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En el ojo del huracán

septiembre 2, 2026   0

El 16 de abril de 1960 Lester D. Mallory, vicesecretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, expuso en un memorándum secreto del Departamento de Estado sus criterios sobre lo que Estados Unidos debía hacer para liquidar la revolución cubana:

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

El gobierno norteamericano no hizo caso entonces al memorándum de Mallory y justamente un año más tarde envió a Cuba una brigada mercenaria de 1400 hombres fuertemente armados con el propósito de derrocar por la fuerza a la revolución. La CIA había dicho que el pueblo de Cuba respaldaría a los agresores. La CIA se equivocó y ello casi le costó desaparecer. Mallory tuvo razón.

Jamás pudo haber pasado por la cabeza de este señor que 65 años después de escribir su memorándum, y a pesar de que su país poco después del fracaso de la invasión mercenaria impusiera a la Isla un férreo bloqueo económico, comercial y financiero, la revolución mantendría su presencia vital en Cuba, su nombre y su propuesta serían tan frecuentemente recordados, y mucho menos que un gobierno de su país estaría implementando un plan cien veces más agresivo del que él, ni en los momentos más febriles de sus planes anticubanos, pudo siquiera imaginar.

“Guerra Económica”, “Terrorismo Económico”, son dos de los términos que mejor pudieran definir el actual régimen de sanciones que la nueva administración estadounidense ha impuesto a Cuba. La implementación de un cerco energético directo con amenazas de imponer aranceles punitivos a cualquier nación que envíe petróleo a la Isla. Severas sanciones a numerosas instituciones y funcionarios cubanos. La reinstauración estricta de la Lista de Entidades Restringidas. Severos bloqueos al envío de divisas. Amenazas de congelar los activos en territorio estadounidense de toda persona o entidad que opere en sectores claves como el turismo, la energía, la defensa, las finanzas, la minería y la seguridad, que apoye financiera, material o tecnológicamente a la Isla o que haga negocios con Cuba. Incluso una intensa campaña contra la presencia de brigadas médicas cubanas en otros países para que se ponga fin a este tipo de colaboración.

Estas y otras medidas conforman el arsenal de acciones que ha instrumentado la actual administración norteamericana de Donald Trump procurando rendir por hambre y desesperación al pueblo cubano. Pero consciente del nivel de resiliencia cubana tras 60 años de fracasos, y temerosos de que a pesar del despiadado cerco económico el pueblo cubano continúe resistiendo, el presidente Trump ha declarado que antes de terminar su mandato en 2028, Cuba estará en su poder, y para ello “todas las opciones están sobre la mesa”.

Tampoco pudo imaginar Mallory que tantos años de frustraciones y odio harían al arrogante Goliat, acudir a las mentiras más burdas y el cinismo más descarnado, para tratar de justificar la agresión, declarando a Cuba, mediante Orden Ejecutiva del Presidente, “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos”.

Pero un eventual ataque armado a la pequeña Cuba por parte de la mayor potencia militar del mundo requiere de una explicación plausible y una preparación previa de la opinión pública internacional y sobre todo del propio pueblo norteamericano. Y como una “explicación plausible” en este caso, sólo puede intentarse a través de muchas mentiras lo mejor elaboradas posible para que al menos una parte de los sectores políticamente más ignorantes pueda creerla, el señor Marco Rubio, secretario de Estado, de padres cubanos y dueño de una mentalidad preñada de un odio profundo hacia la Cuba actual, ha elaborado un documento de 100 páginas que lo intenta.

El documento que vio la luz el 20 de julio de 2026 bajo el título “Cuba, la Capital del Comunismo del Siglo XXI” analiza la influencia geopolítica de Cuba en América Latina y argumenta que Cuba no es un actor aislado, sino el «cerebro estratégico detrás de proyectos políticos como el chavismo en Venezuela o el modelo nicaragüense, exportando metodologías de control social, inteligencia y propaganda”.

La esencia de este análisis puede resumirse en 4 puntos clave:

  1. La «exportación» del modelo de control: El documento plantea que el principal producto geopolítico de Cuba no son sus bienes económicos, sino su red de inteligencia y doctrina política, y describe cómo asesores cubanos han influido históricamente en los servicios de seguridad e instituciones clave de países aliados.
  2. Redes de alianzas trasnacionales: Se detalla cómo La Habana ha servido de punto de encuentro y articulación para movimientos de izquierda, partidos políticos e intelectuales a través de foros internacionales, construyendo una narrativa antiimperialista unificada.
  3. La paradoja del «poder blando» frente al colapso interno: Un tema central es la contradicción entre la realidad doméstica de la isla (escasez, crisis energética, migración masiva) y su capacidad para mantener un peso diplomático desproporcionado en la política latinoamericana.
  4. Conexiones globales: El texto aborda cómo Cuba actúa como puente geopolítico para potencias extracontinentales (como Rusia, China e Irán) interesadas en consolidar presencia o influencia en el continente americano.

El informe plantea que la esfera más exitosa y duradera de la campaña de Cuba contra Estados Unidos ha tenido lugar en el frente ideológico, y expone que desde los años 60, el régimen ha servido como el corazón palpitante de un nuevo y distinto tipo de marxismo, forjado en torno a un resentimiento predominante y un odio fundamental hacia Estados Unidos y el Occidente en general. Argumenta que los cubanos se dedicaron a reclutar, cultivar y movilizar una coalición global de activistas, intelectuales y grupos políticos en torno a esta causa, construyendo una extensa red revolucionaria que moldeó una parte desproporcionada de los movimientos extremistas más famosos e influyentes de Estados Unidos, desde los Panteras Negras y la Weather Underground hasta Antifa, y que hoy en día, esa red sigue manteniendo vínculos con poderosas organizaciones sin ánimo de lucro de izquierdas, colectivos anti-ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas en todo Estados Unidos.

Advierte que confundir la pobreza de Cuba con la inofensividad es malinterpretar la amenaza por completo. “Su debilidad material nunca fue la medida de su peligro. Su poder siempre fue ideológico, subversivo y parasitario, y ha demostrado ser notablemente duradero, sobreviviendo al imperio soviético que ayudó a construirlo e injertándose en cada nuevo enemigo de Estados Unidos que ha surgido desde entonces. Hoy sirve como tejido conectivo de una coalición antiestadounidense más amplia, un terreno de apoyo donde convergen las ambiciones de Moscú, Pekín y Teherán con los movimientos radicales que operan dentro de nuestras propias fronteras. Cada grupo insurgente de extrema izquierda comunista que ha desestabilizado gobiernos en toda América Latina durante los últimos 50 años ha contado con el apoyo, la ayuda y, en muchos casos, su nacimiento, de una operación de influencia cubana».

Una tesis central en el documento es que Cuba no necesitó de respaldo financiero ni poderío militar para golpear el corazón estratégico de Washington; “sólo necesitó perfeccionar el arte del espionaje y la guerra asimétrica”.

Menciona a los principales agentes de la inteligencia cubana que han penetrado el gobierno de los Estados Unidos en alguno de sus lugares más estratégicos como la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa y el Departamento de Estado, y plantea que a diferencia de los aparatos de espionaje soviético o chino, fuertemente financiados, la estrategia cubana se basó en la captación ideológica a largo plazo, la paciencia institucional y la infiltración silenciosa dentro de las dependencias clave de las decisiones de política exterior de Estados Unidos.

El informe presenta una “lista negra” de 23 personas y 20 organizaciones supuestamente vinculadas a Cuba: desde Manolo de los Santos hasta Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, y la congresista Ilhan Omar, o George Floyd, muerto en 2020, porque Cuba celebró las manifestaciones que su asesinato provocó. Y organizaciones que van desde Democratic Socialist of America (DSA), Black Lives Matter y Antifa hasta el National Lawyers Guild.

Uno de sus párrafos plantea:

“El asalto de Cuba a Estados Unidos nunca fue, en esencia, una disputa por la política económica, la soberanía o incluso la propiedad de un territorio en particular. Fue una revolución contra la propia civilización occidental —librada, en parte, mediante el método novedoso e insidioso de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propia herencia. Esa es la campaña que Castro lanzó en 1959, y es la campaña que sus herederos siguen llevando a cabo. Y en las instituciones de la izquierda estadounidense moderna —en sus universidades y organizaciones sin ánimo de lucro, sus movimientos callejeros y sus medios de comunicación— esa campaña ha disfrutado de un éxito que sus fundadores apenas podrían haber imaginado. El método del régimen nunca se basó principalmente en la guerra cinética, aunque no dudaba en utilizar la violencia y el terror cuando le convenía. Era más sutil y mucho más peligroso: atacar a Estados Unidos no desde fuera, sino desde dentro — convertir a los estadounidenses en instrumentos de la perdición de su propia nación.”

Al respecto, Marco Rubio dijo en una entrevista con la cadena FOX, que Cuba alberga operaciones militares, de inteligencia, de terror y de hostilidad extranjera, y apoya redes subversivas y terroristas peligrosas en los propios Estados Unidos. Que la red del régimen cubano es la «misma red de manifestantes que en todo el país causó disturbios e incendió calles en 2020, que luego cambió a protestas a favor de Hamás y posteriormente a protestas a favor de Maduro, y está atacando ahora a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).”

Con frecuencia se ha reconocido que el profundo odio que durante más de 60 años ha mostrado el poderoso imperio del norte hacia Cuba tiene su fundamento en la frustración producida por su fracaso en intentar derrocar la revolución. Este informe del Departamento de Estado confiesa otra causa también importante. Si doloroso resulta para el gigante no poder vencer a un rival mil veces más pequeño, mucho más doloroso ha de ser que ese pequeño rival le derrote. Y, como dicho documento revela, Cuba ha derrotado de manera convincente y continua a los Estados Unidos en el terreno de la inteligencia y la contrainteligencia.

Incluso antes de la bochornosa derrota de la brigada mercenaria en abril de 1961, ya la CIA había sufrido numerosos fracasos a manos de la contrainteligencia cubana. En al menos una decena de casos de los 634 planes de asesinato que hubo contra el líder de la revolución cubana Fidel Castro desde antes del triunfo revolucionario hasta el 2000, estuvo la mano de la CIA; también la mafia norteamericana e incluso el Departamento de Estado estuvieron en ocasiones involucrados. En todos los casos la contrainteligencia cubana desarticuló los planes y capturó a los conspiradores. Francotiradores, explosivos colocados en sus zapatos, veneno inyectado en un tabaco, una pequeña carga explosiva dentro de una pelota de beisbol, moluscos explosivos, traje de buzo infectado con hongos, bolígrafo-jeringuilla, veneno de bacterias y explosivos bajo la presidencia de actos públicos, entre otras, forman parte del arsenal concebido por la CIA para acabar con la vida del líder cubano.

Dos de las más importantes “operaciones” de la CIA contra Cuba desmanteladas por los órganos de la seguridad cubana fueron La “Operación Mangosta” y la conocida con el nombre de “Patty”. La primera nació como resultado de la debacle de la invasión de Bahía de Cochinos de 1961, fue el plan subversivo más grande orquestado contra Cuba desde Washington, y recibió instrucciones directas de Robert Kennedy, quien dijo: “La solución del problema cubano constituye hoy la primera prioridad del gobierno de los Estados Unidos. Todo lo demás es secundario. No deben escatimarse tiempo, dinero, esfuerzo o recursos humanos”. Patty por su parte pretendía asesinar simultáneamente en la Habana y Santiago de Cuba a Fidel y Raúl Castro, y atacar con morteros la Base Naval de Guantánamo para que desde allí se respondiera al fuego y comenzara un combate que sirviera de pretexto a una invasión de tropas yankis. La seguridad cubana tenía penetrados a los conspiradores mediante un plan al que denominó “Candela”.

Y aunque hubo más derrotas, probablemente la más vergonzosa de todas fue cuando a mediados de los años 80 un oficial de la inteligencia cubana que desertó le reveló a la CIA que todos sus agentes en Cuba estaban desde el principio controlados por la contrainteligencia cubana; que todos los agentes cubanos que tenían eran en realidad doble agentes. Si la revelación fue devastadora pues significaba que todos los recursos operativos y financieros estaban perdidos o comprometidos y que las identidades de 170 oficiales de la CIA que habían trabajado con los cubanos quedaban expuestas, más humillante todavía fue cuando la televisión cubana exhibió una serie de seis partes que mostraba a los oficiales de la CIA cargando escondrijos en varios lugares, sosteniendo encuentros “secretos” con sus agentes y entregando sofisticados equipos de comunicaciones. Según un alto oficial de la Agencia, esa fue la mayor derrota sufrida por la CIA en toda su historia.

Mezclar mentiras con verdades es un recurso muy viejo en el que el imperio norteamericano, y especialmente la actual administración, incluyendo a su presidente, son expertos. Después de mencionar por sus nombres a agentes cubanos que han penetrado el corazón del imperio, el documento sostiene que la inteligencia cubana no ha sido un mero mecanismo de defensa para garantizar la supervivencia de la dinastía castrista y que ha apuntado a otros estados para poder transmitir la inteligencia a adversarios estadounidenses como Rusia, China e Irán.  Eso es totalmente falso. Como el informe reconoce, los agentes trabajan para Cuba por afinidad ideológica. Todos fueron reclutados sobre la base de ayudar a Cuba a defenderse de las agresiones yankis. Para comprenderlo basta con ver las declaraciones de éstos ante los tribunales que los juzgaron.

Walter Kendall Myers, quien con su esposa Gwen auxiliándolo en las comunicaciones,  trabajó para Cuba por espacio de casi 30 años como analista dentro del Departamento de Estado, declaró en el juicio: “no actuamos por enojo contra Estados Unidos o por algún tipo de antinorteamericanismo. No quisimos herir a ningún norteamericano. Nuestro único objetivo era ayudar al pueblo de Cuba a defender su revolución”.

Ana Belén Montés quien penetró la DIA durante más de 15 años y llegó a llevar el trabajo sobre Cuba con un nivel de conocimiento y autoridad que le hizo ser reconocida en los sectores que tenían que ver con la política hacia la Isla como “la Reina de Cuba”, declaró en el juicio: “Yo me involucré en la actividad que me ha traído ante usted porque obedecí mi conciencia más que obedecer la ley. Yo considero que la política de nuestro gobierno hacia Cuba es cruel e injusta, profundamente inamistosa, me consideré moralmente obligada de ayudar a la isla a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político. Nosotros hemos hecho gala de intolerancia y desprecio hacia Cuba durante las últimas cuatro décadas. Nosotros nunca hemos respetado el derecho de Cuba a definir su propio destino, sus propios ideales de igualdad y justicia.”

Claro que son cosas complicadas de entender para esa gente. Muy difícil ha de resultarle a la CIA conseguir agentes que trabajen para ellos por afinidad ideológica, y mucho dinero habrá tenido que desembolsar y muchos brazos que torcer para conseguir que trabajen a cambio de dinero o para que no le saquen a la luz pública algún secreto comprometedor.

A diferencia de los éxitos cubanos en el terreno de la inteligencia y la contrainteligencia, consecuencias del elaborado, meticuloso y paciente trabajo operativo de penetración, los resultados del trabajo contra Cuba que concluyeron con la aprehensión y enjuiciamiento de los agentes cubano se lograron mediante información filtrada por desertores de la inteligencia. Prueba de ello es que 2 de los 3 agentes cubanos capturados, Walter Kendall Myers y el embajador Victor Manuel Rocha llevaban muchos años retirados de sus puestos de trabajo en el gobierno y sin contacto alguno con la inteligencia cubana.

James Olson, exdirector de contrainteligencia de la CIA ha afirmado en múltiples ocasiones que la inteligencia cubana es una de las más eficaces del mundo; y que a su juicio «los cubanos superaron a la KGB en términos de habilidad, motivación y resistencia a la penetración». Por su parte el propio Marco Rubio declaró a una periodista que lo entrevistó: “la gente olvida que cuando se trata de espionaje u operaciones de influencia, son en realidad una superpotencia en la materia. Si miras la historia del espionaje en los Estados Unidos, Cuba es el único país que consistentemente ha implantado e infiltrado espías en nuestro sistema sin siquiera pagarles.”

En estrecha relación con los objetivos del documento»Cuba: La Capital del Comunismo del Siglo XXI», y cuatro días antes de que éste fuese publicado, el secretario de Estado Marco Rubio convocó a una reunión internacional centrada en movilizar apoyo para lo que denominó “la lucha de la administración Trump contra el terrorismo político de extrema izquierda», “Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político” (Ministerial on the Resurgence of Political Terrorism). La cumbre se centró en coordinar esfuerzos internacionales contra lo que la administración estadounidense denominó la «amenaza transnacional del terrorismo de extrema izquierda y anarquista». A la misma asistieron delegaciones de 66 países.

En la reunión se acordó crear mecanismos multilaterales para compartir datos policiales sobre extremistas de izquierda y movimientos de protesta radicales; implementar medidas para identificar y congelar canales de financiamiento ilícito atribuido a estas redes; y fortalecer la cooperación fronteriza para evitar que activistas y miembros de grupos señalados viajen entre países para participar en manifestaciones o actos de violencia.

El objetivo fundamental de toda esta campaña, y tanto del informe “Cuba: La Capital del Comunismo del Siglo XXI” como de la reunión “Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, hay que verlo dentro del contexto de la agenda ideológica profundamente conservadora de la actual administración y sus planes de dominación global, que tiene como uno de sus objetivos fundamentales destruir la revolución cubana, y que conlleva también atacar a la izquierda en Estados Unidos, acusándola que querer llevar al país al comunismo. Ataque del que no escapa siquiera el Partido Demócrata.

Para los 25 meses que restan a la administración Trump se pronostican numerosas tormentas severas incluyendo un poderoso huracán. El ojo del huracán apunta inexorablemente a Cuba.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

The CIA Targets Cuba… Again / The Nation Peter Kornbluh, 13/08/2026

Mención Cuba/Publicación del Secretario de Estado Marco Rubio en X (6/8/2026)

Marco Rubio: Cuba es una «superpotencia del espionaje» que financia disturbios de extrema izquierda en EE. UU. / Breitbart News, Christian K. Caruzo 03/08/2026

Estados Unidos envía más activos de inteligencia a Cuba / POLITICO/

Dasha Burns y Nahal Toosi, 04/08/2026

Imposición de sanciones a actores del régimen cubano vinculados a redes subversivas marxistas y tratos económicos corruptos / Departamento de Estado de los EE. UU. – Oficina del Portavoz, 20/08/2026

Mangosta, la Crisis de Octubre y la diplomacia secreta entre Cuba y Estados Unidos, Por: Elier Ramírez Cañedo, 10 octubre 2022 

Mención Cuba/ Declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio en entrevista con Lara Trump, en Fox News.(1/8/2026)

Mención Cuba/Publicación del secretario de estado Marco Rubio en X (20/7/2026)

Rubio dice que Cuba ayudó a impulsar la extrema izquierda en EEUU y en Hemisferio Occidental / El Nuevo Herald/ Agencia EFE, 16/07/2026

US Agents Nab Member of Group That Brought Hasan Piker to Cuba / Bloomberg, Jim Wyss, 01/07/2026.

Mención Cuba/Publicación del Secretario de Estado Marco Rubio en X, (1/7/2026)

Trump eleva la tensión en la región y acusa a Cuba de operar bajo un eje narcoterrorista igual al de Venezuela y Nicaragua / Cuba en Miami, Raúl Morilla 27/11/2025        

¿Qué prepara Trump contra Cuba?: Departamento de Estado asegura que no descarta ninguna opción/ Cuba en Miami, por Raúl Morilla, 20/7/2026

Rubio es el responsable, Cuba y los demócratas son los objetivos mientras Las cacerías de brujas al estilo McCarthy de verdad están en el se prepara el terreno para el Golpe 2.0 / Daily Kos,xaxnar, 21/07/2026

Kendall Myers, American Spy for Cuba, Dies at 88  –  Reuters,  Richard Sandomir,  May 6, 2026

Departamento de Estado: Cuba fomenta espionaje y extremismo de extrema izquierda en EE.UU. por Nora Gámez Torres

La inteligencia cubana y la CIA: un conflicto en las sombras, Henrik Hernández, febrero 23, 2025

La Operación Patty de la CIA: a medio siglo de su derrota por Candela, Manuel Hevia Frasquieri, Granma, Julio 22, 2011


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