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De la Doctrina Monroe a la “Doctrina Donroe”: el aumento de la presencia militar de EE. UU. en América Latina y el Caribe

mayo 8, 2026   0

Imagen: Sipa USA U.S. Navy/Sipa USA

Introducción

La presencia militar de Estados Unidos en América Latina y el Caribe no es un fenómeno nuevo. Desde que la nación norteña se constituye como nación, Cuba y el área que conforma la Cuenca del Caribe han sido uno de sus objetivos centrales. El territorio cubano siempre ha constituido un enclave muy importante por el acceso a las más importantes vías de comunicación y a las rutas comerciales del Caribe, la calidad de sus puertos y su posición para el establecimiento de puntos defensivos.

Desde la Doctrina Monroe (1823) hasta nuestros días, Washington ha considerado la región como su “patio trasero” estratégico, interviniendo directa o indirectamente en decenas de países. Sin embargo, el incremento del despliegue militar estadounidense en el Caribe desde el último trimestre hasta la fecha presenta características que lo distinguen de movilizaciones anteriores que no se habían observado en los últimos 20 años por lo cual y lo convierten en un objeto de análisis singular.

Este artículo sostiene esta inmensa movilización militar en el área no fue una operación de lucha contra el narcotráfico ni una misión de supuesta cooperación hemisférica, sino una preparación muy bien detallada, destinada a cercar a Venezuela secuestrar a su presidente legítimo, apoderarse de sus recursos naturales, petróleo, y agudizar el criminal bloqueo contra Cuba a través de la amenaza de una inminente invasión con el objetivo de derrotar a la revolución

EE.UU. y la concepción de su “Mare Nostrum”

En la historia de las comunicaciones entre las diferentes culturas y pueblos esta se efectuaba preferiblemente a través del agua, parece algo trivial, pero en los siglos pasados el medio marítimo y fluvial adquirió una importancia absoluta mucho más cuando las distancias eran enormes entre las metrópolis y las colonias.

Desde que Estados Unidos logró su independencia, tenía un solo objetivo: “expandirse primero le arrebato más de la mitad del territorio a su vecino, México alentado por las ideas que promovió Alfred Thayer Mahan[1] simpatizante hasta el extremo de la Doctrina Monroe (DM), el cual exponía que si el país quería ser una gran potencia debía proyectarse hacia el exterior. Este Académico no fue el creador del concepto de “poder naval” pero si fue el primero en avizorar el valor de esta vía para la expansión de las naciones.

El estado norteño desde muy temprano apreció la importancia del área del caribe, primero, de manera discreta pues la región siempre fue codiciada por diversas potencias europeas: Inglaterra, Francia, España, Holanda, que se disputaban la hegemonía en la región y el control de la “denominada llave del nuevo mundo”.

El final del siglo XIX con la Guerra Hispano-cubana norteamericana, que significó el inicio de su fase imperialista y del cumplimiento de sus anhelos de dominación sello, bajo la égida del “destino manifiesto”, el inicio de la conquista de la región que EE.UU. apreciaba como área de influencia.

La estrecha vinculación de sus teorías de Mahan relacionadas con el poder marítimo con la citada doctrina, DM; permitió a la naciente potencia Justificar su intervencionismo alegando la defensa de la estabilidad y el comercio, proyectar su poder naval hacia el Caribe y el Pacífico y consolidar su hegemonía en el hemisferio, redefiniendo la esfera de influencia de América Latina.

La ocupación de Puerto Rico, la imposición, de bases navales y carboneras, La ilegal base naval en Guantánamo (Cuba) y las intervenciones en Cuba, Haití, República Dominicana, Nicaragua y Honduras, Panamá etc. con el objetivo de asegurar rutas marítimas y bases estratégicas así lo demuestran.

Es evidente que estas acciones belicistas de Washington consolidaron su hegemonía naval y permitió el rápido movimiento de su flota entre el Atlántico y el Pacífico siempre bajo la lógica mahaniana de asegurar las rutas marítimas y bases estratégicas del Mediterráneo Americano, el Mar Caribe.

Sin intentar realizar un análisis de la figura del mencionado historiador si es necesario destacar que sus postulados influyeron notablemente en la conformación de la política exterior y belicista de los EE.UU.

Entre sus diversas teorías acentúo tres que, a criterio de este autor, tienen vigencia actual en las pretensiones del actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump. La conversión del Golfo de México y el Mar Caribe en aguas exclusivas norteamericanas, la toma de islas estratégicas en esas aguas como bases navales, La construcción de un canal interoceánico bajo dominio exclusivo de EE.UU.

La primera de las tres ideas esbozadas ha cobrado actualidad con la decisión de Trump, a partir de una orden ejecutiva, de nombrar al Gofo de México como Golfo de América (Rick Rojas, 2025). En relación con el Canal interoceánico de Panamá el citado presidente anunció que su Gobierno va a “recuperar” el canal de Panamá, alegando una supuesta intromisión y presencia China en la vía fluvial, obviando los tratados Torrijos-Carter que permitió que la nación centroamericana asumiera su control desde el año 1999.

La aspiración de convertir el Caribe y el Golfo en un “lago americano” siempre pretendió el control efectivo de todas las entradas y salidas de esa cuenca marítima. como explicaba un oficial de la Marina estadounidense en el lejano 1941:

“Hay muchas entradas al Caribe y hasta nuestra adquisición de las nuevas bases de Inglaterra, controlábamos solo aproximadamente la mitad de ellas, y ese control no era positivo. Pero con la adquisición de nuestras nuevas bases la imagen cambia y una vez más la oportunidad es nuestra para hacer del Caribe un lago americano —no un mar cerrado, sino una autopista abierta con la Marina de los Estados Unidos a cargo de todas las luces de tráfico en esta esquina particular del comercio mundial. Este control no implicaba necesariamente una declaración formal de soberanía, sino el dominio efectivo de los puntos de estrangulamiento: los canales de Yucatán y Florida, el Paso de los Vientos, los Pasos de Mona y Anegada, y las entradas orientales entre las Islas de Sotavento y Barlovento. Quien controla estos pasajes, controla el acceso al “lago” (Ephraim R. McLean, 1941).

EE.UU. Siempre intentó fundamentar su intervencionismo en América Latina y el Caribe esgrimiendo criterios de seguridad nacional , concepción que ha sido objeto de diferentes enfoques en cada época histórica en correspondencia con sus desarrollo económico, político y militar, al decir de Fernández Tabio “Desde finales del siglo XIX las políticas estadounidenses de seguridad nacional han sido determinadas por los rasgos que le impone su naturaleza imperialista” (Fernandez Tabio, 2008).

Las acciones de Washington en América Latina y el Caribe no han desaparecido, sino que se han reconfigurado. Si en el pasado la intervención tomó la forma de ocupaciones militares, golpes de Estado y control financiero directo, en la era Trump adquiere un perfil distinto: despliegue naval abrumador, designación de gobiernos extranjeros como “narcoterroristas” y captura de un jefe de Estado sin declaración de guerra.

El “Cartel de los Soles”, eje de esa narrativa, no era una organización real, el propio Departamento de Justicia estadounidense lo reconoció más tarde retirando los cargos relacionados con su existencia. Era, como calificaron diversas personalidades, un término coloquial para referirse a una corrupción difusa, no una estructura criminal jerarquizada liderada supuestamente por Maduro.

Su invención permitió, el secuestro del presidente legítimo de Venezuela y su esposa. La naturaleza imperialista permanece; solo cambian sus instrumentos operacionales.

No ha habido un momento histórico sin intervención del gobierno estadounidense en la vida de nuestras naciones, Así lo confirman hoy las innumerables bases militares estadounidenses —y de la OTAN— instaladas en el Gran Caribe, así como las desplegadas en el Cono Sur. Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guantánamo, Jamaica, Antigua, Curazao, Aruba, Ecuador, Perú, Colombia, Argentina y Chile albergan instalaciones que, bajo distintos estatus legales, garantizan la proyección del poder estadounidense en el hemisferio.

Cada una de estas locaciones ha recibido financiamiento para su modernización acelerada de sus infraestructuras militares y la realización de ejercicios navales.

  • Roosevelt Roads, Ceiba (Puerto Rico): Expansión de pista, instalación de radar AN/TPS-75, tiendas de campaña para fuerzas especiales.
  • Fort Buchanan (Puerto Rico): Centro de operaciones de $30 millones, 26 viviendas militares ($32M), microgrid ($52M), barracones de entrenamiento ($39M).
  • Santa Cruz (Islas Vírgenes): Instalación de puesto de vigilancia radar.
  • Trinidad y Tobago: Arribo del destructor USS Gravely y ejercicios conjuntos con fuerzas locales.

Es un hecho el incremento militar, además de la amenaza que representa para el Caribe y por extensión a todo el hemisferio occidental, que ha profundizado las divisiones regionales en lugar de generar consenso. Mientras algunos países se alinearon con Washington (Colombia, Ecuador, Trinidad y Tobago, y Guyana entre otros), algunos han condenado de manera algo tibia este proceso reflejando la fragmentación de América Latina.

No es una coincidencia a mayoría de estas instalaciones, a partir de este inusual movimiento naval y de tropas, están concebidas para la realización de acciones agresivas contra el territorio cubano. No ha habido tregua, solo han mutado las formas de intervención.

La lucha contra el narcotráfico como pretexto

En la actualidad EE.UU., es el principal mercado de drogas y el primer productor de armas a nivel global. Además, es el líder indiscutible de las fallidas estrategias que delinean y definen las políticas antidrogas en todas las regiones del mundo. La ineficacia de políticas como el Plan Colombia (1999), la fenecida Iniciativa Regional Andina (IRA, 2001) la Iniciativa Mérida (2007) y la Iniciativa Regional de Seguridad para América central (CARSI), reflejan las limitantes de una estrategia antidroga que no se ha planteado un enfoque integral al fenómeno del tráfico ilegal de drogas (TID). Ello ha imposibilitado la proyección de políticas que ataquen los incentivos de este flagelo, desde la esencia que lo promueve.

La guerra contra las drogas le ha facilitado el aumento de su poderío militar en la región, logrando un mayor control geoestratégico. Tanto es así que las políticas antidrogas de Estados Unidos, en vez de contener el narcotráfico han permitido la generalización del problema hacia toda la Latinoamérica.

Sobre esta situación Noam Chomsky consideró: “No creo que la guerra contra las drogas es un fracaso, tiene un propósito diferente al anunciado (…). El problema de las drogas en América Latina está aquí en Estados Unidos. Nosotros suplimos la demanda, las armas, y ellos (en América Latina) sufren” (Chomsky, 1988).

En el segundo semestre del 2025, y sin que mediara declaración de guerra alguna, Estados Unidos acumuló en el Caribe una fuerza de aproximadamente 15,000 efectivos, un grupo de ataque de portaaviones (USS Gerald R. Ford), destructores, cruceros, buques de asalto anfibio, y unidades de operaciones especiales. Oficialmente, el despliegue se justificó en el marco de la lucha contra el narcotráfico, tras la designación de varios carteles como organizaciones terroristas en agosto de 2025.

Sin embargo, la magnitud, la naturaleza y la secuencia temporal del despliegue que favoreció la ejecución de la denominada Operación Absolute Resolve, el 3 de enero de 2026, destinada a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro denotan una serie de contradicciones profundas entre el discurso oficial, el marco legal invocado y los fines realmente perseguidos.

 El verdadero propósito de la Casa Blanca radica en profundizar el control y la explotación de los recursos naturales, sobre todo energéticos (Venezuela por los grandes yacimientos de petróleo, gas y minerales que posee de manera planificada apoderarse de todo el hemisferio occidental y obstaculizar el acceso a otros actores internacionales que inciden de alguna manera en América Latina (China, Rusia, Irán y otros).

De acuerdo con Atilio Boron, además de que América Latina y el Caribe tienen las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, dispone de casi la mitad del total de agua potable del planeta, y es el territorio donde se encuentran tres grandes cuencas hidrográficas: la mayor, la del Rio Amazonas, la del Orinoco y la del Rio de la Plata, cuenta con algo más del 40% de todas las especies animales y vegetales existentes en el planeta con cinco de los diez países con mayor biodiversidad del planeta: Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú y la mitad de las selvas tropicales (Boron, 2024).

No es una casualidad que, la jefatura del Comando Sur de las fuerzas armadas estadounidenses, esté desarrollando un inmenso plan de desarrollo de su presencia en esta parte del mundo, y desde principios de 2025, sus principales directivos realizaron una intensa ofensiva diplomática-militar en toda la región, que incluyó visitas de alto nivel y contactos con dirigentes clave de los países visitados.

Todas las acciones desarrolladas por el pentágono, incluida los ataques criminales contra embarcaciones civiles, que hasta el momento han ocasionado más de 160 muertes, evidencian que las justificaciones absurdas de “lucha contra el narcotráfico” solo constituyen una fase intermedia de un plan mucho mas más amplio que tiene entre sus fines inmediatos establecer el dominio militar en la región y el cambio de régimen en Cuba.

Las palabras del subsecretario interino de Guerra[2] para la Defensa nacional y las Américas de EE.UU. y del Comandante de las fuerzas navales del Comando Sur[3] así lo demuestran cuando expresaron, en ese orden …“los ataques a las narcolanchas, era solo el comienzo”.

“Despliegues como este, expresó claramente, demuestran nuestro compromiso inquebrantable para garantizar un hemisferio occidental seguro y estable… Esta misión es un ejemplo brillante de nuestra dedicación a fortalecer alianzas marítimas, generar confianza y trabajar juntos para contrarrestar las amenazas comunes”.

Ejercicios navales

La mencionada presencia militar aumentó bajo el paraguas de ejercicios bilaterales y multilaterales, lo que permitió a Washington negar plausibilidad a sus intenciones reales.

Esta estrategia de “cooperación como cobertura” representa una ambigüedad operacional, y varios ejercicios navales se están desarrollando en el área como Southern Seas 2026, conducidas por la Cuarta Flota de los Estados Unidos, el mayor ejecutado desde el año 2007.

Con participación de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, México, El Salvador, Ecuador, Guatemala y Uruguay, en diversas áreas marítimas estratégicas se busca “reforzar” la interoperabilidad de las flotas participantes en operaciones combinadas de gran escala, como la interdicción de narcotraficantes, la protección de infraestructuras críticas (cables submarinos y plataformas de extracción de crudos entre otros).

Desde mediados de abril del presente año arribó al área de responsabilidad del Comando Sur el Grupo de Ataque del Portaaviones de propulsión nuclear USS Nimitz (CVN‑68) y el destructor de misiles guiados USS Gridley (DDG‑101) y realizó visitas operativas a Panamá y Ecuador, y en este último país realizó el 7 y 8 de abril ejercicios navales como el PASSEX, junto a embarcaciones de la nación suramericana.

Como algo novedoso en la realización de estas maniobras navales está la utilización dedrones submarinos y sistemas de inteligencia artificial para el reconocimiento de superficie, sin alterar la esencia de las maniobras clásicas de escolta y bloqueo.

Paralelamente se desarrolla El ejercicio “Daga Atlántica” (21 abril-12 junio) tiene en distintos puntos de Argentina, la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada Aérea en Moreno, con la participación de fuerzas especiales de las dos naciones.

El uso de medios tecnológicos de última generación, generados con la inclusión de la Inteligencia Artificial, IA, donde aumenta el uso de medios, de diferentes tipos, no tripulados ha dado un paso más en la dirección agresiva de los EE.UU. con la propuesta de crear un nuevo comando de combate bajo el auspicio del Comando Sur, Comando de medios autónomos (SWAC, por sus siglas en ingles).

Esta idea fue presentada ante el Comité de Servicios Armados del Senado por el general de la Infantería de Marina Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur para apoyar las prioridades de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y reforzar el dominio operativo del SOUTHCOM en su área de responsabilidad, que abarca el Caribe, América Central y América del Sur y estará destinado para operar en todos los ámbitos, tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio.

Este Comando tiene como misión central emplear plataformas y sistemas autónomos, semiautónomos y no tripulados para contrarrestar amenazas complejas y multidominio, así como para responder a desafíos de seguridad regional que evolucionan con rapidez. Este nuevo Comando busca cerrar la brecha existente entre la innovación tecnológica y la ejecución operacional (D.B. Colmenares, 2026).

Por una fina coincidencia esta nueva fuerza operará, de manera inicial, en la región del Caribe y Centroamérica manteniendo las mismas absurdas justificaciones de “reforzar la vigilancia de rutas empleadas por los grupos criminales de la región para el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos”.

Cuba en el ojo del huracán agresivo

No es casual que en todo este escenario belicista ha aumentado hasta niveles incalculables la peligrosidad en el área del Caribe con el “ojo de la administración Trump apuntando a Cuba.

Desde mediados del 2019, con la implementación de 243 medidas contra la Isla, comenzó una agudización de las acciones dirigidas a matar por hambre a la población cubana. Durante el tiempo que gran parte de la humanidad fue azotada por el virus de la COVID-19 nuestro país fue nuevamente agredido por parte de los EE.UU., esta vez en el área de la salud.

El Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla lo dejó claro cuando expresó “jamás podrá ser olvidado en nuestro pueblo como uno de los peores episodios en la ejecución de la política imperialista contra Cuba, con la negación de ventiladores pulmonares, la obstaculización de balones de oxígeno medicinal durante la pandemia de COVID-19”.[4]

En enero del 2026, el mandatario de la nación norteña firmó una orden ejecutiva mediante la cual anuncia la declaración de un “estado de emergencia” en relación con la “amenaza excepcional” que representa el régimen de Cuba para la seguridad nacional de su país, iniciando un genocida bloqueo al acceso de la isla a adquirir petróleo, bajo amenazas de aranceles, privando a nuestro país de fuentes alternativas para acceder de tan preciado recurso con el marcado fin de provocar una crisis humanitaria de proporciones incalculables.[5]

Al parecer teniendo como documento de cabecera al indignante y horrendo “memorándum de Lester Mallory” el cual aconsejaba “debilitar la vida económica de Cuba y provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Para hacer más dramática la situación de seguridad en torno al archipiélago cubano el inquilino de la casa Blanca, sabemos bien quien le susurra en los oídos, amenazo con una toma inmediata de Cuba añadiendo que estaba dispuesto de ubicar a menos de 100 metros del litoral cubano un portaaviones en este caso el USS Abraham Lincoln, uno de los más grandes del mundo.

En la práctica, se observa un incremento de la guerra psicológica imbricada con subversión Político-Ideológica como parte de la Guerra no Convencional dirigida a confundir y distorsionar las mentes o hacer que algo deje de marchar con normalidad.

Todo parece indicar que además de la amenaza militar, visible, palpable y real que ronda nuestro archipiélago se le añade una especie de red de alta tecnología, Comando Autónomo, dirigida a reforzar la asfixia contra La Habana y el control sobre la Cuenca del Caribe.

Conclusiones

La expansión de la doctrina del narcoterrorismo constituye un elemento central para comprender las contradicciones del incremento militar estadounidense en el Caribe: redefiniendo la naturaleza de la amenaza que representan “las organizaciones criminales”, justificando, en consecuencia, el uso de herramientas de lucha antiterrorista incluido el uso de la fuerza militar.

El incremento, sin precedentes, de las Fuerzas militares en el área demuestra que los objetivos de Washington van más allá de la retórica de la “lucha contra el narcotráfico” y está dirigido al control, sin obstáculos, de los inmensos recursos naturales de nuestra América. Es tal la acumulación militar por parte de los Estados en esas regiones que, como advertía Bismarck, “en cualquier momento los cañones comenzarán a dispararse solos”.

En relación con Cuba, nuestro pueblo, como lo ha hecho a lo largo de su heroica historia, no se dejará amedrentar por las amenazas del “manda más” y sus acólitos. Todo parece indicar que la función de freno y control sobre la expansión imperial de los EE.UU. dejó de existir o está estancada, la mayoría de los gobiernos mantienen un silencio cómplice salvo algunas honrosas excepciones, solo la solidaridad demostrada de los pueblos y las organizaciones internacionales han denunciado, en diversos foros, este peligro de agresión.

La demostración de apoyo popular y el inquebrantable compromiso de que “a Cuba se defiende “retumbó con inusitada fuerza el pasado 1ro de mayo donde más de seis millones de cubanos explícitamente decidieron que la defensa de la soberanía, la integridad territorial y de su revolución es la única vía posible. Cuba resiste y resistirá, pero con la verdad como escudo.

Bibliografía

Boron, A. (2024). AMERICA LATINA EN LA GEOPOLITICA DEL IMPERIALISMO. Luxemburg. Recuperado el marzo de 2026.

Chomsky, N. (1988). Nuestra pequeña región de por aquí: Política de seguridad de los Estados Unidos. Managua: Nueva Nicaragua, 1988.

D.B. Colmenares (23 de abril de 2026). Defensa.com. Obtenido de https://www.defensa.com/otan-y-europa/activado-comando-guerra-autonoma-comando-sur-estados-unidos-para

Ephraim R. McLean, J. M. (julio de 1941). El Caribe—Un lago americano. (U. N. Institute, Ed.) 67/7/461. Recuperado el 29 de marzo de 2026, de https://www.usni.org/magazines/proceedings/1941/july/caribbean-american-lake

Fernandez Tabio, L. R. (2008). La seguridad nacional de la politica de EE.UU. hacia América Latina y el Caribe. Contexto Latinoamericano(9), 21-38. Recuperado el 8 de marzo de 2026.

Rick Rojas, K. W. (25 de febrero de 2025). ¿Cómo se vive el cambio de nombre del golfo de México a golfo de América en EE. UU.? New York Times. Recuperado el 8 de marzo de 2026, de https://www.nytimes.com/es/2025/02/27/espanol/estados-unidos/golfo-mexico-america-trump.html.


[1] Alfred Thayer Mahan fue un historiador y estratega naval estadounidense cuya obra The Influence of Sea Power upon History (1890) sentó las bases de la teoría mahaniana

[2] Joseph m. Hunle

[3] Contra almirante Carlos Sardiello

[4] Intervención del ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba «Por un mundo sin bloqueo: solidaridad activa en el Centenario de Fidel» https://cubaminrex.cu/es/intervencion-del-ministro-de-relaciones-exteriores-de-la-republica-de-cuba-bruno-rodriguez-27.

[5] Henry Kissinger se le atribuye la frase “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”


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