La presencia militar de Francia en África

Leyla Carrillo

 

 

 

Lic Leyla Carrillo Ramírez

leyla@cipi.cu       

 

La corriente independentista sentó las bases para el cese del dominio colonial en el continente africano, donde Francia ocupaba el segundo lugar en la posesión de territorios, precedida por Inglaterra. Entre las décadas cincuenta y sesenta del siglo XX se liberaron 17 colonias francesas, propiciado por las resoluciones 1514 y 1540 de la Asamblea General de las Naciones Unidas que refrendaron su derecho emancipador.

Sin embargo, Francia no prescindiría del control de sus excolonias debido a la importancia económico-material de éstas para la preservación de sus intereses geopolíticos, implementando para ello una estrategia diversa, en la que métodos aparentemente pacíficos se conjugaron con la presencia militar física en su entorno.

La geopolítica francesa ha transitado hasta la fecha por etapas en las que su leit motiv se sustenta en un autoproclamado derecho a la conquista y preservación de su espacio extraterritorial, con preferencia hacia el continente africano.

África francófona es considerada por la exmetrópoli colonial como un espacio hegemónico en el que se imbrican un neocolonialismo sistemático y sutil y la práctica del uso de la fuerza, para los que alude que enfrentan debilidad política e institucional, una economía atrasada y fundamentalmente agraria, conflictos sucesivos y renovados, amenazas transnacionales (como el extremismo islamista), redes del crimen organizado (piratería, tráfico de estupefacientes y seres humanos) y la irrupción de otros actores político-militares, como Estados Unidos y la OTAN.

Del plan FRANÁFRICA[1] instaurado durante el gobierno de Charles de Gaulle a la fecha, las transformaciones en la estrategia francesa exhiben una tendencia pragmática  y más militarizada, en no menos de 14 Estados, basada en 8 acuerdos de protección para sus efectivos y en la garantía de una primicia para sus fuerzas ante cualquier contingencia interna o intrarregional en los países comprometidos.

En tal sentido la praxis durante el actual siglo consiste en imbricar la asesoría militar, con la participación directa que pretexta “evitar o reducir los conflictos”, sea mediante el establecimiento de las denominadas operaciones (misiones a mediano y largo plazos), en colaboración con la Unión Europea UE),  con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o en el marco de las prolíferas misiones de paz de las Naciones Unidas.

Una característica de la llamada Realpolitik[2] francesa moviliza métodos militares (intervenciones y asentamiento militar) como complemento del tradicional “poder blando”, que aglutina religión, idioma, poder mediático, economía y cultura como diplomacia de influencia.

En el último decenio se aprecia la tendencia de que el declive de sus intereses geopolíticos de carácter neutro, pacífico o “blando” en África, lo compense mediante la intensificación y expansión de su presencia militar.

Desde la guerra de Kosovo en 1989, Francia ha multiplicado y diseminado las acciones denominadas preventivas y humanitarias, fundamentalmente en espacios donde sus intereses puedan ser más afectados. No fue casual que estrenara en aquella fecha la denominada “intervención humanitaria”[3], que prodiga su presencia actual en misiones de paz de la ONU o en misiones y operaciones militares propias, adoptadas con o sin el consenso de los Estados miembros de la Unión Europea (a algunos de los cuales involucra posteriormente, como en el caso de Alemania en Mali) y en el acompañamiento a las acciones de la OTAN o de países miembros de ésta, como ha sucedido en Afganistán, Irak o Libia.

En las últimas décadas del siglo XX se sucedieron en África 35 grandes conflictos armados, con el saldo de alrededor de diez millones de muertes y más de veinte millones de refugiados y desplazados, con prevalencia de guerras civiles, aunque éstas desbordaron las fronteras y desestabilizaron los territorios vecinos, que, evidentemente constituyeron caldo de cultivo para justificar la intervención francesa.

En 2015 un informe de la comisión de asuntos extranjeros de la Asamblea Nacional Francesa opinaba que la política del país, submilitarizada y sin una visión política se diluía.[4] Durante la sesión correspondiente, los diputados opositores del partido gobernante UMP criticaron  que las intervenciones del ejército tendían a sustituir una política para el desarrollo de los países africanos, que para colmos, había costado más de mil millones de euros el año precedente.

La transformación de la estrategia gala hacia el continente se plasma en el hecho de que, a continuación de los Estados Unidos de América, la República Francesa es el país más activo en el despliegue de misiones en el mundo, mediante la aplicación de dos figuras que las potencias occidentales propugnan legitimar en la ONU: la antes citada “intervención humanitaria” y la Responsabilidad de Proteger[5] , con la finalidad de mantenerse como gendarme en África y con ello mantener el control de sus recursos y la exigida gobernabilidad, el Estado de derecho y aplicar- cuando lo estime oportuno- un “cambio de régimen”, otra figura contemporánea que puede concurrir en las regiones africana y mesoriental con el tradicional golpe de Estado.

Igualmente, la clasificación empleada por los polos de poder imperialista de “Estados fracasados” coadyuva a la injerencia en conflictos locales radicales y resurgentes, como grupos u organizaciones terroristas. Francia los ubica particularmente en la zona sahelo-sahariana, Nigeria, Somalia, Siria, Irak, la península arábiga y la zona afgano-paquistaní.

Una creciente variable de la geopolítica francesa consiste en un constante y renovado intervencionismo, que ejecuta mediante acciones militares de diversa índole e intensidad y expresa la tendencia circunstancial en su aplicación mediante golpes de Estado, de la intervención humanitaria, del cambio de régimen o de la responsabilidad de proteger (R2P), modalidades semejantes a la propensión estadounidense de aplicar guerras denominadas de cuarta generación.

El contexto actual promueve el reforzamiento de la presencia militar francesa en África. Sus fuerzas armadas incrementan una implicación en operaciones de seguridad multidimensional y guerras asimétricas, que utilizan indistintamente, la insurrección, los conflictos internos internacionalizados, la guerrilla, el tribalismo, las crisis de cualquier índole, la piratería, el narcotráfico, el tráfico de armas y el terrorismo.

De ello se desprende que los principales métodos intervencionistas de la geopolítica francesa en África tienden a la creciente militarización, mediante la aplicación de:

  • FRANÁFRICA en sus variables de seguridad y defensa
  • La ejecución de contragolpes
  • La promoción y aprobación de resoluciones en la Corte Penal Internacional y el Consejo de Seguridad, con la finalidad de legitimar la injerencia. Vbgr: Libia y Mali
  • La instalación de 4 clases de operaciones o bases militares propias
  • La coparticipación en misiones de la UE y la OTAN
  • La preponderante participación en misiones de paz de la ONU
  • Operaciones especiales contra el terrorismo y la piratería
  • El control litoral de aguas intermedias y territorios, bajo el pretexto de combatir la piratería, la migración indeseada, el tráfico de armas y de personas o la trata de seres humanos y el terrorismo
  • La dependencia defensiva africana de las operaciones y misiones francesas.

En la actualidad la estrategia trazada se refrenda en el documento suscrito por los sucesivos presidentes de la República, ratificado por la Asamblea Nacional, denominado Libro Blanco de la Estrategia de Defensa y Seguridad, en el que se evidencia la prioridad de evaluaciones y acciones que garanticen su espacio geopolítico en el continente africano.

Un estudio minucioso sobre las bases doctrinales expuestas en el citado Libro subraya que Francia y Europa no pueden desinteresarse del continente más cercano, pletórico de recursos, potencial humano y económico, porque a largo plazo sus capacidades le permitirán figurar entre los actores de primer plano para el crecimiento económico y de la seguridad mundiales, no obstante su tesoro demográfico, la debilidad de las estructuras estatales y la mala gobernanza. Y prosigue: La abundancia de materias primas estratégicas y de recursos energéticos llama a valorar, primero, el beneficio de su economía…[6]

La citada valoración evidencia los objetivos primordiales franceses en sus relaciones con el continente africano, que deriva en una creciente actuación militar:

Hasta llegar a la situación actual, Francia ha seguido un largo proceso que supuso el cambio de énfasis de la defensa del territorio nacional por las denominadas “operaciones expedicionarias”. Esto lo sustenta en la percepción sobre los “riesgos de debilidad” de algunos Estados en África, Oriente Medio o Asia, que resultan incapaces de ejercer sus responsabilidades, por lo que las amenazas que surgen en su territorio pueden desbordarse rápidamente y afectar a la seguridad de Francia.

Una crítica a lo antes citado sería que la denominada operación expedicionaria constituye un acto de fuerza, tanto cuando se produce a petición de la parte receptora, como en el ejercicio de las figuras intervencionistas más usuales en el actual siglo.

Y añade el Libro: para Europa y Francia, este desafío político y humanitario es también un juego estratégico (…) Si África Subsahariana confirma en los próximos decenios un despegue económico que ha señalado en los cinco últimos años con el 5% de crecimiento anual, el continente puede convertirse en uno de los motores de crecimiento mundial y contribuir con fuerza a la prosperidad europea.[7]

El apoyo a la formación de una arquitectura de seguridad colectiva en África es una prioridad de la política de cooperación y desarrollo de Francia, que ha suscrito 8 acuerdos de asociación para la defensa con Camerún, República Centroafricana, Comores, Costa de Marfil, Yibutí, Gabón, Senegal y Togo; 16 acuerdos técnicos de cooperación militar acompañan a los Estados africanos par que se apropien del control de su seguridad, de forma que nuestras fuerzas armadas reciban facilidades de anticipación y reacción. Dos potencias regionales emergentes: Suráfrica y Nigeria, son para Europa y Francia, interlocutores de primera línea debido a su influencia y peso demográfico, económico y militar, que les permita contribuir al reforzamiento de las capacidades operacionales de la Unión Africana.

La presencia militar francesa en África se manifiesta multifacéticamente, puesto que no responde solamente a sus objetivos nacionales, sino que se imbrica progresivamente con protagonistas militares como Estados Unidos y la OTAN, explicitado en el informe de la organización sobre la participación por países durante 2017, donde Francia ocupa el tercer lugar mundial en la incorporación de personal militar a las operaciones otanistas con 209 mil efectivos, el aporte de 45,927 millones de dólares y el séptimo lugar por la entrega del 1,7% de su producto interno bruto para el desarrollo armamentista de la organización. En las ciudades de Lille y Estrasburgo radican dos bases de la OTAN, facilitadoras de operaciones en Europa y hacia las regiones cercanas.

Lo anterior no exime las contradicciones entre Estados Unidos y Francia sobre la presencia de ambas en el continente, aparentemente armónica, como es el caso de sus bases de drones en Yibutí, donde coinciden con otros actores extracontinentales. En tal sentido, los puntos discordantes giran en torno a las exigencias del presidente estadounidense de un mayor aporte financiero por todos los miembros de la OTAN para armamentos y la insistencia francesa (junto a Alemania) de crear un comando militar europeo.

La estrategia francesa deriva de su geopolítica ante los problemas internacionales que la convierten en actor destacado o en participante aventajado ante los principales conflictos internacionales, sea como país, como el segundo Estado miembro de la Unión Europea por su desarrollo, como miembro de la OTAN, o en aprovechamiento de su plaza como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, donde despliega sus prerrogativas para proponer, aceptar y vetar resoluciones vinculantes que coadyuven a su involucramiento en los conflictos.

En tal sentido, son definitorios los documentos internacionales a los que se ha incorporado, tales como el acuerdo de 2008 entre la OTAN y la ONU para la cooperación ante las amenazas y los desafíos, documento incongruente, ya que los objetivos de la primera difieren diametralmente de varios principios de la Carta de las Naciones Unidas, como son la preservación de la paz y la solución pacífica de las diferencias entre los Estados.[8]

El artículo 3 del acuerdo OTAN-ONU establece que “la cooperación contribuirá a afrontar las amenazas y los desafíos a los cuales deba responder la comunidad internacional, estableciendo un marco de consulta y diálogo, incluidos el intercambio regular y un diálogo a nivel político y operacional”.

El siguiente Libro Blanco destaca: Francia retomó su pertenencia a las estructuras del comando militar integrado, cuya participación persigue tres funciones esenciales: asegurar la defensa colectiva de sus miembros, ser un instrumento importante en la asociación estratégica entre las dos orillas del Atlántico y constituir un marco común de la acción militar cuando los aliados deseen intervenir conjuntamente para responder a los riesgos y a las amenazas compartidas. Francia está ligada a consolidar la alianza militar entre 28 naciones (de la UE)… será vigilante para mantener una combinación apropiada de capacidades nucleares, convencionales y de defensa antimisil para la disuasión y la defensa, conforme a los compromisos establecidos.[9]

Y continúa: La naturaleza estrecha y profunda de nuestras relaciones bilaterales con los Estados Unidos y Canadá, nuestros compromisos de defensa colectiva en el título de la OTAN y nuestra comunidad de valores, estructura entre nosotros una solidaridad de derecho y de hecho, demostrada en diversas acciones de los últimos años. Francia proseguirá asumiendo plenamente sus responsabilidades en ese marco y reacción en ese espíritu de solidaridad.

Y prosigue: Para Francia, incorporada plenamente en la Alianza Atlántica, esto cumple tres funciones esenciales: asegura la defensa colectiva de sus miembros, es un instrumento importante de la asociación estratégica entre las dos costas del Atlántico y constituye el marco común de la acción militar a partir de que los aliados deseen intervenir conjuntamente para responder a los riesgos y a las amenazas compartidos. Las capacidades de Francia también le permiten comprometeré en políticas de dependencia mutua con sus socios de la Unión Europea.

Precisamente en el marco de la UE, Francia confirma sus habilidades y facultades militares, al ser uno de los dos países más desarrollados (excluido Reino Unido con el Brexit) y propugna, junto a Alemania, la creación de un ejército europeo, que sin romper la estructura otanista, responda a los intereses del grupo regional. Sin embargo, este proyecto[10] puede ser considerado utópico, si se toman en cuenta las dificultades económicas enfrentadas por la UE ante la actual crisis económica, acrecentada por la pandemia de la COVID-19, que incluso le impide cumplir el compromiso financiero con la OTAN.

La Estrategia de Seguridad de la UE de 2016[11] revalida que la Unión respetará los acuerdos suscritos por sus Estados miembros con la OTAN que consideran que su defensa común se realiza dentro de ésta, sigue siendo el fundamento de la defensa colectiva de sus miembros y es compatible con la política común de seguridad y defensa y está convencida de que una mayor afirmación del papel de la Unión contribuirá a la vitalidad de una Alianza Atlántica renovada, en consonancia con los acuerdos denominados “Berlín Plus”.[12]

El documento también establece en el acápite sobre política común de seguridad y defensa, una capacidad operativa basada en medios civiles y militares y que podrá recurrir a dichos medios en misiones fuera de la Unión, con el objetivo de garantizar el mantenimiento de la paz, la prevención de conflictos y el fortalecimiento de la seguridad internacional.

La presencia militar francesa en África

A pesar de su interrelación con Estados Unidos y la OTAN y del creciente papel francés como segunda participante mundial en las misiones para el mantenimiento de la paz y la seguridad de la ONU (solo superada por Estados Unidos), conviene reflejar la omnipresencia militar propia en África.

La satisfacción gubernamental gala se exterioriza en sus declaraciones oficiales y en el Libro Blanco citados textualmente:

“En el Sahel contribuimos bajo tres formas para la estabilidad:

  • Operaciones de contraterrorismo, a través de la operación Barkhane y 3 mil 500 hombres.
  • Mediante el compromiso con la misión EUTM en Mali (de la Unión Europea), que ya ha formado más de 8 mil soldados malienses (dos tercios del ejército de ese país)
  • El apoyo al acuerdo de paz y reconciliación, firmado en 2019, en el marco de la misión MINUSMA, de la ONU

El Consejo de Seguridad de la ONU, por iniciativa francesa, impulsó el reforzamiento del mandato de la misión, que fortalece los efectivos y autoriza el desplazamiento de 2 500 soldados suplementarios, para un total de 15 mil soldados y policías.

En tal sentido es significativa la alocución del embajador francés en la ONU (2018) en el sentido de que “para Francia, África constituye el primer objetivo de su seguridad”. Particularmente, el discurso pronunciado por el actual presidente galo ante el cuerpo diplomático del país evidencia sus prioridades sobre el continente:[13]

El compromiso militar en el Sahel, mediante la Operación Barkhane, que junto con MINUSMA ha permitido la celebración de elecciones en Mali; la creación de fuerzas conjuntas G5S[14] en esa región, para articularlas con los cinco países afectados; crear operaciones de paz africanas confiables, asegurarles fondos estables y predecibles (especialmente entre la ONU, la Unión Africana y las organizaciones subregionales); fortalecer la Alianza para el Sahel, mediante el plan 3D (diplomacia, desarrollo y defensa); resolver por completo la estabilidad de Libia, en cuya restauración creo, así como en la unidad del país- como componente esencial de la estabilización de la región- y, por lo tanto, de lucha contra los terroristas y traficantes.

Entre las variables militares, a las que también pudieren denominarse intervencionistas, concurren las denominadas misiones para la paz (de prevención, solución y recuperación) y constituyen el aspecto con mayor relevancia para la agenda francesa en la ONU, tarea en la que el país constituye la segunda fuerza distribuida entre varios continentes, pero particularmente en África.

Estados Unidos e Israel no son firmantes del estatuto de Roma que dio vida a la Corte Penal Internacional. Ello confiere a Francia la prerrogativa de ser el Estado con más propuestas de sanciones y procesos en la citada Corte contra dirigentes y militares africanos, precisamente aquellos a los que considera de su mayor incumbencia.

A modo de ejemplo, destacan diversas mociones y resoluciones presentadas por las delegaciones y durante la presidencia francesa pro tempore, en nombre propio o en representación del triunvirato occidental en el Consejo de Seguridad, entre las que destacan las que facilitaron las operaciones de la OTAN en Libia; para implementar la operación Eunavfor Sofia; en la lucha contra el tráfico de migrantes y desplazados en alta mar y en las costas libias; la prolongación del mandato para la misión de verificación de la ONU constituida en enero de 2016 sobre la aplicación del acuerdo de paz;  sobre los niños combatientes durante los conflictos armados, y, especialmente sobre la situación en la República Democrática del Congo, Somalia, Mali, Afganistán, Egipto Etiopía, Burundi, Yemen y Ucrania, entre otros.

Por ejemplo, cuando Francia presidió el Consejo de Seguridad en 2008 proliferaron los informes sobre “las numerosas crisis que afectan al continente africano, tales como la situación en la región de los Grandes Lagos, en la República Centroafricana, la lucha contra el grupo terrorista Boko Haram, Mali, el Sahel, Somalia, Sudán del Sur y Darfur, entre otros.

Esto se aprecia en el posicionamiento y prolongación de la multifacética presencia francesa en Argelia, Marruecos, el Sahara Occidental, Túnez, Mali y Libia. Así concomitan la apetencia geopolítica francesa, la geopolítica de Estados Unidos y otras potencias y la diversificación y expansión de delitos internacionales (piratería, narcotráfico, el indetenible flujo migratorio,  tráfico y trata de seres humanos y el terrorismo de corte islamista).

Durante el lapso comprendido entre 2009 y 2019 Francia se ha presenciado (o ha intervenido militarmente) en 25 ocasiones, desglosables en 7 misiones exclusivamente francesas, 1 por la OTAN, 4 junto a la Unión Europea y 13 en el marco de las misiones de paz de la ONU, lo que significa un incremento sensible de su despliegue mediante contingentes mixtos.

Lo anterior confirma que Francia se ha erigido guardián de sus excolonias africanas, al hibridar neocolonialismo y pragmatismo, sin renunciar a sus intereses políticos y económicos, plasmados en el Plan Franáfrica.

En noviembre de 2004 Francia incrementó en 400 sus soldados y gendarmes en Abidján, Costa de Marfil, en una respuesta “rápida y dura” al ataque contra sus tropas por fuerzas gubernamentales.

Entre las principales preocupaciones y objeto de misiones u operaciones militares se halla la zona del Sahel, que ha pasado a recabar el interés del conjunto de la Unión Europea, porque de allí proviene una porción sustancial del flujo migratorio, exacerbado por la situación económico-social, las crisis político-estructurales y la multiplicación de conflictos internos e internacionales. La estrecha interrelación establecida para el control militar de la zona fue confirmada en el informe al Secretario General por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2019, sobre las funciones y atribuciones de la fuerza conjunta de 5 países del denominado G5S, junto a la operación francesa Barkhane (ubicada entre Markoye e Inates en Níger).

El citado grupo comprende la acción de Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania, Níger y la Unión Africana. El documento suscrito por los países mencionados y la Unión Europea relaciona los aspectos de la colaboración, que comprende la provisión de servicios, la participación de los expertos y de los denominados contratistas franceses y el suministro de 1 050 equipos de protección personal. El marco financiero ratifica la importancia que Francia atribuye al Sahel (85,01 millones de euros, aportados en el marco de la Unión Europea y 56,88 millones aportados por miembros de la UE).

El Instituto Sueco de Investigaciones para la Paz (SIPRI) plantea que en la competencia geopolítica, Francia ocupa el sexto lugar mundial por el tamaño de sus fuerzas armadas, el cuarto con aviones (1 203 unidades); el quinto en tanques (423), el tercero en ojivas nucleares (300 declaradas); el sexto en submarinos (10); un presupuesto militar reconocido ascendente en 2014 a 43 mil millones (se excluyen los gastos invisibles) y la secreta subvención a mercenarios y legionarios para promover golpes de Estado o cambio de régimen.[15]

Al respecto los denominados “horizontes estratégicos” franceses anticipan los problemas a afrontar durante los siguientes 30 años, que conducen al proceder militar o intervencionista. El citado Libro Blanco se pronuncia en el sentido de que los principales enfoques sobre la “inestabilidad” africana en sus fronteras “podrían conducir a la creación de nuevos Estados con divisiones más o menos violentas, por ejemplo, lo sucedido en Sudán del Sur”, que tampoco ha podido eliminar la violencia y podría proliferar hacia nuevas escisiones en el continente.

El fenómeno enunciado deriva en la conocida crisis migratoria, en la expansión de las denominadas zonas más frágiles, que desatan desplazamientos poblacionales, intra e intercontinentales. En este contexto se añaden el fundamentalismo, visto el radicalismo religioso, sea musulmán o cristiano y los sentimientos nacionalistas, panafricanistas  panarabistas, cuyas disensiones favorecen ocasionalmente a los intereses occidentales.

Para los doctrinarios franceses los problemas en el continente justifican el incremento de su presencia militar, bajo el principio de “salvar al África contra ella misma e impedir las masacres”, controlar los territorios, multiplicar y extender las denominadas zonas grises que concentran a grupos criminales organizados (traficantes, terroristas o grupos rebeldes).

La citada alocución en las Naciones Unidas señala que:

Comprometerse en África no quiere decir lanzarse sola, sino reaccionar a petición de los socios africanos y seguramente reaccionar también en el respeto al Derecho Internacional. Pero actuar en África quiere decir, quedarse a su lado y acompañarla en el camino de la seguridad, la democracia y del desarrollo. Es por ello que las intervenciones militares decididas durante la anterior presidencia de François Hollande fueron refrendadas y acompañadas simultáneamente por la Unión Africana y por la ONU… Y por tales motivos, hay continuidad pragmática durante el actual gobierno de Emmanuel Macron, porque se trata de una estrategia a mediano y largo plazos.

Un artículo publicado por la fuente alternativa Diktacratie ofrece una respuesta digna de analizarse, al sintetizar los enunciados recreados en un informe del Ministerio de la Defensa ante la Asamblea Nacional Francesa:[16]

El principal instrumento que controla África es el dispositivo militar francés, integrado por más de 10 mil efectivos. Alrededor de la mitad pertenecen a fuerzas establecidas, repartidas entre tres bases permanentes: 2 900 en Yibutí (controla el Mar Rojo); 1 160 en Senegal (base marítima) y 800 en Gabón (plataforma aérea de las operaciones francesas en África).

Los restantes militares participan en las “operaciones exteriores” (OPEX). Las principales son la operación Licorne en Costa de Marfil (2 400 efectivos desde 2002); la operación Épervier en Chad (1 200 militares desde 1986), operaciones convertidas en bases permanentes, tomando en cuenta su duración; la operación EUFOR, fuerza europea en Chad y la República Centroafricana (450 soldados en 2007), (también 2 100 con un doble status Épervier/Eufor) y  la operación Boali en República Centroafricana (400 hombres en 2008). Este dispositivo es completado por el Comando de Operaciones Especiales (COS), creado en 1992 con fuerzas especiales constituidas por una reserva de 3 000 efectivos, seleccionados entre las tropas élites, con equipamiento ultramoderno, dependientes directamente del Elíseo y capaz de realizar intervenciones en todo el planeta.[17]

Dos sucesivos Libros Blancos de Seguridad y Defensa de la República Francesa (2008 y 2013) intentan sustentar la presencia militar o intervención, que se sintetiza como sigue:

Proteger a los franceses, comprendidos los riesgos de la ciberamenaza, conservar la credibilidad de la disuasión nuclear, la capacidad para iniciativas acorde a nuestros intereses y a los de la comunidad internacional, velar por la seguridad de Francia, que demostrará que está lista para asumir sus responsabilidades (como hizo en Mali).

Y a continuación justifica el rápido crecimiento de su presupuesto defensivo:

Las numerosas operaciones militares en las que Francia se ha involucrado en los últimos años: Afganistán, Costa de Marfil, Libia y Mali, demuestran que la acción militar prevalece como un componente importante de la seguridad…Se han multiplicado los riesgos y las amenazas: el terrorismo, la ciberamenaza, el crimen organizado, la diseminación de armas convencionales y de destrucción masiva, los riesgos de pandemias, tecnológicos y naturales, que pueden afectar gravemente la seguridad de la nación.

  1. La seguridad de la Unión Europea y, con ella, de Francia, radica en que no surja ninguna amenaza en su vecindad inmediata, en este caso el Mediterráneo es el portón estratégico de la UE desde hace cerca de 3 milenios, en el corazón de una historia común, donde los intereses comunes son múltiples (conciudadanos, binacionales, inversores franceses, suministro estratégico) frenen al terrorismo y al tráfico, especialmente en Estados frágiles a continuación de las revoluciones árabes, el Sahel, Mauritania en el Cuerno de África, así como una parte del África Subsahariana con zonas de interés prioritario…Europa se ha implicado regularmente en las crisis sobrevenidas en el Mediterráneo oriental, se trate del Líbano, el conflicto israelo-árabe, de Libia y hoy de Siria y el establecimiento de una fuerza expedicionaria interarmada.
  2. La evolución del contexto estratégico podría conducir a nuestro país a tomar la iniciativa de operaciones, o a asumir una parte sustancial de sus responsailidades implicadas por la conducta de la acción militar. Francia hace desde el principio de la autonomía estratégica el fundamento de su estrategia en materia de intervención exterior. Desarrollará capacidades críticas que le permitan la iniciativa y la acción autónomas, pero además, la capacidad de generar con sus aliados y socios. Nuestros ejércitos deben ser capaces de responder a la diversidad de las amenazas y de situaciones de crisis susceptibles de afectar nuestra seguridad, nuestros valores o nuestros intereses. [18]
  3. Deben ser capaces de conducir las operaciones de coerción en un contexto de alta intensidad… donde un agravamiento de la situación internacional les conduciría a afrontar militarmente las fuerzas de un Estado. En esos conflictos convencionales, la acción militar preverá limitar, a viva fuerza, la voluntad política del adversario, neutralizando, por ejemplo, por una campaña de desgaste, las fuerzas de su poderío (aparato militar, centros de poder, recursos económicos de alto valor…) Con la finalidad de adquirir y conservar la superioridad operacional sobre nuestros adversarios, estos compromisos de coerción serán conducidos de forma coordinada con los cinco medios (tierra, aire, mar, espacio extra-atmosférico y ciberespacio).

En este caso, la anuencia por 54 Estados miembros de la Unión Africana a la R2P mediante la adopción del Consenso Ezulwini[19] viabiliza la injerencia francesa, con frecuencia sin necesidad de emitir una resolución coadyuvante. Pero es tangible que la intervención francesa no ha podido garantizar la paz, ni erradica los problemas raigales de las crisis en África, como tampoco se han mitigado las urgencias para alcanzar una vida más estable, humana y digna en el continente.

El informe de Defensa francés, tan profuso, como avizor de la actualidad y para la prospectiva francesa relacionada con África, se desglosa en tres direcciones[20]:

  • La estrategia hacia la región y sus particularidades respecto a otros actores
  • La táctica empleada para ocupar y extenderse más allá de las bases y misiones asignadas
  • La selección de aspectos táctico-militar-defensivos

La declaración oficial en el sentido de que “Francia no tiene los medios ni la ambición de ser el gendarme de África se contradice con la acción de articularse de forma pragmática con sus socios, una aproximación multilateral de la gestión de las crisis africanas, para sensibilizar más en el aporte superior en los marcos de la seguridad en el continente; un desafío difícil de relevar, teniendo en cuenta el débil entusiasmo de los europeos para adoptar todas sus responsabilidades en África[21]; asegurar el “servicio de post-venta” de las intervenciones, desarrollando una doctrina coherente que se integre en todas las fases de una crisis: intervenir suficientemente temprano; detectar precozmente las crisis y saber transitar de la intervención a la estabilización. De tal forma, asume el protagonismo.

Son también relevantes otros factores que conforman el protagonismo militar francés en el continente:

  • Las fuerzas se acompañan de otras categorías de asentamiento (bases operacionales de avanzada BOA) en Libreville, Yibutí y Abu-Dhabi, que cuentan con dos centenares de pilotos en servicio y los polos operacionales de cooperación con vocación regional (POC) en Dakar. Es el lugar en el mundo donde Francia asegura la misión real de defensa aérea en lugar del gobierno del país anfitrión y realiza el entrenamiento de fuerzas para toda la región. Esto se traduce en: intervenir, defender los intereses franceses y ejecutar el acuerdo de asociación defensiva.
  • El mercado africano del armamento ofrece también un potencial de exportación apreciable para los industriales franceses[22]. Por ello, las partes del mercado de la industria militar, muy variables, no siempre están a la altura de lo que Francia podría esperar a partir de la profundidad histórica y de la intensidad de su compromiso a favor de la seguridad del continente. Se requiere optimizar los aviones, tanques y drones (…)
  • La presidencia francesa estrenada en junio de 2017 anunció la reducción de su presupuesto defensivo, lo que coadyuva a intuir el empleo de métodos más dúctiles o de recursos provenientes de su consorcio militar industrial y de los denominados gastos invisibles.
  • Francia modifica gradualmente su presencia a partir de los intereses específicos sobre nuevos escenarios, aprovechando las situaciones de crisis mediante la participación de sus fuerzas militares, como “único garante” para una oportunidad estratégica.
  • Se añaden las operaciones interiores (OPINT) y contra el terrorismo marítimo.

El gobierno francés pondera los más recientes resultados del reforzamiento militar, en el sentido de que “Mali es un teatro correspondiente particularmente al buen saber-hacer de Francia”. Los propósitos publicitados eran “estabilizar el país y recuperar el imperio de la ley”. París se hizo cargo de la situación, sin esperar la resolución correspondiente del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizara la intervención, recuperó las ciudades septentrionales malienses, con el apoyo de una simbólica fuerza internacional africana, cierta reducción de tropas y el acompañamiento de operativos alemanes.

Consideraciones finales:

  • La prolongada permanencia de Francia en África le ha asegurado el lugar preponderante entre las potencias coloniales y neocoloniales, a pesar de la creciente competencia por sus recursos.
  • Una variable de la geopolítica francesa consiste en su constante y renovado intervencionismo, que ejecuta multifacéticamente mediante acciones militares de diversa índole y expresa la tendencia circunstancial en su aplicación mediante golpes de Estado, de la intervención humanitaria, del cambio de régimen o de la responsabilidad de proteger (R2P), modalidades semejantes a las estadounidenses con la denominada Guerra de Cuarta Generación, qu incluye todos los resortes y medios posibles,  o indistintamente.

 

  • Los diversos métodos empleados tributan a su hegemonía en las excolonias, escenario donde multiplica la presencia militar, más visible en el presente decenio.

 

  • Lo anterior se manifiesta mediante modalidades, facilitadas por compromisos y acuerdos con los países involucrados, pero, además, materializadas en intervenciones, cuando lo estima oportuno.

 

  • Las variables de la presencia militar se implementan, entre otras, con:
  • la participación directa con asesoría, control de operativos y ejecución de golpes de Estado o de contragolpes
  • el establecimiento prolongado de las denominadas operaciones en el exterior (OPEX), que controlan territorios en zonas denominadas de inestabilidad o frágiles
  • con bases ocasionales en zonas específicas
  • en acciones mancomunadas con la Unión Europea, con el propósito declarado de combatir la piratería, el terrorismo y los tráficos ilícitos
  • la coparticipación en bases y operativos de la OTAN en el continente
  • la creciente promoción y participación en las denominadas misiones de paz de las Naciones Unidas.
  • El entramado de la presencia militar francesa, lejos de reducirse, se expande porque el control de lo que acontezca en África constituye la esencia para el ejercicio de su geopolítica.

 

 

PRESENCIA MILITAR EN ÁFRICA

OPERACIONES

16  ACUERDOS TÉCNICOS

8 ACUERDOS DE DEFENSA

DENOMINACIÓN

EFECTIVOS

PAISES

Barkhane

3 500

Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania, Níger

Licorne

2 400

Costa de Marfil

Épervier

1 200

Chad

Boali

    400

Rep. Centroafricana

BASES PERMANENTES

  
 

2 900 +   drones

Djibouti (controla Mar Rojo)

 

1 160 + control marítimo

Senegal 

 

   800 (plataforma aérea)

Gabón

 

 

[1] FRANAFRICA. Conjuga el control de la economía, una moneda dependiente de la banca francesa (CFA), prioridad a sus inversiones, la defensa, seguridad y asesoría militar y judicial, entre otros.

[2] Realpolitik. Concepto alemán (política real).Política o diplomacia basada en intereses prácticos y acciones concretas, sin atender a la teoría o filosofía como elementos formadores de políticas. Aboga por los avance en los intereses de un país de acuerdo con las circunstancias actuales de su entorno, con un enfoque de realismo filosófico y pragmatismo.

[3] Leyla Carrillo Ramírez. Metamorfosis de la Intervención. Ciencias Sociales, La Habana, 2018. Pp10, 41

[4] Fuente: Rapport d’information déposé en application de l’article 145 du Réglement par la comisión de la défense nationale et des forces armées. 14ª legislatura. Paris 9 de julio de 2014. Informe presentado por los diputado Yves Fromion y Gwendal Rouillard. http://www.assemblée –nationale.fr/rap-info/2114.asp

[5] R2P. Método intervencionista, refrendado por el Secretario General de la ONU en 2006, que viabiliza el derecho de los integrantes del Consejo de Seguridad de intervenir para evitar las masacres en un país, a solicitud de su gobierno, cuando éste no es capaz de proteger al pueblo.

[6] Livre Blanc de la République Française sur la Défense et Securité.  Fuente: Odile Jacob/la documentation française, junio 2008.

[7] Subrayado propio.

[8] UN/NATO. Sécretariat. Declaración conjunta, suscrita en New York 23 de septiembre de 2008 por Jaap de Hoop Schafer, secretario general de la OTAN y Ban Ki Moon, secretario general de la ONU.

 

[9] Livre Blanc de la République Française sur la Défense et la Sécurité. Direction de l’Information Légale et Administrative. Paris 2013. ISBN: 978-2-11-009358-5.

[10] Heredado y modernizado desde la presidencia de Charles de Gaulle.

[11] Estrategia de Seguridad de la Unión Europea. Fuente. http:/www.eur.lex.eu.strategy, 2016

[12] Acuerdos Berlín Plus. Sustentaron desde el Tratado de Maastricht, la cooperación con actores no pertenecientes a la Unión Europea.

[13] Presidente Emmanuel Macron. Discurso pronunciado ante embajadores franceses en el Elíseo. 27 de agosto de 2018. www.pointdepresse.gouv.fr

[14] G5S (Grupo de los 5 del Sahel). Doc. del Consejo de Seguridad de ONU. S/2018/1006, 12/11/18.

 

[15] SIPRI. Weapons Annual Report, Stockolm, 2017.

[16] Diktacratie. El ejército francés en África. 2 de mayo de 2015. Lecture des vacances. www.http:/diktacratie. com/larmee-française-en-afrique.

[17] Asamblea Nacional Francesa. Sesión del 2 de marzo de 2018. Debate sobre el artículo 31 del citado programa 2019-2025.

 

[18] Subrayado propio.

[19] Consenso de Ezulwini, Swazilandia. Adoptado mediante Declaración de Sirte en 2005, fundamentalmente para promover la reforma de ONU, pero también autorizó la injerencia foránea para suplir deficiencias de gobernabilidad en el continente.

[20] Informe Vedrine. Afrique-France: un partenariat pour l’avenir. La documentation française, 2013. Direction de l’Information Légale et Administrative. Paris. Informe estratégico francés para contrarrestar la influencia económica china en África. Traducción publicada el 5 de diciembre de 2013.

 

[21] Permite intuir su intención protagónica en el marco de la UE.

[22] Subrayado propio.