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Good bye Merkel: El juego de los partidos políticos en el escenario electoral alemán (II)

septiembre 6, 2021   0

Contexto económico y social

El 2021 no ha sido fácil para Europa y en particular para Alemania, si se tiene en cuenta el complejo escenario económico, político y social generado tras la pandemia de Covid-19 agudizando la crisis estructural del capitalismo a la que se asiste a escala internacional.

En Alemania, el impacto de este fenómeno se hizo sentir con mayor fuerza al condicionar la coyuntura económica, la cual se contrajo un 5% en 2020 según los datos ofrecidos la Oficina Federal de Estadísticas (Destatis, 2021); la segunda mayor recesión de la historia de posguerra del país.

Tras caer por primera vez en 18 años bajo los criterios de 60% de Maastricht, la relación de la deuda con el PIB de Alemania aumentó en 2020, llegando a 73,3% (Destatis, 2021). Por su parte, la demanda interna vista desde sus tres componentes esenciales de consumo privado, público e inversión, sufrió un considerable descenso ocasionado en gran medida por las paralizaciones transitorias en las cadenas de suministro globales que perjudicaron el camino de una economía dependiente de las exportaciones.

Entre tanto, el confinamiento obligatorio para contener la transmisión de la pandemia provocó una caída histórica del gasto doméstico del 6%, atenuada por el aumento un 3,4% del gasto público, en parte por la compra de material sanitario y de protección (Destatis, 2021.

De hecho, el sector manufacturero sufrió una fuerte reducción de su actividad debido a una demanda limitada tanto de los mercados internos como externos; mientras que el sector turístico y de entretenimiento se vieron afectados sus ingresos  por las medidas de distanciamiento social. En esa primera etapa de contención del virus, el gobierno asistió con las ayudas a las pequeñas empresas o a los trabajadores independientes, como fotógrafos, artistas, entre otros que se vieron imposibilitado para ejercer su trabajo debido a las medidas de confinamiento, se inyecto un paquete de más 50.000 millones de euros (Destatis, 2021).

Esta situación vino acompañada de un incremento del desempleo con todas las repercusiones que ello supone, que sitúa la cifra total 1,1% menos de personas con trabajo (477.000 menos que en 2019), aunque la tasa de paro con la que cerró el año fue del 5,7% (Destatis, 2021).

Por su parte, el gobierno de Angela Merkel para gestionar la situación generada por la pandemia, puso en práctica primero suspender las restricciones constitucionales al endeudamiento[1], por el cual Alemania va a contraer nuevas deudas con un aproximado de 156.000 millones de euros (DW, 2020), el paquete de ayuda esencialmente era para a las empresas y asegurar a los trabajadores.

Contexto político

Las elecciones federales de Alemania se celebrarán el 26 de septiembre de 2021. En ellas serán electos los 709 diputados del Bundestag que a su vez elegirán al canciller de Alemania para el período 2021-2025. El sistema electoral alemán está basado en la representación proporcional con barrera legal[2]. Este tipo de sistema limita el número de partidos con posibilidad de acceder a una representación parlamentaria de su electorado y, por lo tanto, afecta la decisión del votante, restringiéndola a los partidos con posibilidades de franquear esa barrera, y distribuyendo la totalidad de los escaños de manera proporcional entre los partidos que logren alcanzar 5% del sufragios a nivel nacional para obtener una representación parlamentaria.

Aunque el país se basa en un sistema multipartidario, el electorado concentra sus preferencias en los principales partidos que son: Unión Demócrata Cristiana (CDU) y Unión Social Cristiana (CSU): conservadores; Partido Socialdemócrata (SPD): centro-izquierda, social demócratas; Die Linke: izquierda; Partido Democrático Libre (FDP): centro derecha; Bündnis90/die Gruenen: izquierda / verde y Alternativa para Alemania (AfD): extrema derecha.

Como es bien sabido, las consecuencias de los sistemas electorales no se restringen a la relación entre votos y escaños y al efecto reductivo o no que se ejerce ya en el momento de votar, aspectos que se resumen en el debate científico en la cuestión de la fragmentación del sistema de partidos y la capacidad de éste de formar mayorías (unicolores) en el parlamento. Sobre la base de los últimos sondeos la composición del próximo Parlamento alemán sería la siguiente, no quiere decir quede de esta manera es proyección:

Fuente: https://www.estrategiasdeinversion.com/analisis/bolsa-y-mercados/el-experto-opina/la-economia-alemana-al-final-de-la-era-merkel-n-483279

Para los alemanes la elección será compleja por estar acostumbrados al liderazgo de Merkel, quien deja la política con un 66% de popularidad. Se trata de una figura que supo encarnar el papel del liderazgo ante complejas circunstancias: enfrentó la crisis económica (2008), la política de la austeridad de la UE (2010-2015), la crisis del euro, la crisis migratoria (2015), el Brexit (2016-2019), la relación compleja con Rusia y China, supo manejar la deteriorada relación con Estados Unidos en los cuatro años de presidencia de Donald Trump y la pandemia (2020-2021), todo lo cual ha influido en las decisiones políticas y económicas de Alemania y Europa. Sin duda alguna uno de los tres grandes cancilleres de la historia post guerra mundial de Alemania junto a Helmut Kohl y Konrad Adenauer.

De esta forma, quien asuma la cancillería deberá no sólo propulsar la reactivación económica tras el impacto de la pandemia del covid-19, lograr la vacunación masiva y mantener a Alemania en el eje fundamental del desarrollo europeo y de las decisiones que se tomen para la Unión Europea (UE), sino superar o al menos estar a la altura del legado de Angela Merkel.

Podemos decir, que el camino electoral comenzó con los comicios regionales en Turingia, de octubre 2019, como resultado salió ganador Die Linke, partido de izquierda; aunque solo obtuvo 29 de 90 escaños insuficiente para poder formar un gobierno.Por otro lado, el partido de extrema derecha AfD, logró obtener 22 escaños. De esta forma, se convirtió en la segunda fuerza política, impulsada por Björn Höcke, líder de la formación, además contó con el apoyo del 24% del electorado.

Tras varios meses de negociaciones entre los partidos regionales, a principios de febrero de 2020, Thomas Kemmermich, perteneciente al FDP fue electo como jefe del ejecutivo regional de Turingia gracias a los votos de la CDU y de AfD. La crisis sanitaria ha cambiado las lógicas de comportamiento dentro de los partidos conservadores tradicionales.

Esta votación provoco un terremoto político en Berlín, de manera tácita se rompió con el cordón sanitario que los partidos de la coalición de gobierno (la CDU y el SPD) tienen con el fin de detener la ocupación de cargos públicos de la extrema derecha.

Esta ruptura del cordón sanitario simboliza la vulnerabilidad del Brandmauer (contrafuego), la cual no permite que la extrema derecha tenga una influencia real sobre la política alemana. Para la CDU, su colaboración con la extrema derecha suscitó imputaciones comprometidas en torno a que la dirigencia de la CDU, al menos localmente, estaba lista para romper con el cordón sanitario. Lo ocurrido en Turingia nos ha dado una muestra del futuro político en Alemania: será  incierto.

La decisión de la CDU en Turingia tuvo consecuencia política, puesto que Annegret Kramp-Karrenbauer, Ministra de Defensa y líder de la CDU, presentó su renuncia a la dirección del partido, además de renunciar a la candidatura de ser canciller en 2021.

Devino un periodo de inestabilidad dentro de la CDU, cuatro candidatos para la carrera a la sucesión de Merkel: Friedrich Merz, representante del ala más conservadora de la CDU, por otro lado se encuentra Jens Spahn, Ministro de Salud del gobierno, quien se encuentra más inclinado a la derecha dentro del partido y ha destacado por criticar la decisión de Merkel de abrir las fronteras a los refugiados sirios en 2015; Armin Laschet, situado hacia el centro en la CDU, es Ministro Presidente de Renania del Norte-Westfalia; y por último, Markus Soder, líder de los conservadores bávaros.

Finalmente, el centrista Armin Laschet con su mensaje de una Alemania moderna, social y europea, se convierte en el candidato a la Cancillería en las próximas elecciones generales por el bloque conservador CDU/CSU de la era post Angela Merkel (Rodríguez Soler, 2021).

Pero Laschet, fue criticado por sonreírles a las cámaras mientras visitaba áreas afectadas por las recientes inundaciones en el estado de Renania del Norte-Westfalia, situación que lo coloca en el mes de agosto con un 21% de intención de voto. 

A partir del comportamiento del arco político en estas elecciones, no se prevé que ninguna agrupación política alcance la mayoría necesaria para formar gobierno, una posible coalición se puede dar entre SPD-Verdes-Die Linke.

A raíz de los acontecimientos ocurridos en Afganistán se ha debilitado un poco esa posible coalición, aunqueOlaf Scholz negó descartar asociarse con Die Linke, en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, señalando que cualquier gobierno alemán debe comprometerse a ser miembro de la OTAN.  Actualmente el partido Die Linke cuenta con una intención voto está  alrededor del 6%, pero dentro de sus propuesta de programa pide la abolición de la OTAN, situación que hace difícil la compensación política dentro de una coalición a pesar de ser de orientación de izquierda. 

Mientras tanto, la candidata de los Verdes Annalena Baerbock se alejó del Die Linke como posible socio para formar coalición, debido a la postura asumida de no apoyar el rescate de los ciudadanos alemanes y el ejército que se encuentra en Afganistán.

Como parte de la crisis global, y como todo Occidente, Alemania también se siente los efectos de la crisis de la política que se refleja en la permanente desafiliación que experimentan los principales partidos; la pérdida de identidad, representatividad y legitimidad, fundamentalmente este es el caso del SPD y de sus principales figuras, y en los cambios en la correlación de fuerzas dentro del espectro político, incluye un notable corrimiento a la derecha de una parte considerable del electorado.

En tal sentido encontramos a  los perdedores de la modernidad, es decir, aquellas personas que se han visto afectadas por la desaparición de sectores industriales, en Alemania la industria del carbón, el cambio tecnológico en la producción industrial y la creciente movilidad de personas que son percibidas como una amenaza para determinados grupos sociales de la población.

Es importante destacar que una de las cuestiones a considerar es que la clase obrera europea, concebida como una fuerza política y social, está atravesando un período de debilidad política y fragmentación de los últimos ciento cincuenta años. Y es precisamente esa debilidad la que se expresa en la deriva derechista de ciertos sectores de la clase obrera (Wen, 2021).

En realidad, la clase trabajadora industrial en Alemania representa entre un 15% y un 18% del electorado (Martínez Mas, 2021), una clase que vota por el SPD, a los izquierdistas de Die Linke y, los decepcionados con el SPD, al partido de extrema derecha a AfD.

Para Olaf Scholz candidato por el SPD a canciller para las elecciones generales de septiembre, con un programa cercano al “socialismo democrático”que lamentablemente, no está en el centro de la sociedad, ha llevado al partido a 25 % de la intención de voto en las encuestas. Con ese porcentaje se ubicaría como primera fuerza política, si el SPD puede unir los intereses de varios colectivos de intelectuales, trabajadores, empresarios y menos favorecidos, captar a los jóvenes, entonces puede llegar al poder.

Por su parte, los Bündnis90/die Gruenen (Verdes) están representados por Annalena Baerbock, quien tiene 40 años, madre de dos hijos, sin experiencia de dirección en el Gobierno y es la única mujer en la carrera para remplazar a la canciller Angela Merkel.

Según las encuestas, transitarán del 8,9% del voto obtenido en 2017 a un 16,5% en las próximas elecciones de septiembre, y pueden convertirse entre la primera fuerza del país y clave de un futuro gobierno de coalición ya sea con el SPD o con la CDU/CSU.

En estos momentos, Alemania no será el único país europeo con los verdes en el Ejecutivo, si se materializa la victoria a pie de urna. Están gobernando en coalición en seis países: Austria, Bélgica, Luxemburgo Finlandia, Suecia e Irlanda.

Siguiendo una ruta de los logros de los Verdes, encontramos que en las últimas elecciones al Parlamento Europeo en 2019, pasaron de 50 a 74 eurodiputados. Además, el partido verde francés (EELV) fue ganador de las municipales del 2020 obteniendo la alcaldía en ciudades importantes como Lyon, Estrasburgo, Burdeos, Poitiers, Besançon, Annecy y Tours (Graulle, 2020).

Varias cuestiones en el debate electoral han provocado un realineamiento político en el que han emergido nuevos temas. El enfrentamiento de un programa de izquierda-derecha no es el único; puesto que  aparece un nuevo eje sociocultural, que hace que una parte del electorado sea más propenso a votar por temas como igualdad de género, minorías, conciliación, medioambiente, entre otros. Los Verdes proponen un cambio de modelo económico moderado y lo combinan con una agenda progresista en términos sociales.

Los Verdes son el partido de grandes ciudades, como Berlín, Stuttgart, también de ciudades universitarias como Friburgo o Heidelberg, no de las zonas rurales y de los landes del Este. Se trata por tanto de un partido de las clases medias salidas del mundo académico.

En tal sentido, los votantes pueden diferenciarse con una plataforma política y coincidir con los postulados de otra, dando consecuentemente su voto a ésta última, llevando a cabo un acto de “protesta” al no votar a los partidos tradicionales y al mismo tiempo un acto de “legitimación” de una cierta postura política sea en este caso a Los Verdes o AfD. Entonces, el votante actual vota no en función del grupo social al que pertenece sino en concordancia con sus propias ideas e intereses políticos.

Sin duda, la crisis económica mundial, la crisis de refugiados y la pandemia de covid-19, han puesto a los partidos y movimientos marginales de extrema derecha en el centro de la política europea. A pesar de esto, las encuestas de opinión muestran que la tendencia del AfD, que comenzó con la crisis de los refugiados, ha terminado en gran medida, con una intención de voto de solo el 10% y 12%, no dejan de tener por ello una influencia en la agenda política y en el debate público.

Unido a esto observamos las manifestaciones ocurridas en distintas ciudades como Stuttgart, en Munich, en Frankfurt o Berlín que aparecen cada día en la noticias. Se trata de personas desfilando haciendo reivindicaciones de carácter xenófobo y racista. Podrían jugar un papel en el escenario electoral, es decir, constituyen el núcleo duro de los simpatizantes de tendencias extremistas.

Aunque se pueden considerar en la mayoría de los casos de “tribus urbanas” o “identidades políticas” sin ninguna afiliación política, individuos antisistema, pero difícilmente se pueda asegurar que constituyan la base electoral del partido AfD. El votante a los partidos de la extrema derecha no se considera él mismo como “antisistema”, sino que por el contrario tienen alguna posibilidad de influir en la toma de decisiones en el gobierno.

Algunos de los tanto mensajes que portan en sus pancartas  se pueden leer: “El abuso de poder también es un virus”, “Democracia, no virología”, “Por favor lávense las manos, nosotros les lavaremos el cerebro”, “Democracia, no Merkelatura” o “Distancias ante la vacunación forzosa”.De ahí, que el “éxito” de los partidos de extrema derecha va estar determinado por el grado de radicalismo de los partidos del mainstream.

En medio de la campaña electoral, los carteles de propaganda forman parte del juego político. La campaña de True Fruits identifica cada botella de un sabor con un partido político con representación en el Bundestag, que incluye al partido de extrema derecha AfD. Pero la cooperativa de supermercados Edeka, el mayor actor de venta minorista de alimentos en Alemania, prohibió exhibir a sus clientes los jugos de True Fruits con la marca de AfD. En los mensajes que aparecen en las botellas apunta a dos de los puntos del actual programa electoral del AfD: la salida de la Unión Europea y el regreso del servicio militar. No así en la botella del partido conservador CDU, se lee que “las bebidas y alimentos con mucho azúcar tendrán más impuestos”. En las de los liberales del FDP, dice “el salario mínimo será abolido”, en sus programas no se platean esas ideas.

Debe tenerse en cuenta, que los posibles votantes dormán parte de una generación cuya existencia transcurre a través de las redes sociales y la Internet. En ese espacio virtual es que reciben toda la información, la gran mayoría proveniente de fuentes dudosas. Esto también los expone aún más a un posicionamiento más radical de la realidad.

Estas tendencias persistirán en las próximas generaciones, teniendo en cuenta que todavía no son votantes, sino que siguen a “influencers” (influyentes) de todo tipo, más allá de que promocionen gustos, preferencia, emociones también pueden consumir consignas del nazismo. También los grupos extremistas alemanes han penetrado una red que mayoritariamente es un espacio utilizado por los adolescentes como Tik-Tok.

Por lo tanto, estas elecciones que determinarán la era pos-Merkel en Alemania son seguidas por varios países, particularmente en Europa. Alemania, junto con Francia, son los actores más significativos en la configuración de la política de la UE. Alemania mayor potencia económica de Europa, además aporta grandes sumas al presupuesto del bloque y tiene mayor influencia en las decisiones. Por esta razón, los países europeos se preguntan quién será el nuevo canciller y cómo será la política para la UE de Alemania. Entre los candidatos a canciller con más posibilidades están Armin Laschet de la CDU, la copresidenta de los Verdes, Annalena Baerbock, ésta última perdiendo su efecto de renovación política que quiere tener Alemania y el SPD con Olaf Scholz, el actual vicecanciller y ministro de finanzas de Alemania. Este panorama refleja una campaña que está totalmente abierta, con ninguno de los principales partidos con una clara ventaja.

Por lo tanto, el futuro es aún muy incierto, y son muchas las variables en juego. En cualquier caso el reto del nuevo canciller alemán es muy grande y será decisivo en el futuro de Europa.

Referencias bibliográficas

Cavalier, Bruno (2021): La economía alemana al final de la era Merkel, en https://www.estrategiasdeinversion.com/analisis/bolsa-y-mercados/el-experto-opina/la-economia-alemana-al-final-de-la-era-merkel-n-483279. Recuperado el 30 de agosto del 2021

Destatis (2021): https://www.destatis.de. Recuperado en agosto del 2021

DW (2020): Alemania aprueba un contundente plan económico contra las consecuencias del coronavirus. en https://www.dw.com/es/alemania-aprueba-un-contundente-plan-econ%C3%B3mico-contra-las-consecuencias-del-coronavirus/a-52891560. Recuperado el 20 de junio del 2021

Graulle, Pauline (2020): Elecciones municipales en Francia: lo que hay detrás de la “ola verde”, en https://www.avanzarcolombia.com/2020/07/06/elecciones-municipales-en-francia-lo-que-hay-detras-de-la-ola-verde/. Recuperado el 20 de junio del 2021

Raimundo Torrado, Fabio (2009): La crisis de los sistemas electores del mundo capitalista, Editorial Ciencias Sociales, La Habana.

Rodríguez Soler, Angel (2021): Alemania en tiempo de pandemia y Extrema Derecha (I), en http://www.cipi.cu/articuloalemania-en-tiempo-de-pandemia-y-extrema-derecha-i. Recuperado el 14 de junio del 2021

Stephenson, Wen (2021): ¿Qué puede ser peor que una catástrofe climática? Entrevista con Andreas Malm, en https://kaosenlared.net/que-puede-ser-peor-que-una-catastrofe-climatica-entrevista-con-andreas-malm/. Recuperado el 4 de agosto del 2021

Martínez Mas, Salvador(2021):   Los Verdes alemanes un partido «post-material», en https://www.niusdiario.es/internacional/europa/verdes-alemanes-partido-adinerados-acusado-querer-encarecer-vida_18_3151845383.html. Recuperado el 20 de julio del 2021

[1]La restricciones constitucionales al endeudamiento conocida  como el “freno de la deuda”, prohíbe al Gobierno federal endeudarse más del equivalente al 0,35% del producto interior bruto (PIB)

[2]Es una variante del d Hondt, en vez de emplear el cociente obtenido por la división del total de votos por el número de asientos, se rectifica este de manera que permita siempre asignar todos los asientos, bien rebajándolo algo o aumentándolo, según el caso, de manera que su división siempre de una cifra entera, sin resto alguno, más información ver: Raimundo Torrado, Fabio: La crisis de los sistemas electores del mundo capitalista, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2009.


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