Imperialismo vs Multilateralismo
Finalizada la Segunda Guerra Mundial el mundo experimentó decisivas transformaciones y, a pesar de la Guerra Fría, mejoró la correlación de fuerzas, impulsada por los países socialistas, la descolonización por movimientos nacional-liberadores y la vigorización de partidos comunistas y del movimiento obrero. Pero la oclusión del socialismo en Europa en los años 80 del siglo XX provocó un retroceso y el regreso al unilateralismo, en beneficio de las potencias capitalistas.
Transcurridas cuatro décadas se evidenció que el imperialismo, mediante ardides y amenazas afianza su poderío sobre los países del Sur global denominados “en desarrollo”, mediante la subordinación de estos al unilateralismo ejercido por el primero. La descripción prevista por Lenin sobre el imperialismo y sus actuales acciones aventureras muestran, no solo su codicia, sino obsolescencia en la contemporaneidad, aunque el período para su relativo declive esté permeado de incertidumbres e inconsistencias.
El multilateralismo cuestionado y avasallado
Durante el siglo actual la mayoría poblacional planetaria ha logrado avanzar en la brega para mejorar sus condiciones de vida, con iniciativas promovidas por los principales grupos regionales y temáticos,[1] a los que se incorporan proyectos para el desarrollo defendidos en organismos, organizaciones y agencias internacionales. Lenta, pero eficazmente, el Sur recuperó la voz y despliega programas específicos, viables mediante su despliegue multilateral.
Los avances del multilateralismo no son bienvenidos por los Estados preponderantes en la economía, la defensa, la tecnología y ciencia, la educación o el deporte (incluidos en la seguridad y el desarrollo humanos). Pero no sería atinado homologar a todos en un unilateralismo a ultranza porque gobiernos de países desarrollados, neocolonialistas o anquilosados en tradiciones centenarias, presentan posiciones más flexibles y contemporizadas, que ocasionalmente acceden a las aspiraciones al desarrollo de los Estados menos desarrollados.
No obstante, el mundo afronta una etapa convulsa de contradicciones, proliferación de conflictos, inobservancia del Derecho Internacional y de la Carta de la ONU, redistribución de esferas de influencia en regiones y países, con ejecución de estrategias y métodos coadyuvantes a la geopolítica de los Estados preponderantes.
Observar la panorámica internacional provoca incertidumbres que precisan análisis más depurados e intensos. Los actuales peligros se intuyen cuando el imperialismo mayor amplía y desplaza desembozadamente sus proyecciones, que omiten la opinión de la comunidad internacional.
Los intereses unilaterales del actual gobierno estadounidense se manifiestan multifacéticamente sobre Nigeria y Sudáfrica, Irán, Palestina, Siria, Líbano, Rusia, Groenlandia, Taiwán y China, Venezuela, Colombia, México, Cuba y Nicaragua —para citar a los más amenazados—. La etapa actual pudiere definirse con el ejercicio de paranoia en las relaciones internacionales, diversificada entre la instigación al terrorismo, del cambio de régimen o perpetración de ataques sorpresivos, la incautación de buques petroleros, amenazas de bloqueo total, sanciones contra países seleccionados, elevación ilimitada de aranceles, amenazas antisoberanas y de agresión.
Imperialismo y multilateralismo en organizaciones
La contradicción entre el unilateralismo imperialista y el multilateralismo tiene antecedentes desde la fundación de la Sociedad de Naciones. Siguieron etapas históricas entre el nazifascismo, la fundación de las Naciones Unidas y el auge del socialismo en Europa, Asia y América Latina, que proclivizaron avances del multipolarismo hasta el siglo XXI.
Teorías sobre el reset,[2] America First, Make America Great Again (MAGA), la modernización de la Doctrina Monroe[3] (resumidas en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional y otros engendros), sintetizan el empeño de sucesivos gobiernos estadounidenses, para mantener la supremacía universal, mientras se agudiza su declive hegemónico, conceptualizado por Gramsci.[4]
Algunos muestran sorpresa ante la reciente decisión de Estados Unidos de retirarse de 66 organizaciones internacionales, 31 de ellas relacionadas con la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El anuncio por la Casa Blanca sólo verifica una máxima de que, ante la pérdida gradual de hegemonía, los imperios en declive adoptan las peores decisiones, en su intento por preservar el dominio y la riqueza.
El irrefrenable intervencionismo en todos los continentes, el incontenible desarrollo armamentista, la desatención a urgencias sociales estadounidenses para potenciar los intereses del complejo militar industrial, la multiplicación de sanciones unilaterales contra incontables países “hostiles” o del Sur; su acoso, persecución y punición evidencian, más que en decenios precedentes, que a los planes del imperialismo estadounidense estorba el multilateralismo.
No sería descartable que puedan llevar razón quienes, desgajados del círculo republicano o detractores demócratas, sectores de minorías discriminadas y psicoanalistas opinen que la actual política estadounidense hacia el resto del mundo, responde a la insanidad mental del mandatario y su séquito.
Durante decenios los aportes financieros estadounidenses, decididos en el marco multilateral, han oscilado entre lo filantrópico y circunstancial, por lo que los efectos inmediatos se centrarán en una participación mayor de entes privados, con lo que Washington ahorrará esfuerzos y recursos.
La anunciada ruptura con el multilateralismo obliga a una retrospectiva sobre el comportamiento estadounidense en varios organismos internacionales y facilitaría prever nuevos condicionamientos y escisiones. La selección sobre la próxima retirada estadounidense de 31 organismos vinculados a la ONU evidencia, por ejemplo, la situación de:
Uno de los órganos más eficientes de la ONU en defensa de intereses de los países occidentales, el Consejo de Derechos Humanos, que relevó en 2006 a la desacreditada Comisión homónima, con la finalidad de equilibrar la representatividad por grupos de países y la inclusión del examen periódico universal, donde resulta inocultable el comportamiento reprobable estadounidense.
El Consejo Económico Social (ECOSOC), organismo imprescindible para acometer acciones “nobles” favorables al desarrollo de los países del Sur, previo financiamiento multilateral o bilateral y para impulsar temas de la agenda global, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, inalcanzables en 2030.
Las prolongadas discrepancias estadounidenses con programas de la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se remiten a la incongruencia en la aplicación de la Comisión Mc Bride, exacerbada cuando Washington rechazó la aceptación de Palestina en calidad de observador.[5] Su presión se ha materializado mediante la negativa a otorgar fondos destinados a la alfabetización, al espectro comunicacional y para el acceso de los países menos favorecidos a logros científicos.
La salida del Fondo para la Infancia (UNICEF) confirma el mediocre desempeño en la organización. Sus directivos lo consideran una debacle financiera, limitante de expectativas para mejorar su asistencia a los niños en países en desarrollo. EE.UU., no firmante de la Convención para los derechos del niño,[6] ha manifestado con ello su indiferencia sobre el tema, que acrecienta con el consentimiento del genocidio israelita contra Palestina y la negativa a suscribir acuerdos para la protección de niños en conflicto.
El desarrollo científico estadounidense lo sitúa entre las esperanzas para prevenir y mejorar las condiciones de vida sanitaria en los países del Sur. Su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) agilizará el empeoramiento de la atención a países en desarrollo, pero no debe sorprender. El énfasis de las transnacionales productoras de medicamentos y vacunas para solo incrementar sus ganancias se evidenció durante la pandemia de COVID-19 con deshumanización para asistir a los contagiados por la enfermedad. En tanto, su refuerzan con su escasa ayuda humanitaria a los niños heridos y famélicos víctimas de los ataques de Tel Aviv y la anuencia al bloqueo israelita a la ayuda humanitaria decidida por la ONU y al bombardeo contra instalaciones que eliminó las reservas para hemodiálisis durante la agresión contra Venezuela.
La reticencia a reconocer los efectos del cambio climático y a modificar los patrones energéticos para reducir el calentamiento global se ratifican con el constante rechazo a los acuerdos adoptados por las Cumbres en Río, Dinamarca, París y Belem y con su negativa para aportar fondos destinados a mitigar el calentamiento global, ratificado con su retirada simultánea de organizaciones independientes (35), entre ellas las referidas al tema climático-energético, como el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, Plataforma y Sistemas de Biodiversidad y Ecosistemas, Energía Libre, Agencia para Energías Renovables, Alianza Solar Internacional, Unión para la Conservación de la Naturaleza y Red para la Política Renovable para el siglo XXI.
La salida de Estados Unidos al unísono de tantas organizaciones, constituye una declaratoria de impunidad vinculada a hechos delictivos y refuerza sus intenciones para el ejercicio del libre albedrío, fundamentalmente en las relaciones internacionales, pero también a lo interno. Destacan: el Acuerdo Regional para combatir la Piratería y el Atraco,[7] Foro global contraterrorista, Expertos del Foro Global sobre Ciberterrorismo, Foro sobre Migración y Desarrollo, Instituto Internacional para la Democracia y Ayuda a las Elecciones, Justicia y Ruta de la Ley, Programa para Asentamientos Humanos, Registro sobre Armas Convencionales, Foro Permanente para Personas Afrodescendientes, Alianza de las Civilizaciones y Conferencia sobre Comercio y Desarrollo.
No sería descartable avizorar nuevas retiradas o una coerción desmedida contra organismos esenciales de las Naciones Unidas, como son la Secretaría General, el Consejo de Seguridad, la Asamblea General y la Oficina de los Refugiados (ACNUR). Lo induce las declaraciones en el sentido de que “la ONU debe mantenerse debido a su potencial, pero que la Junta o Consejo para la Paz propuesta debe reemplazar a la organización”, basada en el proyecto presentado de 20 puntos para “finalizar el conflicto israelo-palestino y ayudar a la reconstrucción en la Franja de Gaza”.
Con ello se exacerba el pragmatismo estadounidense que habitualmente adoleció de un negativismo a ultranza, con el propósito de derruir el Derecho Internacional. La suspicacia conduce a cuestionar también su retirada conjunta de la Comisión y del Fondo para la Paz, cuando precisamente Estados Unidos es el país con más misiones de paz distribuidas por el orbe.
Disensos ¿o reacomodo?
La autoexclusión anunciada por la Administración Trump de 66 organizaciones internacionales eximirá a Estados Unidos, en primer lugar, de sus compromisos con el Derecho Internacional y la Carta de la ONU y le propiciará mayor impunidad en sus relaciones con el Sur global.
Sin embargo, los efectos nocivos de la política crecientemente unilateral y unipersonal del “trumpismo” sobre las relaciones internacionales, no solo implican a la ONU y a las restantes 35 organizaciones, sino también a países de gobiernos aliados. Las crecientes disensiones impactan sobre temas favorecidos por los europeos, que ellos priorizan para su nivel de vida, el desarrollo y la competitividad, la energía, el espectro digital y comunicacional, el medio ambiente, la ciencia, la cultura y la eficiencia laboral.
En las últimas semanas varias decisiones unilaterales adoptadas por Washington han provocado inconformidad, rechazo, indignación y réplicas en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en la Unión Europea (UE), pero también de varios gobiernos europeos y el canadiense.
El ímpetu por asentarse en Groenlandia patentiza uno de los mayores desaciertos en sus relaciones con Europa, al amenazar con ampliar su presencia en el Ártico, región promisoria para acortar la ruta intercontinental, la existencia de hidrocarburos y la segunda región poseedora de tierras raras. La disensión en el marco de la OTAN marca una merma en su cohesión y supera los impactos en torno a la creación de un comando europeo, el diferendo entre Grecia y Turquía por Chipre o la tendencia a subestimar la participación de la organización en Afganistán.
El rechazo danés a la pretensión estadounidense desató un despliegue de efectivos provenientes de Dinamarca, Francia, Alemania, Finlandia, Países Bajos, Suecia, Noruega y Reino Unidos bajo la Operación Artic Endurance. Washington amenazó con elevar más aún los aranceles a los países involucrados. La crisis se aplacó durante el reciente Foro Económico de Davos, luego de conversaciones del presidente Donald Trump con el secretario general de la OTAN y la primera ministra danesa, consistente en la anuencia para establecer “algunas bases estadounidenses” en la isla. Las amenazas para elevar los aranceles a los otanistas “contestatarios” también se diluyeron.
El unilateralismo desmedido provoca fisuras entre la UE y EE.UU. durante el segundo mandato presidencial de Donald Trump, reflejadas en disensiones circunstanciales y visibles en las tradicionales relaciones enmarcadas en la Alianza Trasatlántica. Valdría recordar recientes diferendos inherentes al uso y a la libertad del espectro cibernético, con la aplicación de multas a transnacionales estadounidenses; la drástica elevación de los aranceles a rubros vitales de exportación europeos; la relegación de los 27 países comunitarios durante las negociaciones para la paz entre Rusia y Ucrania y dudas expresadas sobre métodos empleados por Washington en el Caribe, previos a la agresión contra Venezuela.
Sin embargo, en el historial de sus interrelaciones, el peor resultado del comportamiento unilateral estadounidense, lo constituye las amenazas del uso de la fuerza para extender su presencia en Groenlandia. Los comunitarios habían ratificado, dos decenios antes, su cesión de soberanía para favorecer la integración (respecto a defensa, política exterior y la eliminación de fronteras[8]). La rubricada “pertenencia” del territorio de ultramar a Dinamarca,[9] avala su desconcierto y rechazo.
El disenso entre los gobiernos de Dinamarca y Estados Unidos sobre Groenlandia no se mitigó con el debate celebrado en Washington, que reavivó las apetencias del imperialismo mayor, expresivas de su geopolítica. Algunos observadores y politólogos desestiman las potencialidades estratégicas de la isla, que ameritaría un análisis más exhaustivo.
Siguen en orden discrepante, declaraciones del presidente francés, relacionadas con las propuestas trumpistas para la paz en el norte europeo y exacerbadas en torno a Groenlandia, que reflejan una contradicción superior entre ambas partes, desde el reclamo galo para constituir un comando europeo en la OTAN y el posterior abandono de la organización.[10]
Resumen preliminar
- Se exacerba el unilateralismo por el gobierno estadounidense mediante acciones bélicas y amenazas de fuerza contra países, regiones y organizaciones, en detrimento del multilateralismo requerido para desempeñar las relaciones internacionales y respetar el Derecho Internacional.
- A mayor agresividad imperialista, se amplía el diapasón unilateral.
- Los actos unilaterales y, con frecuencia unipersonales, se visibilizan tanto contra los países y organizaciones del Sur global, como contra organizaciones e instituciones aliadas o aquiescentes a las prácticas de Washington.
- En su consecución utiliza disímiles estrategias: ataques sorpresivos sobre países “demonizados”, como Irán o Nigeria; secuestro de mandatarios, asesinatos de pescadores y civiles en Venezuela; sanciones unilaterales contra más de 70 naciones; elevación arbitraria de aranceles a países declarados “indeseables”; radicalización de la persecución contra los inmigrantes y salida de 66 organizaciones internacionales.
- Las actuales diferencias entre los europeos de la OTAN y de la UE con EE.UU. se aplacan mediante negociaciones, si no prevalece la imposición de la Casa Blanca. En uno u otro sentido las actuales fisuras se avienen a las contradicciones interimperialistas, avizoradas por Lenin.
- El reciente anuncio por el gobierno estadounidense sobre su retirada de 66 organizaciones internacionales identifica una geoestrategia más agresiva y expansionista, imbricada con actos “disuasivos” mediante la amenaza y el uso de la fuerza, la previa imposición de sanciones unilaterales y la reimposición del unilateralismo imperialista.
- Este nuevo paso evidencia el reforzamiento de su ambición geopolítica adversa a temas protegidos por el Derecho Internacional y para actuar a su libre albedrío con total impunidad, lo que caotiza las relaciones internacionales.
- Frente al retroceso hacia el unilateralismo, los países en desarrollo requerirían mayor ayuda proveniente de asociaciones y países emergentes, sin descartar un eventual intento de Washington por recuperar su presencia bilateral en lugares seleccionados.
- Washington exhibe su desapego a principios elementales del Derecho Internacional y a normativas de las Naciones Unidas. Ahora acelera el unilateralismo imperialista por encima de los esfuerzos de la mayoritaria comunidad internacional por avanzar hacia el multilateralismo.
Selección bibliográfica
Carrillo, Leyla “La geopolítica de Francia en África. Editorial Ruth, abril 2024.
Eur-Lex. Tratado de Lisboa y Tratado de Funcionamiento, de 2007.
France Diplomatie. Francia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte” (OTAN).https://www.diplomatie.gouv.fr/es/asuntos-globales/defensa-y-seguridad/francia-y-la-otan/ People’s Daily Online. (Xinhua) Washington, January 21, 2026 Global Security Newsletter UNESCO. Informe del premio nobel por la paz, Sean Mc Bride en 1974.
[1] (Movimiento No Alineados, Grupo de los 77+China, Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica, Unión Africana, Asociación Económica Euroasiática, Ruta y Franja de la Seda, Asociación de Cooperación de Shanghai, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Alianza Bolivariana de las Américas (Tratado de Comercio de los Pueblos Alba-TCP y Comunidad de Estados del Caribe, fundamentalmente).
[2] Reset. Borrar u olvidar la historia, propugnado por el presidente Barack Obama.
[3] Devenida en Doctrina Donroe, en alusión al apelativo del presidente de EE.UU.
[4] Antonio Gramsci La hegemonía significa la aceptación por los sumisos de la dominación por otros.
[5] Ingreso de Palestina en 2011.
[6] Beiying, 1990.
[7] Vbgr: Asesinato de pescadores venezolanos y colombianos y ataque contra petrolero ruso.
[8] Espacio Schengen. Zona de libre circulación entre 29 Estados Europeos (25 de la UE). Adoptado en 1995, elimina los controles fronterizos internos.
[9] Eur-Lex. Tratado de Lisboa y Tratado de Funcionamiento, de 2007.
[10] Leyla Carrillo. “La geopolítica de Francia en África. Editorial Ruth, abril 2024.
France Diplomatie. ·Francia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte” (OTAN).https://www.diplomatie.gouv.fr/es/asuntos-globales/defensa-y-seguridad/francia-y-la-otan/
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