Bloqueo y terrorismo
Crédito: Prensa Latina
Han transcurrido seis decenios desde que el bloqueo anticubano desborda la comprensión universal sobre la cotidianidad. Han transcurrido siglos desde el exterminio de los habitantes autóctonos del norte americano.
Escenas semejantes y peores se reproducen con mayor virulencia en ese país contra inmigrantes latinos, minorías y afronorteamericanos, en calles, parques o escuelas. No sería racional ni humano olvidar el surgimiento del Ku Klux Klan, la muerte de Malcolm X o de Luther King, como tampoco omitir a los prisioneros ejecutados erróneamente, el acoso contra denunciantes de violaciones de los derechos humanos, ni los desmanes y asesinatos del Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE) autenticados y exonerados en Mineapolis, Ohio, Texas, Nueva Jersey o Nueva York.
En las relaciones internacionales también se reproduce el escenario endógeno de un país que multiplica la discriminación y xenofobia e impone en su política exterior designios imperiales peores que durante el nazifascismo.
Lo ejemplifican el uso del uranio empobrecido en Irak, la perpetración de crímenes de lesa humanidad en Vietnam, Afganistán, Libia y Siria; la empatía con el apartheid en África; su apoyo a golpes de Estado y dictaduras latinoamericanas y caribeñas; el pertinaz respaldo a su aliado israelita para la ocupación, desplazamiento y genocidio palestino; los ataques sorpresivos contra Irán; el asesinato de pescadores en el Caribe; las violaciones por sus tropas en rincones de África; el contraterrorismo simulado en varios continentes; el reciente secuestro del presidente venezolano y el mayor despliegue de sanciones unilaterales contra 20 países del planeta, que en 2025 había incorporado 12 000 personas y 37 entidades, con la imposición de los dos tercios de las sanciones mundiales.[1]
Y como de sanciones se trata, el bloqueo contra Cuba desde 1960 constituye el acto de fuerza más prolongado, diverso y nocivo de la historia contemporánea, que durante la segunda presidencia de Donald Trump estrangula al pueblo cubano, con la finalidad de culminar el objetivo básico del cerco: rendirlo por hambre, cansancio y desesperación para imponer un cambio de régimen.
Desde 1992 la comunidad internacional vota mayoritariamente en la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el bloqueo estadounidense. Washington, en su prepotencia imperialista con hegemonía decadente, ignora y viola sistemáticamente el Derecho Internacional y los acuerdos de la ONU, confirmado con su reciente retirada de 66 organizaciones.
En breves palabras, el bloqueo anticubano persigue desde los inicios de la Revolución, más que un cambio de régimen, un cambio del sistema económico-social resultado del cansancio y la desesperación del pueblo cubano. Sus acciones repercuten cada vez más contra sus derechos humanos, la soberanía y autodeterminación, aplicando el asedio y la instigación terroristas, exagerando la injerencia en los asuntos internos con la amenaza y el uso de la fuerza.
En estos días se exacerban los actos y las declaraciones con motivaciones genocidas de la cúpula gobernante, de efectos inconmensurables contra el pueblo cubano, abarcadores de todos los derechos humanos, la economía y las conquistas paradigmáticas de la Revolución.
Y aunque el imperio y sus personeros lo desmienta, subvalore o ignore, la comunidad internacional expresa con declaraciones, documentos y donativos su reconocimiento al papel desempeñado por Cuba, a pesar de la intimidación o el chantaje agudizados por un cerco naval, económico, financiero, tecnológico y científico contra todos los que apoyen a la isla. Así lo reflejan el aliento y la solidaridad de infinidad de países, organizaciones, pueblos y personalidades en todos los continentes, conscientes de las implicaciones del recrudecimiento del genocidio y del terrorismo de Estado.
El bloqueo no les bastó y el gobierno estadounidense reanuda una etapa temporalmente mitigada, cuando eran frecuentes la ejecución de atentados, sabotajes, la introducción de plagas, virus, enfermedades, desembarcos, asesinatos de alfabetizadores, guardafronteras y pescadores e infinidad de actos terroristas que alteraban la lucha cotidiana de los cubanos pertenecientes a las generaciones más longevas e intermedias.
La radicalización de las medidas anticubanas ha transitado de ser acusado, primero como Estado “promotor del terrorismo”, a continuación “practicante de la trata de personas” (tergiversando la ayuda médica internacionalista), de “narcoterrorista” y en enero de 2026 declarado por orden presidencial “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos”.
Sin embargo, Cuba jamás ha hollado el suelo estadounidense y las escasas pérdidas norteñas se reducen a enfrentamientos en el territorio nacional, ocurridos en la frontera con la base ilegal en Guantánamo, en aguas y cielo territoriales o durante intentos de sabotaje. La mala memoria imperialista les hace olvidar el principio constitucional cubano de que” la soberanía reside en el pueblo”.
Hasta 2010, el terrorismo había ocasionado la muerte de 3 478 cubanos, 2009 quedaron incapacitados y tuvieron lugar 5 780 acciones en el territorio nacional, resultante de diversos métodos, financiados, instigados o amparados desde Estados Unidos, símbolos del terrorismo de Estado, expresado en terrorismo rojo, biológico, químico, económico, mediático y cibernético.
Dirigentes y funcionarios Imperialistas, sus colaboradores y neófitos defienden estar amparados por la verdad y los recursos; sustentan que la intimidación, la agresión o la invasión son métodos normales para alcanzar sus propósitos y promueven recuperar una patente de corso, para viabilizar una ofensiva más efectiva e inminente.
Su misión redentora mediante la práctica de “América para los americanos” y de “hacer de nuevo grande a América” (consigna de MAGA) les impide visibilizar la esencia de acuerdos internacionales propugnadores de la paz, la igualdad soberana, el derecho a la autodeterminación y los derechos humanos que proclaman defender en condición de fiscales contra el Sur global.
De la legislación internacional relacionada con el terrorismo, Cuba ha ratificado 19 documentos emitidos por el Consejo de Seguridad, la Asamblea General y la Comisión jurídica de la ONU. EE.UU., en cambio, se autoexcluyó de la Corte Penal Internacional y la Convención sobre el Derecho del Mar y se exime de rendir cuentas o ser juzgado por los delitos terroristas donde se involucra. La Constitución y el Código Penal cubanos rechaza y sanciona el terrorismo, defendiendo el derecho de un pueblo a defenderse.
La reciente infiltración fallida en un cayo al norte de Villa Clara por una lancha rápida proveniente de Florida muestra un giro más belicista y acelerado en sus planes contra Cuba. Al repelerse la violación de la soberanía, Washington acude a fábulas manidas contra la isla, con una versión falseada de la realidad, acompañada por la gran prensa, para difundir que “Cuba mata y encarcela a cubanos que intentaban rescatar a residentes en el país”. Una primera versión estadounidense de los acontecimientos del 25 de febrero defendió que “los 10 infiltrados pretendían brindar ayuda humanitaria” a ciudadanos cubanos.
Pero en toda batalla, según estrategas e historiadores (de Heródoto y Tucídides a la fecha) esta se describe según el lugar que ocupa el narrador. Y para los cubanos, la lancha rápida violó aguas territoriales cubanas y estaba avituallada abundantemente con armas, equipos y enseres bélicos, imposibles de ocultar. La respuesta de cinco jóvenes guardafronteras contra diez invasores favoreció al país agredido, con un saldo de cuatro tripulantes muertos, hecho que el secretario de Estado declaró “realizarían una verificación independiente” y según expresó en la cumbre de la comunidad del Caribe (CARICOM) celebrada en San Cristóbal y Nieves, “responderían como corresponde”, descartando la participación de personal del gobierno estadounidense en el tiroteo.
Sin embargo, varias especulaciones circuladas desde Miami, reflejadas de inmediato por la prensa “intencionada”, volteó la realidad de los acontecimientos, publicó “Florida abre investigación tras mortal ataque de guardacostas cubano a embarcación de Estados Unidos”. Huelgan los comentarios.
Quien haya dado seguimiento al prolongado y genocida bloqueo estadounidense y al diverso terrorismo contra Cuba no puede menos que estar atento a las más recientes acciones de acoso contra la isla.
Resumen final
- La defensa de la soberanía es inalienable, desde el Derecho Internacional, la ley interna del país y la voluntad del pueblo cubano. Su violación es inadmisible y punible.
- Bloqueo y terrorismo afectan paralelamente el derecho a la autodeterminación y los derechos humanos.
- La virulencia del gobierno de Estados Unidos en las relaciones internacionales podría sugerir un panorama más complejo, si reinstaura las acciones terroristas contra Cuba.
- Es deseable que prevalezcan la sensatez, el respeto a la integridad territorial en igualdad de derechos y el diálogo, para evitar más conflictos en el mundo.
Selección bibliográfica
ONU. Resoluciones y documentos prohibitorios del terrorismo:
1966. Resolución sobre medidas para eliminar el terrorismo.
1970. Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves. Protocolo para represión de la violencia en los aeropuertos que presten servicio a la aviación civil internacional,
1971. Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil,
1985. Convención contra el Genocidio, AGNU.
1989. Convención Internacional sobre el Reclutamiento, Uso, Financiamiento y Entrenamiento de Mercenarios, ratificada sólo en 1997 por la cantidad mínima indispensable de Estados.
1989. Convenio sobre la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, 1989; Resolución 635 del Consejo de Seguridad de ONU de 1989 y 44/29 de AGNU de igual año, en las que instan a la OACI a intensificar el régimen internacional de marcas de explosivos plásticos o en láminas para detectar su presencia;
2001. Resolución 1373 de 2001, supervisada por el Comité contra el Terrorismo, que rinde cuentas al Consejo de Seguridad Convenio Internacional para la represión de la financiación del terrorismo.
2017. Informe de la sexta comisión de ONU (jurídica) con medidas para eliminar el terrorismo internacional, que analizó la mejoría del marco general de las actividades de la comunidad internacional para combatir eficazmente el flagelo del terrorismo en todas sus formas y manifestaciones.
[1] Editorial Alexander Gusmao. Sanciones unilaterales: Una mirada crítica. Editorial brasileña. Libro colectivo en edición, 2026.
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