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Los objetivos estratégicos de la administración Trump, su implementación y resultados

abril 5, 2026   0

Crédito: Reuters

I. Introducción

La segunda administración Trump tiene dos objetivos estratégicos fundamentales: Imponer en el país una agenda conservadora, y hacer de Estados Unidos la potencia dominante del mundo. La forma en que se implementan estos objetivos, está fuertemente marcada por la personalidad megalómana de Trump.

Para poder llevar a cabo estos objetivos era necesario que Trump se rodease de un equipo de gobierno compuesto por funcionarios cuyo único requisito era que fuesen leales a él. Esta condición lo distingue del de su primer mandato donde había hombres escogidos por sus conocimientos y aptitudes.

También se requería de un Partido Republicano totalmente bajo su control. En el Comité Nacional del Partido, Trump puso de presidente a un hombre de su total confianza y a su nuera como copresidenta. Mediante la utilización de diversas tácticas que iban desde endosar a los aspirantes que se identificaran plenamente con él, buscar y apoyar a candidatos fieles para oponerlos en primarias a congresistas titulares que no lo fuesen, hasta el empleo de amenazas a estos y sus familiares con la ayuda de sus fanáticos MAGA, Trump logró que la totalidad de los congresistas de su partido se le plegasen.

Al tener el Partido Republicano mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, el presidente tendría el respaldo del Congreso para lograr la consecución de sus planes. Para enfrentar cualquier eventual adversidad, o simplemente para ganar tiempo obviando procesos dilatados en el Congreso, Trump ha acudido frecuentemente a las órdenes ejecutivas. Sólo en las primeras 24 horas anuló de un plumazo 78 órdenes ejecutivas de Biden y firmó 42. Al cabo del primer mes ya había firmado 73.

El presidente cuenta a su favor con una Corte Suprema de Justicia compuesta por seis jueces conservadores y tres liberales. La Corte ha fallado numerosas veces a favor del presidente en varios asuntos de su mayor interés, incluyendo entre otros, el tema de las deportaciones de inmigrantes, y el de limitar el poder de las cortes federales en poner pausa a sus órdenes ejecutivas.

Un recurso muy utilizado por Trump para lograr sus objetivos es el de declarar estados de emergencia. Alegando que Estados Unidos es una nación en crisis, declara un estado de emergencia para enfrentar “la crisis”, aprovechando que esta le otorga poderes especiales. En sus primeros 14 meses en la presidencia ha declarado 13 estados de emergencia: para detener la inmigración en la frontera sur, para enfrentar el tráfico ilícito de drogas en la frontera norte, para declarar a carteles organizaciones terroristas, para imponer tarifas a numerosos países, entre otras. En enero de este año declaró emergencia nacional a Cuba por considerar que representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos.

Trump ha gozado de más poder que cualquiera de sus antecesores y su presidencia ha sido conceptuado por algunos politólogos como una “presidencia imperial”. El desconocimiento y transgresión de leyes y hasta de la propia Constitución, ha sido motivo de preocupación y llamados de alerta sobre los peligros que se corren de llegar por ese camino a la eventual implantación de una autocracia en el país.

II. Agenda conservadora

Trump ha declarado que considera a Estados Unidos una nación plagada de discriminación contra los conservadores y ha conformado una administración de hombres con criterios afines encaminada a cambiarla.

La agenda conservadora de su administración es amplia y contiene numerosos aspectos. Algunos de los más significativos son:

  1. Reducir el tamaño del gobierno y su nivel de gastos.
  2. Beneficiar a los sectores más ricos a expensas de los sectores más pobres.
  3. Alcanzar una sociedad donde aumente la proporción de personas de la raza blanca y disminuya la de no blancos.
  4. Imponer restricciones a los derechos de los grupos de personas transgénero.
  5. Revertir la tendencia de utilizar energía limpia a favor del uso de los combustibles fósiles.
  6. Imponer una política conservadora en las instituciones pensantes como universidades, centros culturales, instituciones, etc. y la prensa.
  7. Disminuir la presencia y participación de Estados Unidos en sus compromisos internacionales.
  8. Utilizar el recurso de la fuerza cuando lo estime necesario.

Un breve resumen de las acciones que se han ejecutado:

  1. Para llevar a cabo reducciones en la estructura federal, nombró al multimillonario Elon Musk al frente de una institución creada a tales efectos y a la que denominó Departamento de Eficiencia Gubernamental, cuyo propósito era hacer un gobierno más pequeño y eficiente a través de una drástica reducción de personal y gastos.
  2. El proyecto destinado a beneficiar a los sectores más ricos mediante la reducción de impuestos, y a recortar los programas de ayuda y otros beneficios de los que disfrutan las partes más pobres de la sociedad estadounidense, quedó recogido en una ley que Trump llamó “grande y hermosa”, discutida ampliamente y aprobada finalmente en el Congreso, aunque en el Senado necesitó del voto decisivo del vicepresidente Vance, en su condición de presidente del Senado, para romper el empate.
  3. Con la expulsión masiva de inmigrantes ilegales considerados no blancos provenientes en su mayoría de México, Centroamérica, el Caribe, al tiempo que se alienta la inmigración de europeos y sudafricanos blancos, se evidencia la naturaleza racista de Trump y la elite gobernante.
  4. Lo que ha caracterizado a esta administración es la agresividad en los arrestos que llevan a cabo en viviendas, centros de trabajo, iglesias, en plena calle y hasta en los tribunales cuando alguno ha acudido en busca de información o ayuda. La construcción acelerada de centros que parecen campos de concentración y las deportaciones ilegales a cárceles en terceros países, constituyen otras de sus deplorables iniciativas.
  5. La animadversión de los sectores conservadores contra las personas transgénero se ha visto reflejada en las políticas que implementa la actual administración contra estos a través de la suspensión de fondos, exclusiones y amenazas.
  6. Desde el primer día, Trump declaró una “emergencia energética nacional” que permitió revertir muchas de las regulaciones ambientales de la era Biden y abrir más áreas a la exploración de petróleo y gas. Además, firmó una serie de órdenes ejecutivas destinadas a revitalizar la industria del carbón y ha retirado a su país de toda una serie de acuerdos y convenios internacionales relacionados con este tema.
  7. La administración Trump ha emprendido la lucha contra varias universidades, incluyendo algunas de las más prestigiosas. Los argumentos utilizados son que toleran actividades antisemitas en sus campus o que admiten la participación de mujeres transgénero en competencias deportivas. En realidad, esta hostilidad tiene raíces más profundas. Durante décadas, los conservadores han mirado con recelo a las elites de la educación superior por los programas de admisión de acción afirmativa, los programas de enseñanza que consideran y pretenden difundir el pensamiento progresista, y la presencia de profesores liberales. Los centros culturales no han escapado a esta política y ahora intentan convertirlos en instrumentos ideológicos destinados a reforzar su agenda conservadora. Algunos órganos de prensa también han sido víctimas de estas políticas.
  8. Como parte de su proyecto de liquidar el actual orden internacional e imponer la supremacía de Estados Unidos como potencia dominante, Trump ha abandonado unos 70 organismos o acuerdos multilaterales.
  9. Trump ha mostrado una acentuada propensión a enviar tropas a ciudades norteamericanas, alegando que era necesario para combatir las protestas de inmigrantes ilegales y los altos índices de criminalidad. En todos los casos se ha tratado de ciudades lideradas por el Partido Demócrata, culpando a los “demócratas radicales de izquierda” por convertir a estas ciudades en lugares muy inseguros.

Al margen de la agenda conservadora, durante el primer año de la presidencia de Trump, en el país han tenido lugar acontecimientos que por su importancia requieren ser mencionados. Uno de ellos es el nivel de corrupción que favorece el enriquecimiento desmedido de Trump, su familia y círculo de allegados. Otro, la furia con la que ha cargado contra enemigos, rivales y todo aquel que en algún momento se le ha enfrentado.

La corrupción

Para el historiador Matthew Dallek, “Trump es el político nacional más descaradamente corrupto de los tiempos modernos. Se enorgullece de su avaricia, exhibiéndola como un signo de éxito y astucia”. Su fortuna personal aumentó en 4 000 millones de dólares sólo en 2025; tanto que ha avanzado 118 posiciones en la lista Forbes de las 400 personas más ricas de EE.UU. Ahora ocupa la posición 201, con un patrimonio de 7 300 millones de dólares.

En el Oriente Medio, Trump y su familia tienen acuerdos multimillonarios con actores de la región. Según ha documentado The New York Times, el dinero que la familia de Trump está trayendo de allí va a parar a sus cuentas personales a través de diversas empresas; y no es sólo del Medio Oriente. Por otra parte, él y sus familiares se benefician directamente de la venta de sus criptomonedas al recibir una comisión sobre la inversión. La revista Forbes estima que ganó alrededor de mil millones de dólares en criptomonedas en el lapso de varios meses, aproximadamente una sexta parte de su patrimonio neto.

Otra manifestación de corrupción lo constituyen los beneficios que reciben algunos aliados y personas que contribuyen financieramente con él. A varios de estos o a sus familiares, ha concedido indultos o conmutaciones de penas. Ello ha generado una demanda de intermediarios de indultos con conexiones en el círculo de Trump, quienes cobran hasta un millón de dólares o más a personas que enfrentan cargos o penas de prisión.

Trump ha eliminado los límites éticos y desmantelado los instrumentos de rendición de cuentas. Según The New York Times, “ha despedido a los inspectores generales del gobierno y a los vigilantes de la ética y ha instalado a simpatizantes leales para dirigir el Departamento de Justicia, el FBI y las agencias reguladoras, y ha dominado a un Congreso que no está dispuesto a celebrar audiencias”.

Las manifestaciones de corrupción de Trump no se circunscriben al tema económico. Sus relaciones con el pederasta multimillonario Jeffrey Epstein, convicto por abuso sexual y tráfico de menores, han sido objeto de investigaciones. En estas, aparecen fotos de Trump con Epstein y varias mujeres, y una lista de denuncias que incluye acusaciones a Trump por violación.

La falta o poca indignación que provocan estos hechos de corrupción del presidente ejemplifica hasta qué punto ha cambiado en el país la tolerancia y aceptación de conductas impropias de sus líderes.

Atacando a enemigos y rivales

Trump ha cargado con furia vengativa contra estos. Algunas de sus víctimas son aquellos que le persiguieron o desafiaron políticamente. Sus acciones, y a veces solamente sus amenazas, han llevado a algunos de aquellos a los que ha perseguido a cambiar su comportamiento y aceptar sus exigencias. Ha empleado tácticas que incluyen demandas ante tribunales, despidos de puestos gubernamentales, retirada del security clearence e intimidación pública.

Funcionarios y ex funcionarios que de alguna forma estuvieron involucrados en el impeachment o en alguno de los procesos legales a los que fue sometido, oficiales de inteligencia que firmaron una carta donde se sugería que el contenido de la laptop de Hunter Biden podía ser desinformación de Rusia, y más de una docena de fiscales que trabajaron para el consejero especial Jack Smith en dos investigaciones criminales en contra suyo, han sido parte de sus víctimas.

También ha utilizado medidas similares contra abogados de firmas que han trabajado en investigaciones sobre él o sus partidarios. Algunas firmas han cedido y se han plegado ante sus demandas. Cuatro bufetes de abogados que el año pasado decidieron combatir la campaña de intimidación ilegal del presidente han obtenido la razón en sus demandas ante los tribunales.

Otros funcionarios y personalidades, incluyendo periodistas y órganos de prensa que en algún momento le han atacado o sus comentarios le han afectado su desbordado ego, han sido víctimas de sus venganzas. Contra algunos de estos ha establecido demandas y han terminado pagándole fuertes sumas de dinero.

III. Potencia dominante del mundo

La administración Trump ha abandonado el multilateralismo con el objetivo de promover y avanzar los intereses de EE.UU., y ha planteado por voz del subsecretario de la Casa Blanca y uno de los principales ideólogos de la administración, Stephen Miller, que “vivimos en un mundo real que se gobierna por la fuerza. Somos una superpotencia y vamos a comportarnos como tales”. Según Stephen M. Walt en The Predatory Hegemon, publicado este año en la revista Foreign Affairs: “Esta estrategia no constituye una respuesta coherente ni bien meditada al resurgimiento de la multipolaridad; de hecho, es precisamente la forma equivocada de actuar en un mundo con varias grandes potencias”.

Al desaparecer la Unión Soviética y el campo socialista, el mundo dejó de estar dividido en dos polos de poder. El dominio de los Estados Unidos como potencia única del mundo, no tuvo larga vida. El asombroso desarrollo económico y tecnológico de la República Popular China y su rápido crecimiento militar, el predominio de Rusia en la región de Europa Oriental/Asia del Norte y su extraordinario potencial militar, y el nacimiento de la Unión Europea por una parte y de los BRICS por otra, ha cambiado la correlación de fuerzas y ha traído como consecuencia un mundo multipolar. Los sectores de la elite del poder en Estados Unidos, actualmente en el gobierno, pretenden convertir a su país en el polo dominante.

Desde los primeros instantes de asumir su segundo mandato, el presidente Trump dejó constancia de sus intenciones. La conquista de nuevos territorios por cualquier vía, el poder hegemónico sobre sus aliados, y el dominio absoluto del continente americano, constituirían elementos centrales de estas en sus intentos por hacer de Estados Unidos la potencia global dominante. Un indicio que no podía pasar desapercibido fue el cambio de nombre del Departamento de Defensa a Departamento de Guerra.

Ha planteado convertir a Canadá en el estado 51 de la Unión, recapturar el control sobre el Canal de Panamá, adquirir el extenso territorio de Groenlandia por cualquier vía. No vaciló en cambiar el nombre del Golfo de México por el de Golfo de las Américas (Estados Unidos), y hasta pretendió quedarse con un amplio territorio costero en Gaza y hacer allí una especie de Riviera Francesa de su propiedad.

Trump está implementando nuevas variantes para extender su poder utilizando su supremacía económica en las relaciones comerciales con otras naciones. Para ello utiliza como arma principal la imposición de altos aranceles, y como armas complementarias, el chantaje, las presiones y las amenazas. Prácticamente todos los países se han sometido a su política de fuerza, incluyendo a sus principales aliados. Solamente China, por su poderío económico y la firme determinación de su dirigencia, lo ha enfrentado con éxito.

La imposición de aranceles también constituye un tipo de sanción frecuentemente empleado por Trump contra países cuyos líderes han planteado algo o actuado en algún sentido que lo contraríen. Esta práctica está motivada en buena medida por la arrogancia y prepotencia propia de su compleja personalidad megalómana que no admite oposición.

A pesar de su lema “America First”, y su manifiesta intención de “hacer grande a Estados Unidos nuevamente”, concentrándose en resolver los problemas internos, prometiendo poner fin a las llamadas “guerras eternas”, y afirmando que “yo no voy a comenzar guerras, yo voy a parar guerras”, en apenas un año al frente del gobierno el autoproclamado “presidente de la paz” se ha convertido en “el presidente de la guerra”.

Si bien Trump ha planteado que él ha detenido ocho guerras, y que por ello debería otorgársele el Premio Nobel de la Paz, lo cierto es que ninguno de estos ocho conflictos armados ha sido resuelto por él. En algunos casos el cese de las hostilidades se debió a otras gestiones, mientras que, por otra parte, la mayoría de estos conflictos continúan.

Pero la realidad de Estados Unidos en lo referente a conflictos armados en el exterior, queda reflejada en un artículo publicado por el Council on Foreign Relations(CFR), prestigiosa institución destinada al estudio de la política exterior de Estados Unidos y las relaciones internacionales, a la que a nadie se le ocurriría considerar de izquierda o progresista:

“Desde su regreso al poder, Trump ha expandido progresivamente el uso de la fuerza militar en el extranjero. En 2025, aprobó la ampliación de las operaciones antiterroristas, que incluyeron bombardeos en Irak, Nigeria y Somalia. También ordenó al ejército estadounidense atacar las instalaciones nucleares de Irán, respondió a los ataques contra militares estadounidenses en Siria y atacó a los militantes hutíes en Yemen. A principios de 2026, tras meses de despliegue militar en el Caribe y ataques estadounidenses contra supuestos barcos de narcotraficantes, Estados Unidos bombardeó Venezuela y capturó a su líder, Nicolás Maduro. A finales de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán después de que Trump declarara el fracaso de las negociaciones nucleares.”

Uno de los aspectos principales de la estrategia de la actual administración para hacer de Estados Unidos la potencia global dominante, es reimponer la Doctrina Monroe de América para los americanos; doctrina que Trump, con su delirio de grandeza ha rebautizado como Doctrina Donroe. Su objetivo principal es el dominio total del continente americano, zona muy rica en recursos naturales (petróleo, minerales estratégicos, agua, etc.), procurando impedir, o torpedeando en lo posible, la competencia de otras potencias, sobre todo de China.

Además de procurar contar con gobiernos aliados en la región, otros intereses de primer orden para Estados Unidos en este lado del mundo son: poner fin a la emigración descontrolada, impedir o disminuir al máximo la entrada de drogas, principalmente fentanilo, recuperar el control del Canal de Panamá, y poner fin a los que considera “regímenes ilegítimos” en Venezuela, Cuba y Nicaragua.

En este contexto, Trump convocó en Miami a una cumbre de países con gobiernos afines a la que asistieron 12 presidentes o primeros ministros. La denominó “Cumbre del Escudo de las Américas”, dijo entre otras cosas que el objetivo de esta es “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad”, advirtió que “no permitirá la influencia extranjera” en América, y habló sobre su intención de crear “una nueva coalición militar”. También se refirió a la estrecha relación que mantiene con la actual presidenta de Venezuela, y dijo que Cuba está en “sus últimos momentos de vida” y que pronto llegará un “gran cambio” a La Habana.

En Venezuela, con el pretexto de luchar contra el tráfico de estupefacientes, y tras acusar falsamente a su gobierno de estar cooptado por cárteles de la droga y a su presidente Nicolás Maduro de ser el líder de un inexistente “Cartel de los Soles”, envió al Caribe una flota compuesta por seis destructores, cruceros, buques de asalto anfibio, un submarino, el portaviones más grande del mundo, numerosos bombarderos, aviones de combate y 15 000 hombres. Sobraban dos dedos de frente para comprender que una fuerza así pretendía algo mucho más allá que atacar lanchitas con narcotraficantes.

Como los nuevos piratas del siglo XXI, asaltaron en alta mar los barcos petroleros que salían o entraban a Venezuela apropiándose del combustible. Así fueron dejando al país sin su principal fuente de ingresos. Poco después lanzaron una operación militar especial, secuestraron al presidente Maduro y su esposa y los llevaron a Estados Unidos para ser juzgados. Luego de estar Maduro en los EE.UU., reconocieron que el Cártel de los Soles” no existe. En la actualidad Venezuela está gobernada por Delcy Rodríguez, quien fuera vicepresidenta de Maduro, y que según Trump goza de su total apoyo y está en permanente coordinación con Marco Rubio. Estados Unidos controla toda la venta del petróleo venezolano, les entrega a estos el por ciento de ganancia que estimen le corresponde, y supervisa sus gastos.

Cuba desde los primeros instantes en que Trump asumió el poder, fue reintegrada a la lista de países patrocinadores del terrorismo, reactivado el Título III de la Helms-Burton, y restablecida la Lista Restringida de entidades cubanas. Están llevando a cabo con algún éxito una labor destinada a lograr que los países que reciben brigadas médicas cubanas cancelen los contratos. También han tomado medidas para evitar que lleguen remesas desde Estados Unidos a sus familiares en Cuba. En enero de este año Trump declaró emergencia nacional a Cuba por considerar que representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos.

Al ostentar pleno control sobre el petróleo venezolano, Trump ha cerrado completamente esta vía de suministro de combustibles a Cuba. Además, decretó la imposición de altas tarifas a cualquier país que suministre combustible a Cuba. Estas agresiones están produciendo largos e incómodos apagones que ocasionan serios trastornos en la conservación de los alimentos y el bombeo de agua en los hogares cubanos, ha reducido considerablemente el transporte, ha obligado a cerrar o reducir el tiempo de trabajo en fábricas y otros centros de trabajo, ha lesionado sensiblemente la producción en el campo, incluso ha obligado a suspender los viajes de varias líneas aéreas de otros países al no poder echar combustible en Cuba, y ha obligado a otras medidas extremas que dañan los servicios de educación y salud, entre otras afectaciones importantes.

Cuando se cerraba este trabajo llegó la noticia de que un barco ruso con una ayuda humanitaria consistente en 730 000 barriles de petróleo arribaba a la bahía de Matanzas, y unas declaraciones de Trump diciendo que permitiría que se suministre petróleo a Cuba “por razones humanitarias”. Habrá que ver los verdaderos motivos de este aparente giro de 180 grados en su política de asfixiar al pueblo cubano y cómo evoluciona todo este asunto en las próximas semanas y meses.

IV. Resultados y perspectivas

En el primer año de su segunda administración, Trump y su equipo de gobierno han trabajado como en una carrera contra el tiempo. Actúan tratando de alcanzar en muy corto plazo, objetivos que requieren de años para su plena implementación. Han tenido éxito en algunos aspectos, pero en otros casos los avances son parciales, manipulados por los voceros del gobierno y algunos medios afines a este, circunstanciales y sin la certeza de que puedan llegar a consolidarse, o simplemente han sido un fracaso.

Como resultado de la política de reducción de personal y gastos, cerca de 300 000 trabajadores federales perdieron su empleo y se ha cancelado o pausado cientos de miles de millones de dólares en gastos y subvenciones federales. Los demócratas de la Cámara calculan que el gobierno ha retenido 410 000 millones de dólares en fondos aprobados por el Congreso. Por otra parte, el cierre de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha cancelado los programas de ayuda a otros países, lo que se estima podría significar 14 millones de muertes en los próximos cinco años.

Se calcula que como resultado de la reducción de impuestos propuesta por la administración y aprobada por el Congreso en lo que Trump llamó “Una Ley Grande y Hermosa”, en los próximos 8 años el 10% de los que más ganan verán aumentar sus ingresos en un 2,7%, mientras que el 10% con ingresos más bajos verá caer los suyos en un 3,1%, debido principalmente a los recortes a programas como el Medicaid y la ayuda alimentaria. Además, 10,9 millones de norteamericanos perderán la cobertura del seguro médico.

La aplicación de la anunciada política relativa a la inmigración ilegal contempla la expulsión de estos del país y el control de la frontera sur. Durante el primer año casi tres millones de inmigrantes indocumentados abandonaron Estados Unidos, incluyendo 2,2 millones de autodeportados y 675 000 deportaciones forzadas. Sin embargo, solo entre un 25% y un 35% de los migrantes deportados contaba con antecedentes penales, y según CBS en febrero de este año el 86 % carece de historial criminal violento. Los intentos de entradas ilegales a través de la frontera con México se redujeron en un 79% en comparación con 2024.

Los métodos muchas veces utilizados por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), las muertes de numerosos inmigrantes a manos de estos, las deportaciones ilegales a terceros países, la aprehensión de miles de niños, el horror de las improvisadas cárceles, etc., han conseguido que una parte de la población del país rechace esta política. En marzo de 2026 sólo el 35% de los estadounidenses la favorecía, mientras el 61% la consideraba de manera negativa, y casi la mitad (48%) muy negativas. La encuesta fue llevada a cabo por PRRI en febrero de este año en los 50 estados.

Mediante los controles en fronteras, especialmente con México, y otras medidas implementadas, se ha logrado además disminuir la entrada de drogas al país, lo que ha permitido disminuir en un 30% las muertes por sobredosis, y reducido la entrada de fentanilo en un 56%, según lo reportado oficialmente por Estados Unidos.

La administración Trump ha eliminado fondos y restringido la atención a personas transgénero, especialmente menores, incluyendo los programas de educación. Ha ordenado al FBI que investigue la promoción de la “ideología de género radical” y ha realizado esfuerzos para censurar el lenguaje inclusivo. Ha llevado a cabo purgas de personal militar transgénero, ha prohibido a las niñas y mujeres transgénero participar en deportes femeninos, y ha impuesto restricciones a sus pasaportes y viajes internacionales.

En su política de favorecer los combustibles fósiles, Trump ha negado la existencia del cambio climático y atacado las fuentes renovables, difundiendo falsedades sobre las energías limpias y bloqueando miles de millones de dólares en fondos destinados a proyectos de esta naturaleza. Estados Unidos ha abandonado el Acuerdo de París, se ha retirado del directorio del Fondo de Pérdidas y Daños para los países en desarrollo, y de la Alianza para la Transición Energética Justa, un programa de financiación climática mundial de los países ricos para ayudar a los países en desarrollo a abandonar el carbón.

Entre las universidades amenazadas con despojarlas de fondos federales para obligarlas a asumir programas y posturas conservadoras se encuentran Harvard, Princeton, Cornell y Columbia. Trump se ha referido a “campus universitarios dirigidos por maníacos y lunáticos marxistas”, planteando que es necesario cambiar la actual orientación ideológica del sistema de educación superior hostil a los conservadores y con pretensiones de perpetuar el liberalismo, y se quejó de que en las universidades hay discriminación racial contra los blancos.

A centros culturales como el Fondo Nacional para las Humanidades y al Instituto de Servicios de Museos y Bibliotecas, les ha cancelado la mayoría de sus subvenciones y despedido a una gran parte de su personal. También tomó el control del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington, dejando sin empleos a una gran parte de sus trabajadores y autonombrándose presidente del Centro, vergonzosamente rebautizado ahora como “The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Center for the Performing Arts.” Dijo que el Smithsonian, “está fuera de control” y que su narrativa se centra demasiado en “lo horrible que es nuestro país, lo mala que fue la esclavitud y lo insatisfechos que han sido los oprimidos”, y emitió una orden que estipulaba que las futuras asignaciones al Smithsonian “prohíban el gasto en exposiciones o programas que degradasen los valores estadounidenses compartidos”.

Como parte de su política supremacista, Trump ha sacado a Estados Unidos de unos 70 organismos o acuerdos multilaterales: la Organización Mundial de la Salud, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), los Acuerdos Climáticos de París, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de 31 organismos más de la ONU y de otras 35 organizaciones desvinculadas de Naciones Unidas. Ha amenazado con sacar a su país de la OTAN y de hecho sus actuaciones han tendido a debilitar la alianza.

En su política de enviar tropas a ciudades norteamericanas, el presidente comenzó enviando a la Guardia Nacional a Los Ángeles, luego a Washington DC, más tarde a Memphis y Portland, y posteriormente a Chicago y Nueva Orleans. También había planes de extenderlas a otras ciudades como Nueva York , Baltimore , San Francisco y Oakland . En Los Ángeles se desplegaron también 700 marines para apoyar a la Guardia Nacional. Trump orientó a los líderes militares que vieran los despliegues como “campos de entrenamiento para nuestras fuerzas armadas” y describió a Estados Unidos como “bajo invasión” y “librando una guerra desde adentro”.

Un tema que se perfila como un revés importante, al menos a corto plazo con graves implicaciones en las elecciones de noviembre de este año, es la economía. El 52% de los norteamericanos hoy opina que las condiciones económicas del país han empeorado como consecuencia de las políticas de Trump, y el 72% califica la economía como “regular o pobre”, mientras que sólo el 28% la considera “excelente o buena”. Un 55% reconoce que su economía se ha afectado como consecuencia del aumento del precio de la gasolina. En lo referente al importante tema del “costo de la vida”, el 63% desaprueba el manejo de Trump y el 29% lo aprueba. Es importante recordar que la inmensa mayoría de los norteamericanos que votaron por Trump lo hicieron pensando, en primer lugar, que la economía iba a mejorar enseguida y su poder adquisitivo aumentaría.

Algo de la mayor importancia donde no han podido alcanzar sus objetivos ha sido en neutralizar la competencia de China, disminuyendo su presencia en otros países y el intercambio comercial de estos con el gigante asiático. La imposición de altos aranceles ha provocado que algunos países vuelvan sus ojos a China en busca de nuevos acuerdos comerciales más favorables y un socio más confiable. En la India, el primer ministro Modi preparó sus viajes a China y Rusia, y hasta el presidente argentino Milei, lamebotas número uno de Trump, ha dicho que mantendrá sus relaciones comerciales con China.

Muchos países están buscando acuerdos comerciales bilaterales entre ellos y con bloques regionales para reducir su dependencia de Estados Unidos. La Unión Europea ha firmado nuevos acuerdos comerciales con Indonesia, México y el bloque comercial sudamericano Mercosur, y está cerca de finalizar un nuevo pacto comercial con India. Canadá firmó el primer acuerdo comercial bilateral de su país con Indonesia, está negociando un pacto de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y realizó una visita de reconciliación a Pekín.

Según encuesta del Pew Research Center publicada en febrero de este año, el 60% de los norteamericanos desaprueban la política de imposición de altas tarifas, mientras un 39% las desaprueba fuertemente.

Las inversiones de otros países en Estados Unidos, muchas de estas según Trump, como resultado de su política de imposición de tarifas, y que según él estarían en el orden de los trillones de dólares, han quedado muy por debajo. Incluso se ha comprobado que algunas habían sido acordadas durante la administración Biden. Países que habían prometido invertir han retrasado sus inversiones o luego han presentado cifras muy inferiores a las inicialmente prometidas.

Quizás la guerra emprendida contra Irán, inspirada y propulsada por Israel, resulte en uno de sus mayores fracasos. A pesar de la destrucción de una buena parte de su infraestructura militar y civil, y el asesinato selectivo de algunos de su más importante dirigente, incluyendo el Ayatollah Khamenei, Irán continúa atacando instalaciones en Israel, y de Estados Unidos en la región del Golfo, ha cerrado el estrecho de Hormuz por donde transita la quinta parte del petróleo que el mundo consume y no da señales de rendirse o desistir. Los precios del combustible se disparan y los aliados europeos no han respondido a la solicitud de Trump de acudir a impedir el cierre del estrecho, lo que ha provocado que Trump los califique de cobardes. Una guerra que probablemente se asumió como fácil y breve se complica y se extiende en el tiempo ocasionando serios y no calculados trastornos.

Encuestas recientes muestran el rechazo mayoritario de los estadounidenses a esta guerra. En un sondeo de la Universidad Quinnipiac, el 53 % de los votantes registrados se expresaron en contra y el 40 % a favor; en otra de Reuters-Ipsos, el 43 % de los estadounidenses la desaprueban y 29 % la aprueba. Los aumentos en los precios del combustible ya afectan los bolsillos de los estadounidenses. A la guerra no se le ve aún el fin, y las perspectivas apuntan a crecientes afectaciones en la economía y a un mayor descontento y rechazo, tendencia que seguramente se verá reflejada en las próximas elecciones al Congreso.

Otro fracaso notorio para Trump ha sido el incumplimiento de su promesa de campaña de acabar en 24 horas con la guerra ruso-ucraniana, contienda a la que aún no se le vislumbra el momento final.

Un frente donde Trump ha avanzado rápido y conseguido éxito ha sido en la imposición de la Doctrina Monroe. Según William LeoGrande y Peter Kornbluh, “un aspirante a emperador necesita un imperio y Trump parece haberse decidido por el hemisferio occidental”. Trump y Rubio han sabido aprovechar bien el creciente número de gobiernos conservadores en la región y los están manipulando en función de sus intereses. Ya vimos lo de la reunión de varios presidentes con Trump y Rubio en Miami y los asuntos que allí se trataron. También como en el caso de Cuba varios de estos gobiernos han cancelado los contratos con las brigadas médicas cubanas. Ahora dos de estos, Ecuador y Costa Rica, han roto sus relaciones diplomáticas con Cuba. Esta tendencia favorable a las políticas yanquis en Latinoamérica parece que habrá de continuar al menos en el futuro inmediato.

Como consecuencia de las amenazas de ocupar militarmente el Canal, el gobierno panameño anuló la concesión que permitía a una empresa china operar puertos en el Canal, y aceptó retirarse de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. Además, ha permitido a Estados Unidos desplegar tropas en la zona del Canal.

Algunos países latinoamericanos han ido cediendo por afinidad ideológica de sus actuales administraciones. En Argentina y Honduras, países en donde había gobiernos progresistas, Trump personalmente se inmiscuyó con éxito en los procesos electorales a favor de los candidatos más conservadores. Otros gobiernos se han plegado como consecuencia de las presiones a las que fueron sometidos.

La operación especial en Venezuela para secuestrar al presidente Maduro resultó un éxito y una prueba de la capacidad y eficiencia de las fuerzas especiales norteamericanas. Ello ha contribuido significativamente a brindar mayor seguridad y confianza a la administración de Trump en sus pretensiones extraterritoriales. Ahora han vuelto sus ojos hacia Cuba.

En estos momentos están teniendo lugar conversaciones entre funcionarios del Departamento de Estado norteamericano y del gobierno cubano. El presidente cubano Miguel Díaz Canel dijo que las mismas serían solamente sobre las bases de igualdad y respeto a la autodeterminación.

Trump ha planteado que Cuba es un estado fallido que está al desmoronarse, y que él prefiere “una toma de control amistosa, aunque podría no ser amistosa”, y “no importaría, porque están realmente acabados. Están en ruinas”. Incluso ha dicho “Puedo hacer lo que quiera con Cuba”. Rubio por su parte ha hablado de una transición de la economía como primer paso, dejando para más tarde las transformaciones políticas.

Las conversaciones o negociaciones, como quiera que se les llame, se vislumbran como muy difíciles. Cuba deberá asumirlas con inteligencia y esa mezcla de audacia y prudencia que caracteriza algunas actividades especiales, pero sin olvidar que, tanto en Venezuela como en Irán, Estados Unidos utilizó todo el poder de sus armas para atacar en medio de las negociaciones. Trump y su equipo están envalentonados y confiados tras lo ocurrido en Venezuela, y dispuestos a imponer sus designios; además consideran que Cuba está con el agua al cuello y sin alternativas, así que van a presionar al máximo. Parece que pretenden una variante de “control del país a la venezolana”, pero Cuba no se parece a Venezuela. Cuba tiene un sistema político sólido y consolidado, y Trump y Rubio deberán ajustar sus reclamos a un escenario distinto si quieren comenzar a andar por un camino que realmente conduzca a soluciones.

El pueblo de Cuba está en una situación sumamente tensa y el gobierno tiene la obligación de encontrar una salida, pero también tiene una larga y rica historia de lucha, ha sabido resistir por más de 60 años y no se dejará humillar ni va a aceptar imposiciones que hieran su dignidad y resquebrajen su independencia y su soberanía. El futuro de estas conversaciones no parece muy prometedor, al menos por ahora.

En siete meses se celebrarán elecciones de medio término en Estados Unidos. En estas se renovarán un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara de Representantes. La tendencia en este tipo de elecciones es que el partido que controla el Ejecutivo pierda una considerable cantidad de asientos en la Cámara. El Senado por lo general se afecta también, pero en menor medida. Hay numerosos indicios de que este año no será diferente. Algunas elecciones que han tenido lugar en diferentes partes del país han tendido mayoritariamente a favorecer a los candidatos demócratas. En los asuntos que más importan a los estadounidenses, la economía, la guerra en Irán y la política migratoria, los índices son desfavorables. Un índice que se estima importante en este tipo de elecciones es el de la aprobación a la gestión del presidente y varias encuestas reportan que el índice de aprobación a la gestión de Trump no rebasa el 40% mientras que un 55% lo desaprueba. Otras encuestas más recientes sitúan el índice de aprobación en un 38%.

El ambiente en la administración norteamericana indica que están temerosos de perder la Cámara. La posibilidad de perder escaños en el Senado también les asusta. Trump y los republicanos están metidos en una campaña desenfrenada para tratar de evitarlo por cualquier vía. Por una parte, reconfiguran distritos en estados que controlan para tratar de aumentar el número de asientos a ganar. Por otra quieren a toda costa aprobar una ley que exija la presentación de carnet de identidad para poder votar y otras medidas restrictivas que perjudiquen a los votantes demócratas. Trump amenaza con una intervención de las elecciones por parte del gobierno federal; pretende que los republicanos “asuman el control” para “acabar con elecciones plagadas de corrupción”, y se especula sobre el envío de fuerzas del ICE a centros de votación en algunos estados. Incluso ha hablado de cancelar las elecciones

Esa carrera contra el tiempo del presidente y su administración para tratar de cumplir con una buena parte de sus objetivos estratégicos se debe precisamente a que están conscientes de que, con una Cámara de Representantes controlada por el Partido Demócrata y un Senado con su representación disminuida, les será más difícil poder avanzar su agenda en la segunda mitad de su mandato. Saben además que un programa tan ambicioso como el que se han propuesto, para el que se requeriría de otra administración republicana del mismo corte en 2028 con perspectivas de reelección en 2032, se vislumbra sumamente difícil.

Bibliografía consultada

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