Europeo, referidas a Venezuela, arroja su reconocimiento en enero de este año al presidente interino, Juan Guaidó, promovido por Washington y secundado por una treintena de países, contrario a los actos constitucionales aprobados por una mayoría de venezolanos. Otra resolución injerencista exige que Venezuela celebre elecciones presidenciales y legislativas, “libres, transparentes y creíbles como la única manera de salir de la crisis”… Igualmente expresa preocupación “por la migración venezolana debido a la escasez de medicamentos y alimentos, las violaciones masivas de los derechos humanos, la hiperinflación, la corrupción y la violencia”.

No es ocioso recordar, que alegatos parecidos y el cuestionamiento de los votos en favor del MAS fueron sustentados por occidente para rechazar el resultado electoral, que facilitó el golpe de Estado de facto en Bolivia y ha sumido en el caos a ese país, incluido el descontrol sanitario para combatir la pandemia de COVID-19. Esta vez la exigencia de los europarlamentarios coadyuvaría a reeditar en Venezuela el cuestionamiento a los resultados de los comicios.

A la secuencia de resoluciones del Parlamento Europeo se añade la aprobada en julio, que rechaza la ratificación de Luis Parra como jefe del Parlamento venezolano, en contraposición del designado por los polos de poder occidentales, Juan Guaidó, como si desde otro continente se pudiera gobernar, en una operación ultramarina, y dictar lo que deba realizar un país latinoamericano. Igualmente rechaza “las vulneraciones del ordenamiento democrático y constitucional”…, como también el anuncio de expulsar a la Embajadora de la Unión Europea, en respuesta a las sanciones impuestas por el grupo regional contra once altos cargos venezolanos,

Tomar partido por uno u otro constituye una práctica que enrarece las relaciones internacionales, transgrede los principios de igualdad soberana y de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, con resultados contraproducentes para la proclama de América Latina como zona de paz. El Parlamento Europeo, insiste en certificar la situación interna de Venezuela y se erige, una vez más, en juez irrevocable, en favor de los propósitos propugnados por Estados Unidos de cambiar el régimen venezolano.

De tal forma, mantiene la prolongada estela de resoluciones que, no casualmente, omiten problemas inocultables sobre democracia y derechos humanos en el propio continente europeo, como son la xenofobia, el creciente desempleo  y la inoperancia sanitaria en una mayoría de países comunitarios.  En sentido inverso, ¿qué ocurriría si el Parlatino, el ALBA-TCP o la CELAC emitieran resoluciones condenando los prolongados períodos sin gobierno constituido, la persecución a minorías y migrantes, el galopante desempleo, el colapso provocado por el ejercicio de medidas neoliberales ante la COVID-19 o simplemente favorecieran a un partido específico por el que se debe votar en determinados países europeos.

En el espectro internacional, el Parlamento Europeo omite los delitos cometidos por sus aliados, como son el genocidio israelita contra el pueblo palestino o los desmanes policiales y los asesinatos raciales en Estados Unidos. En este caso, el eco de las palabras o callarlas, constituye también una transgresión de los derechos humanos y de la democracia que tanto proclaman.

Un viejo proverbio señala: “si no tienes algo mejor que el silencio, permanece callado”. ¿Por qué el Parlamento Europeo no opta por el mutismo?