Bloqueo, alianzas y votos
Antecedentes
En el Derecho Internacional está refrendado que el bloqueo es un acto de guerra. Sin embargo, hoy cuando proliferan las sanciones unilaterales, hay gobiernos que insisten en que las aplicadas contra Cuba constituyen un embargo, porque ellos omiten o pretextan ignorar a sabiendas que la coerción sólo significa una amenaza preventiva del uso de la fuerza y que no se trata de intenciones punitivas contra la población impactada, sino contra el régimen.
El pueblo de Cuba afronta una resistencia estoica al bloqueo más prolongado de la historia contemporánea. Su recrudecimiento en el último trienio y, particularmente en 2026 abarca, constriñe y oprime todas las esferas de la sociedad, la economía, la salud, la alimentación, la educación, la cultura, el deporte, la ciencia, el transporte… y desestabiliza la vida cotidiana, la producción, la paz, el desarrollo. Hasta el infinito.
Por tales razones, el 7 de julio se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) la urgencia de incluir en la agenda del próximo período de sesiones, un nuevo reclamo debido a la situación exacerbada del bloqueo, extendido hacia el sector energético, mediante el cerco total de la importación de petróleo.
La extrema asfixia desplegada contra Cuba incorpora amenazas del uso de la fuerza mediante la presencia naval y militar cercana a la Isla y la invocación frecuente por los máximos representantes estadounidenses a una agresión. Con ello las intenciones del bloqueo recrudecido, se agudizan y muestran una fase militarista, iniciada en 1961, con el propósito definido de “rendir por hambre, cansancio y desesperación para provocar un levantamiento del pueblo y destruir al régimen”.[1]
Alianzas y políticas
El eje temático de particular atención responde al comportamiento de la reciente votación en la ONU, donde 136 países aprobaron la argumentación cubana para discutir una nueva resolución contra el bloqueo, mientras 30 se abstuvieron y 9 expresaron su oposición.
Para ello habría que recordar que las alianzas se gestan, refrendan o deshacen, según los intereses creados o buscados y pueden ser infinitas o efímeras sobre una amplia gama de objetivos o temas: (familiares, maritales, políticas, económicas, comerciales y militares, entre otras).
Acontecimientos entre imperios, países, regiones, continentes y grupos de poder, constatan que toda alianza enlaza y condiciona las relaciones entre los Estados. Ahora, más que nunca, en una etapa aguda de globalización, a los actores se les dificulta deslindar sus acciones nacionales de los requisitos y obligaciones establecidos en sus alianzas internacionales. En Derecho constituye un axioma que la ley interna responde al interés soberano de la nación, pero también el Estado se obliga a cumplir sus obligaciones internacionales.[2] Sin embargo, la volubilidad aflora cuando uno o varios gobiernos han concertado una alianza con un país hegemónico —con rasgos decadentes— como Estados Unidos.
¿Qué sucede cuando la ley interna, los intereses clasistas, regionales y sectoriales o la sintonía (por no llamarla dependencia) contradicen los tratados internacionales y tributan únicamente al centro imperialista, en omisión de las expectativas en los Estados “periféricos” integrantes de la alianza?[3]
Resumido en breves: la cesión de soberanía prevalece sobre los objetivos autóctonos de cada país, en aras de satisfacer las estrategias del aliado “mayor”. Este es el caso de la reciente modificación del patrón de votación ante el bloqueo estadounidense contra Cuba, apartado de preceptos, principios y articulados de la Carta de la ONU, como la igualdad soberana, el respeto a la autodeterminación, la solución pacífica de las controversias, la libertad de navegación y comercio, entre otros.
Es sabido que, a partir de la desaparición de los Estados socialistas europeos se fortalecieron nuevas alianzas y hubo un retorno hacia el unipolarismo, cuando aquellos se readaptaron al imperialismo estadounidense, que incrementó su poderío sobre las decisiones de los países aliados, coincidentes con Washington en su política internacional, organizada o controlada por los Grupos de los 7 y de los 20, la Organización para la Cooperación al Desarrollo, el Foro de Davos, el Club de Bildeberg, la Conferencia de Munich, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Europeo.
Sin demeritar los avances del multilateralismo durante los dos últimos decenios, propugnado por los países en desarrollo que habitan todos los continentes, sería oportuno recordar que en las decisiones sobre política exterior, preponderan la Alianza Trasatlántica establecida entre Estados Unidos y la Unión Europea; los correspondientes enunciados en el Tratado de Lisboa sobre su cohesión con Washington; el vínculo militar de los Estados miembros de la UE que también lo son de la OTAN y el incremento de las “presiones” (de hecho mediante amenazas y prácticas coercitivas mediante la elevación de aranceles, que implican la proliferación de multas contra empresas y entidades que se relacionen con Cuba condicionantes del comportamiento de varios países.
Por ello, disentir de las decisiones de Washington se perfila, cada vez más, como un ejercicio peligroso para las economías, la defensa y el desarrollo de todos los países a escala mundial, máxime ante un rebrote del unipolarismo exacerbado por la actual Administración estadounidense, los impactos de su ayuda a Ucrania y otros compromisos, particularmente de los europeos, que han debido sacrificar los suministros más baratos de hidrocarburos y su estado de bienestar.
La defensa por los cubanos de su soberanía, derecho a la autodeterminación y la paz, a su sobrevivencia y respeto de todos los derechos humanos se asienta sobre la impunidad del principal perpetrador del bloqueo. Bastaría citar hechos y cifras expuestas en la AGNU el 7 de julio:
“Un cerco energético equivalente a un bloqueo naval (acto de guerra); impedimento del acceso de suministros de combustible (comercial y humanitario); acoso y amedrentamiento a buques tanqueros por medios navales militares de EE.UU; reiteradas amenazas de agresión militar por la cúpula estadounidense; uso de sanciones secundarias para provocar una crisis humanitaria y la total desestabilización del país, que abra paso o fuerce la orden presidencial de una intervención militar imperialista que provocaría un baño de sangre y cuantiosas pérdidas de vidas cubanas y estadounidenses; el aumento de los índices de mortalidad del cuatro al nueve por ciento; la disminución de la supervivencia de niños y jóvenes cancerosos de un 85 a un 65 por ciento y daños infligidos entre marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026 a precios corrientes, que ascienden a una cifra récord de 8 083 millones de dólares, un 7% mayor que el año anterior”.[4]
Votación del 7 de julio
Al analizar la reciente votación en la Asamblea General de Naciones Unidas, afloran variables desplegadas desde los años 80 del siglo XX, cuando la correlación de fuerzas retrocedió hacia el unipolarismo, a pesar de que una mayoría del planeta había alcanzado su independencia de las metrópolis coloniales.
No es ocioso puntualizar sobre la transformación de las primeras votaciones de las sucesivas resoluciones presentadas por Cuba en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El hilo conductor de estas exhibe la tendencia a reconocer la injusticia del bloqueo anticubano (embargo para los países denominados occidentales) fundamentalmente por su impacto sobre empresas y regiones europeos, siempre con la reiterada explicación del voto, unida a sus observaciones negativas sobre la situación de los derechos humanos.
Durante la sesión de urgencia del 7 de julio en la AGNU, convocada por Cuba, 136 países mantuvieron su rechazo al bloqueo (la mayoría de la Unión Africana, del Grupo de los 77+China, del Movimiento de Países no Alineados y la Asociación de Estados del Sudeste Asiático. Esta vez se produjeron 30 abstenciones y 9 votaron en contra.
¿Cómo cambió el patrón de votación? A simple vista, de los 27 Estados miembros de la Unión Europea, 11 de ellos (Alemania, Croacia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia y Rumania) mutaron hacia la abstención, uno votó en contra (Chequia) y aunque está pendiente su admisión a la UE, Ucrania y Moldavia allanaron el ingreso, al votar en contra y abstenerse, respectivamente.
Un emblemático diplomático cubano explicaba[5] que la abstención constituía “un voto cobarde”, y traducido a los usuales debates en las Naciones Unidas, significa que el país votante oscila entre un SÍ y un NO, para no comprometerse ante una situación delicada. Esta aseveración anticipa las razones de cada país para abstenerse y conviene recordar los compromisos de innúmeros países (entre ellos los europeos) en el marco de sus alianzas y su indetenible coincidencia en política exterior y seguridad.
A los factores enunciados se añaden sucesivos condicionamientos impuestos por Washington, mediante presiones y amenazas de elevar los aranceles a la UE, a modo de sanciones unilaterales de su socio trasatlántico y que impactarían sobre empresas y consorcios transnacionales, en detrimento de su trasquilada economía. Conocedores del marxismo-leninismo nos legaron análisis vigentes que hoy sustentan el comportamiento de ocho de los once países que mutaron su voto hacia la abstención y dos votantes en contra, provenientes de países renegados del socialismo o integrantes del grupo de Visegrado.[6]
Si se añaden los dos votos europeos contrarios (Chequia, perteneciente a la UE y Ucrania, en condición de candidata acelerada), se constata que los 13 votos (11 abstenciones y 2 contra la propuesta cubana) se acercan a la mitad de los Estados miembros de la Unión.
Debido a su desarrollo económico, militar y tecnológico, entre los abstencionistas resalta Alemania, fundadora de la UE y calificada como su locomotora. Sucesivos gobiernos alemanes, con precisión matemática no alentaron las relaciones con Cuba. Sobre esa actitud influyó el halo de la Doctrina Hallstein[7] y las relaciones bilaterales permanecieron signadas por un pragmatismo no aplicado a otros países latinoamericanos (varios de ellos bajo dictaduras, como la chilena). Desde entonces el exclusivo soporte de las relaciones entre Cuba y la República Federal de Alemania recayó sobre el turismo (segundo país emisor), negocios ocasionales por escasas empresas y de exiguas regiones federales y la solidaridad de organizaciones no gubernamentales.
Si se profundiza sobre factores que influyen en la votación, como los derechos humanos, el fondo del asunto resulta controvertido porque se dirimen la ética y la realidad contemporáneas, ya que los esfuerzos comunitarios distan de la perfección, que en el sentido ético les impelería a respetar los derechos humanos, al haberse autoerigido en sus paladines universales, capitaneados por Estados Unidos. Al respecto abundan señales y actos de una concertación europeo-norteamericana para evaluar el comportamiento de los derechos humanos en Terceros países,[8] pretexto utilizado cada vez con mayor frecuencia para condenar a los gobiernos divergentes de sus dictados.
Por su cuantía, la segunda modificación regional del voto ocurrió en América Latina y el Caribe: tres en contra (Argentina, Costa Rica y Paraguay) y cuatro abstenciones de Chile, Ecuador, Granada y Trinidad Tobago. Sumados a los votos en contra y abstenciones del presente año, habría que reseñar la ausencia de seis países: Honduras, El Salvador, Venezuela, Antigua-Barbuda, República Dominicana y Guyana.
Las razones para los países no votantes podrían situarse entre ausencias objetivas y subjetivas. No ejercer el voto responde en líneas generales a: hallarse en mora del pago estipulados en el reglamento de una organización, ausentarse ex profeso del plenario en el momento de ejercer el voto, recibir o no recibir instrucciones precisas de las respectivas cancillerías para el delegado.
Sin particularizar por países, la derechización e inestabilidad resurgentes en el continente constituyen elementos focales para la “incomprensión” de varios gobiernos sobre los efectos tangibles del bloqueo recrudecido contra Cuba y reproduce la etapa de los años sesenta y setenta con represiones, imposiciones y absolutismo estadounidenses.
La posición asumida se incentiva, mediante la Estrategia de Seguridad Nacional, la doctrina “Donroe”, la consigna de hacer a Estados Unidos grande otra vez,[9] el despliegue de la IV Flota por el Caribe, el Atlántico y el Pacífico (para optimizar la deportación migratoria y supuestamente combatir el narcotráfico).[10] el secuestro del presidente constitucional venezolano; el control de resultados electorales y el auspicio de ”golpes blandos”; la proliferación de bases militares; las amenazas e imposición de aranceles contra economías latinoamericanas y caribeñas y el cerco petrolero contra Cuba unido a la exacerbación de campañas desacreditadoras de carácter híbrido que propicien una agresión.
¿Estrategia o réplica?
Durante siglos la clase dominante ha utilizado la separación entre las élites y las masas para mantener su “superioridad” sobre las últimas, representadas como sociedad civil. Los teóricos burgueses alentaron durante dos siglos la clasificación de los integrantes de la sociedad civil como contestatarios de la cúpula gobernante. Sin embargo, la actual proliferación de medidas coercitivas contra organizaciones no gubernamentales, personalidades, entidades económicas y productivas y asociaciones sectoriales tienden a “estatizar” el comportamiento y actividades de la población cubana que “defienden y auspician al “régimen”. Las medidas coercitivas decretadas contra los cubanos, imponiendo un castigo colectivo, que generalizan porque también se aplican contra ciudadanos y entidades iraníes, rusos, chinos o venezolanos, particularmente.
Seis días posteriores al debate en la ONU, el Departamento de Estado emitió nuevas sanciones que reafirman la variable “trumpista-rubista”[11] para estrechar más aún —si fuera posible— el bloqueo anticubano, consistente en “estatizar” a una mayoría de sectores de la sociedad civil, en contraste con la política sustentada por las élites en los países más industrializados de separar la voluntad institucional del resto del pueblo.[12]
Con ese nuevo acto coercitivo prosigue la tendencia a demonizar a todos los sectores poblacionales que provienen, simpatizan o defienden a la Revolución Cubana, como ya han sido declarados: los Comités de Defensa, los obreros de Antillana de Acero, los trabajadores turísticos, los combatientes jubilados de la Asociación homónima o los empleados del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Resumen
- Las nuevas sanciones decretadas por el Departamento de Estado contra Cuba prosiguen la escalada coercitiva de Washington durante la segunda presidencia de Donald Trump.
- El bloqueo estadounidense intensificado contra Cuba no sólo transgrede normas del Derecho Internacional. La ampliación de las medidas coercitivas a sectores inimaginables de la sociedad civil, presenta una modalidad diferente entre los supuestos baluartes esgrimidos por los países más industrializados del mundo occidental sobre la defensa de los derechos humanos.
- Junto a sanciones contra instituciones estatales, extienden el diapasón coercitivo sobre sectores no estatales, parte intrínseca de la sociedad cubana, como los Comités de Defensa de la Revolución (la mayor organización del país incluyente de adolescentes hasta adultos mayores; el Instituto Cubano de Amistad los Pueblos; la Asociación de Combatientes (integrada por jubilados); los obreros de Antillana de Acero); trabajadores del turismo, la minería y energía, ad infinitum.
- Según se presentan los acontecimientos, no serían descartables nuevas sanciones contra otros sectores sociales cubanos, por ejemplo, los niños pioneros y jóvenes como “defensores del gobierno”, aunque se hallan entre los primeros grupos etarios más impactados en su desarrollo y supervivencia desde el inicio del bloqueo, visible en la drástica reducción de los índices de natalidad y la escasa sobrevivencia de cancerosos.
- Las 11 abstenciones de países miembros de la Unión Europea y de un candidato, así como los tres votos contrarios a la denuncia cubana evidencian el efecto de las presiones de Washington sobre sus aliados del grupo regional.
- Estados miembros fundadores y otros incorporados a la UE después de la disolución del socialismo en el Viejo Continente, parecen olvidar los “valores compartidos” en el preámbulo de la Carta Europea de derechos fundamentales, como son la dignidad humana, la libertad, igualdad y solidaridad, basada en los principios de democracia y el imperio de la ley, como si el resto del planeta renunciara a su ejercicio.[13]
- La reducción de votos europeos favorables a la denuncia presentada por Cuba avizora perspectivas de un comportamiento modificado por parte de otros países comunitarios, que sin llegar a adoptar documentos integrantes de una Posición Común (PESC) requerida de la unanimidad, provoque la reducción o eliminación del diálogo entre Cuba y la UE.
- El patrón de votos latinoamericanos y caribeños se modifica a partir de la ofensiva hegemónica estadounidense en nuestro continente y el creciente cambio de correlación de fuerzas hacia países donde gobiernan partidos de derecha.
Selección bibliográfica
Centro de Estudios Europeos.” Unión Europea: extraterritorialidad y soberanía”. CEE, Informe 2008.
Centro de Estudios Europeos. “El nuevo Tratado de la UE: antecedentes y alcance”. Investigación anual, 2008.
Centro de Estudios Europeos. “La concepción europea sobre los derechos humanos: disparidades e inconsecuencias”. Informe febrero 2007.
Rodríguez Parrilla, Bruno. Discurso en debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas bajo el punto 38, «Necesidad de poner fin al Bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba. 7 de julio, 2026 www.cubaminrex.cu.
State’s Department sheet act. Incremento de las sanciones vs fuentes de financiación del régimen cubano y a sus medios de represión. 13/7.
Orden ejecutiva del 29 de enero. Principales objetivos: confrontar al régimen cubano; contrarrestar la influencia maligna de Cuba y colocar a Estados Unidos en primer lugar.https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/01/fact-sheet-president-donald-j-trump-addresses-threats-to-the-united-states-by-the-government-of-cuba/
Orden ejecutiva del 1ro de mayo. Impone nuevas sanciones contra Cuba” que sigue representando una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional estadounidense, sancionar a bancos extranjeros que trabajan con el gobierno comunista, a personas involucradas en sectores de la energía y minería y en graves abusos de derechos humanos” Objetivos: política, viajes, instituciones financieras extranjeras.
Unión Europea. Tratado de Lisboa, dic.2009. Diario oficial de la UE. Doc. C/83/47, diciembre 2009. Plantea: contribuir a la paz, el desarrollo y el estricto respeto al DI, en particular de los principios de la Carta de la ONU. Eurlex.doc.eu
Unión Europea. Tratado de Funcionamiento de la UE. Título III.
Unión Europea. “Extraterritorialidad y soberanía. Resultado de la extensión de los compromisos y de las relaciones internacionales”. CEE, Informe 2008.
Unión Europea. Tratado de Lisboa. Plantea: contribuir a la paz, el desarrollo y el estricto respeto al DI, en particular de los principios de la Carta de la ONU. www.eu.eurlex.eu
Unión Europea. Tratado de Funcionamiento. Título III. Sobre cooperación contra Terceros países y ayuda humanitaria establece prestar asistencia y socorro a las poblaciones de terceros países víctimas de catástrofes o de origen humano y protegerlos para hacer frente a las necesidades resultantes de esas diversas situaciones.
[1] Declarada en la presidencia de Dwight Eisenhower, por el secretario de Estado, Lester Mallory.
[2] Principio pacta sunt servanda: Los Estados se obligan a cumplir lo acordado en los tratados.
[3] Centro y periferia subordinan a los países menos industrializados a los intereses de las potencias mayores.
[4] Bruno Rodríguez, discurso ante AGNU, 7 de julio de 2026
[5] Abelardo Moreno, embajador ante la ONU y viceministro de Relaciones Exteriores.
[6] Visegrad: grupo conformado por Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia.
[7] Doctrina Hallstein. Implementada por Walter Hallstein, secretario de Estado en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania. Vigente entre 1955 y 1972. Según esta, la República Federal de Alemania (RFA) tenía el derecho exclusivo de representar a Alemania en el ámbito internacional y no establecería relaciones diplomáticas con ningún país que reconociera a la República Democrática Alemana (RDA).
[8] Terceros países: los europeos integrantes de la Unión Europea y Estados Unidos ocupan el primer mundo; los restantes industrializados el segundo y los países en desarrollo el tercero.
[9] MAGA, por sus siglas en inglés.
[10] Inicialmente justificado por EE.UU. como narcoterrorismo.
[11] Trumpista (afiliado a los métodos y objetivos de Donald Trump. “Rubista” estilo y propósitos del secretario de Estado, Marco Rubio).
[12] Sociedad civil
[13] Carta Europea de Derechos Fundamentales. Estrasburgo, octubre de 2000.
Déjanos tu comentario