Las varias agresiones contra Irán. El enemigo que nos une
El 14 de septiembre se publicó la noticia de que el gobierno de Austria, país sede de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), habría negado, bajo las presiones de Estados Unidos, la entrada a su territorio del Sr. Mahammad Eslami, vicepresidente de Irán y Jefe de su agencia nuclear, quien representaría a su país en la Conferencia General anual del organismo internacional.
Tal acción, más que un supuesto éxito de la “diplomacia del chantaje” trumpista, es una nueva victoria política de Teherán, pues significaría que las intervenciones ante el plenario y los contactos bilaterales del funcionario podrían haber sido tan contundentes como peligrosos frente a los objetivos de Washington contra la nación persa.
Fue allí precisamente, en la sede austriaca, donde en 2002 comenzó la batalla diplomática de Estados Unidos, para tratar de sumar al resto de los miembros de la organización en la condena contra un naciente programa nuclear civil iraní.
El Departamento de Estado le dió la tarea a una cancillería aliada, para que su representante ante la OIEA encendiera la mecha del debate con el propósito de lograr una condena contra Teherán y, a partir de ahí, articular otras acciones que pudieran haber concluido en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como había sucedido antes con la campaña contra Irak, bajo el supuesto argumento de “la posesión de armas de destrucción masiva”.
En medio de un debate dedicado a la cooperación en el tema nuclear y otros asuntos, el aliado que era también angloparlante y no tenía más elementos que aportar que el texto dictado desde su capital, interrumpió la sesión con un discurso sumamente agresivo hacia Irán, algo inaudito en la práctica diplomática reciente de su país.
La reacción de todos los presentes, menos del representante estadounidense, fue de asombro e incluso de sorna. El entonces Director General de la OIEA, Dr. Mohammed el-Baradei, interrumpió con asombro al diplomático-kamikaze y le pidió amablemente presentar sus puntos de vista al final de la agenda, en otros asuntos, pues no estaba previsto ni acordado tratar tales temas en la plenaria.
Esa fue apenas la primera salva de artillería en un combate que se extendería por los próximos 24 años hasta hoy, en el cual Estados Unidos ha intentado aislar a Teherán y contar con un importante precedente que le permitiera escalar en su enfrentamiento contra la Revolución Islámica.
Apenas un año antes, Estados Unidos había utilizado el ataque a las Torres Gemelas como excusa para lanzar una supuesta campaña contra el terrorismo internacional, que según sus difusores de noticias era sólo de origen islámico y tenía como ubicación única el Medio Oriente.
Pero, después de concluida la operación de “cambio de régimen” en Irak y de que las tropas estadounidenses ocuparan cada centímetro de su geografía, el representante de Washington (enviaron uno de baja categoría) tuvo que decir ante la Junta de Gobernadores de la OIEA, en el propio 2002, que no habían encontrado ni vestigios de armas de destrucción masiva, en el país agredido al costo a millones de vidas de sus ciudadanos.
Esta realidad no fue un obstáculo para que el aparato diplomático de George W. Bush, encabezado por un ex general de cuatro estrellas, continuara su cruzada contra Teherán, al mismo tiempo que cerraba los ojos frente a los avances nucleares de Tel Aviv, que ni siquiera reconocía la fiscalización del tema por parte de la OIEA.
En la misma medida en que Estados Unidos regaba pólvora contra Irán en la prensa internacional y en otros ambientes, la diplomacia iraní desarrolló inteligentes iniciativas para explicar su programa nuclear con fines pacíficos. Llevó a Viena y a otras capitales a sus más ilustres políticos y eminentes científicos, con el objetivo de brindar detalles de sus metas energéticas, tanto a partir del petróleo y gas, como del átomo.
En medio de tal pulseo, creció la histeria en Washington por la ausencia de resultados condenatorios, contra el que podría haber sido su próximo objetivo a atacar militarmente. Entonces, la misión multilateral estadounidense recibió la indicación de golpear ella misma y avanzar con un proyecto de resolución, en el que se mencionaba de forma explícita el posible uso militar que tendría el naciente programa nuclear iraní.
A pesar de las presiones de todo de los representantes del Departamento de Estado, de la cantidad de invitaciones a cenar o a un café a sus contrapartes, de las emboscadas en los elevadores y en los pasillos de la sede de la OIEA, aquel batido de embustes estadounidense no lograba alimentar el interés de la mayoría.
En la esfera multilateral, cuando Estados Unidos no ve cumplidos sus propósitos presionando a los países miembros, muchas veces desplaza sus acciones sobre los directivos y funcionarios internacionales de la organización de que se trate. En aquella fecha, Washington tenía una ventaja adicional, pues el segundo al mando de el-Baradei, era precisamente un funcionario estadounidense.
Entonces, surgió una convocatoria para una “sesión” un tanto inusual, pues fueron citados off the record un grupo de países considerados “clave” dentro de la Junta de Gobernadores por la Secretaría del organismo, para un encuentro informal un sábado bien temprano en la mañana, en las oficinas del organismo. Cuba estaba entre los asistentes.
El único punto en la agenda no escrita era, inicialmente, intentar presionar a los presentes y, después, conocer si tenía algún futuro el párrafo del proyecto de resolución cocinado en Washington en el que se hablaba explícitamente del “uso militar del proyecto nuclear iraní”.
En pocos minutos el fracaso estadounidense se hizo evidente, la amplia mayoría de los allí reunidos rechazó la embestida gringa. Ante tal escenario, Mohammed el-Baradei se dirigió amablemente al representante del agresor diciéndole: “llama a Bolton y explícale lo que ha sucedido aquí”, a lo que el derrotado hijo de la Unión norteamericana respondió “llámelo usted, porque a mí ya no me coge el teléfono”.
El tal Bolton era John Robert, el entonces subsecretario de Estado para el (supuesto) control de armamentos y los asuntos de (in)seguridad internacional, que había estado en el mismo eje de la campaña previa contra Irak, que redactó buena parte del borrador que se ejecutaba contra Irán y que, en el propio 2002, había lanzado a volar el titular de que el desarrollo de Cuba en la esfera de la biotecnología perseguía objetivos de guerra biológica. Tuvo tan mala suerte entonces, que el desmentido a su propósito contra Cuba provino nada menos que del ex presidente James Carter, que por esos días visitaba La Habana.
Era el mismo Bolton que años después fuera el asesor de (in) seguridad nacional de Donald Trump en el período 2018-2019, gestor del Plan Guaidó y del Grupo de Lima contra Venezuela, que a la altura del 2026 fue llevado a las cortes por su ex jefe, acusado de mal manejo de información clasificada.
De más está decir que John Robert terminó con la carrera del entonces representante permanente de su país en Viena, tal como hizo con el analista de la CIA que, a través de los canales oficiales de Washington, demostró que la acusación contra Cuba era una locura.
Pero los ideólogos que enfrentaban a Irán entonces no estaban dispuestos a cejar en su empeño y continuaron los esfuerzos en el seno de la OIEA.
Tal fue la presión que ejercieron, que lograron un objetivo totalmente contrario a sus intereses: la creación del capítulo del Movimiento No Alineado (MNOAL) en Viena. Durante años había existido una tradición en dicha sede multilateral, por la cual las principales decisiones se tomaban por consenso, evitando las votaciones. Si bien tal práctica podía dilatar el logro de resultados concretos en cada tema, por otro lado se consideraba que hacía más estable el funcionamiento de los organismos internacionales asentados allí.
Encabezados por la llamada Troika, compuesta por los representantes de los países que habían ejercido la presidencia anterior del movimiento, que estaban en el cargo, o que lo ejercerían a futuro (Argelia, Sudáfrica y Cuba), dicho movimiento, con amplia representación en la Junta de Gobernadores, forzó votaciones que dilataron la concreción de los objetivos de Washington.
En ese escenario, la diplomacia iraní lanzó una iniciativa aún más audaz: invitó a la Troika del MNOAL a visitar las principales instalaciones, que en aquel entonces ya contaba el programa nuclear iraní. Organizaron un amplio programa para esos representantes, en el que pudo apreciarse no solo el fin no militar de sus principales ingenios, sino la preparación y el orgullo de los jóvenes científicos iraníes, sobre los cuales recaía una buena parte de la responsabilidad en que el uso adecuado de la energía nuclear llevara a su país a otro nivel desarrollo. Años después se fue conociendo cómo varios de aquellos fueron asesinados por incursiones israelitas o de mercenarios, en su propio territorio, o en el exterior.
Algunos de las instalaciones visitadas fueron blanco de los ataques israelitas y estadounidenses de septiembre de 2025.
El mismo capítulo del MNOAL en Viena conoció de los cuestionamientos a un supuesto programa nuclear libio, casi inexistente, y de cómo los dirigentes de esa nación cedieron ante las presiones de terceros, para eliminar toda posibilidad de desarrollo en esa esfera (2003), hasta que finalmente su inmenso territorio fuera invadido y ocupado en el 2011.
Los dirigentes iraníes, sin embargo, comprendieron que el enfrentamiento de Estados Unidos no tendría vuelta atrás y que debían prepararse para intensos años de confrontación diplomática y, eventualmente militar.
Si se accede a la información pública que se genera desde la OIEA podrá observarse la secuencia de distintas iniciativas que han cuestionado el programa nuclear iraní en los últimos 24 años, con la misma intensidad con la que se ha guardado silencio ante la proliferación con objetivos militares de naciones que han recibido la bendición de Washington.
Sólo bajo el gobierno de Barack Obama se produjo un acuerdo (2015) que establecía ciertos límites para el programa nuclear iraní, a cambio de la eliminación de sanciones que limitaban el desarrollo y las condiciones de vida de la nación. Este involucró tanto al gobierno de Estados Unidos, a Irán, la OIEA, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la Unión Europea. Paradójicamente, el acuerdo se logró el mismo año del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos.
El ascenso de Donald Trump al poder en el 2017, y su reelección en el 2024, alejó aún más las posibilidades de una solución pacífica en este tema. La agresión militar de Washington y Tel Aviv contra Irán ha utilizado nuevamente el argumento del programa nuclear iraní para intentar reconfigurar el mapa geopolítico del Medio Oriente, influir en el comercio internacional de petróleo y apoyar los objetivos expansionistas del sionismo.
A pesar de los reiterados esfuerzos estadounidenses para intentar que Irán se siente a negociar una paz inaceptable, Teherán no se ha dejado someter, su respuesta ha aumentado exponencialmente el costo de la aventura militar estadounidense, se han disparado los precios de los hidrocarburos y Trump es cada vez más incapaz de poder definir el término victoria. Todavía están por conocerse tanto la cantidad real de las bajas estadounidense, como el daño material a su infraestructura militar en el Medio Oriente.
Ni siquiera la escaramuza diplomática que tuvo lugar en Viena concluyó en el escenario esperado por Washington. A escasas 24 horas de obstaculizar la visita del dignatario iraní a Viena, el pleno de la Conferencia General de la OIEA eligió por amplia mayoría al representante permanente Reza Nayafi como miembro del llamado Comité General del evento. Este comité se encarga de revisar la agenda de la reunión, el programa de sesiones y las credenciales de los participantes.
En resumen, a quien no quiera caldo pues dos tazas. Segunda conclusión: siempre habrá alguien que se dejará amedrentar, pero la mayoría sabe de dónde viene el peligro.
¿Conservará su puesto el actual representante permanente de EE UU ante la OIEA?
¿Ha visto Ud. esta noticia publicada en la llamada prensa occidental?
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