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Elecciones legislativas en Israel ¿cambio o continuidad? Algunos apuntes

octubre 26, 2026   0

Crédito: NBC News

Los resultados alcanzados en las elecciones legislativas de finales de 2022, que condujeron a la formación de un gobierno de coalición de extrema derecha, con Netanyahu como primer ministro, reafirmaron el curso de acción seguido por el estado sionista en los últimos años, previo a ese desenlace, lo cual ratificó la agenda de seguridad como prioridad política, respaldado por partidos y alianzas que robustecieron su primacía.

Cuatro años después, no se aprecian cambios sustantivos, en un contexto en el cual prevalece el escenario de la guerra eterna sionista, dirigida a alcanzar tres objetivos clave, como resultan el cambio de régimen en Irán, el despojo total de los menguantes derechos de la población de Palestina ocupada, y avanzar en la construcción del Gran Israel.

Precisamente, Netanyahu ha sido baluarte esencial en la defensa de dichos propósitos, en medio de controversias no menos importantes en el propio sector de la extrema derecha y dentro incluso del gabinete, evidenciada en la arremetida genocida contra la población gazatí y la ocupación ilegal de un segmento importante del territorio, así como el patrocinio e implementación de la ilegal política de colonización, mediante la fuerza, en Cisjordania.

Según expertos, la extrema derecha israelí y, en particular, el propio Netanyahu cuentan con el respaldo suficiente de un segmento apreciable del electorado para sostener el curso de acción descrito[1]. Es decir, proseguir con las políticas de sustentación del sionismo más radical que, al mismo tiempo, han tropezado con la capacidad de gestión de la guerra por parte del denominado Eje de la Resistencia, que encabeza Irán.

Merece observar que pese a todos los esfuerzos y respaldos de su aliado estadounidense, Netanyahu no podido doblegar a Hamás y a Hezbolá libanés, de la misma manera que fue testigo de como Washington antepuso sus intereses con el diálogo y las negociaciones con Irán frente a la negativa insistente de Tel Aviv en este asunto concreto.

Por otra parte, este desenlace electoral abraza un interés que no es fundamental para la ecuación de cambio o continuidad, pero que sin dudas tendría cierto impacto doméstico, mucho mayor en la arena internacional, como así lo refleja la suerte política de Netanyahu, en este caso como jefe de gobierno, si tomamos en consideración que sobre su espalda pesan tres causas judiciales por corrupción, de diferente calibre, que siguen en pie.

Prevalece también la insatisfacción pública por la deficiente gestión de devolución de los ciudadanos israelíes y de otras nacionales tomados como prisioneros por Hamás, durante su ataque perpetrado el 7 de octubre de 2023. Pero tampoco pierde vigencia la interrogante persistente de si Netanyahu recibió o no las alertas pertinentes sobre el ataque a Israel de esa organización político-militar palestina, por los organismos de seguridad domésticos y foráneos de la región.

Los dos temas arriba apuntados gravitarán, de un modo u otro, durante el desenlace de la votación; todo lo cual, sin perder de vista un ingrediente principal de la política exterior de Trump 2.0, como es la injerencia en los asuntos domésticos de otros países, que en el caso de Israel no ha sido excepción, al interceder el inquilino de la Casa Blanca, en dos oportunidades públicas, en favor de Netanyahu.

Primero, ante el presidente Isaac Herzog en favor de sobreseimiento de las causas que se le imputan. Segundo, al señalarlo como su candidato favorito[2].

En este capítulo, no se puede perder de vista que está en juego la vigencia y, sobre todo, vitalidad de la democracia israelí que el gobierno de coalición de extrema derecha ha tratado subvertir mediante subterfugios de diferente sello, sin éxito aparente, al prevalecer la situación de guerra por fases en el país, por poco más de tres años hasta la fecha, siendo de la disminución (limitación) de las prerrogativas de la Corte Suprema de Justicia sobre diferentes asuntos de su competencia el más llamativo de los propósitos.

Tampoco el proceso de preparación de las elecciones legislativas del 27 de octubre estuvo exento de las maniobras de la extrema derecha, que trató de despojar el derecho de los partidos árabes[3] en los comicios; acción esta que fue desestimada por el frente judicial del país.

Para la actual administración estadounidense la presencia o salida de Netanyahu del gobierno, sobre todo para Trump, resulta no menos enigmática, si tenemos en cuenta el balance de los asuntos coincidentes y los desencuentros reinantes, sobre todo que esta es una figura política condenada a nivel mundial, por la implementación de políticas de genocidio contra los palestinos, no sólo por iniciativa propia, sino también impulsadas por los miembros del gabinete más extremistas, Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, y Betsalel Smotrich, ministro de Finanzas.

Sin dudas, el legendario político y primer ministro, líder del Likud, ha demostrado ser el estadista israelí que ha “conectado” mejor con el establishment estadounidense por décadas, en cuyo proceso ha disfrutado no sólo de las gestiones de las organizaciones sionistas en la superpotencia, como lo ilustra la AIPAC, sino también del Congreso republicano, a lo largo de décadas.

El desempeño personal de Trump en la defensa del primer ministro israelí es un hecho revelador, que marca un hito en la historia de las relaciones bilaterales entre los EEUU y el estado de Israel, que en el plano formal Washington había mostrado “prudencia” en cuanto al funcionamiento del tipo de democracia liberal para la población judía, en el ámbito electoral propiamente.

No debe pasar por alto que después de las negociaciones entre los EEUU e Irán, con las mediaciones de Omán y Pakistán, que condujo a la firma del malogrado Memorándum de Entendimiento, reclamado con pujanza por Teherán, Netanyahu retomó la amenaza “disuasoria” de la opción Sansón, con el empleo del arma nuclear, que sin apelo a dicha denominación Trump también hizo referencia, en su intervención en el alto segmento del 81 p.s. de la AGNU, ante lo cual queda abierto un escenario bélico, que no ha pasado inadvertido por el país persa.


[1]     Diessen, Glenn (2026). Lawrence Wilkerson: Saudi Arabia & Israel Could Disappear Soon. September 15, 2026. En:https://www.youtube.com/watch?v=ooxSWqD9QFE

[2]     Resulta creíble la posibilidad de que ante la más reciente escalada mediática impulsada por Trump, sobre una posible nueva oleada de ataques contra Irán, después de las elecciones medio término en los EEUU, Netanyahu sea el primer ministro israelí “más deseado”, como aliado estratégico, para llevar a cabo esta aventura mortal; máxime que el tema de la guerra contra el país persa ha ocupado espacio importante en un sector del electorado israelí.

[3]     Aparecen la Lista Conjunta, que encabezan Yúsef Yabarín y Ahmad Tibi, Se presenta como alternativa al «supremacismo» contra los palestinos. Incluye desde la izquierda árabe-judía y comunista de Jadash hasta el nacionalismo árabe de Balad y el enfoque más pragmático de Taal. No pertenece a ninguno de los dos bloques sionistas. Las encuestas le dan entre 7 y 8 escaños, frente a los 5 de 2022, y;  Raam, encabezado por Mansur Abás y Yoav Segalovich. Partido árabe, conservador y de carácter pragmático que se centra en avances tangibles, como frenar la oleada de criminalidad dentro de su minoría en Israel. Ha incorporado a un político judío israelí como número 2 e integró años atrás una coalición sionista. Podría conseguir hasta 5 diputados, los mismos que tiene actualmente. Ver: Newsroom Infobae (2026). Elecciones históricas en Israel: estos son los 11 partidos que se disputan la Knéset. 23 Oct, 2026 12:47 p. m. ESP En: https://www.infobae.com/america/agencias/2026/10/23/elecciones-historicas-en-israel-estos-son-los-11-partidos-que-se-disputan-la-kneset/


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