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Hacia la 1ra Cumbre UE-CELAC. El estado de la relación política, ¿Nuevos escenarios?, ¿nuevos actores?, ¿nuevas estrategias?

enero 28, 2017   0

Teresita

 

 

MSc Gloria Teresita Almaguer González

En vísperas de la VII Cumbre Unión Europea América Latina Caribe, devenida Ira UE Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, el balance acerca del estado actual de los vínculos entre los dos grandes grupos de actores resulta estratégico. Y es que todo indica que estas relaciones se encuentran en un momento de bajo perfil, sobre todo en lo político. Relaciones que persiguen como principal objetivo la construcción de una llamada Asociación Estratégica Birregional, resultado de la Ira Reunión Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno latinoamericanos y caribeños y de la UE -1999-. Iniciativa que transita con más sombras que luces, explicable entre otros aspectos por las realidades que hoy cualifican a ambos grupos de actores. Un escenario en el que el bloque comunitario parece haber perdido tanto su capacidad de convocatoria para las regiones latinoamericanas y caribeñas, como su pretendido papel de referente de un modelo de integración y construcción social que al presente muestra descarnadamente las profundas incongruencias que siempre le caracterizaron, dadas las propias e insalvables inconsistencia del sistema que le engendró y a cuyos centros de poder responde. Lo cierto es que el proyecto de integración europeo se encuentra lejos de su mejor momento: hoy son sus propios cimientos los que se tambalean, justamente en parte de lo que define su esencia misma: la necesaria unidad. Situación potenciada por los impactos de la crisis económica global pero sobre todo resultado de la acumulación y agravamiento de problemas que le han venido afectando desde hace varios años. Conjuntamente, la crisis ha demostrado la inconsistencia de un modelo socioeconómico construido sobre los fundamentos de la hoy desmoronada ideología neoliberal –lo que de hecho le condenaba al fracaso-, y que lejos de ese propósito acentúo las profundas asimetrías existentes al interior del bloque, debilitándole y reduciendo con ello su posicionamiento en el complejo internacional. Pero además, la UE resultó fallida en otros de los “modelos” que intentó extrapolar hacia América Latina y el Caribe: el llamado “modelo de cohesión social”. Objetivo para el cual fue institucionalizado un mecanismo dirigido a lograr un presunto equilibrio entre la liberalización económica y sus efectos sociales, un proyecto hoy totalmente fracasado, si se toma en consideración que son precisamente los llamados, “países de la cohesión”, España, Grecia, Irlanda y Portugal, los más afectados por la crisis económica que afecta el bloque. Todo esto en un complejo escenario caracterizado por una crisis de los sistemas políticos, con la derechización creciente de las principales fuerzas en el poder que mantienen la defensa y aplicación del modelo neoliberal, cuyas políticas de ajuste ante la severa crisis económica que enfrentan actúan en detrimento de la calidad de vida de la mayor parte de las clases y grupos sociales. En síntesis, un escenario en el que al deslegitimarse el modelo de construcción social defendido por el liderazgo del bloque, se debilita la proyección exterior de éste y su supuesto papel de “potencia civil” y “actor normativo basado en valores”, el que ha sido reconocido como una especie de “identidad internacional” con la que sus grupos de poder intentan presentarse, “fuente a la vez de su “poder blando” y su influencia como “global player”. Un escenario asimismo, en el que cada vez resulta más difícil enmascarar el carácter imperialista de un proyecto de integración que responde a los intereses del gran capital trasnacionalizado de los grupos de poder, por demás, concentrados en un número muy reducido de Estados miembros, los que en realidad lideran la Unión. Una controvertida “Unión”, cuyas políticas, estrategias y acciones de relaciones exteriores, esencialmente aquellas que propugnan con el “Sur geopolítico”, más allá de la profusa retórica que les disfraza, se encuentran también en función de estos intereses que buscan posicionar y salvaguardar a través de articulaciones asimétricas, que en gran número de casos tienden a nuevas y sofisticadas formas de dependencia y neocolonialismo. Un escenario al mismo tiempo, en el que las relaciones con América Latina y el Caribe se ven afectadas por la difícil situación que enfrentan España y Portugal, en especial el primero; gravado por el ascenso al poder de las fuerzas de derecha que ya han dado muestras de incongruencias en el manejo de dichas relaciones. Sin dudas un escenario muy complejo para el avance de la llamada Asociación Estratégica, y de las relaciones en general, las que todo indica, tienden a ganar en horizontalidad y carácter simétrico; sobre todo porque a lo anterior se une un panorama muy diferente en el otro interlocutor, la partes latinoamericana y caribeña. Se trata de que, hasta el momento, los análisis y la praxis misma de las relaciones UE-ALC reconocían como una gran insuficiencia el hecho de que a diferencia del bloque europeo, duchas subregiones no constituían un actor racional, y ni siquiera una suma de ellos, sino simplemente, para el caso en cuestión, una denominación geopolítica de Estados con grandes diferencias y contradicciones entre sí, a pesar de una cierta unidad histórica y cultural. Pero a inicios de la segunda década de la presente centuria, la América Latina y el Caribe que se relaciona con el mundo es otra. Así, de acuerdo con la CEPAL, resulta destacable la aceleración del crecimiento en estas subregiones que se sostuvo en el 2012, dado el favorable desempeño de las economías de la región. Situación favorable que se combina con un renovador panorama político, el que no sin contradicciones se encuentra signado por la emergencia y consolidación de fuerzas en el poder, si bien muy disímiles en términos propiamente ideológicos, sí con determinado grado de convergencia en cuanto a la necesidad de buscar caminos propios para el desarrollo social a través del fortalecimiento la integración regional. Proceso ciertamente tortuoso en el que pueden identificarse dos momentos de inflexión: el surgimiento de la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, en 2008, y el nacimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en 2011. Un acto mayoritariamente considerado como reivindicativo ante el “Norte geopolítico” y sus instituciones de poder. En consecuencia, una región mucho más unida y fortalecida, que todo indica camina hacia una visión renovada cerca de su papel en el mundo, sobre todo en su diálogo con las potencias imperiales. Una posición igualmente muy matizada, y que ha venido construyéndose no sin escollos y retrocesos, pero que hoy parece emerger con determinada fuerza. En resumen, un interlocutor internacional que a pesar del déficit que representa el no constituir un actor racional, hoy muestra una asombrosa unidad en su diversidad -aun cuando sea sorteando muchas y muy marcadas diferencias-, se presenta distinto en la comunidad de naciones y comienza a exigir a los poderosos un tratamiento de igual a igual. Así, esta Ira Cumbre UE-CELAC podría constituir un importante punto de inflexión en las relaciones entre el bloque europeo y los países latinoamericanos y caribeños, y mostrar quizás un nuevo camino para su rediseño, en el que desde posiciones de mayor simetría se logre replantear el proyecto de construcción de una Asociación entre ambos grupos de actores, solo que ciertamente estratégica, ventajosa y viable para todas las partes por igual, con compromisos francamente cumplibles, y no con simples actos de intención. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia…. El artículo se publicó en Sección Europa, domingo, 20 de enero de 2012, y puede ser consultado en:

 


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