Cuba frente al apetito voraz del imperio
En esta cruenta lucha de los Estados Unidos contra Cuba, que parece interminable al sobrepasar ya los 65 años, y donde el poderoso imperio ha hecho casi todo lo posible e inimaginable por liquidar, primero la revolución y luego al estado socialista, en su vecina isla, ha habido varios momentos de extremo peligro donde se ha estado muy cerca de que las fuerzas armadas imperiales se lancen para eliminar por esa vía el peligroso ejemplo que significa desafiar su omnipotencia.
Los primeros años, y especialmente 1962 con la Crisis de Octubre y la presencia de cohetes soviéticos con armas atómicas en territorio cubano, fue probablemente el instante donde más cerca se estuvo de una conflagración de este tipo, que afortunadamente no tuvo lugar porque hubiese significado un holocausto de alcance inimaginable para la humanidad. Con posterioridad, especialmente durante las administraciones republicanas de Ronald Reagan y George W. Bush, han habido otros momentos donde pareció posible que se llevasen a cabo acciones de ese tipo.
En 1981 el entonces Secretario de Estado Alexander Haig pretendió llevar a cabo acciones militares como respuesta al apoyo que Cuba brindaba a la lucha del FMLN en El Salvador. Las indagaciones de dos sagaces periodistas norteamericanos revelaron la falta de apoyo que dichas acciones tenían por parte del Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional, y la denuncia de todo ello en el New York Times liquidó los proyectos de Haig en cuestión de horas. Después de la fracasada invasión a Irak, algunos analistas pensaron que la administración de George W. Bush, que se mostraba muy agresiva hacia Cuba, vendría a desquitarse con la Isla, pero entonces, como también se señaló, no estaban creadas las condiciones objetivas y subjetivas convenientes para poder implementar una acción de tal naturaleza.
La posibilidad de alguna acción armada de cualquier tipo siempre ha estado latente en menor o mayor medida a lo largo de todos estos años. De ahí la necesidad de mantener en constante desarrollo y perfeccionamiento nuestras fuerzas armadas y jamás bajar la guardia.
Sin embargo, desde 1962 hasta ahora, no ha habido mayor peligro que en los momentos actuales.
En un trabajo de este autor titulado “Trump 2 no será igual a Trump 1: El Caso Cuba”, de diciembre de 2024, publicado en enero de 2025 se decía:
“Con relación a Cuba el nuevo presidente podría considerar dos alternativas:
– Continuar tratando de asfixiarla para que ocurra lo que llevan 60 años esperando. La situación en Cuba es hoy peor que nunca antes, sin Fidel, y con nuevas generaciones que no sienten ni actúan como las que le precedieron e hicieron la revolución, y que ya son numéricamente mayoría. Son principalmente los que han preferido irse, pero que si se les cierra la entrada a los Estados Unidos, podrían optar por un 11/7/21 multiplicado.
– O pueden concluir que si no ha ocurrido en 60 años no tiene por qué ocurrir ahora. En Cuba siempre se ha maniobrado para evitarlo y aún quedan recursos y modos para lograr que así continúe. Siendo así, queda el recurso de las conversaciones, las negociaciones, para aflojar, siempre y cuando Cuba acceda a ceder en algunos asuntos.
Si se pretende avanzar con éxito en esta segunda variante, se requiere de hábiles negociadores y disposición a ceder por ambas partes. Si la parte norteamericana resulta más inteligente de lo que habitualmente puede esperarse en un escenario de este tipo, entre un Goliat arrogante y un David que no se somete, y hace exigencias razonables, quizás pudiera avanzarse en algunos aspectos. Pero se sabe que Trump es un negociador implacable, muy seguro de sí mismo y de una personalidad soberbia y altanera que no acepta perder. Probablemente si no es al principio será después y vendrán las exigencias en temas de principio que toquen la soberanía e independencia, a los que Cuba nunca cederá. Parece bien difícil que esta variante pueda concluir con éxito. Al final la política de agresiones continuaría.”
Desde que se escribieron esas líneas algunas cosas han sucedido, y aunque la esencia de lo planteado mantiene validez, hay aspectos nuevos que requieren de nuevos análisis y ajustes.
Se decía en el mencionado trabajo “La situación en Cuba es hoy peor que nunca antes”… Desde diciembre de 2024 hasta ahora ha habido cambios sustanciales en este sentido. Si hace un año la situación era peor que nunca antes, ahora es significativamente mucho más mala que entonces. No haré un resumen detallado, baste decir que estamos con el combustible en cifras mínimas y el país sufriendo apagones de más de 12 horas diarias y sin perspectivas de soluciones a corto plazo; con nuestras dos principales fuentes de ingreso de moneda dura fuertemente deprimidas; el turismo en el piso, y varios países cerrando los contratos de profesionales de la salud cubanos.
Por otra parte, la política de la actual administración marca el claro deseo de hacer de los Estados Unidos la potencia mundial dominante y dueña absoluta del continente americano, mientras que Trump, con su personalidad megalómana y su delirio de grandeza, pretende pasar a la historia como el presidente más grande de la historia que fue capaz de devolver a su país el rol preponderante para el que fue seleccionado por el destino.
El exitoso secuestro del presidente Nicolás Maduro en Venezuela y posterior dominio del país tras apropiarse por la fuerza de sus recursos petroleros, la evolución hacia posiciones de derecha de varios países latinoamericanos en elecciones donde no vaciló en inmiscuirse a favor de los candidatos más conservadores que ahora responden fielmente a sus designios, la subordinación vergonzosa de la Europa Occidental y de otros países que han cedido a sus presiones económicas, entre otros acontecimientos que le han favorecido, le han envalentonado sobremanera. Todo ello lo ha convertido en un hombre sumamente peligroso, dueño por demás de los mayores recursos económico y el mayor potencial militar que recuerde la historia. Ahora además, con la colaboración de Israel, se ha lanzado en una aventura militar destinada a acabar con Irán para sí lograr el dominio total de esa región estratégica del Medio Oriente.
En los últimos meses Trump se ha referido varias veces a Cuba: “Cuba también va a caer”. “Podríamos terminar teniendo una toma de control amistosa de Cuba”. En otro momento dijo: “Bueno, es gracias a mi intervención, una intervención que está ocurriendo. Obviamente, de lo contrario no tendrían este problema. Cortamos todo el petróleo, todo el dinero… todo lo que venía de Venezuela, que era la única fuente”. «Quieren cerrar un acuerdo con tantas ganas que no tienes ni idea» “Queremos arreglar lo de Cuba pero debemos terminar esto primero”, dijo refiriéndose a Irán.
Trump dijo que Marco Rubio tiene contactos con dirigentes cubanos de muy alto nivel para tratar de llegar a acuerdos. Según revelaciones de Axios, Rubio está en contacto extraoficial con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, noticia que no ha sido confirmada ni negada por Trump o Rubio, y a la que en Cuba no se ha hecho referencia. Aunque a muchos en Cuba la noticia no le pareció creíble, no se deja de tener en cuenta el hecho de que el hijo de Castro, quien al igual que Raúl Guillermo no tenía representación oficial alguna en el gobierno, fuese quien llevara a cabo las negociaciones secretas de 2014 con representantes de la administración Obama.
Probablemente resultará determinante para lo que se decida por la administración Trump con relación a Cuba, lo que suceda en la guerra con Irán. Conocemos que Trump es especialista en mostrar sus derrotas como victorias y que la mentira es su principal arma política. Probablemente cualquier cosa que suceda la presentará como victoria, pero nadie deberá llamarse a engaño. Habrá que ver realmente cuales son los resultados de esta contienda, en lo estratégico, en lo político, en lo económico, en cómo lo ve la opinión pública norteamericana.
Si realmente Estados Unidos no alcanza sus objetivos, sus próximos pasos tendrán que ser más cautelosos, pero un triunfo claro sería para Cuba lo más peligroso, y serán mayores las posibilidades de que venga sobre nosotros con toda la determinación de cumplir su objetivo sin vacilaciones.
Independientemente de lo que ocurra en Irán, los cambios que ha habido tanto en cuanto a la situación en Cuba como en la agresividad de la política de Trump, sugieren que el margen de negociación que Cuba podía haber tenido hace un año antes de llegar a la raya roja de la soberanía, se ha deprimido, y que la perspectiva de acudir a la fuerza contra la Isla, si no se consiguen acuerdos, ha aumentado.
Aunque parezca que la tuerca de las presiones económicas no admite más vueltas, aún hay margen para apretar más y llegar hasta la casi asfixia total en busca de una revuelta popular que les permita el pretexto de la “intervención humanitaria” para poner fin a la represión que consideran sobrevendría.
Si ello no resultara suficiente aún, una acción militar no es descartable. A diferencia de momentos anteriores, hoy existen las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para ello. Una acción tipo Venezuela no parece propia para el caso de Cuba. Tampoco creo que consideren una invasión como la opción conveniente. Ataques selectivos contra instalaciones estratégicas de combustibles, comunicaciones, etc. con cohetes y bombas desde la distancia o altura, para procurar la asfixia total que puedan conducir a acciones populares masivas que justifique la intervención, podría ser la vía escogida.
No caben dudas de que Cuba está hoy en la situación de mayor peligro de su historia posterior a la Crisis de Octubre. Como nunca antes se requiere de inteligencia, determinación y preparación para enfrentar cualquier escenario que se nos presente. Si se llegase a tener que enfrentar la furia del imperio en el terreno militar, se hará con las fuerzas de nuestras armas y las ideas, como nos enseñaran José Martí y Fidel Castro.
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