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Tsunami en el 2026 y arrancada hacia el 2028

noviembre 4, 2026   0

Los resultados preliminares de las llamadas elecciones de medio término del 2026 en Estados Unidos registran el peor escenario que podrían temer Donald Trump y sus aún seguidores dentro de las hordas (hace tiempo no es un partido) republicanas. Una amplia mayoría demócrata en la Cámara era una predicción que podía hacer incluso un novato de estas lides, pero una mayoría 54-44 en el Senado no fue calculada ni por el más entusiasta de sus rivales, hasta que empezaron a computarse los votos adelantados en los días previos al ejercicio principal.

Como se conoce, se ha manifestado una tendencia histórica que indica que el partido que ostenta el poder ejecutivo casi siempre sufre retrocesos en ambas cámaras de una mayor o menor magnitud. Sin embargo, para comprender mejor la magnitud de lo ocurrido esta vez, debe recordarse que en el 2018, cuando Trump se enfrentó a similar ejercicio en su primer mandato, los demócratas tuvieron una ganancia de 40 asientos en la Cámara de Representantes, pero los republicanos obtuvieron dos asientos más en el Senado y conservaron la mayoría allí.

En aquella oportunidad se registró el mayor por ciento de votantes ejerciendo el sufragio en elecciones de medio término (49.4%) desde 1914. Era la primera vez desde 1970 en que un partido (republicano) ganaba asientos en el Senado, mientras los perdía en la Cámara, y también la primera vez desde 1984 en que los demócratas dominaban la Cámara y sus contrarios retenían el control del Senado.

Pero en el mismo ejercicio del segundo mandato de Trump no ha habido medias tintas y el barco se ha escorado de un solo lado. Esta vez se calcula que ha votado el segundo mayor por ciento desde 1914 con 124 millones de personas depositando su voto en las urnas.

Si estas cifras fueran ya suficientes para concluir que se ha producido un rechazo masivo contra las políticas y la actuación de Donald Trump y sus seguidores, habría que agregar otras consideraciones cualitativas para lograr mayor precisión en el análisis.

Hay resultados específicos que pueden explicar aún mejor la debacle republicana. Quizás el más simbólico sea la elección de un candidato de 42 años, de origen egipcio y de religión musulmana, Abdul El-Sayed, como nuevo senador por el estado de Michigan. Allí derrotó a un Mike Rogers que no solo tenía el apoyo irrestricto de Trump, sino que había recibido un apoyo multimillonario del lobby judío en Estados Unidos.

Candidatos demócratas que sufrieron todos los ataques viscerales del primer mandatario y que contaron con muchos menos favores monetarios de los llamados Comités de Acción Política, salieron victoriosos en Texas (James Talarico) y Georgia (Jon Ossoff).

Otro resultado que puede ayudar a comprender lo sucedido el 3 de noviembre es que al menos 50 candidatos que están registrados como “demócratas-socialistas” (militantes del DSA) fueron elegidos a las responsabilidades que aspiraban, de ellos al menos 5 a la Cámara de Representantes federal.

Al conocer los resultados antes mencionados, la organización en su conjunto emitió un comunicado diciendo que “los trabajadores merecen más y una realidad en la que todos nosotros vivamos con dignidad y esperanza está más cerca de lo que pensamos”. Como complemento a esa declaración el alcalde de New York, Zohran Mamdani, opinó que la razón principal de la aplastante victoria demócrata era que en esta ocasión se había hablado con y tenido en cuenta las aspiraciones de los trabajadores.

Son significativas estas proyecciones después de tanta intoxicación mediática y digital contra el socialismo, el comunismo y todos los males que son de importación desde el exterior y ninguno generado internamente.

Trump, que fuera electo en el 2016 sobre el pedestal de una campaña entre otras cosas racista contra el ex presidente Barack Hussein Obama, tuvo que contar ahora con la actuación de este último en su derrota, pues en los días previos a los comicios el también ex senador por Illinois hizo uno intensa campaña a favor de los candidatos improbables de su partido.

En las primeras horas después de la debacle, Donald Trump ha expresado que los resultados se deben a que su nombre no estaba en las boletas y a la mala calidad de los candidatos que aspiraban por su partido en cada caso. No ha dado indicios de intentar impugnar los resultados, que han sido masivos, evidentes y que no resistirían un cuestionamiento público coherente. Tendría que actuar en varios frentes a la vez, para lograr un improbable escenario que no podría entenderse como victoria.

Si bien los estadounidenses comenzarán a cifrar ahora sus esperanzas en las nuevas mayorías demócratas, también holgadas entre los gobernadores, para que sean revertidas iniciativas trumpistas que han tenido un efecto devastador al interior de su sociedad, el resto del mundo se pregunta qué implicarán tales resultados respecto a la política exterior, sea tanto la agresión contra Irán, el apoyo irrestricto a Israel, o a Zelensky (más que a Ucrania), el cerco total contra Cuba.

El fin de las elecciones de medio término implica que ya se ha dado el disparo de arrancada para los comicios presidenciales del 2028. Si ya se mostraban signos de división al interior del movimiento MAGA, ahora estos síntomas deben aumentar.

Después de la victoria, los demócratas tienen varios problemas por resolver, que van desde la elección de un liderazgo que pueda demostrar que constituye una alternativa real ante el desastre trumpista, hasta articular un programa, o varios, en el que los cambios se manifiesten en acciones y programas específicos.

Todavía es temprano para concluir cómo las figuras históricas del partido, que siempre actúan detrás de los telones, y los más importante donantes, estarán dispuestas o no a aceptar a los que tienen el apellido “socialistas” como sus iguales, o asumirán actitudes que puedan llevar a estos a escindirse del partido tradicional.

Existe una posibilidad que puede provocar que Trump se sienta ahora más acorralado y asuma acciones aún más desesperadas. La mayoría obtenida esta vez por los demócratas en el senado, los acerca mucho más al mínimo de votos requerido para ser exitosos en una acción de destitución legal (impeachment) del presidente, escenario que ya conocimos en el 2019.

Las primeras declaraciones demócratas después de la victoria han estado más dirigidas a intentar actuar de forma preliminar contra miembros específicos de su gabinete, como el Secretario de Defensa (Guerra) Pete Hegseth, que de forma directa contra el inquilino de la Casa Blanca.

Si recordamos lo sucedido en la segunda mitad del mandato de Trump 45, se produjeron importantes cambios en su equipo de desgobierno, que ahora deben incrementarse por aquellos que tienen aspiraciones futuras y que sienten que son tripulantes de un barco que se hunde. Muchos no tienen salvavidas en carreras futuras como burócratas o en cargos electivos.

Uno de los hasta ahora trumpistas que tendrá más miradas puestas sobre sí será en Secretario-Asesor-Archivista, que se presenta como un flamante negociador, pero que ha visto su capacidad disminuida al observar como diez “enviados especiales” de Trump han limitado su supuesto mandato como vocero único del gobierno hacia el exterior, que en los últimos días comienza a pagar un precio público por sus acciones gansteriles de cara a los procesos electorales de varios países latinoamericanos, especialmente en Brasil.

Marco Rubio, quien protagonizó una visceral campaña anti Trump en el 2016, fue el aliado más desenfrenado de Donald en su período monárquico y a partir de ahora no encontrará ventajas en estar bajo su sombra en sus aspiraciones de cara al 2028. Un pequeño problema que deberá enfrentar es cómo reconciliarse con la que alguna vez fue su “base electoral” en la Florida, sean tanto los cubanos con amenaza de deportación, como los venezolanos que han votado ahora masivamente por los demócratas.

Por cierto, en ese su estado natal, los desmanes trumpistas, de los que ha sido integrante entusiasta, han provocado que una plaza que parecía completamente asumida por mayorías republicanas hacia el futuro, ahora vuelva a ser un estado pendular. Ha tenido lugar la elección de un gobernador demócrata, los otros tres cubanitos (Carlos, Maria Elvira y Mario) que habían visto renovados sus escaños en la Cámara sin oposición, ahora no puedan proclamar una victoria holgada en la misma noche de los comicios. Han contado además con la oposición de una candidata afrodescendiente al senado, que no fue victoriosa gracias a los errores en un discurso de campaña dirigido a satisfacer a recalcitrantes racistas que nunca votarían por ella. Con una mejor asesoría y más fondos la señora Nixon estaría a las puertas de Washington DC.

Que significa este resultado para Cuba? La respuesta se irá armando todos los días, con la capacidad de resistencia de nuestro país, con el aprovechamiento creativo de las oportunidades a todos los niveles, desde el gobierno, la ciencia, las formas productivas y toda la población. La respuesta ser conformará con las evidencias de que los planes de asfixia no han dado resultado en los plazos previstos, con el rechazo de la comunidad internacional a los intentos de aislamiento contra Cuba y también con la actuación de la mayoría de la población estadounidense, que siempre ha estado a favor de una relación constructiva con La Habana.


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