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“La importancia de fortalecer la cooperación bilateral entre Cuba y Rusia en los marcos del Nuevo Regionalismo dentro de la Unión Económica Euroasiática”.

marzo 26, 2021   0

Dr. C. Oscar Julián Villar Barroso. Profesor Titular e Investigador

Universidad de La Habana

Colaborador CIPI

 

El capitalismo se esfuerza por destruir a las dos fuentes de su riqueza:

el hombre y la naturaleza

Carlos Marx

 

La transición de un mundo unipolar a otro multipolar: Del viejo al nuevo regionalismo.

¿Qué tiene de malo el capitalismo, y cómo podemos cambiarlo?, es una interrogante que se reitera por estos días de pandemia. Realmente, el capitalismo ha transformado el mundo y aumentado la productividad de la economía mundial, pero a costa de un enorme sufrimiento humano y de destruir el futuro ecológico del planeta y eso es insostenible. Por tanto, si queremos que haya un mañana para todos, debemos articular un horizonte anticapitalista consagrado a la prosperidad humana.

En ese sentido, los cambios en las percepciones y en los paradigmas de la política y las relaciones internacionales se han transformado en un problema complejo, que se está manifestando con mucha fuerza en el último año, en medio de la crisis que ha provocado la pandemia del COVID 19, crisis que ha sacado a flote todas las falencias de este orden signado por el neoliberalismo, que no ha encontrado respuestas para el problema, un problema que nos ha afectado a todos, principalmente, al mundo desarrollado, aunque cueste trabajo creerlo, solo que los pobres somos los que más lo padecemos.

Pero para entender correctamente lo que ha venido ocurriendo, no podemos pasar por alto que la transición geopolítica del poder global en esta época se ha caracterizado por funcionar de manera aleatoria, es decir, entre la cooperación y el conflicto, lo que se agudizó desde la Primera Guerra Mundial, cuando debuta Estados Unidos, luego de intervenir en la guerra que libraba el pueblo de Cuba contra España por su independencia, como poder hegemónico imperialista de primer orden y desde entonces su presencia ha marcado los derroteros del sistema mundial, imponiendo al planeta su cosmovisión muy particular, pero eso ha comenzado a cambiar y en la segunda década del siglo XXI ya es asaz evidente.  

El estadounidense, a su vez, ha sido un nuevo modelo imperialista, muy distinto a los que impusieron las potencias coloniales europeas o Rusia en otras épocas y esto se explica porque se trata de un orden que partió desde un Estado sin pasado feudal, bioceánico, industrializado y sediento de poder, que sustentó su política expansionista en una serie de doctrinas de enfoque  fundamentalista como la del “Destino Manifiesto”; la “Doctrina Monroe” y la “Doctrina Mahan”, entre otras, y con ellas, y la fuerza, ha conseguido subordinar a sus intereses a las principales potencias alineándolas en torno al concepto de lo “Occidental”, que tiene como centro al Océano Atlántico y que se terminó de articular una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, para alcanzar su apoteosis después del derrumbe soviético y del socialismo real entre 1989 y 1991.

Este “regionalismo” Occidental se articuló cuando Estados Unidos y los países de la coalición antifascista se dieron a la tarea de diseñar el nuevo orden mundial, conocido como el Sistema de las Naciones Unidas, un orden bipolar, que en 1945 estrenó su flamante mandato, el mandato de los vencedores sobre el resto del mundo, que fue ejercido, “formalmente”, por una entidad fundada por solo 51 países y que hoy agrupa a 193, lo que es mucho más que un apreciable cambio cuantitativo.

Desde entonces, y hasta 1991, cuando se hundió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), este nuevo orden, también conocido como el de la “Guerra Fría” demostró estar preñado de apreciables disfuncionalidades de diseño y funcionamiento, que condujeron a no pocos momentos de peligro, incluso, de holocausto nuclear, y que además nació con la malformación congénita de estar sustentado sobre dos bloques antagónicos, sujetos a los principios más ortodoxos del realismo político y aferrados en sus posiciones a la amenaza del uso de la fuerza y la aniquilación nuclear incluida, si uno traspasaba la línea roja de la zona de influencia del otro o amenazaba los intereses de la contraparte antagónica.

Encabezados por las dos potencias más poderosas, al menos en el plano militar, los Estados Unidos de América (EE.UU.) y la URSS, se dieron a la tarea de crear una serie de mecanismos de integración, donde los países “aliados” de cada hegemón, eran alineados a sus intereses hasta que entre 1989 y 1991 se desintegró el sistema soviético. Esto fue interpretado, erróneamente, como que la experiencia civilizatoria judeo-cristiana occidental, encabezada por Washington, había resultado vencedora en esa contienda y no como lo que realmente ocurrió.

El politólogo francés Thierry Meyssan, aseguraba que: “…El Imperio estadounidense es el residuo hipertrofiado de uno de los dos contendientes de la guerra fría. La Unión Soviética desapareció, pero Estados Unidos sobrevivió al enfrentamiento y se aprovechó de la ausencia de su competidor para monopolizar el poder mundial…”[1].

Cuba y la URSS fueron aliados en esa época, sobre todo después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países el 8 de mayo de 1960, fueron amigos, muy buenos amigos, aunque eran dos actores dentro del campo socialista que funcionaban desde concepciones distintas, lo que no fue óbice para que a pesar de las dificultades que surgieron en algunos momentos, la relación fuera entrañable y lo sigue siendo.

Volviendo a la afirmación del politólogo francés anteriormente referenciada, comparto solo el criterio de que es el Imperio estadounidense un residuo hipertrofiado de uno de los dos contendientes de la Guerra Fría, pero como parte indeleble de ese sistema deberá ser superado por la historia, lo que se debe conseguir mediante la aplicación de una serie de principios de nuevo tipo en las relaciones internacionales en consonancia con los presupuestos del Nuevo Regionalismo.

En cuanto a su precedente, el viejo regionalismo, se impuso cuando Estados Unidos creó en 1949 un bloque militar extraordinario, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se transformó en el brazo armado de su política de “contención” del comunismo internacional a lo que siguió la creación de todo un conjunto de organismos internacionales regionales en las diversas áreas del mundo donde ejercían determinado dominio.

En América Latina esto se materializó con la creación en 1947 del “Pacto de Río”, el  Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un cadáver que Washington pretende reanimar de vez en cuando y que hoy es una entelequia inoperante, sobre todo después de que en 1982 los gobiernos estadounidense y chileno lo obviaran hipócritamente y apoyaran la incursión británica en Las Malvinas. En 1948 Washington hizo aprobar la Organización de Estados Americanos (OEA), que se ha comportado como su Ministerio de Colonias en la región y que hoy igualmente está siendo cuestionado con la instauración de una serie de organizaciones de creación autóctona.

Moscú, por su parte, respondió a Washington creando dos entidades de integración para los países socialistas con las que contrarrestar la ofensiva occidental: El Pacto de Varsovia, de carácter militar, y el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), entidades donde ejercía dominio cuasi absoluto, lo que tuvo su máxima expresión a partir de la puesta en práctica de la “Doctrina Brézhnev” para la alianza militar y que se traducía en la pérdida de la soberanía de los países miembros en función de los intereses del socialismo, aunque hoy se sabe que se refería más a los intereses soviéticos.

A ese tipo de orden, de uno y otro signo, es a lo que llamo el viejo regionalismo y ese viejo regionalismo fue el que acompañó a un sistema que hoy está en crisis y que urge superar, de ahí que nuestra tesis se orienta en ese empeño desde lo teórico y lo metodológico.

También es un hecho, que el mundo del 2021 ha cambiado muchísimo en relación al de 1945, incluso, bien diferente al de 1991. De ahí que este autor se halla resistido a asumir que la Guerra Fría terminó en ese año, y mucho menos, en que tuvo en EE.UU., un rotundo vencedor, lo que sería equivalente a aceptar la locura del fin de la historia y del último hombre del señor Fukuyama.

Por otra parte, la velocidad del desarrollo de las relaciones Internacionales es hoy tan desconcertante como no lo fue nunca antes. Los conceptos y paradigmas de hace solamente 15-20 años atrás, prácticamente ya están en desuso, porque el mundo hoy está altamente globalizado y además es interdependiente. La globalización es, a su vez, un fenómeno en plena dinámica y el signo “neoliberal”, que se le ha insuflado desde los círculos de poder, es absolutamente equivocado y autodestructivo, lo que se ha hecho muy evidente desde el estallido de la crisis por la pandemia del COVID 19.

En ese mundo neoliberal, las relaciones políticas internacionales se han caracterizado por su alta jerarquización a escala mundial, lo que ha ocurrido desde posiciones de poder y a este fenómeno, que se le conoce como “Reordenamiento del Poder”, un fenómeno complejo, se caracteriza por la imbricación de todas las problemáticas, lo que podríamos entender como la vinculación estrecha entre todos los problemas globales, algunos de nueva data, otros no, pero que desembocan en conflictos políticos y en su tratamiento, Rusia no siempre ha sido muy coherente por aferrarse al realismo de manera acrítica y a veces, confusa.

Tampoco existe hoy un solo tipo de capitalismo como se alega, sino varias formas, que se diferencian radicalmente entre si y que se encuentran en plena competencia, por lo que urge encontrar soluciones novedosas a los problemas del mundo, pero que deben ser globales y consensuadas, coherentes y respetuosas, pero para lo cual se deberán tener en cuenta los intereses de todos y diseñarse sobre la base de la “Responsabilidad”. En eso Rusia y China, como países contestatarios al orden mundial del “Consenso de Washington”, deberán afinar su mira y actuar como “Hegemónes Benévolos”, para poder liderar ese nuevo orden.

En ese sentido, soy del criterio de que las primeras aproximaciones a la solución de esta problemática se están manifestando desde la conformación de nuevos modelos de integración, que difieren de los de la posguerra en muchos de sus aspectos esenciales, conformándose una suerte de “Nuevo Regionalismo”, que ya comienza a dar sus primeros frutos, por lo que se le debe prestar toda la atención para superar las disfuncionalidades de entidades en crisis como la Organización de Estados Americanos (OEA), la OTAN, la Unión Europea (UE) o el fenecido Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) de los países socialistas y hasta la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En su lugar se vislumbran nuevas entidades integracionistas como la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA-TCP), la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR); la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y la Unión Económica Euroasiática (UEEA), que sin ser mecanismos perfectos, se han estructurado sobre otros principios. En este trabajo nos vamos a referir a esta última entidad, donde Cuba forma parte en calidad de observador y Rusia y otros países del espacio postsoviético están presentes.

Paralelo a lo anterior, en la Federación Rusa se ha articulado una corriente de pensamiento muy coherente e interesante, que ha comenzado a estudiar los vínculos entre Europa y Asia, la escuela “Euroasianista”, que nucleada en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Moscú-Universidad (МГИМО-У) y en la Universidad Estatal de Moscú “Mijaíl Lomonósov” (МГУ), entre otras entidades, han comenzado a generar una importante producción científica encaminada a promover los nexos entre Europa y Asia, y que se sustenta en un profundo enfoque histórico, al tiempo que se articula sobre la base de principios de cooperación y entendimiento.

En última instancia, el surgimiento de estas entidades no puede verse como algo casual, es la respuesta coherente a un fenómeno que no tiene solución, el neoliberalismo, que en los últimos cuarenta años ha puesto de manifiesto las disfuncionales del sistema mundo, agravadas por los conflictos de la Posguerra Fría, el establecimiento de un mundo unipolar y en el último año, por la pandemia de la COVID 19, que han hecho colapsar la institucionalidad internacional y los sistemas de salud en el primer mundo. Esto es parte de la crisis que sufren las instituciones del viejo regionalismo como la que condujo al CAME a su disolución y a la OEA a la crisis.

En su lugar han aparecido otros organismos que se han configurado sobre la base de otros principios que toman en cuenta las asimetrías, las diferencias socioculturales y que no se proponen competir con el resto de los organismos internacionales, sino articular nuevos escenarios de diálogo y desarrollo, lo que es una excelente oportunidad para dos países  bien distintos, distantes, pero muy cercanos, como Cuba y Rusia.

Es cierto que en sus inicios, el Nuevo Regionalismo estuvo matizado por algunos elementos del neoliberalismo, paradigma predominante en esa época, pero este se ha ido superando una vez que los Estados, sobre todo los contestatarios a este orden, fueron tomando protagonismo en los procesos sustantivos de la arena internacional y desbordadas las implicaciones meramente económicas y comerciales de los proyectos para avanzar en una evolución mucho más coherente hasta llegarse a cuestionar los fundamentos mismos del Neoliberalismo y del consenso de Washington. El Neoregionalismo de hoy se caracteriza, de manera general, por:

  1. La construcción de una relación de interdependencia-dependencia mutua, que no tiene que ser ni igualitaria ni simétrica, pero donde se respetan las diferencias y las asimetrías y se busca establecer la complementación entre los países bajo el principio de “Ganar-Ganar”. Esto le garantiza un mayor espacio para la interacción y la participación democrática.
  2. Desde sus estructuras se aboga por un orden internacional multipolar y democrático, donde prime la paz por encima de cualquier diferencia, en detrimento del Nuevo Orden Mundial impuesto por el consenso de Washington al mundo.
  3. Se hace énfasis en el respeto al derecho internacional y se asume el diálogo y la negociación como única vía para la solución de los conflictos entre las partes.
  4. Los temas de seguridad y defensa se analizan y resuelven en un espectro que trasciende y desborda el ámbito meramente militar y policial del problema, y donde los aspectos sociales y económicos tienen protagonismo en la toma de decisiones y la aplicación de políticas para conjurar las amenazas.
  5. Para que la entidad sea exitosa, todos tienen que recibir y percibir los beneficios.
  6. Existen espacios para la relación interestatal, pero también para otros tipos de actores como las organizaciones profesionales, juveniles, las ONG y otras entidades. También participan las empresas públicas y privadas.
  7. El desarrollo, en su concepción más general, suele ser la piedra angular de los trabajos en este nuevo tipo de organismo, en los últimos tiempos este se asume como desarrollo sostenible y sustentable, en armonía con el medio ambiente y sus habitantes.
  8. No se trata de mecanismos excluyentes, por lo que no se opone a la coexistencia de distintos esquemas de regionalización y que un determinado país participe de dos o más de estos mecanismos, tampoco se impide el ingreso a nadie debido a diferencias políticas, religiosas, raciales o culturales, ni de ningún otro tipo.
  9. Cada uno participa sin perder su propia identidad y los proyectos y programas no son vinculantes, son consensuados, por lo que se garantiza la plena libertad de cada miembro.

Para comprenderlo bien, en este trabajo proponemos una serie de conceptos y consideraciones teóricas y metodológicas que permiten no solo entenderlo todo, sino que implementar un nuevo tipo de relaciones que sustituyan un orden mundial caduco, que no es funcional y que va a acabar con el planeta y con la especie humana.

Lo primero que pongo a consideración del lector es la llamada “Doctrina Primakov”, que en oposición a la “Doctrina Kozirev”, se fundamenta en el concepto de la multipolaridad. Para él, el fin de la Guerra Fría no debía suponer el surgimiento de un orden internacional dominado por el bloque político-militar “victorioso”, sino en el reforzamiento de estructuras como el Consejo de Seguridad de la ONU, donde el diálogo y el acuerdo entre todas las potencias tuvieran un papel central, lo que fue percibido en Occidente como algo ingenuo.

Con ello se pretendió mantener la capacidad de Moscú para influir sobre los asuntos internacionales en un mundo en el que gran parte de su antiguo “bloque” del Pacto de Varsovia se apresuró a solicitar su ingreso en la OTAN. El otro pilar de la doctrina es la reorientación del Kremlin hacia el Este, la adopción de un enfoque “eurasianista” y el reposicionamiento de Rusia en Asia Central y el fortalecimiento de sus relaciones con China, la India y otros países aasiáticos.

Nuevo regionalismo: Trata de explicar una nueva forma de relación de amplio espectro entre dos o más Estados y que se encuentra todavía en construcción, tanto en lo teórico como en lo práctico y donde la soberanía de unos es respetada por los otros. Al propio tiempo, cuando hablo de “Nuevo regionalismo”, no solo me refiero a la integración entre actores que comparten los espacios físicos de los entornos regionales en el planeta, lo veo también en una perspectiva mucho más amplia, en un escenario que podría ser incluso un mecanismo transregional, como es el caso de la UEEA con la participación de Cuba.

Otro escenario de Nuevo Regionalismo lo es ya el “Ciberespacio” o “Tercer Entorno”, donde se desarrollan dinámicas muy interesantes que están transformando los espacios públicos de socialización e interacción humana mediante el empleo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC)[2].

De tal manera, el Nuevo Regionalismo o Neo regionalismo, también se le suele identificar como una forma de “regionalismo abierto”[3], por ser un conjunto de iniciativas políticas, culturales, sociales, económicas, científicas y de todo tipo, que comenzó a configurarse desde finales de los años ochenta con el propósito de crear o recrear mecanismos de integración regional en diversas zonas del mundo. 

Multipolaridad en las Relaciones Internacionales: Modelo de articulación de vínculos entre más de dos sujetos en la arena internacional, que constituye una fortaleza y una oportunidad para superar un modelo unipolar egoísta e insostenible. En ese sentido, el término “polo” presupone una suerte de alianza interestatal de alcance político, económico, militar, cultural, etc., entre un grupo de sujetos que se encuentra en plena condición de igualdad, de balance y de autocontención, aunque también en él encuentran espacios otros actores sociales fuera del Estado.

Organización de Cooperación de Shanghái (OCS): Es un modelo de integración geopolítica, conceptualmente novedoso, que pasó de la solución de problemas fronterizos a una cooperación regional multifacética y que integra a Estados cuyas experiencias civilizatorias, potencialidades, atributos geopolíticos y otros indicadores, son de diverso origen y desarrollo. Fundada el 14 de junio del 2001 está integrada por China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India y Paquistán, con el objetivo de compartir responsabilidades de seguridad en la región de Asia Central. En calidad de países observadores se encuentran Irán, Mongolia y Afganistán. Mientras que Belarús, Sri Lanka y Turquía son socios para el diálogo, en tanto Turkmenistán es un invitado permanente.

Semejante envergadura, polifonía de intereses, carácter transregional y pluralidad civilizatoria le convierten en un organismo sin precedentes en la historia; cuyos principios y métodos son muy superiores y favorables en materia de integración entre países con un desigual grado de desarrollo y poderío y que intenta generar ganancias para todos.

Pero por tratarse del relanzamiento de las relaciones de Cuba con Rusia, y con algunos otros países del espacio postsoviético, me voy a centrar en este trabajo en la Unión Económica Euroasiática (UEEA), una entidad a la que Cuba acaba de adherirse en calidad de observador y donde muchas de las características del Nuevo Regionalismo aquí explicadas nos permiten asegurar que una entidad como la UEEA cumple con prácticamente todas ellas.

Desde que se comenzó a mencionar a la UEEA, incluso, desde que se daban los primeros pasos para configurarla, aparecieron sus detractores quienes coincidentemente, tanto en Occidente como por medio de sus asociados en el espacio postsoviético comenzaron a señalar de que este era un intento de Rusia para recolonizar al resto de las repúblicas soviéticas, cosa que hoy es muy poco probable y que no puede ya ser un objetivo para Rusia.

Sin embargo, la creación de la UEEA es a su vez un propósito loable y objetivo, que tuvo desde sus inicios, allá por 1994, el apoyo de tres de las cuatro repúblicas más importantes de la extinta URSS: Belarús; Kazajstán y Rusia. Ellos tres unidos poseen más del 80% del potencial económico que tuvo toda la Unión Soviética cuando la integraban 15 repúblicas y se propuso, de inmediato, restablecer los enlaces socio-económicos que dejó el derrumbe soviético.

Un primer paso para la creación de la UEEA lo fue la constitución dentro de la CEI de la zona de libre comercio, que integraron 9 de las 15 repúblicas de la URSS (Armenia; Belarús; Moldova; Kazajstán; Kirguistán; Rusia; Tayikistán; Ucrania y Uzbekistán), pero esto no tuvo éxito por tres cuestiones fundamentales:

  1. La CEI no podía asegurar la realización coherente de un mecanismo de integración y desarrollo porque ella misma era lo contrario, una entidad para asegurar una suerte de “divorcio civilizado” entre los nuevos Estados postsoviéticos.
  2. Porque se propuso establecer relaciones de “libre comercio” y solo eso, y entre sujetos muy diferentes y no estableció principios para superar las asimetrías. Tampoco se interesó por resolver el montón de dificultades que enfrentaban en sus relaciones mutuas.
  3. En mayor o menor medida, cada uno de los países estaban inmersos en situaciones caóticas al interior de sus sociedades, a lo que no escapaba Rusia.

No obstante, el proyecto de integración se mantuvo a la espera de mejores condiciones y fue retomado durante el primer mandato de Vladimir Putin, hasta que finalmente, en 2010, quedó constituida la Unión Aduanera entre Belarús; Kazajstán y Rusia, que presupuso la adopción de un “Código Aduanero Unificado”; de una “Tarifa Aduanera Unificada” y un “Sistema Unificado de Regulación Tarifada y Exenta” que  permitió el inicio del libre movimiento de mercancías entre los tres países.

Consolidada la Unión Aduanera, los gobiernos de Minsk; Astaná[4] y Moscú dieron un nuevo paso en pos de la integración con la firma en el año 2013 del acuerdo que puso en marcha un “Espacio Económico Unificado” entre los tres y que se articuló sobre la base de 17 acuerdos fundamentales adoptados por una nueva institución: la Comisión Económica Euroasiática. Estos acuerdos se avienen con principios de la OMC y permitieron que al derecho al libre movimiento de mercancías entre los tres países se incorporara el libre movimiento de capitales; servicios y fuerza de trabajo.

El año 2014 fue fundamental, debiéndose firmar el 1ro de mayo, el acuerdo que dio vida a la Unión Económica Euroasiática fue rubricado el 29 de mayo, en ello influyó el golpe de Estado en Kiev contra el presidente Víctor Yanukovich y la reincorporación de la península de Crimea y la ciudad de Sebastopol a Rusia, lo que provocó justificados recelos en el mandatario kazajo, Nursultán Nazarbáyev, que fueron despejados por el presidente de Rusia.

Volviendo sobre Ucrania, se impone señalar que el golpe que dio al traste con la gobernabilidad en ese país y que lo ha convertido en un infierno, más que un golpe contra Yanukovich, lo fue contra la UEEA, con la cual el presidente ucraniano pretendía establecer algún tipo de cooperación al tiempo que se desligaba de un proyecto similar con la Unión Europea desventajoso para el país.

El acuerdo firmado el 29 de mayo fue ratificado por los respectivos parlamentos en octubre y dejó la vía expedita para la profundización de la integración entre las tres naciones firmantes y de paso permitió que fueran eliminadas las excepciones que permanecían y limitaban el total cumplimiento de las cuatro libertades declaradas. En tanto, durante los meses finales de 2014 se produjo la ampliación de la UEEA con dos nuevos miembros, Armenia, que se sumó el 10 de octubre y Kirguistán, que lo hizo el 24 de diciembre.

El 1ro de enero de 2015 entró en vigor el acuerdo y con él nació la Unión Económica Euroasiática, integrada por 5 de las 15 repúblicas ex soviéticas  y como un nuevo sujeto del derecho internacional en correspondencia con sus instituciones con lo que los países signatarios consiguieron establecer un marco institucional conjunto para su desarrollo, políticas coordinadas por sectores de la economía y una infraestructura común.

A la UEEA se unieron posteriormente, en calidad de observadores, Uzbekistán, uno de los grandes Estados de Asia Central y de los de mayor pasado histórico y cultural, Moldova y la República de Cuba. Nuestro país, una pequeña nación del Caribe americano, que sostuvo durante 30 años una especial relación de cooperación con la URSS y con cada uno de los miembros de la unión por separado, tiene en este escenario enormes posibilidades para desplegar sus potencialidades gestionar proyectos para su desarrollo integral y sostenible.

Potencialidades socio-económicas de la UEEA

La creación de esta entidad le ha permitido a los países miembros fortalecer posiciones en algunos aspectos importantes en la arena internacional, en algunos de los cuales ocupan los 1ro, 2do y 3er lugar a nivel mundial, como por ejemplo:

  • La UEEA ocupa el 1er lugar mundial en Territorio, con más de 20 millones de Km2; en extracción de petróleo, con 605,1 millones de toneladas y en extracción de gas con 710,2 miles de millones de metros cúbicos.
  • La UEEA ocupa el 2do lugar mundial en la producción de abonos minerales con 23 981 000 de toneladas y en la extensión de vías férreas con un total de 106 600 Km.
  •  La UEEA ocupa el 3er lugar mundial en producción de energía eléctrica con 1 183,2 de miles de millones de Kw/h; producción de leche con más de 44 millones de toneladas; en la producción de hierro fundido y de papa.
  • También reubica en 4to lugar en la extracción de carbón y la producción de trigo; en 5to en la producción de acero, en 7mo por la extensión de sus viales para automóviles y es 8vo en cantidad de población con 175 100 000 de habitantes y por el volumen del PIB total, que es igual al equivalente a 2 411,2 miles de millones de dólares.

Igualmente se impone destacar que el capital humano de estos países está plenamente formado, el índice de alfabetización es superior al 99% y casi el 25% tiene estudios superiores. Otra fortaleza de la UEEA radica en sus principios fundamentales de funcionamiento:

    1. Se sustenta en un coherente proyecto de desarrollo socioeconómico.
    2. Se articula sobre la igualdad de derechos, de jure y de facto, de todos los participantes.
    3. Toma en cuenta para su funcionamiento todas las normas y principios de la OMC.
    4. Todas sus decisiones y actividades se realizan mediante un régimen de absoluta transparencia

 

La política Industrial de la UEEA (Apartado XXIV del Acuerdo de la UEEA)

Objetivo de la política Industrial de la UEEA

Aceleración e incremento estable y sostenido del desarrollo industrial, elevación de la competitividad de los complejos industriales de los países miembros de la UEEA, realización de una colaboración efectiva orientada al incremento de la introducción de innovaciones y a la eliminación de las diferentes barreras que impiden una mejor articulación entre las diferentes ramas e industrias. Para ello se proponen:

  • Intercambiar y conciliar los planes de desarrollo industrial.
  • Elaboración y ejecución de programas conjuntos de desarrollo de ramas priorizadas de la economía para la colaboración efectiva entre los países miembros.
  • Ejecución conjunta de proyectos de desarrollo de infraestructuras y otros.
  • Proyectar de manera conjunta las investigaciones científicas y las actividades de perfeccionamiento de la experiencia tecnológico-productiva con el propósito de estimular la realización de actividades de innovación y desarrollo en las ramas de las tecnologías de punta y su introducción en la producción y los servicios.
  • Eliminación de las barreras a la cooperación para el beneficio mutuo.
  • Elaboración de las concepciones para la creación del proyecto del “Centro Euroasiático de altas tecnologías para la construcción de máquinas herramientas”

 

La política Agroindustrial de la UEEA (Apartado XXV del Acuerdo de la UEEA)

Objetivo de conciliar y coordinar la política Agroindustrial de la UEEA

Empleo efectivo y racional de los recursos y el potencial productivo de los países miembros de la UEEA para optimizar los volúmenes de producción agropecuaria y asegurar una producción de alimentos de primera calidad para cubrir las necesidades del mercado común exportar los excedentes agropecuarios de manera ventajosa en el mercado internacional. Al propio tiempo, incrementar la cantidad de “sovjoses” y “koljoses” de nuevo tipo altamente competitivos. Para ello:

  • Desarrollo balanceado de la producción y afianzamiento en los mercados de productos agropecuarios y alimentarios.
  • Aseguramiento de un intercambio justo de la producción agropecuaria y alimentaria y los correspondientes mercados para todas las personas jurídicas de los Estados miembros de la UEEA, incluido el acceso en igualdad de condiciones al mercado agropecuario común.
  • Unificación de las exigencias relacionadas con el tratamiento y manejo de las normas para la realización de las producciones agropecuarias y alimentarias.
  • Defensa de los intereses de los productores pertenecientes a los Estados miembros de la UEEA en los mercados nacionales e internacionales.
  • Aseguramiento de condiciones igualitarias para la competencia entre productores dentro de los marcos de los acuerdos para la política agropecuaria.
  • Elaboración y abastecimiento de todos los implementos e insumos para asegurar las producciones agropecuarias.

Las divergencias entre las partes por asuntos de financiamiento y/o subsidios a producciones industriales y agropecuarias, en primer lugar, se ventilan en la Comisión y en última instancia, de ser necesario las divergencias serán resueltas por el tribunal de arbitraje de la UEEA.

¿Es el Neomarxismo un nuevo paradigma en el debate Neo-Neo?

Llegado a este momento se impone una interpretación coherente a nuestra realidad cotidiana. En las páginas anteriores hemos visto como las doctrinas burguesas han servido para impulsar y justificar la guerra, pero nunca han sido capaces de garantizar la seguridad a sus ciudadanos y no tienen respuestas desde sus posiciones de fuerza para articular las dinámicas capaces de conjurar los peligros y amenazas de la nueva configuración de la sociedad globalizada, a partir de que aunque sus objetivos son los mismos, ya no sirven para asegurar un mundo seguro y funcional, sobre todo a partir de las nuevas dinámicas que deben enfrentar: las respuestas a estas problemáticas consideramos que las tiene el Marxismo.

¿Pero a cuál Marxismo me refiero?, definitivamente no puede ser el marxismo ortodoxo, doctrinario y anquilosado al que redujeron los soviéticos esta doctrina ideopolítica, incluso, tampoco puede ser una adaptación acrítica de la teoría de Marx y Engels en su estado natural, en este último caso no se trata de que no sean válidas, se trata sencillamente de que solamente servirían como punto de partida, que era a lo que al final aspiraban ellos mismos pues estaban conscientes, gracias a su pensamiento dialéctico, que serían superados en el tiempo y en el espacio. Es decir, que el Marxismo-Leninismo de hoy no puede ser ni euro centrista ni decimonónico. El mundo es mucho más que Occidente y estamos adentrándonos en la segunda década del siglo XXI.

Por tanto, no sería descabellado proclamar que estamos en presencia del resurgir de un nuevo Marxismo en esta época, que se comenzó a manifestar en la práctica mediante el accionar contestatario de los pueblos, sobre todo en América Latina, pero cuya tendencia es a la expansión por todo el mundo y que ha encontrado cuerpo a través de los movimientos sociales que han demostrado posibilidades de llegar incluso al gobierno en algunos países y de poner en jaque a las élites oligárquicas en otros, en contra de los partidos tradicionales y todo su aparato estructural y mediático y el apoyo irrestricto del imperialismo internacional materializado en el Norte.

Es de paso llamativo que estos movimientos, y hasta los gobiernos de esta orientación, abogan por el accionar pacífico y transparente en las relaciones internacionales mediante un modelo multilateral y pluricéntrico y se oponen a todo tipo de violencia, aunque en el último caso no desechen la acción armada para defenderse en caso de agresión, apostando a la cooperación y la integración mediante la complementación y sobre la base de políticas de fuerte contenido social[5], en este sentido y a su manera hasta la propia República Popular China, sobre todo después del XVII Congreso del PCCh, ha avanzado en esa dirección, lo que se hace patente en sus relaciones con sus vecinos centroasiáticos, tanto en el marco de sus relaciones bilaterales con cada uno de ellos como en el escenario multilateral de la OCS.

Otro elemento característico de este proceso es que no se construye desde un paradigma único, ni tiene recetas para todo como el malogrado socialismo real, este respeta y estimula el desarrollo del socialismo desde lo particular de cada modelo y en ello residen también sus fortalezas. Otro pilar importante es el protagonismo creciente de las masas y los sectores sociales en la vida política de la sociedad, desde la base hasta el nivel de Estado, e incluso en las relaciones entre los Estados y donde la cultura en cada caso, y el sentido de la responsabilidad social, se van consolidando como sus baluartes indiscutibles.

Sin embargo, esta práctica sistemática es nueva pero avanza en pos de su consolidación y con ello se está relanzando al Marxismo al debate teórico nuevamente, a pesar de todos los esfuerzos por impedirlo por parte de sus enemigos, que cuentan de paso con importantísimas herramientas mediáticas y comunicacionales para enfrentar esta lucha, como lo ha explicado el destacado sociólogo marxista estadounidense Erik Olin Wright[6]. Por su parte, el marxismo euro soviético, carente de la conciencia comunista y el espíritu revolucionario,  permanece estancado en el seno de sus múltiples y disímiles partidos comunistas en Europa y en el espacio postsoviético.

Considero oportuno señalar, y esto no es un ultraje a los clásicos, todo lo contrario, que en la actualidad, y desde los pueblos, incluso, desde los pueblos de Rusia y el espacio postsoviético, está brotando toda una nueva teoría revolucionaria de orientación marxista, es decir un Marxismo revolucionario, contrario al Marxismo ortodoxo y panfletario de la Guerra fría.

Este Neomarxismo que no se había manifestado todavía en lo teórico de forma abierta, sistemática e intencionada, ha sido el escenario que ha encontrado Fidel Castro, el último de los “caballeros” de la revolución socialista del siglo XX para relanzar con fuerza y veracidad un cuerpo teórico y metodológico coherente, contestatario del Nuevo Orden Mundial imperialista, que sirve de arma teórica para los nuevos combates que se le avecinan a la humanidad y que se desarrollaran, sobre todo en el ciberespacio y en el campo de las ideas, de ahí lo importante de aprestar las armas para esa nueva batalla.

Por tanto, consideramos que ha surgido y estamos en presencia de una nueva corriente revolucionaria, que se ha estructurado en torno a una suerte de Neomarxismo, que se ha erigido en un contendiente vigoroso en este debate neo-neo, que ya tiene su primera baja constatable en el Neoliberalismo a la que le tendrá seguir sin falta el Neorrealismo, por ser doctrinas contrarias a la esencia humana y el futuro pertenece a la paz con igualdad que es la única que garantiza a todos similares niveles de seguridad.

En ese nuevo escenario es donde se deben desarrollar las relaciones entre Cuba y Rusia, y serán efectivas si, y solo si finalmente Rusia comprende dos cosas, primero, que no hay espacio para ella en el mundo occidental, del primer mundo, y segundo, que deberá dejar atrás su parado imperial y comenzarse a comportar como un actor coherente y funcionar en calidad de hegemón benévolo en las relaciones con el resto de los países, en primer lugar, en sus relaciones con los países del espacio postsoviético, que formaron parte de la URSS, pero que fueron colonizados por el imperio ruso.

En cuanto a Cuba, su mayor desafío está, amén del bloqueo de los Estados Unidos, hacer que la eficiencia y la eficacia de su política exterior se manifieste también al interior de nuestra sociedad, sobre todo en la gestión de la economía y de los procesos sustantivos del país. Cuba tiene un importantísimo recurso para conseguirlo, su capital humano, pero tendrá que despojarse del exceso de burocratismo y lo que de él se deriva.

 

Consideraciones finales

Iniciado el 2021, es asaz evidente que la Sociedad Mundial es un sistema todavía por concebir, cuya característica más destacada frente a las anteriores es su multi o pluricentrismo, lo que es una fortaleza nada deleznable porque la difusión del poder es mucho mayor entre todos y las responsabilidades aumentan entre los países y hasta se comparten con otros actores no estatales, y en algunos casos, como es el de Cuba, las fortalezas no son vinculantes ni a su poderío económico o militar, pero si son muy evidentes en lo moral.

Entonces se puede asegurar, que aunque el proceso globalizador continúa atravesado por los ejes económico (financiero y comercial) y político (hegemonía, seguridad, comunicación), este comienza a ceder ante el incuestionable empuje de la multipolaridad, que todavía tendrá que andar un largo trecho para prevalecer, no obstante la historia más reciente nos permite asumir con justificado optimismo, que hoy podemos hablar de Sociedad Mundial como un sistema internacional en profunda evolución y en el que participan una cantidad creciente de actores.

De tal manera, no caben dudas de que estamos en presencia de un cambio de época y que este se está operando en todos los órdenes de la sociedad mundial, una sociedad que está transitando desde la bipolaridad de la “Guerra Fría” hacia una suerte de multipolaridad y donde se está rediseñando, luego del interregno “unipolar” que siguió al derrumbe soviético, un escenario signado por la configuración de nuevos modelos de integración internacional que solemos denominar “Nuevo Regionalismo”.

Otro elemento que no se puede soslayar, es el papel que juega el desarrollo y la expansión de las TIC en la configuración de una nueva sociedad internacional, desde los presupuestos de la propia globalización. La revolución científico-tecnológica que se operó en el planeta a partir del último tercio del siglo XX, provocó la aparición de cambios sustanciales en la vida de toda la sociedad, acortó distancias y facilitó la configuración de un nuevo escenario sociocultural para el intercambio entre las personas y la aparición de un nuevo aparato conceptual dentro de los estudios socioculturales y que tienen su eje central en el de la “Cíbercultura”.

Este nuevo espacio, Tercer Entorno”, por su alcance, magnitud y repercusión, está modificando los espacios públicos de socialización en todo el planeta y se ha convertido en una singular trinchera para el multiculturalismo, contrario al propósito de imponer al mundo una suerte de pensamiento homogeneizado producido en los centros hegemónicos de poder.

El Neoregionalismo o Nuevo Regionalismo no es otra cosa que la materialización de nuevas formas de integración a partir de la asunción de una manera diferente de relaciones entre las naciones a las que primaron durante la época de la Guerra Fría y que forma parte de una tendencia actual que está optando por configurar un mundo “desamericanizado”, proceso que está siendo encabezado por un grupo de potencias emergentes entre las que se encuentra Rusia, líder indiscutible de la UEEA.

La UEEA funciona a partir de una estructura dinámica y operativa y las decisiones se toman por consenso a todos los niveles. Para garantizar el cumplimiento de los principios de igualdad democrática funciona un órgano de arbitraje.

Este organismo viene demostrando que, a pesar de las diferencias políticas, de la diversidad cultural  y de las asimetrías existentes entre los países participantes, se puede alcanzar la cooperación y el progreso común. Además, los proyectos desarrollados al interior de cada una de ellas, así como los que se proponen, han contribuido a dar los primeros pasos para establecer un orden internacional más justo y racional dentro del espacio postsoviético y son un buen ejemplo para el resto de la “comunidad” internacional.

Entonces, es cierto que el capitalismo ha transformado el mundo y aumentado la capacidad de  producción, pero como ha sido a costa de la especie humana y de su ecosistema, el planeta, ha conducido al mundo a un atolladero. Por tanto, si queremos que haya un mañana para todos, debemos pensar un horizonte anticapitalista consagrado a la prosperidad humana, donde el centro del desarrollo sea el ser humano y no el capital, pero para eso se impone una transformación cardinal del mundo y de las relaciones entre las naciones y entre los hombres.

En tanto, me atrevo a asegurar, que es el orden neoliberal impuesto por Occidente, y que se reforzó en el mundo unilateral que siguió al derrumbe soviético en 1991, la baja más evidente en una época pos COVID 19, en sepultar al neoliberalismo definitivamente, Cuba y Rusia tenemos una tarea común.

 

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[1] Thierry Meyssan. “Hacia un mundo sin  Estados Unidos”. Red Voltaire. http://www.voltairenet.org/article180558.html

[2] Partiendo de la hipótesis de los tres entornos, se afirma que las NTIC posibilitan la creación de un nuevo espacio social, el espacio electrónico o digital, al que también se le denomina “Tercer Entorno”. Este se ha convertido en muy poco tiempo en un escenario lo suficientemente importante como para oponerlo a los otros dos grandes espacios sociales: la naturaleza (physis) y la ciudad (pólis).

[3] Bernal-Meza, Raúl (2005), América Latina en el mundo.  El pensamiento latinoamericano y la teoría de relaciones internacionales; Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano; p.  159

[4] La capital kazaja, donde se desarrolló la cumbre de la UEEA el 5 de febrero de 2021 con la participación de Cuba, cambió su nombre y ahora se denomina Nur-Sultan.

[5] En este sentido, el reconocimiento del propio presidente Obama en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, sobre la impronta que dejaba Cuba en América Latina y el mundo con sus médicos y colaboradores civiles estaba dejando en una posición de descrédito a los estados Unidos con sus intervenciones militares.

[6] Erik Olin Wright (1947-2019) enseñó Sociología en la Universidad de Wisconsin durante más de cuatro décadas. Autor de referencia en el estudio y análisis de las clases sociales, miembro destacado del denominado Grupo de Septiembre de «marxistas analíticos», prominente sociólogo y maestro estimado de sociólogos, fue un faro moral e intelectual de la izquierda. Fruto de un vasto empeño intelectual que se articula en torno a dos ejes, la comprensión de las clases sociales y la búsqueda de alternativas al capitalismo, nos lega una quincena de libros – dos de ellos publicados en Ediciones Akal, Construyendo utopías reales (2014) y Comprender las clases sociales (2018)–, infinidad de artículos y Real Utopías, un proyecto iniciado en 1991 que explora una amplia gama de propuestas y modelos para un cambio social radical.


 

Seminario: Rusia y Cuba en un mundo multipolar. Reacción ante las nuevas amenazas y la crisis del neoliberalismo. Problemas de la solidaridad y el patriotismo en el contexto de la ideología estatal.


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