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Las relaciones Sino USA bajo el mandato de Donald Trump

abril 4, 2017   0

Equipo de Asia, CIPI

Las relaciones sino-estadounidenses se han caracterizado por la simultaneidad de la competencia, la contención y la cooperación, y una creciente interdependencia que ha evitado que las tensiones bilaterales deriven en una ruptura total. Con la llegada de la Administración Trump se aprecian la inestabilidad, fragilidad e imprevisibilidad de la relación, que pudiera implicar cambios sustanciales. El paradigma de la contención estratégica y de seguridad contra China, combinado con la cooperación en temas de interés bilateral, global y multilateral, pudiera cambiar hacia una relación con mayores niveles de confrontación y una reducción de los espacios de cooperación.

Donald Trump capitaliza los sentimientos de frustración en amplios sectores en EE.UU., que atribuyen a China responsabilidad por la decadencia económica, social y geopolítica sufrida por los EE.UU. Acusan a China de afectar los intereses de los EE.UU. mediante prácticas comerciales desleales, manipulación cambiaria, robo de propiedad intelectual, tratamiento preferencial a sus empresas estatales, acceso restringido al mercado y sectores de China, y contribuir a la reducción de sus espacios a nivel global.

Trump cuestionó un fundamento básico de la relación bilateral: la ¨Política de una sola China”, si bien retornó posteriormente a la línea tradicional. Ello refleja la falta de una estrategia coherente y acabada, así como las contradicciones internas de su equipo en relación con la política a seguir con China, el estilo del presidente de negociar desde posiciones de fuerza, y las características de su personalidad.

La política exterior de Trump buscará afianzar más agresivamente el hegemonismo estadounidense y la contención de China. Su enfoque, mezcla de chovinismo y unilateralismo, implicará la consecución priorizada de los intereses de los EE.UU., lo cual implicará una reevaluación de sus alianzas, un repliegue de los mecanismos multilaterales y preferencia por el abordaje bilateral.

En síntesis, las relaciones entre China y los EE.UU., como consecuencia de la nueva administración, deberán promover o catalizar las siguientes tendencias:

Las contradicciones económicas y comerciales entre China y EE.UU., uno de los ejes de la relación bilateral, se ampliarán e intensificarán. Temas como el desequilibrio comercial, la determinación de la tasa de cambio del yuan, la pérdida de empleos e industrias en EE.UU., la protección a la propiedad intelectual, la apertura y desregulación de sectores de la economía china generarán zonas de conflicto. Trump deberá tomar medidas proteccionistas sobre estos temas, sin desembocar en una guerra comercial total.

Es previsible un incremento de los aranceles a ciertas importaciones provenientes de China. Se maniobrará con la calificación de China como “manipulador de divisas” por EE.UU., y el no otorgamiento a China de la condición de “economía de mercado” en la OMC, temas que se usarán como motivo de sanciones y contrapartida en negociaciones bilaterales. También se prevé la imposición de mayores derechos antidumping y compensatorios sobre un número mayor de importaciones procedentes de China. En tal escenario, la OMC deberá ser espacio de mayor confrontación entre China y EE.UU.

China se beneficiará de la retirada de los EE.UU. de la Asociación Transpacífica (TPP) y de la visión selectiva y bilateral de Washington respecto de la apertura comercial y de inversión. Las negociaciones de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP) se acelerarán, y el foro se convertirá en el principal mecanismo de asociación económica en Asia. Proyectos como el Área de Libre Comercio de Asia Pacífico (FTAAP), la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (OBOR) y su Fondo, así como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), consolidarán la influencia e interdependencia de China con la región y el resto del mundo.

EE.UU. fortalecerá su despliegue militar en la región. La política de rebalance deberá mantenerse, con más insistencia en la descentralización de los roles y la compartición de costos por sus aliados. EE.UU. aumentará sus intercambios, asistencia técnica, ejercicios conjuntos y venta de armamento, y desplegará armamento estratégico en mayor número y proximidad a China.

Beijing fortalecerá aún más sus fuerzas, especialmente las aéreas, marítimas y estratégicas. Se incrementarán las operaciones de “libertad de navegación” de la Marina estadounidense y sus aliados en el Mar del Sur de China, con lo cual escalarán las tensiones en dicha región. China desarrollará una política exterior más asertiva en las zonas en disputa a nivel regional. Las tensiones sobre Taiwán continuarán y podrían incrementarse, sin alterar el status quo. Los conflictos de China con Japón sobre delimitaciones marítimas se complejizarán e incrementarán. EE.UU insistirá en que China aumente la presión sobre la RPDC. La probabilidad de un conflicto militar entre ambas partes es baja. Se mantendrá el interés regional porque continúe la influencia de EE.UU. en la región para asegurar el equilibrio de fuerzas, la contención, y mayores beneficios económicos.

El probable acercamiento de Trump con Rusia no fracturará el carácter estratégico de las relaciones sino-rusas. ¿?

El deterioro de las relaciones entre EE.UU y América Latina fortalecerá y diversificará la presencia y alcance de China en la región, lo cual reduciría la tradicional dependencia económica regional hacia Washington.

La relación bilateral se caracteriza por importantes tendencias estructurales que actuarán como barrera de contención contra su ruptura: 1) El intercambio comercial bilateral alcanza los 659.400 millones de dólares. 2) EE.UU. ha invertido 75.000 millones de dólares en China, y emplea a 1.6 millones de trabajadores. 3) La inversión extranjera directa china en EE.UU. alcanza 15 mil millones y emplea a 100.000 trabajadores estadounidenses. 4) Más del 70% de la reserva de divisas de China (3.1 billones de dólares) está denominada en USD; de ellos, 1.22 billones en bonos del Tesoro de Estados Unidos. 5) En el año académico 2015-16, 328.547 estudiantes chinos en instituciones estadounidenses generaron $11.430 millones en ingresos. 6) En 2014, los turistas chinos gastaron $ 24 mil millones en los Estados Unidos. En 2015, 2,6 millones de turistas chinos visitaron Estados Unidos.

Las complejidades del ejercicio del gobierno, las contradicciones de intereses de los grupos económicos, las fuerzas a favor de la multipolaridad y las realidades de la globalización económica impactarán las estrategias de Trump. A corto plazo, EE.UU. podría mantener la presión y los costos asociados a una guerra económica con China, pero sería insostenible a largo plazo. China tratará de minimizar las tensiones, mostrando disposición a la negociación, siempre que no estén en juego sus intereses vitales. Estados Unidos y China deberán impulsar las negociaciones a fin de concluir un Tratado Bilateral de Inversión (BIT), como vía para canalizar los reclamos económicos bilaterales. Es previsible que, al igual que en administraciones anteriores, tras momentos de tensión, Trump se avenga a una relación donde disminuya la confrontación y se abran algunos espacios de cooperación, si bien la rivalidad estratégica se mantendrá.


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