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Cuba

La Guerra no Convencional y la subversión ideológica. Una mirada desde Cuba

enero 18, 2022   0

La definición de Guerra no Convencional ha evolucionado con el tiempo. El concepto doctrinario inicial para su realización por parte de EUA se originó con la creación de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), antecesora de la CIA, durante la Segunda Guerra Mundial.

 En ese contexto, la Guerra no Convencional estaba generalmente definida en términos de guerrilla y operaciones encubiertas en territorio ocupado por el enemigo o bajo la influencia de este. La primera definición oficial del Ejército de EUA que abarcó aspectos de la Guerra no Convencional apareció en 1950 como “guerra de guerrillas». En la doctrina militar y en sus etapas iniciales, la Guerra no Convencional se insertó en los procedimientos de las Fuerzas Armadas de EUA como una actividad casi exclusiva de las Fuerzas de Operaciones Especiales.

       En 1987, en lo que pudiera considerarse un momento crucial en la comprensión por parte de EUA de la importancia de este tipo de procedimientos para el logro de sus intereses estratégicos, la Estrategia de Seguridad Nacional del  presidente Ronald Reagan incluyó por primera vez a los “conflictos de baja intensidad”, como un elemento de la política de defensa en interés de la seguridad nacional de EUA, alcanzando paridad con otros aspectos como el control de armas; la disuasión estratégica; el mantenimiento de la disuasión convencional; el espacio y las actividades de inteligencia en interés de la seguridad nacional

       En agosto de 1990, el entonces presidente George H. W. Bush aprobó la participación de más de medio millón de efectivos en la operación militar para revertir la ocupación de Kuwait por Irak. Aquella guerra se libró bajo el concepto de “fuerza abrumadora”, que suponía “avasallar” al adversario a la usanza tradicional, es decir, imponiéndole una superioridad absoluta en fuerzas, medios y tecnología. EE.UU. alardeaba así de su condición de única superpotencia militar de la era unipolar.

       Los acontecimientos militares a inicios de los 90 (Operación Tormenta del Desierto, Invasión a Irak) hicieron creer a muchos que las fuerzas militares occidentales, que integraron la coalición  internacional para invadir Irak, eran invencibles. Dos años más tarde aquella idea fue puesta en dudas tras el episodio de Mogadiscio en 1993 donde quedaron demostradas las vulnerabilidades de un ejército militar y tecnológicamente superior al entablar combate en áreas urbanizadas donde enfrentaron, sin éxito, las fuerzas locales armadas, en una ciudad desconocida, los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 que derivaron en la invasión y ocupación de Afganistán, donde primaron de manera arrogante conceptos como los de Golpe Preventivo, Cambio de Régimen, Operaciones Rápidas y Decisivas, Choque y Pavor, que de forma general se traducían en lo que se conoció como “poderío superior”, basado más en la explotación conjunta de las capacidades de cada componente de sus fuerzas armadas, que en la cantidad de fuerzas y medios involucrados.

 Se sustentaba, además, en la superioridad en el campo de la información y la maniobra rápida; así como en las ventajas tecnológicas, que le aseguraban realizar campañas militares tecnológicas “sin contacto de fuerzas”, y por tanto sin arriesgar vidas y recursos.

      Por primera vez en Afganistán, las Fuerzas de Operaciones Especiales ocuparon un lugar preponderante en una campaña bélica. Precisamente allí, durante la “estabilización” (pacificación) de ese país centroasiático, Estados Unidos quedó empantanado en sangrientos conflictos irregulares, que pusieron de manifiesto las vulnerabilidades de sus fuerzas armadas para ese tipo de guerra.

Las consecuencias de la guerra de Afganistán produjeron un viraje en el enfoque técnico-militar estratégico y doctrinal de la guerra desde la perspectiva norteamericana, de tal manera que, en diciembre de 2008, el entonces Secretario de Defensa Rober Gates afirmó: “Es improbable que en algún momento cercano EE.UU. repita otro Irak y Afganistán, es decir, un cambio forzado de régimen seguido de la construcción de la nación bajo el fuego”.

Lógicamente estas experiencias negativas obligaron a los especialistas del Pentágono a idear y planificar que el combate de los futuros conflictos sea más “entre la gente” en lugar de “alrededor de la gente”, o sea entre otras cosas lograr el colapso del enemigo en su retaguardia civil, no en el frente, y aprovechar las potencialidades del oponente en beneficio propio, lo que los autores han denominado la “llave de judo”.

La Guerra sigue siendo una batalla de voluntades – un concurso para la dominación de los pueblos. La lucha esencial del futuro conflicto tomará lugar en áreas en que esté concentrada la gente y requerirá que la dominación de la seguridad estadounidense se extienda por toda la población (Ceceña, 2014).

       Es entonces la visión del campo de batalla, señala Ceceña, pero la guerra no tiene solamente una vertiente militarizada o bélica, sino que es guerra económica y cultural. Justamente el gran logro desde la perspectiva de los tanques pensantes del Pentágono es que han entendido esto porque además han sido derrotados por estas razones, como sucedió en Vietnam y en otros lugares donde tuvieron problemas por la falta de comprensión y comenzaron a darse cuenta de que todo debe ir por la misma ruta, que es un solo proceso de dominación y por lo tanto debe abarcar todas las dimensiones.

       Para ello se debe determinar cómo se alimenta la población, cómo se divierte, cómo vive, cómo piensa, cómo trabaja, para articular todo el despliegue capitalista en el terreno de la alimentación con los transgénicos, con la comida rápida o chatarra, etcétera, lo cual constituye simultáneamente un modo de vida y también una adecuación de los cuerpos, porque están ocupando el territorio corporal que es lo más íntimo. Hay, al mismo tiempo, una ocupación de territorios geográficos y mentales, con lo cual se está trabajando en todos los terrenos al mismo tiempo.

En las concepciones de la guerra no convencional, los blancos ya no son físicos sino el control del cerebro humano. El bombardeo militar es sustituido por el bombardeo mediático.

El departamento de Defensa, y en particular el Comando de Operaciones Especiales, enfrentó una oportunidad para dirigirse hacia la Guerra no Convencional y clarificarla, y mejorar las capacidades totales dentro de las fuerzas con vistas a futuros conflictos, y no pasaron por alto la oportunidad.

Casi tres años después con la inmolación del desocupado, vendedor de frutas, en Túnez se inició el periodo conocido como “Primavera Árabe”, que se erigió en fuente de conclusiones estratégicas político-militares para Estados Unidos.

       En abril de 2009, un grupo de trabajo del Comando de Operaciones Especiales del Ejército de EE.UU. se integró con el fin de esclarecer la definición de Guerra no Convencional. De esas discusiones, emergió el inicio de un nuevo lenguaje sobre esta. El valor de la nueva definición fue su atención específica a la Guerra no Convencional como una misión y no como un método.

La Guerra no Convencional quedó redefinida así: Actividades conducidas para permitir a un movimiento de resistencia o insurgencia coaccionar, alterar o derrocar a un gobierno o poder de ocupación, operando a través o con una fuerza guerrillera, auxiliar y clandestina en un área denegada

El 22 de febrero de 2014, en el discurso de clausura del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el General de Ejército Raúl Castro Ruz expresó:
“…Dondequiera que haya un gobierno que no convenga a los intereses de los círculos del poder en EE.UU. y algunos de sus aliados europeos, se convierte en blanco de las campañas subversivas”. Ahora usan nuevos métodos de desgaste más sutiles y enmascarados, sin renunciar a la violencia, para quebrar la paz y el orden interno e impedir a los gobiernos concentrarse en la lucha por el desarrollo económico y social, si no logran derribarlos.

        Desde el año 1959, el gobierno de Estados Unidos de América (EE.UU.) ha tenido como una de las premisas de su política exterior derrocar por todos los medios la Revolución cubana. Disímiles han sido los instrumentos utilizados con este objetivo, dentro de los que más se destacan intentos de magnicidio contra el comandante Fidel Castro y otros dirigentes, invasiones militares, actos terroristas, operaciones psicológicas, guerra biológica, guerra climática, bloqueo económico, terrorismo diplomático, contrainsurgencia, subversión y el empleo de la contrarrevolución, tanto interna como externa.

El inmenso esfuerzo imperial para asfixiar y destruir el proceso cubano con estos mecanismos de terror ha evidenciado su determinación para impedir el éxito de un modelo desafiante.

En abril de 1960, Lester D. Mallory1, escribe un memorándum secreto, el cual expresa los fines desestabilizadores del gobierno estadounidense hacia el sistema político cubano, donde se plantea que: el único medio posible para hacerle perder el apoyo interno al gobierno es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica (…) negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno.

       A pesar de sus fracasos durante más de 60 años, estos propósitos del imperio estadounidense no han cesado. En la década del 90 del pasado siglo, se intensificaron las labores de la subversión contra Cuba debido, entre otros aspectos, al derrumbe del Campo Socialista, y con este, el de nuestros principales proveedores económicos. A su vez, el gobierno estadounidense dictó nuevas políticas como la Ley Torricelli de 992 y la Ley Helms- Burton 1996, las cuales son muestra de la actividad subversiva constante hacia nuestro país en aras de derrocar el sistema económico, político y social existente.

       Es un hecho probado que las acciones subversivas desarrolladas por Estados Unidos contra nuestro país se destacan agencias gubernamentales como la USAID[1], la NED[2] y el IRI[3], entre otras. Es un hecho probado su completa coordinación con las agencias de inteligencia y con las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de los EE.UU. (FOE), los cuales han financiado y apoyado la guerra no convencional y la actividad subversiva contra Cuba.

En el año 2014 se llevó a cabo un proceso en aras del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU., que se materializó en julio y agosto del 2015 con la apertura de embajadas en ambas capitales, lo cual constituyó un hecho sin precedentes en las relaciones bilaterales entre estas naciones luego del triunfo de la Revolución. Sin embargo, esto no significó un cambio en la esencia de la política exterior estadounidense hacia la Isla sino un cambio en su estrategia.

       La Guerra No Convencional como directriz principal de la doctrina del “poder inteligente” ha sido una de las técnicas empleadas por EE.UU. en la consecución de sus objetivos nacionales durante la administración Barack Obama (2009-2017). Uno de sus métodos, el golpe blando, comenzó a aplicarse en varios Estados del orbe con el objetivo de propiciar un cambio de régimen favorable a los intereses estadounidenses mediante métodos no tradicionales. Libia, Siria, Ucrania, Venezuela, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Ecuador, han sido ejemplo de su aplicación.

Los principales documentos doctrinarios de política exterior y de seguridad nacional de EE.UU. publicados -a saber: las Estrategias de Seguridad Nacional (ESN) de 2010 y 2015; la Estrategia Militar Nacional (EMN) de 2015, así como las Revisiones Cuadrienales de Diplomacia y Desarrollo del Departamento de Estado (RQDR) de 2010 y 2015- si bien no reconocen explícitamente el uso de los golpes blandos en sus estrategias hacia la contención de amenazas y en la política general hacia países y regiones, sí describen situaciones, tendencias, escenarios y condiciones y políticas propicias para la aplicación de este tipo de método.

La ESN de 2010 reconoce el reforzamiento de la sociedad civil como prioridad para enfrentar las amenazas, lo que pudiera condicionar un objetivo tácito de EE.UU. consistente en socavar sistemas sociales no acorde a los intereses estadounidenses. Por su parte, la ESN de 2015, plantea la necesidad de “ayudar a los países a consolidar sus logros y marchar hacia sistemas de gobierno más democráticos y representativos”, al tiempo que propugna la continuación del impulso a “reformas en países autoritarios que no están inmersos actualmente en transiciones integrales”. Todas estas propuestas propician el escenario del uso de acciones características de los golpes blandos.

En este sentido, la Estrategia Militar Nacional de 2015 mediante la previsión de conflictos que no incluyen a actores estatales a gran escala, como los conflictos híbridos, deja margen a la subjetividad en el uso de aquellos métodos que sean más propicios a utilizar en los escenarios de guerra actuales, donde se trata de esgrimir acciones de carácter político, económico, cultural, comunicacional y técnico destinados a propiciar movimientos de oposición política interna, así como la subversión político-ideológica con el fin de crear una situación de inestabilidad tendiente a propiciar acciones capaces de desestabilizar y, en última instancia, derrocar gobiernos no afines a los intereses estadounidenses.

Las Revisiones Cuadrienales de Diplomacia y Desarrollo del Departamento de Estado (RQDR) de 2010 y 2015, trataron de darle mayor significación a las actividades de diplomacia, desarrollo y ayuda al exterior para reforzar su uso como parte del poder suave. En este sentido, mediante la realización de programas supuestamente dirigidos a “fortalecer la democracia” y a mejorar el empoderamiento de sectores desfavorecidos en varios países se pudieran crear las bases para que estos sectores sean poco a poco los principales promotores de cambio en estas regiones mediante la transmisión de los valores estadounidenses y la erupción de las instituciones gubernamentales.

Por su parte, los documentos militares como la Circular de Entrenamiento 18-01 “Guerra No Convencional de las Fuerzas Especiales” de noviembre de 2010, la Publicación de Técnicas del Ejército 3-05.1 “Guerra No Convencional”, emitido en septiembre de 2013 y el Libro Blanco “Apoyo de las Fuerzas de Operaciones Especiales a la Guerra Política” del Comando de Operaciones Especiales del Ejército de EE.UU de marzo de 2015 son los últimos documentos de EE.UU. que conceptualizan la Guerra No Convencional.

           El último documento reconoce formas “no necesariamente violentas” de oposición y plantea como medios para socavar la legitimidad de la autoridad gobernante a la realización de “protestas, demostraciones, sentadas, boicots, ocupación de locaciones estratégicas e incluso el establecimiento de instituciones paralelas.

Al mismo tiempo, el reconocimiento de la guerra irregular y del amplio uso de operaciones especiales y de inteligencia como una de las misiones incluidas en las prioridades de defensa para el siglo XXI de EE.UU., presentadas por el expresidente Barack Obama en 2012, sirve como basamento para la aplicación de los anteriores documentos militares.

Por su parte, la publicación del documento del Comando Sur “Venezuela Freedom-2” donde se enumeraban las fases y acciones para derrotar al gobierno venezolano, evidencia la aplicación por excelencia en el país sudamericano de todos los componentes constituyentes del golpe blando

Para ello el gobierno estadounidense utilizó como una de las vías, la subversión político-ideológica mediante el incremento del financiamiento a instituciones, organizaciones, proyectos y programas que respondieran sus objetivos, y enfocó su política en sectores de la sociedad cubana como los jóvenes y el emergente sector de las formas de gestión no estatal o cuentapropistas, denominados para ello “sectores marginados de las decisiones políticas”; sin embargo, estos sectores en la práctica poseen un valor extraordinario en el Proceso Revolucionario, pues son importantes segmentos del pueblo que acompañan activamente las transformaciones socioeconómicas de la nación.

A esto se le suma el uso de las tecnologías de la información y comunicaciones, principalmente de uso de Internet y de las redes sociales.

            El uso del ciberespacio y, como parte del mismo de la Internet, se ha extendido de manera exponencial del ámbito militar al civil abarcando las esferas sociales, económicas, políticas, jurídicas, los sistemas telefónicos, la distribución de las energías y sus infraestructuras, el control del tráfico aéreo, los sistemas de posicionamiento global, los sistemas educativos, la sanidad pública, las fuerzas y cuerpos de seguridad, las actividades multimedia y de ocio.

Las propias características de este entorno han posibilitado la existencia de un escenario favorable a la utilización del medio virtual con fines agresivos o contrarios al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

         Internet se ha convertido en uno de los instrumentos que utiliza el gobierno de los Estados Unidos para proyectar su política exterior e influir en los procesos internos del resto del mundo. Los atentados terroristas a las torres gemelas en el 2001 constituyeron la justificación para imprimirle un gran impulso a esta plataforma cuando, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld declaró a Internet como “nuevo escenario de la guerra contra el terror”.

        Cuba y Venezuela constituyen los ejemplo más evidente del uso de internet con fines desestabilizadores y subversivos en la región de América Latina y el Caribe (aunque no los únicos), si tenemos en cuenta que siempre la agresión político-ideológica de Estados Unidos ha tenido como uno de sus instrumentos principales el uso de los medios de información y de comunicación, con el  objetivo primordial de denigrar la imagen internacional del sistema económico, político y social existente en nuestro país, desestabilizar la seguridad interna y sembrar dudas e inquietudes en la población, entre otras cosas.

Algunas ideas conclusivas

        La Guerra no Convencional es de sumo interés para la Ciencia Política, al apreciar que constituye una forma más de perpetuación de las relaciones de dominación capitalista y un fenómeno que haya sustento en el carácter dominador e intervencionista del desarrollo científico y tecnológico a escala. Se basa en la degradación de la gobernabilidad; la manipulación subversiva de la sociedad civil; la modificación de la ideología de sectores relevantes de la población; la erosión de la cultura política de las masas; etc. Es un procedimiento que tiene su escenario en lo que las Fuerzas Armadas de EE.UU. denominan el dominio humano, para lo cual persiguen un entendimiento profundo del ámbito de las ciencias sociales, a fin de influir y modificar el comportamiento político de la población, para el cumplimiento de objetivos estratégicos, como puede ser el cambio de sistema político global.

       Es evidente que a partir del poder inteligente y de  la doctrina y la aplicación práctica de la Guerra no Convencional como variante del uso de la fuerza, que esta constituye un elemento fundamental del comportamiento político de EE.UU. contra Cuba, en el escenario bilateral posterior al 17 de diciembre de 2014, identificando sus rasgos fundamentales, tanto previos, como dentro del nuevo contexto. La Guerra no Convencional contra Cuba debe considerarse como una acción de desgaste más, a través de la cual EE.UU. pretende derrocar al gobierno revolucionario, pero que no extrae de la ecuación la agresión armada directa u otras variantes de agresión.


[1] Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

[2] Fundación Nacional para la Democracia, por sus siglas en inglés.

[3]Instituto Republicano Internacional, nacida en 1983 bajo el auspicio del entonces presidente Ronald Reagan


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