El caso particular del Marcotismo
Imagen tomada de www.escambray.cu
Las menciones al Macartismo, o al Reaganomics, marcaron épocas de pensamiento político o económico en Estados Unidos, que reflejaron un propósito de los grupos gobernantes (o dominantes), si bien las figuras que se llevaron el crédito histórico al utilizar su nombre no tenían precisamente un talante intelectual, que las hiciera merecedora del reconocimiento.
En el primer caso, se trató de una reacción en la política y en la ideología contra toda idea o discurso que pudiera ser considerado de izquierda, socialista, comunista, o sencillamente progresista, años después de que la Unión Soviética (y no los Estados Unidos) fuera el principal actor en la victoria sobre el fascismo alemán. Las simpatías internas que generó esa realidad, más los logros sociales que iba obteniendo la URSS, a pesar de sus masivas pérdidas en el campo de batalla, sirvieron de acicate para que se generara en toda la “unión americana” una real cacería de brujas contra todo el que no fuera ariamente republicano, o demócrata ultraconservador. Durante sus diez años en el senado federal a lo largo de la década de los años 50 del siglo XX, Joseph McCarthy fue la figura estandarte de tal abominación.
Treinta años después, ascendió al poder la llamada Nueva Derecha republicana con Ronald Reagan a la cabeza. El grupo que se articuló para llevarlo a la presidencia tenía entre otros propósitos redistribuir la ganancia social, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, sobre la base del argumento de que el país perdía competitividad económica y debía transformar radicalmente su base productiva. Se redujeron drásticamente los gastos sociales y aumentaron vertiginosamente los gastos militares. En el plano político externo también hubo una ofensiva, también al estilo macartista, para tratar de detener los movimientos sociales y revolucionarios que se multiplicaban por toda América Latina y África.
Resumimos esos antecedentes, entre otros, para comprender la época actual, cuando llegamos a lo que algunos medios de prensa o pseudo académicos han identificado como Trumpismo.
Pero los propios autores que han tratado de construir el término, y de paso un “legado”, han tenido dificultades para identificar los componentes principales, o algo asociado a cierta actividad intelectual, más allá del propósito de destruir sociedades, incluso la estadounidense, cambiar las reglas del juego político, corromper todo el sistema gubernamental y judicial, convertir las negociaciones con terceros en diálogos entre clanes mafiosos y, de nuevo, redistribuir la riqueza para unos pocos. Todo esto sucede cuando la economía estadounidense está en peores condiciones que hace 40 años y enfrenta el principal reto de su historia contemporánea: la República Popular China.
Es una época de poder duro y puro, que no siente necesidad de establecer alianzas y que divide al mundo entre vencedores y vencidos. Quizás la única novedad sea la alta penetración articulada desde el Estado de Israel, como generador del caos y uno de sus principales sostenedores.
Bajo los harapos del Trumpismo 2.0, se muestra otro fenómeno que no merece ningún “ismo”, pero que sería útil intentar describir por las posibles implicaciones que podría tener para los propios Estados Unidos, para América Latina y, definitivamente, para Cuba. El cabecilla de dicha secta es alguien que tiene un nombre que es difícil convertir en término histórico, ya que habría que referirse al Marcotismo o al Rubismo, sellos que los asesores de imagen no conciben como adecuados.
Entonces, olvidémonos del término y tratemos de describir el fenómeno. El Marcotismo, antes de Trump, fue una manera de obtener dividendos en el campo político, para alguien que no mostró ninguna capacidad en el área de los negocios, la cultura, la ciencia, u otro sector del conocimiento humano. Con el monotema de Cuba a cuestas, Marco Rubio construyó una historia familiar virtual, para convertirse en “víctima del comunismo cubano”, a pesar de no tener parientes alzados en el Escambray, ni en la brigada mercenaria de Playa Girón, ni entre los prospectos seleccionados por la CIA para gobernar “la Cuba del futuro”. Sí los ha tenido vinculados al narcotráfico, pero esa es otra historia.
El caso es que este prospecto, sin propiedades en Cuba que “reclamar”, ni “familiares víctimas del régimen”, se aprovechó de experiencias tales como la de los miembros y directivos de la Fundación Nacional Cubano Americana, que comprendieron que mucho más se gana ordeñando los programas federales de “cambio de régimen” en Cuba, que intentando vender autos de segunda mano en Hialeah. En ese análisis, quizás su principal consejero haya sido David Rivera. Su compañero, de residencia y en las aspiraciones a ser parte del Congreso Federal, tenía las mismas confusiones sobre los límites entre ser legislador y lobbista. Terminó siendo acusado en un juicio, al que Marco asistió como testigo, por haber eventualmente representado intereses venezolanos bolivarianos al interior de Estados Unidos.
Marco, que finalmente fue elegido al senado federal en el 2010, invirtió los próximos 24 meses haciendo ejercicios aeróbicos ante cuanto posible precandidato presidencial republicano podría surgir, de cara a las elecciones del 2012. Pero no cayó en el campo visual de ninguno y tuvo que regresar a su asiento legislativo, en el cual fue acumulando los méritos de estar entre los senadores con menos asistencia a las sesiones plenarias del órgano y contar con bajos registros de iniciativas legislativas, es decir, propuestas de leyes presentadas aprobadas, cual se suponía era su principal (y único) contenido de trabajo.
A pesar de pertenecer a la mayoría republicana en el Congreso, no tuvo el menor de los éxitos en tratar de impedir, con zancadillas legislativas y conspiraciones de pasillos, las acciones ejecutivas que emprendió el gobierno de Barack Obama, para negociar un grupo de temas con las autoridades cubanas y llegar a acuerdos mutuamente beneficiosos para ambas naciones, que se refrendaron en 22 memorandos de entendimiento.
De cara a las elecciones presidenciales del 2016, el Marcotismo integró en la conformación de su imagen pública una proyección antitrumpista. Hay frases olvidadas hoy del senador-candidato, que muestran su esencia “cambia casaca”, “camalionística”, o adaptativa a los cambios. En aquel momento su asesor Todd Harris llegó a afirmar: “Hay un creciente movimiento anti-Trump y nuestro objetivo ha sido que Marco emerja como el líder de ese movimiento”.
Al sentir el sabor de la derrota en noviembre de ese año, Marco Rubio consideró cambiar el rumbo de su vida e intentar volver al ejercicio de las influencias oscuras desde detrás de los telones, utilizando todas las relaciones que había cultivado ya en Washington. Dos razones muy filosóficas lo detuvieron: el llamado de la mayoría republicana en el senado para no perder el liderazgo y el jugoso contrato que ofreció el multimillonario Norman Braman a su esposa, para cubrir los gastos familiares. Su cambio de parecer no estuvo marcado por la defensa de una agenda altruista, ni siquiera por combatir las amenazas del comunismo, que son una constante en sus discursos recientes.
También ayudaron abultadas contribuciones del lobby Mossad, que no es exactamente el lobby judío.
El Marcotismo no pudo evitar en el 2018 y el 2019 que millones de cubanos y estadounidenses visitaran la Isla como turistas, académicos, artistas, deportistas, o como simples humanos interesados en conocer al “enemigo” que le habían vendido desde la escuela primaria, en la prensa corporativa y hasta en Netflix. Pero en lugar de acompañar y promover a los empresarios cubanos residentes en EE UU, que ya comenzaban a hacer grandes ganancias con los viajes de los cruceros, de las aerolíneas y de otras más modestas iniciativas comerciales, Marco encontró sus ganancias en apoyar al clan de los eternos “reclamantes”, de los que han falsificado mil documentos para hacer creer a los jueces que eran propietarios de algo en Cuba, que le fue “arrebatado por Castro”, lo cual constituiría suficiente aval para andar de aves de rapiña pidiendo coimas y amenazando con llevar a los tribunales a todo aquel que hiciera negocios con la “tiranía”.
Dicho de otro modo, el Marcotismo no apoyó, ni entonces ni ahora, a los que creaban bienes o servicios, esencia del capitalismo moderno, sino a los que vivían de la extorsión, vieja práctica iniciada en el bajo mundo de Chicago.
El comportamiento político al que nos referimos en estas líneas tiene una preferencia por las puertas traseras, por el llamado backstage en penumbras. No está en el torrente sanguíneo de líderes que puedan defender sus puntos de vista ante multitudes, entre otras cosas, porque no pueden articular un discurso coherente que pueda ser compartido por la mayoría.
Por ello, Marco Rubio esperó a que Donald Trump estuviera contra las cuerdas por el intento de impeachment demócrata en el 2019, para saltar a un primer plano y poder hacerse de las agendas contra Cuba y Venezuela. A cambio de ese favor, evitaría que el proceso contra Trump avanzara en el Comité de Inteligencia (o ausencia ella) al que pertenecía en el senado. “Tenemos un trato”, fue la frase que repitieron los antiguos enemigos a muerte, recordando el accionar de los capos de la serie televisiva “Godfather of Harlem”, que casualmente se comenzaba a filmar en aquellos momentos.
El Marcotismo hizo alianza entonces con pensadores de la altura de John Bolton y Elliot Abrams, señalados antes o después por la “justicia” estadounidense, por mentir bajo juramento, o hacer malabares con información oficial confidencial. El objetivo era en aquellos años justificar un bloqueo contra los activos venezolanos en Estados Unidos y en el exterior, que permitiera reunirlos bajo la propiedad de un supuesto gobierno en el exilio (Guaidó Brand), que después drenara un por ciento a los bolsillos de los aquellos ideólogos del atraco. En aquel momento los planes contra Cuba eran claramente de enfrentamiento, pero ocupaban un segundo plano en los grandes esquemas de extorsión.
El Marcotismo parece haberse “elevado” a otro nivel de complejidad al ingresar en el círculo íntimo del Trumpismo, en el segundo recorrido de este por la presidencia. De todos modos, como no es resultado de una actividad intelectual coherente, sigue enfrentando grandes contradicciones que hacen poco probable su registro en los libros de Historia.
A partir del ataque monroista contra Venezuela el 3 de enero del 2026 y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el senador-secretario-archivista-asesor comenzó una carrera desenfrenada en el tema que permitió en el pasado su elevación de la Calle Ocho al National Mall: Cuba.
Desde entonces se reiteró la emisión de una serie de borradores, después convertidos en directivas presidenciales, en los que Cuba ha figurado lo mismo como estado fallido, que como gran amenaza para la seguridad estadounidense.
Para evitar obstáculos a su esquizofrenia, el secretario ha purgado a centenares de funcionarios del Departamento de Estado, con el objetivo impedir que se cuestionen los “contenidos” creados por las herramientas de Elon, Mark y Jeff (entre otros) que desde la llamada Inteligencia Artificial (o IS, Ignorancia Supina) han construido argumentos contra Cuba, que han provocado el hazmerreír de la mayoría de la población estadounidense.
Cortándole las patas a un ciempiés y pidiéndole que camine, Marco ha llegado a la conclusión de que el animal es sordo. Extorsionando a terceros para evitar el comercio y las actividades económicas con Cuba, sometiendo al pueblo cubano al más brutal de los cercos en décadas, ha pretendido vender la conclusión de que las autoridades cubanas son ineficientes. Habría que calcular cuántos minutos se mantendrían en pie otras naciones sometidas a similares presiones.
Pero el problema principal del Marcotismo o Rubismo, como prefiera usted llamarlo, sigue siendo con el líder espiritual del Trumpismo. Ante la profusión de “estrategias” y mensajes anticubanos, se van acumulando preguntas que aparentemente el subordinado no está en condiciones de responder al Boss:
- Sobre qué base se hizo el cálculo de 15 días, como límite para que el gobierno cubano se arrodillara ante la falta de petróleo y suministros esenciales?
- Ante la elevada actividad de inteligencia, ahora reforzada, por qué no se ha logrado identificar un bloque “disidente” dentro del gobierno cubano?
- A pesar de los inmensos recursos gastados con la prensa corporativa, con las plataformas digitales y hasta con los chistes telefónicos, cómo es posible que fechas como el 11 de julio no hayan justificado manifestaciones masivas en Cuba?
- Cómo es posible dejar al pueblo cubano “sin válvulas de escape” y no provocar una nueva emigración masiva, antítesis de las políticas trumpistas?
- Cómo se pretende retornar a La Habana a decenas de miles de emigrados cubanos indeseados, en medio de una situación inestable, las consecuencias de una guerra, o un cambio de gobierno en Cuba?
- En caso en que se decida disponer de un gran gasto para invadir militarmente a la Isla, cuáles son los beneficios tangibles que se obtienen a cambio y en qué plazo?
- Cómo se garantiza el “voto cubano” para las próximas elecciones de medio término y presidenciales, si se trazan planes para enterrar la llamada Ley de Ajuste cubano?
- Por qué los llamados “cambios inmediatos en Cuba” se trasladan ahora para la fecha del cierre de la actual Administración Trump?
- Como se pretende fomentar el capitalismo de Cuba, si las medidas de asfixia también le restan oxígeno a las nuevas formas productivas en la Isla?
- Qué impacto tendría el debilitamiento de las autoridades cubanas de aplicación y cumplimiento de la ley de cara al aumento de delitos tales como el narcotráfico y la emigración indocumentada de terceros?
- Si la República Popular China es la principal “amenaza” según la Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU, cómo se le otorga ahora tal responsabilidad a Cuba?
- Sobre qué bases entraría Estados Unidos en un nuevo conflicto armado, cuando el enfrentamiento con Irán ya se puede calificar como un nuevo fiasco que no parece tener fecha de término?
Enfrentado a algunos de estos cuestionamientos es frecuente ver al secretario-asesor gesticulando de manera profusa ante las cámaras de la prensa por la falta de argumentos sólidos. La velocidad al hablar, sin comas ni puntos, pretende significar intensidad de pensamiento, cuando es exactamente lo contrario.
Hay un propósito claro en la manifestación actual del Marcotismo, o quizás Marquismo, y es la intención de tratar de borrar de un plumazo, o con la repetición imparable de mentiras, el significado de lo logrado en el período 2015-2017 e incluso durante buena parte del primer mandato de Trump. El objetivo es borrar mentes, descabezar liderazgos, destruir vínculos, sobre todo entre los cubanos residentes en Estados Unidos y sus familiares o conocidos en Cuba.
El Marcotismo tiene también otras preguntas que responder en el Sur de la Florida:
- Si ascendió en el espectro político estadounidense sobre la base de la venta del producto denominado “voto cubano”, y una premisa para ese grupo social es asegurar sus condiciones de residencia en Estados Unidos, cómo es que ahora están en juego todas las prebendas que este grupo social acumuló durante años?
- Sobre qué base se privilegia a un grupo de “hombres de negocios” que tendrían aún que probar su conocimiento y éxito en el mercado cubano, por encima de aquellos que durante años han hecho negocios con la Isla, con el respaldo de la legislación estadounidense?
- De dónde sacarán los recursos las alcaldías de los ciudades floridanas con mayor asentamiento de cubanos, para respaldar los servicios sociales que muchas veces sus ciudadanos recibían en Cuba, especialmente los de la salud?
- De qué autoridades cubanas recibirá el Centro de Huracanes de Miami los próximos partes ante la cercanía de futuros huracanes, que ha sido crítica en la prevención de desastres naturales en la península?
- Con qué contraparte se piensa continuar los esfuerzos por reconstruir la barrera coralina común que es esencial para la salud del negocio de la pesca en la Florida?
- Cómo se piensa evitar y combatir los futuros vertidos de petróleo en el Mar Caribe ante la contínua perforación off shore, estando ausente la experiencia oficial de Cuba?
- De qué autoridad en la Isla recibirán apoyo en búsqueda y salvamento aquellas naves estadounidenses que circulan por el Estrecho de la Florida y enfrentan accidentes inesperados?
- Cómo se pretende garantizar la seguridad aérea en el área, sin una conversación frecuente entre las autoridades aeronáuticas en ambas costas?
Estas son apenas algunas de las cuestiones que el Marcotismo ha ignorado, o que ha considerado que tendrían una solución simple, debido a la falta de salud intelectual de sus principales exponentes.
Siempre será mucho más fácil destruir que construir, pero un gran problema será anticipar los costos. Para algunos pueden significar el fin de sus carreras políticas, o burocráticas, y sobre todo un entierro sin textos honorables en la lápida.
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