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China

La Tercera Estrategia de Compensación estadounidense y sus resortes de contención hacia China

febrero 27, 2024   0

Desde mediados de la década de los años 90 del siglo XX el Departamento de Defensa estadounidense viene reforzando la utilización de  la Revolución en los Asuntos Militares como pretexto para justificar la reescritura de sus Doctrinas, la revisión de las estructuras organizacionales y el gasto de grandes sumas de dinero dedicadas a nuevos armamentos y sistemas de vigilancia.

Para el 2024 el presupuesto de defensa estadounidense aprobado ascendió a unos 886.000 millones de dólares, de ellos varios miles son para fortalecer la posición de Estados Unidos en el Asia-Pacifico y contrarrestar la influencia de China, entre otros adversarios identificados por los Estados Unidos.

La preocupación que existe en el orden estrictamente más político en cuanto al declive hegemónico ante el ascenso económico y comercial de China y Rusia, se trasladó al orden militar y se refugia, entre otros elementos, en la mencionada Revolución en los Asuntos Militares, y como parte integrante, por demás imprescindible, en la llamada Tercera Estrategia de Compensación.

Dicha Tercera Estrategia de Compensación (desarrollada anualmente con incrementados recursos monetarios y con el empleo creciente de tecnología de punta) es la llave que ha forjado Estados Unidos para garantizar su supremacía militar. Su desarrollo, en nuevas condiciones, guiará por las próximas décadas el planeamiento de la defensa del país y su consolidación será condición imperiosa para reforzar el Complejo Militar Industrial.

Tras el fin del sistema internacional bipolar los Estados Unidos se colocaron en la cúspide del orden mundial. En ese contexto histórico, el planeamiento de la defensa estadounidense estuvo marcado por  la reducción del gasto militar, la desmovilización de fuerzas, la reorganización de unidades, y la articulación de un orden hegemónico que impidiera emerger otro competidor regional o global. 

Para ello trazó una Segunda Estrategia de Compensación (sustitutiva de la que venía aconteciendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial) que prometía proporcionar a sus componentes armados el dominio militar frente a cualquier adversario.

Fundamentada en el liderazgo tecnológico-industrial del país y enfocada a ampliar la brecha militar con sus contendientes, parecía ser la solución a todas las interrogantes estratégicas presentadas ante los Estados Unidos.

Coincidiendo con el advenimiento de la era de la Información, la Informática, Internet, las comunicaciones por satélite, los sistemas de geo localización, la Robótica y la Inteligencia Artificial se han integrado en las diferentes unidades militares y puestos de mando estadounidenses, transformando sus procesos, prácticas, medios y capacidades.

Sus mayores beneficios radican en proporcionar una capacidad sin precedentes históricos para obtener, filtrar e interpretar vastos volúmenes de información de interés militar, compartirla con los usuarios que la necesiten de forma casi instantánea, y neutralizar cualquier posible amenaza con una rapidez y precisión sin precedentes.

Por lo tanto, no es extraño que los sensores C4ISR)  (sistemas de mando, control, comunicaciones, ordenadores, inteligencia, observación y reconocimiento, o las plataformas (invisibles a los sistemas de detección o dirigidas por control remoto) y las armas (de precisión o inteligentes) sean consideradas como los pilares de esa Revolución.

Los principales elementos funcionales y operativos estipulados en la denominada Tercera Estrategia de Compensación de las Fuerzas Armadas estadounidenses son:

  • Establecer en Red la conectividad a ordenadores, smartphones, tablets y otros dispositivos electrónicos, con el propósito de mejorar en la forma de concebir, planear y conducir las operaciones permitiendo a cualquier soldado conocer y controlar lo que sucede a su alrededor, bien sea reconociendo el terreno, identificando las amenazas, designando los objetivos o batiendo los blancos en función de su situación, amenaza o disponibilidad.
  • Mantener la actualización del funcionamiento del llamado   Sistema de Sistemas, que califica como el corazón de la Revolución en los Asuntos Militares; permite acumular una inmensa cantidad de información sobre el área de operaciones, convertirla en Inteligencia útil para las fuerzas que operan sobre el terreno y aprovecharla de inmediato para batir al adversario.
  • Desarrollar el componente operativo necesario para garantizar la funcionalidad de la Guerra en Red, un nuevo estilo de combatir fundamentado en el empleo de pequeñas fuerzas integradas en Red, organizadas en enjambres, distribuidas por el campo de batalla y capaces de batir los objetivos enemigos antes de que éstos se percaten de que han sido descubiertos.
  • Estimular nuevas formas de actuación (acción conjunto-combinada, operaciones rápidas, decisivas y basadas en efectos, enfoque expedicionario y consolidación de los dominios espacial y cibernético).
  • Incrementar la organización y flexibilización de las estructuras de Mando e Integración de las fuerzas operativas en Red y estilos de liderazgo (mando táctico descentralizado y control estratégico directo).
  • Aprovechar las Lecciones Aprendidas (Lesson Learned) en Irak y Afganistán, en cuanto a la detección de debilidades en el orden técnico comunicativo ante la lucha en los entornos fundamentalmente irregulares, explotar nuevas formas de combatir y concebir las operaciones conjuntas en las dimensiones terrestre, aérea, naval, espacial y cibernética, identificando al soldado como el eslabón más débil.
  • Ampliar la brecha tecnológico-militar con sus potenciales adversarios, reemplazar el tradicional modelo de presencia avanzada y proyección del poder, en funcionamiento desde la Segunda Estrategia de Compensación.
  • Velar desde el aparato doctrinal, y a través de los tres componentes de jerarquización, estratégico, operativo y táctico, que los distintos componentes armados tengan el mismo desarrollo con la Tercera Estrategia de Compensación, intentando eliminar el rechazo en la Navy (Marina), temerosa pues algunos de sus directivos consideraron que la Revolución en los Asuntos Militares podía convertir en obsoleta lo que calificaron como formidable Flota aeronaval y antisubmarina. 
  • Incrementar la capacidad del país para proyectar su poder bélico en entornos A2/AD (acciones de previsión operativas anti-acceso y de negación de área con el objetivo de contrarrestar e impedir acciones militares estadounidenses por parte de los adversarios): reforzar la disuasión convencional e imponer un elevado costo a los potenciales contendientes que pretendan competir con los Estados Unidos en materia tecnológica.
  • Mantener en el pensamiento estratégico para contrarrestarlo que los adversarios han estudiado las características de los nuevos estilos estadounidenses de combatir, y se han dotado de las tecnologías (sistemas C4ISR para digitalizar la zona de batalla, armamento inteligente para batir con precisión los objetivos enemigos y plataformas invisibles o no-tripuladas para entrar en áreas de riesgo) y capacidades (acción conjunta, Guerra en Red, operaciones especiales o Ciberguerra).
  • Respetar que la Ingeniería e Integración de Sistemas no sólo permite conectar todos los elementos de la Fuerza – soldados, plataformas, sensores o armas – en un Sistema de Sistemas que permite combatir en Red; sino que también garantiza la conectividad del ejército estadounidense con otras fuerzas aliadas, la fusión de Inteligencia de distinta procedencia o el despliegue de redes dinámicas de Mando y Control.
  • Combinar las capacidades heredadas (los sistemas procedentes de la Guerra Fría o que han entrado en servicio desde entonces) con el desarrollo de nuevos materiales y conceptos operativos que permitan al País combatir en toda la gama de las operaciones en múltiples Teatros de Operaciones de forma concurrente.
  • Reducir la dependencia estadounidense de las bases navales, aéreas y terrestres avanzadas.
  • Protegerse de la pérdida o degradación de los Satélites.
  • Aprovechar la presencia global de sus fuerzas aéreas y navales, la capacidad de respuesta de su aviación y misiles y la eficacia de sus plataformas no-tripuladas, con el empleo de insumos tecnológicos.
  • Explotar la capacidad de ataque estratégico de precisión para amenazar cualquier objetivo enemigo dentro o fuera del Teatro de Operaciones.
  • Liderar una nueva carrera de armamentos explotando las áreas tecnológico-militares puntales para Estados Unidos (como drones, Inteligencia Artificial, Ciberespacio, Guerra submarina, Ataque estratégico, Integración de Sistemas) y donde sus adversarios todavía carecen del “know-how” necesario.
  • Valerse de las alianzas con sus Socios para posicionarse estratégicamente y compartir costos y responsabilidades en la Defensa regional.

¿Qué puede preverse que suceda con la Tercera Estrategia de Compensación?

Si bien en múltiples ocasiones ha sido utilizada en similar medida para halagos o criticas sirviendo de plato de mesa a las tradicionales y para nada nobles disputas entre demócratas y republicanos, cierto es que en el propio ámbito militar esta Tercera Estrategia de Compensación al parecer no goza enteramente de un total apoyo (y su real efectividad será nuevamente analizada doctrinalmente en el 2030).

En primer lugar, porque un componente armado importante como es la Navy según la interpretación de los documentos de la citada Estrategia, está llamada ante un conflicto armado a permanecer con sus efectivos de manera física en el Teatro de Operaciones afectado, y hasta como parte de la posible creación de una Nueva Flota con el empleo del componente tecnológico. Con lo que se mantendría el concepto de Presencia Avanzada que desde la Segunda Estrategia de Compensación está mencionado como obsoleto, lo cual resulta estratégicamente una contradicción en la previsión de Política.

Los directivos de la Navy conocen que si el componente tecnológico falla, de acuerdo con el pensamiento de operatividad de fuerzas combinadas que aparece en las Doctrinas, pues el fracaso de las operaciones recaería sobre su Componente armado, y no están dispuestos a arriesgarse.

En segundo lugar, la Primera y la Segunda Estrategia de Compensación en opinión de expertos, poco aportaron a no ser por el hecho de dar a conocer elementos o tecnología de punta que en la mayoría de las ocasiones, por el escape consciente o inconsciente de la respectiva información sirvió para que los adversarios después de estudiar la información publicada por los Estados Unidos desarrollaran tecnologías similares o superior.

Los Grupos de Operaciones Psicológicas del ejército estadounidense en sus Manuales y Directivas cuentan como elemento estratégico con la necesidad de proteger la información clasificada alrededor de nuevos armamentos, tecnologías y componentes de avanzada. No obstante no han podido evitarlo, ni tampoco otros expertos y especialistas en Inteligencia.

En tercer lugar, según las estrategias del Pentágono, la prosperidad de los aliados estadounidenses en Asia depende de su libertad de acceso al Pacífico y al Océano Índico, condición indispensable para importar materias primas (en particular petróleo) y exportar productos manufacturados con toda tranquilidad. Y puede afirmarse que buena parte del tonelaje mercante pasa en la actualidad por el Mar de China meridional.

¿Cómo pudiera Estados Unidos actuar hacia China con sus componentes y fuerzas ante esos Retos y Desafíos?

La zona del Pacifico reúne a buena parte de la población mundial, a varios aliados clave y a algunos de los principales mercados económicos. En consecuencia los Estados Unidos continuarán concentrando sus esfuerzos en esa zona con el objetivo de responder a los cambios que puedan darse en la región.

Al intentar dominar las aguas chinas, Estados Unidos insiste en el latente peligro de una confrontación con Pekín, en la que la nación norteña involucraría a otros países de la región mediante un vasto proyecto geopolítico.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses aumentarán su peso institucional, su poder de proyección y de disuasión en el Asia-Pacífico, mediante la presencia de fuerzas navales, en particular con sus portaaviones y flotillas, así como con el componente aéreo a bordo de portaaviones y misiles de última generación.

Los estrategas estadounidenses calcularon que China y otros adversarios potenciales utilizarán medios asimétricos como submarinos, misiles anti buques, Ciberguerra, entre otros, para vencer o inmovilizar a las tropas estadounidenses.

En consecuencia las Fuerzas Armadas estadounidenses invertirán cuanto sea necesario para garantizar su capacidad de acción en el entorno A2/AD. Es decir, la prioridad actual de Estados Unidos continúa siendo la periferia marítima de Asia, y por ello independientemente de quizás lo que pudiera denominarse contradicciones en su accionar en cuanto a lo que aparece regulado en los principales documentos de la Estrategia, defiende fervientemente sus postulados principales.

Al respecto el contralmirante de la reserva Mark Montgomery, director senior del Centro de Innovación en Ciberseguridad y Tecnología de la Fundación para la Defensa de las Democracias, manifestó a Fox News la importancia de la Tercera Estrategia de Compensación, así como la necesidad de reforzar dentro de ésta lo relativo a la Inteligencia Artificial y al Aprendizaje Automático para mejorar la precisión y la velocidad en la toma de decisiones militares.

Montgomery destacó las posibilidades tecnológicas actuales de los componentes militares de los Estados Unidos en la posibilidad real de procesar rápidamente grandes volúmenes de datos de vigilancia, lo que permitirá, entre otras cuestiones, identificar cuando los adversarios como China realizan ejercicios militares de preparación combativa, y cuando son movimientos ofensivos reales.

A fin de cuentas se cumple lo escrito por George Friedman, fundador de la Consultoría de Inteligencia Estratégica, Stratfor, en su obra The Future of War (El Futuro de la Guerra), cuando expresó que los Estados Unidos es una nación tecnológica, siendo precisamente la sofisticación de su tecnología el principal símbolo del Poder; que continúa enriqueciendo de manera primordial, agrega este autor, las arcas del Complejo Militar Industrial estadounidense.

A modo de Conclusión

Alejados del ánimo de ser alarmistas, debemos considerar que al volcar Estados Unidos nuevamente su atención en la supremacía tecnológica como herramienta para garantizar la hegemonía política y orientar latentemente la estrategia hacia China, corre el riesgo de convertir un hipotético conflicto entre Washington y Pekín en una profecía auto cumplida en el orden de una confrontación armada que pudiera adquirir una connotación nuclear.

Se hace necesario continuar estudiando las manifestaciones, y hasta derivaciones de lo que acontezca en relación con la Tercera Estrategia de Compensación, puesto que al no ser un elemento doctrinal que esté enteramente consolidado, pudiera sufrir variaciones importantes que servirían para analizar y pronosticar el accionar de las Fuerzas Armadas estadounidenses, tanto de manera global como en el especifico Teatro de Operaciones Militares del Pacífico.

Es este un primer acercamiento al Tema. En un futuro Trabajo abordaremos otros elementos sobre este particular.

Referencias Bibliográficas

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Colom, Guillem. Rumsfeld Revisited: La Tercera Estrategia de Compensación Estadounidense. En: Revista UNISCI Journal No 38. Recuperado el 21.2.2024.

Colom, Guillem. Los límites del poder militar estadounidense. En Revista Política y Estrategia. No 116/10. Academia Nacional de Estudios Politicos y Estrategicos. Chile. Recuperado el 21.2.2024.

Fernandez Montesinos, Federico. La rivalidad naval en el Indo-Pacífico. En: https://ieee.es Recuperado el 21.2.2024.

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