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Estados Unidos intenta apoderarse de Cuba y enjuiciar a Raúl Castro

mayo 23, 2026   0

Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Cuando en años anteriores se hablaba de una posible acción militar de Estados Unidos contra Cuba, algunos señalaban la insuficiente preparación de la opinión pública, requisito que salvo en situaciones extremas, siempre se tiene en cuenta para tratar de justificar la agresión y lograr algún nivel de apoyo para la misma. En estos momentos, existen suficientes evidencias de que el gobierno de los EE.UU. se encuentra en una avanzada fase de preparación de la opinión pública internacional y doméstica, para una aventura militar contra Cuba.

Recientemente, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció que el Gobierno de Estados Unidos construye día tras día, sin excusa legítima alguna, un “expediente fraudulento” para justificar tanto la “despiadada guerra económica” como una “eventual agresión militar” contra la Isla. El presidente Díaz-Canel, por su parte, reiteró que Cuba no es una amenaza para Estados Unidos y no desea la guerra, perose prepara para enfrentar cualquier agresión externa, y que un ataque estadounidense a Cuba provocaría un “baño de sangre de consecuencias incalculables”.

Los hechos que dieron lugar a lo planteado por el canciller comenzaron en enero de este año. Como antecedente, el día 3 de ese mes, se produjo el secuestro del presidente Maduro en Venezuela y la imposición allí de un gobierno afín a Estados Unidos. Una vez resuelto Venezuela, y siguiendo los objetivos recogidos en la Doctrina Donroe, le tocaba el turno a Cuba.

Aunque a los pocos días de Trump tomar posesión como presidente en enero de 2025, sin motivo ni justificación alguna, puso nuevamente a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, en realidad el “expediente fraudulento” al que hizo referencia el canciller cubano se inició el 29 de enero de este año cuando el presidente Trump declaró una emergencia nacional con respecto a Cuba al considerar al gobierno cubano una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense. Ese mismo día, Trump firmó un decreto amenazando con imponer altos aranceles a países que enviasen petróleo a Cuba. En la práctica se impuso un embargo total de combustible a la Isla.

Como parte de la “despiadada guerra económica”, la administración Trump ha llevado a cabo una intensa campaña contra la presencia de brigadas médicas cubanas en otros países,  y mediante presiones ejercidas ha logrado que algunos de estos pongan fin a este tipo de colaboración.

Este 1 de mayo, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404 que amenaza con congelar los activos en territorio estadounidense de todas las personas o entidades que hagan negocios con Cuba. La medida también amenaza a toda aquella persona o entidad estadounidense o de cualquier otro país que apoye financiera, material o tecnológicamente al Gobierno cubano o que opere en sectores claves de la Isla, como la energía, la defensa, las finanzas, la minería y la seguridad.

El 7 de mayo la administración Trump, en virtud de la citada Orden 14404, impuso sanciones a un grupo de entidades y funcionarios del gobierno cubano supuestamente responsables de represión y de constituir amenazas a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Ese mismo día el secretario de Estado Marco Rubio dijo que pronto se anunciarían nuevas sanciones.

De esta forma el gobierno estadounidense va completando el “expediente fraudulento” de su “despiadada guerra económica”. Hasta ahora, esta es la dirección principal de sus acciones. Prefieren esta vía para ver si logran que el gobierno cubano saque bandera blanca o el pueblo se subleve contra el gobierno. Pero por si esto no les funciona, trabajan también arduamente en completar el expediente que justifique la agresión militar.

“Relaciones estrechas con países hostiles a Estados Unidos como Rusia, China e Irán; bases de espionaje rusas y chinas en Cuba; no colaboración con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo; país patrocinador del terrorismo; vínculos con el narcotráfico; Cuba es un estado fallido de gobernantes corruptos que además reprime violentamente, asesina, tortura, encarcela a menores y personas inocentes”, entre otras; hasta llegar a la más reciente: “Cuba ha comprado 300 drones a Irán para atacar la Base Naval de Guantánamo, barcos de Estados Unidos y posiblemente el sur de la Florida”.

Mientras ellos continúan preparando sus “expedientes”, otros acontecimientos estrechamente relacionados van teniendo lugar: conversaciones entre representantes de ambos países en San Cristóbal y en la Habana, visita a la Habana del Director de la CIA, sospechosa oferta de 100 millones de dólares en asistencia humanitaria; un portaviones llega al Caribe; amenazas de Trump de tomar a Cuba de una u otra forma; frecuentes y contradictorias declaraciones de Trump y Marco Rubio, etc. Pero quiero detenerme en algo que resulta particularmente significativo: el anuncio este 20 de mayo del Departamento de Justicia de haber presentado cargos para someter a juicio al General de Ejército Raúl Castro, acusado del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate (HR) y la muerte de sus cuatro integrantes el 24 de febrero de 1996.

Hermanos al Rescate fue creada en 1991 declarándose como una organización «humanitaria» que tenía el objetivo de ayudar y rescatar a los balseros que trataban de emigrar de Cuba y de «apoyar los esfuerzos del pueblo cubano a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia». José Basulto, un ex agente de la CIA y terrorista confeso, era la persona al frente de la misma. La Fundación Nacional Cubano Americana, los ex congresistas de origen cubano Ileana Ross y Lincoln Díaz Balart y otros sectores de la mafia cubana de Miami inspiraron y ayudaron a financiar a HR y le brindaron apoyo sistemático.

Desde sus inicios hasta 1993 HR se dedicó a vigilar las aguas del estrecho de la Florida para informar a los guardacostas americanos de la presencia de balseros para que éstos fuesen rescatados. A partir de 1994 la situación cambió como resultado de un acuerdo firmado por los gobiernos de Cuba y EE.UU. conocido como “de pies secos y pies mojados”, que conllevaba que los balseros en lugar de ser llevados a Estados Unidos serían devueltos a Cuba. Ello dio inicio a una nueva etapa donde HR comenzó a redefinir su misión y convertirla en una agenda política de acoso y amenazas al gobierno cubano, penetrando frecuentemente en aguas territoriales cubanas e incluso sobre la capital del país, y arrojando en ocasiones octavillas con propaganda contrarrevolucionaria.

En julio de 1995 tras una nueva provocación de vuelo sobre el malecón habanero y lanzamiento de octavillas, al regresar a Miami Basulto declaró: “Estamos orgullosos de lo que hicimos. Queremos confrontación”. Y tras otra de sus incursiones en enero de 1996, declaró a Radio Martí “Castro no es impenetrable, hay muchas cosas a nuestro alcance que podemos hacer”. Cuba conocía por información de inteligencia de actividades terroristas que se estaban planificando, tales como la introducción de armas en territorio cubano y la destrucción de torres eléctricas.

Entre 1994 y 1996 se sucedieron numerosas incursiones de este tipo. Documentos desclasificados demuestran que en un período de casi 20 meses durante esos tres años el gobierno cubano solicitó en numerosas ocasiones a la administración Clinton que detuviera este tipo de incursiones aéreas e hizo claras advertencias acerca de que se iban a tomar medidas enérgicas si continuaban las provocaciones. Fueron en total 16 las notas diplomáticas que envió Cuba al gobierno estadounidense informando sobre las graves violaciones de nuestro espacio aéreo y territorio, y solicitando se tomaran medidas para ponerle fin. En la última de estas 16 notas, el tono era prácticamente de súplica.

Pero no fueron solo las notas diplomáticas. Cuba acudió en ocasiones a contactos y relaciones personales. Ricardo Alarcón contactó y alertó a un conocido suyo a la sazón sub secretario de Estado, Peter Tarnoff, quien trasladó el mensaje a la Fuerza de Tarea Interagencial sobre Cuba y al Secretario de Transporte, pero nada se hizo. Otro mensaje similar que envió Alarcón a través de Saul Landau también fue entregado a un funcionario de la administración Clinton quien se comunicó con la Administración Federal de Aviación (FAA). Creyendo que el problema estaba resuelto, así lo informó en un mensaje que envió a la Habana.

En una visita de una delegación militar norteamericana a Cuba en febrero de 1996, el  General Arnaldo Tamayo, primer cosmonauta cubano, conversó con el Contralmirante retirado Eugene Carroll sobre las reiteradas violaciones de HR, y la decisión de Cuba de no continuar tolerándolas.

En enero de 1996 el presidente Fidel Castro conversó en Cuba con Bill Richardson, un ex congresista amigo personal del presidente Clinton, con quien envió un mensaje al presidente norteamericano sobre la necesidad de poner fin a los vuelos de HR. Cuando Richardson regresó a Cuba un mes después, le dijo a Fidel que había hablado personalmente con Clinton y que éste había dado la orden de que se suspendieran los vuelos.  

Los documentos desclasificados dejan claro que al menos algunos funcionarios de alto rango en el gobierno de EE.UU. sabían que un derribo no solo era posible sino probable, y nada hicieron por impedirlo. Richard Nuccio, asesor principal del Presidente sobre Cuba dijo que el gobierno de Clinton trató de advertirle a los Hermanos al Rescate de manera informal numerosas veces meses antes del derribo, pero estos hicieron caso omiso y se quejaron a congresistas cubanos estadounidenses de estar siendo perseguidos por el gobierno de Clinton, que nada se logró porque la política se interpuso.

Mención especial merece la evidente complicidad de la Administración Federal de Aviación (FAA), que recibió numerosas advertencias de Cuba y de funcionarios de la administración Clinton, y se negó a tomar medidas para impedir que continuaran los ilegales vuelos, limitándose a alertar a Basulto de no sobrepasar los límites de aguas internacionales y manteniéndole su licencia de vuelo hasta el mismo 24 de febrero.

Aunque los radares cubanos demuestran que ese 24 de febrero, cuando las avionetas fueron derribadas, se hallaban en aguas jurisdiccionales cubanas, los Estados Unidos, en evidente intento de restar responsabilidades a sus reiteradas negligencias, ha insistido en que el hecho ocurrió en aguas internacionales. Sin embargo, siempre se ha negado a revelar las imágenes satelitales que demuestran las posiciones de las avionetas piratas y los Mig s cubanos.

Los vuelos de HR constituyeron un desafío a la seguridad nacional de Cuba, una flagrante violación de su soberanía y una humillación. El gobierno cubano hizo saber en varias ocasiones a la administración Clinton que esos vuelos no serían tolerados y nada se hizo. Ningún país del mundo hubiese tolerado tamaña afrenta a su soberanía durante tanto tiempo, y Cuba estaba en su pleno derecho de impedir que ello continuara sucediendo.

Lo primero que hay que tener claro con relación a estos hechos relacionados con el derribo de las avionetas es que se trata de un hecho provocado, un acontecimiento largamente buscado a toda costa por parte de la mafia política miamense con el objetivo de provocar una respuesta contundente por parte de la administración Clinton que condujese al derrocamiento de la revolución cubana, que esto fue posible por la complicidad de algunos factores involucrados en el proceso y la negligencia de otros, y donde sin el menor pudor sacrificaron como piezas desechables a los cuatro jóvenes que aquel día perdieron la vida.

Estos hechos verdaderamente merecen un juicio donde se castigue a los culpables del horrendo crimen. En el banquillo de los acusados estarían sentados como autores intelectuales algunos miembros de la mafia política miamense incluyendo la Fundación Nacional Cubano Americana y congresistas de origen cubano. Como autor material del crimen José Basulto, quien estaba perfectamente consciente e informado de lo que estaba por suceder y envió delante a las dos avionetas que resultaron derribadas, manteniéndose cobardemente detrás. Y por negligencia criminal, la administración Clinton y la Administración Federal de Aviación (FAA). Entonces sí habría un juicio justo y los verdaderos culpables podrían ser castigados.

Otra cuestión que también debe quedar clara es por qué hacer un juicio a Raúl Castro ahora, 30 años después de aquellos sucesos. Aunque exista interés en complacer a Marco Rubio y un sector de cubanos en Miami que apoyan a Trump en sus intentos por acabar con Cuba, probablemente el motivo principal es sumarlo a la campaña de intimidación que la administración Trump está llevando a cabo con sus amenazas de “tomar Cuba” si el gobierno cubano no accede a sus demandas. La campaña mediática que acompaña todo lo referente al enjuiciamiento de Castro, constantemente hace alusión a los acontecimientos en Venezuela y el secuestro del presidente Maduro tras haber sido sometido a un enjuiciamiento similar, y manejan la posibilidad de que en Cuba hagan lo mismo.

Estados Unidos va a tratar de fortalecer lo más posible la guerra económica por una parte, y la campaña de intimidación por la otra, procurando que el gobierno cubano de señales de flexibilización o el pueblo se rebele contra el gobierno. La situación que está afrontando la administración estadounidense actualmente con la guerra en Irán y los grandes malestares internos a 5 meses de las elecciones de medio término, les hace más complicado la variante de “tomar Cuba por la fuerza”.

Trump podrá ser un ignorante irreflexivo e impulsivo, pero los órganos de inteligencia y el Pentágono están llenos de profesionales bien informados. Saben que Cuba no es Venezuela y que en Cuba los riesgos son infinitamente mayores que en Venezuela. En Venezuela les resultó relativamente fácil porque hubo complicidad interna. Eso no lo van a encontrar en Cuba. También conocen bien a los cubanos y a nuestros dirigentes, y están conscientes que les sería imposible llevarse a alguno vivo.

El goce que pudieron haber sentido los antichavistas viendo a Maduro encadenado de pies y manos, no lo van a experimentar jamás los contrarrevolucionarios cubanos.


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