Las Malvinas y el Derecho Amenazado

Leyla Carrillo

 

 

 

Lic Leyla Carrillo Ramírez

leyla@cipi.cu 

Entre los espacios en litigio a escala mundial, las Islas Malvinas concitan con frecuencia el cruce de espadas entre los gobiernos involucrados en su posesión y la publicación de titulares en la prensa.

Un apretado recuento histórico expone que la ubicación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, entre el Atlántico Sur y la Antártida las convirtió en foco del interés estratégico inglés desde los albores del siglo XVIII, que hoy se extiende a otras potencias. La Paz de Utrecht en 1713 había asegurado a España sus posesiones y la exclusividad de navegación. En 1764 Francia se motivó por las Islas, pero los ocupantes ingleses garantizaron su exclusivo asentamiento. En 1774 España expulsó a los británicos de las Malvinas, luego del Tratado de Tordesillas.

La Revolución de Mayo, que con la victoria expulsó a los colonizadores españoles de Argentina en 1816, que ratificó en 1820 a Las Malvinas como parte integrante del territorio heredado de la metrópoli. Tan temprano como en 1884, el país andino propuso llevar al arbitraje internacional su diferendo con el imperio británico, irresuelto hasta la fecha. Sin embargo, Londres no cejó en su empeño y en 1883 retomó el control insular, que en 1892 subordinó al estatuto de colonias. La Guerra de Las Malvinas de 1982 aseguró por la fuerza la presencia británica, que mitigó, pero no ha podido impedir las reclamaciones argentinas, incrementadas en febrero de 2021.

La infinitud del derecho internacional ha refrendado normas transgredidas frecuentemente con relación a Las Malvinas. Para facilitar la comprensión se sintetizan las más decisivas:

  1. el derecho a heredar el territorio aéreo, terrestre y acuático de un país liberado del yugo colonial
  2. el derecho de mayor proximidad de Las Islas y el lecho marino al territorio argentino, establecido por la Convención de Montego Bay sobre derecho marítimo
  3. El Tratado Antártico, que estableció el uso exclusivo pacífico de la región por todos los Estados firmantes (54 en la actualidad, donde figuran Reino Unido y Estados Unidos, entre otros)
  4. El Tratado de Tlatelolco, que refrendó a la América Latina como zona sin armas nucleares
  5. El Acuerdo fundacional de la Conferencia de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que declaró al continente zona de paz.

El derecho argentino sobre la soberanía de Las Malvinas fue avalado por el Comité de Descolonización en 1960 y sucesivamente por la Asamblea General de las Naciones Unidas, además de ser ratificado por organismos y organizaciones regionales o sectoriales, como el Movimiento de Países no Alineados, el Grupo de los 77 + China, Mercosur, las Cumbres Iberoamericanas, la II Cumbre de América del Sur-África (ASA); la Cumbre de Países Sudamericanos y Árabes (ASPA) y la CELAC, entre otros.

Los escasos avances en el diálogo propuesto por la comunidad internacional, se circunscriben desde 1971 a una cooperación sobre servicios aéreos, marítimos, comunicación postal, telegráficos y telefónicos, mientras que Argentina contribuye  en las esferas de salud, educación, agricultura y técnica.

Durante la dictadura argentina y gobiernos precedentes a los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, las relaciones sostenidas por los primeros con el Reino Unido, soslayaron los principios soberanos demandados por el pueblo argentino.

Desde hace decenios varios acuerdos internacionales se han utilizado como letra muerta por las potencias aliadas. El Tratado vigente de la Unión Europea, en transgresión de lo refrendado internacionalmente, autenticó que Las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur constituían  territorios de ultramar del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, todo ello exacerbado frecuentemente por la utilización del espacio territorial y marítimo de las citadas islas en operaciones extractivas del petróleo y la pesca ilícita, el vertimiento de bidones con desechos radioactivos, el tránsito y estacionamiento de naves militares.

Con el actual gobierno de Alberto Fernández ha sido retomada la gestión reivindicatoria del país, que promovió tres proyectos de ley en 2020 para:

  • oficializar la demarcación del límite de la plataforma continental argentina
  • modificar el régimen federal pesquero –que radicalizaría las sanciones contra la pesca ilegal-
  • crear un Consejo Nacional que retome las acciones en favor de la soberanía de las islas.

El reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido para el Brexit excluyó a las islas y a las de Georgias y Sandwich del Sur de los beneficios arancelarios para la pesca en las disputadas islas.

Más recientemente se añade al respecto la presencia de un submarino nuclear de Estados Unidos, que contó con la logística de un avión británico, acto rechazado por el gobierno argentino. Es lógico augurar que la nueva situación también añade nuevas preocupaciones, en el sentido de que, una vez fuera de la Unión Europea, Reino Unido decida fortalecer su presencia en el Atlántico Sur y la Antártida, escoltado por su principal aliado en la OTAN: Estados Unidos.

En contraposición a ello, también en fecha reciente la aerolínea alemana Lufthansa solicitó al gobierno argentino un permiso de sobrevuelo y aterrizaje, que las autoridades de Buenos Aires resaltan como un reconocimiento indirecto a su soberanía sobre las islas.

La dilación de la permanencia británica en Las Malvinas concierne tanto al Derecho Internacional, como a las acciones para postergar el proceso descolonizador defendido por las Naciones Unidas, el interés de mantener las islas mejor ubicadas en América Latina, militarizar la zona, garantizar la pesca, la exploración y explotación de hidrocarburos, nódulos  metalíferos de manganeso, cobre y hierro en una zona geológica rica, constituir una avanzada para el control del tránsito naval en la fosa atlántica, erigirla en proveedor y atraque de la OTAN (que transgrede el paso inocente), controlar el ciberespacio en la región, insistir sobre su aspiración ante la Comisión para la Antártida de un millón de kilómetros cuadrados sobre el lecho marino y –no en último lugar- aposentarse para cuando se acelere el derretimiento del polo sur.

Ante el cambio de algunas circunstancias desde el Brexit y el accionar de un gobierno de corte diferente para reivindicar los intereses argentinos, valdría la pena observar los próximos acontecimientos. La presencia naval estadounidense en las cercanías de Las Malvinas no es un hecho fortuito: puede tratarse de un acto conjunto de intimidación de ambas potencias, de atisbos de una geopolítica trazada al sur del continente, pero también de una nueva amenaza contra el derecho.

 

La Habana, 19 de febrero de 2021