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La Guerra contra Cuba y los daños colaterales en Estados Unidos

mayo 31, 2026   0

Imagen tomada de Revista Temas

Publicado en Dossier de Temas "¿Una "nueva relación" o una nueva Enmienda Platt?" publicado por la Revista Temas.

Las declaraciones realizadas el pasado 20 de mayo por el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, más la decisión del denominado Departamento de Justicia de presentar cargos contra el ex presidente cubano Raúl Castro Ruz, fueron apenas dos de las “noticias” que durante las últimas jornadas contribuyeron a conformar un expediente sobre Cuba, que eventualmente se tomaría como pretexto para lanzar acciones militares contra la Isla.

La mencionada acción “legal” se anunció a pocas horas de que el jefe de la Agencia Central de Inteligencia visitara La Habana, de que se divulgaran varias versiones sobre la oferta de una supuesta ayuda humanitaria estadounidense y en paralelo a nuevas sanciones anunciadas contra altos cargos de instituciones cubanas.

La diversidad de temas tratados públicamente para demonizar a Cuba indicaría, entre otros síntomas,  que el gobierno estadounidense, o personeros específicos del mismo, estarían tratando de comunicarse con varios públicos a la vez, e intentando lograr objetivos específicos con cada uno de ellos.

El primero  es el público cubano dentro de su propio país. Hasta muy recientemente el propósito de causar pérdidas humanas y materiales al enemigo en las guerras se traducía en provocarle muertos y heridos, más la destrucción de medios de combate o de instalaciones militares.

En la actualidad, las bajas se empiezan a contar desde que quien debe participar en la defensa de su país tiene dudas, se siente atemorizado, o pierde la llamada moral combativa. En ese sentido, las huestes estadounidenses llevan cinco meses continuos disparando todo tipo de artillería cognitiva, que va teniendo un efecto acumulativo sobre una parte de los cubanos que enfrentan a diario escaseces de todo tipo y magnitudes.

Otro público objetivo de estas ráfagas de intoxicación son los cubanos residentes en el Sur de la Florida, que consumen esas noticias casi como una alcohólica distracción ante la pregunta que se hacen miles de ellos todos los días: cuándo serán deportados y en qué condiciones.

De hecho, la animosidad anticubana de los últimos meses les ha permitido a los tres miembros de la Cámara que dicen representarlos en el Congreso Federal darse un baño de primeras páginas de periódicos y de prime time TV, que difícilmente podrían haber disfrutado si sus jornadas laborales hubieran estado dedicadas a socorrer a sus representados ante el Servicio de Inmigración y Aduanas y otros males.

No le han explicado a sus electores que, precisamente, una de las principales razones del interés del “cambio de régimen” en Cuba es para lograr el retorno apresurado, masivo  y sin orden de todos aquellos cubanos que se consideren excluibles en el territorio continental.

Los obuses que reiteran el mensaje del “estado fallido” y de la “incapacidad gubernamental cubana”, levantan una cortina de humo ante los verdaderos desastres que día a día crean en sus respectivos países varios gobiernos latinoamericanos, que han sido electos con la bendición o el silencio cómplice del Departamento de Estado y del Comando Sur. El crecimiento de la inseguridad ciudadana, el dominio de mayores territorios por narcotraficantes y la corrupción rampante en las instituciones oficiales no encuentran espacio para desbancar los titulares que generan la “crisis cubana”.

Ni qué decir de cuántos oídos que escuchan esta sinfonía anticubana dejan de prestar atención al rockambolero desastre de la operación denominada Furia Épica contra Irán. ¿Cuántos periodistas cubren aún los crímenes contra palestinos en Gaza, desde las redacciones en Houston, Chicago o Los Ángeles?

Pero existe aún un público más profundo que es alcanzado por estos disparos informativos. ¿Por qué después de 30 años de su ocurrencia, se ha echado mano a un hecho irregular, para tratar de justificar una acusación jurídica contra un ex jefe de estado que pronto cumplirá 95 años de edad?

¿Por qué los creadores de contenido en Washington no ubicaron como objetivo principal a la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro, que estaba al frente del gobierno en el 1996? ¿Por qué no se armó un expediente contra el presidente cubano en funciones, Miguel Díaz Canel, al estilo de lo ocurrido en Caracas?

Los objetivos de estos misiles al parecer estarían más dentro de la profundidad de la  sociedad estadounidense, que en el muro del malecón habanero.

Se está tratando de utilizar la oportunidad que significa el desorden trumpista para reescribir una parte de la historia bilateral y, de paso, desmovilizar a muchas personas e instituciones que tuvieron un papel significativo en el acercamiento que se produjo en el período 2015-2017.

Raúl Castro es quien junto a Barack Obama lanzó los anuncios del 17 de diciembre del 2014, quien  fue recibido de manera triunfal por la Asamblea General de Naciones Unidas en New York en noviembre del 2015 y quien ofreció toda la hospitalidad al mandatario estadounidense, en marzo del 2016 en La Habana. Miles de fotos que recogen esos momentos circularon en el imaginario popular y aún habitan en muchas neuronas.

Estos tres hechos y toda la simbología asociada a los mismos sirvieron de precedente al mayor intercambio humano que se haya producido en décadas recientes entre los dos países. Millones de personas viajaron en ambas direcciones entre ciudades estadounidenses y cubanas entre el 2018 e inicios del 2019, segundo y tercer años del Trump 45.

Se ha generado una “necesidad” de demonizar a quien recibió a nivel personal a los líderes de la Cámara de Comercio estadounidense, en particular a los principales directivos de las aerolíneas y empresas de cruceros de aquel país y a las más importantes organizaciones agrícolas, todos ellos de larga militancia y contribución financiera republicana.

Treinta años después se viene a echar mano al episodio del llamado “derribo de las avionetas” de la organización contrarrevolucionaria Hermanos al Rescate, para intentar regresar al ambiente previo e inmediatamente posterior a la aprobación de la llamada Ley Helms Burton,  que justificó el lema de “contra La Habana todo vale”.

Para las dos generaciones de estadounidenses que justo ahora conocen sobre la “macabra acción de Cuba contra avionetas civiles”, baste aclarar que está debidamente registrado por medios informativos estadounidenses y por documentos oficiales de ese país, que la provocación contra la soberanía cubana y la respuesta consecuente para enfrentarla sólo fue posible por la falta de acción preventiva de las autoridades federales contra los principales protagonistas, ante las reiteraciones de la parte cubana en el sentido de que no se permitirían nuevos ingresos ilegales al territorio o aguas jurisdiccionales. El que juega con fuego y pólvora no puede temer a la explosión.

En la madeja de intereses que se crea siempre en Washington detrás de cada proyecto político siempre hay prioridades diversas y agendas personales. A pesar de la capacidad histriónica del actual Secretario de Estado y de otros personeros para intentar traficar la mentira como verdad, hay elementos de su entorno que no pueden contener la frustración, o el protagonismo, y hace afirmaciones que develan el objetivo real de las acciones que se realizan con camuflaje.

El pasado 26 de mayo, dos complotados de baja graduación dentro del ejército de burócratas que Marco Rubio ha reclutado para las acciones contra Cuba, dejaron brotar de sus pechos el propósito real de tanta algarabía contra el simbolismo del General de Ejército Raúl Castro Ruz de cara al público estadounidense.

En un espacio de opinión del medio extremista de derecha Fox News, después de llamar “traidor” al presidente John Kennedy ante los propósitos de los invasores de Playa Girón y pusilánimes a Ronald Reagan, al “viejo” y al “joven” Bush en sus acciones contra Cuba, fueron directo al grano.

Los autores concluyeron que: “Entre el 2014 y el 2017, la Administración Obama llevó a cabo el experimento de compromiso más atolondrado en la historia de las relaciones Cuba-Estados Unidos (…) La teoría era que la apertura le daría poder a los reformistas. La teoría fue una fantasía”.

En el texto no aparece ni un comentario factual sobre 22 memorandos de entendimiento firmados entre las partes, ni sobre los beneficios tangibles que disfrutaron empresarios y emprendedores, o sobre la cantidad de proyectos científicos, culturales o religiosos que se articularon y, mucho menos, en relación con la llamada agenda familiar cubana que vincula al emigrado con su lugar de origen.

Mientras que las huestes trumpistas actuales hablan de sus propósitos de entablar guerras contra terceros, ya se pueden ir contando daños colaterales en territorio estadounidense.


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