Diplomacia y terrorismo
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Apuntes sobre diplomacia
La diplomacia es un ejercicio perdurable desde la antigüedad, transformada según la época y los intereses de la clase dominante y de los grupos del poder hegemónico. Desde la China milenaria, Egipto, Mesopotamia, Persia, Grecia y Roma a la fecha, ha sido convertida en el arte de convencer y negociar, transitando por etapas contradictorias y muy complejas durante el nazifascismo; la Guerra Fría; las dictaduras latinoamericanas apoyadas por Washington; las guerras contra Corea y Vietnam; la cruzada “antiterrorista” en Afganistán, Irak, Siria y África; mil pretextos intervencionistas en todas las latitudes; el apoyo al sionismo en Medio Oriente y el actual cerco a Rusia.
A un buen diplomático se le atribuyen buenos modales, cortesía, inteligencia, sagacidad, cultura elemental y general, aplomo, respeto a sus interlocutores y la mayor honestidad posible, sin revelar los secretos encomendados por su país.
Con los mencionados atributos, un ministro de relaciones exteriores, canciller o secretario de Estado (según la nomenclatura en su país) se halla entre los cargos fundamentales por el orden de precedencia gubernamental ante la comunidad internacional, se trate de una persona digna o mediocre. Todavía se recuerda uno de los mayores desatinos diplomáticos imperialistas cuando el otrora secretario de Estado, Colin Powell mintió al aseverar la tenencia de armas de destrucción masiva por Irak, como pretexto para desatar el conflicto antiterrorista.
En el actual decenio, se hallan en proceso de extinción las virtudes atribuibles para ejercer un cargo diplomático, a medida que personalidades de los polos de poder amenazan e insultan a diestro y siniestro. Ejemplos de ello han sido las celebraciones periódicas sobre democracia celebradas por Washington y la reciente convocatoria por el secretario de Estado sobre la Izquierda.
De la primera bastaría resumir que el mundo no se transformó en más democrático porque desde entonces hasta la fecha, América Latina ha afrontado innúmeros comicios “defectuosos”, cuestionables o fraudulentos; resucitó la violencia contra sectores poblacionales y grupos nacionales y se perpetúa el intervencionismo impune sobre el que sucesivos gobiernos estadounidenses cimentan su “autoridad”.
Lo más reciente sobre una diplomacia ajena a las costumbres es la reciente reunión sobre la Izquierda celebrada en Washington, adonde fueron convocados 66 países por el secretario de Estado, con el propósito de aunar esfuerzos para una cruzada contra el “terrorismo de izquierda”, al estilo de la precedente perpetrada contra el terrorismo islamista desde el 11 de septiembre de 2001 y que evidentemente no ha colmado las apetencias de Washington y las principales capitales europeas.
Profundizar sobre la esencia de la convocatoria también recordaría la longeva historia de un terrorismo enraizado en las desigualdades y urgencias de los países menos desarrollados y de sectores discriminados en los más industrializados.
Una diplomacia efectiva consistiría en respetar las posiciones del contrario sin contradecir las propias, pero también en conocer la historia y cultura de los convocados. Caso contrario significa un ejercicio del atropello, bajo la coerción, los discursos beligerantes y la conformación de alianzas eventuales o comandadas por la nación más potente del mundo.
Y a pesar del llamado proselitista a la contraviolencia para que los gobiernos invitados a la Conferencia se incorporen a la nueva ofensiva de Washington, la situación actual no empeora por culpa de la izquierda, sino debido a la prolongada permanencia y proliferación del terrorismo de derecha, que ha transitado desde la inquisición y la colonización, el nazifascismo, la Guerra Fría, la “guerra de las galaxias”; el neocolonialismo y el subdesarrollo; el control de los recursos estratégicos por las transnacionales; el terrorismo mediático y el ciberterrorismo; el retroceso del multilateralismo; la proliferación de los conflictos; el expansionismo e intervencionismo de los polos de poder y el renaciente macartismo y ultraderechismo en determinados países.
Otro de los atributos que deben adornar a un buen diplomático es el estudio de la historia de los países hostigados por el gobierno que representa, unido a cierta capacidad de discernir entre campañas de odio y realidades del mundo circundante, al que no deben asignar el inocuo papel de “países periféricos”. Se visibiliza que la “confusión” de algunos mandatarios y cancilleres podría responder, indistintamente a su desconocimiento histórico y científico, materia de estudio para otros expertos, pero también a la premeditación para imponer, mediante campañas políticas y comunicacionales, la amenaza y el uso de la fuerza con vista a lograr sus objetivos de dominación.
Sin embargo, no sería ocioso reseñar la complejidad en los sucesivos enfoques sobre problemáticas ingeniadas por Washington, que amalgaman conceptos como comunismo, izquierdismo, terrorismo y narcoterrorismo, entre otros.
Conferencia contra la Izquierda
En remedo del Manifiesto Comunista “un fantasma recorre América: el fantasma del terrorismo”, también se recuerda el comentario del líder venezolano bolivariano, Hugo Chávez: “esta conferencia huele a azufre”. La suspicacia inclina a intuir que el clamor instigado por Washington contra el terrorismo de izquierda trasciende un factor estrictamente político, porque incorporó a ministros de defensa en el cónclave con debates sobre la cooperación político-militar y “la seguridad interna de las repúblicas americanas”.
La estrategia antiterrorista para 2026 identifica, hasta el momento, tres amenazas potenciadas por la actual presidencia: el “terrorismo islamista”, el “narcoterrorismo” y los “extremistas violentos de izquierda”, incluidos anarquistas y antifascistas”.
El anfitrión subrayó que los grupos de extrema izquierda “han dejado de ser movimientos puramente locales y se han convertido en redes transnacionales que intercambian materiales de entrenamiento, comunicaciones cifradas, financiación y apoyo operativo a través de las fronteras”. Según el Departamento de Estado “algunos de estos grupos reciben apoyo de regímenes hostiles a Occidente, razón por la que Washington recabó que esos ataques no sean considerados como incidentes domésticos y se conviertan en una amenaza coordinada”.
La discreción de los anfitriones soslayó difundir la lista de los 66 gobiernos invitados, aunque trascendió la presencia de España, Italia, Canadá, Alemania, Colombia, Argentina, Chile, Uruguay e Israel.
No obstante, circularon disímiles criterios sobre la conveniencia de internacionalizar la batalla ideológica. Diplomáticos europeos manifestaron su escepticismo frente a una iniciativa más política que técnica, opinaron que la denominada “ultraizquierda no constituye una amenaza prioritaria para sus países” y advirtieron que “ampliar el concepto de terrorismo hacia categorías ideológicas puede debilitar los consensos construidos durante décadas en materia de cooperación internacional”.
De los resultados inmediatos destacaron las conversaciones sostenidas entre el nuevo vicepresidente colombiano y sus anfitriones sobre: el interés de Colombia de reivindicar y fortalecer las relaciones bilaterales “exitosas durante 200 años”; la erradicación de cultivos ilícitos; la importancia de la cooperación internacional para prevenir el resurgimiento del terrorismo político; la confirmación de que no retirarán las sanciones impuestas al presidente saliente; la reintegración colombiana al Escudo de las Américas, calificado “como una oportunidad para el país”; la reanudación de relaciones diplomáticas con Israel y el reciente anuncio de una pronta ruptura con Cuba.
Resumen sobre un documento
La profusión de actos, alusiones, amenazas, insultos y documentos contra Cuba exceden una urgente capacidad analítica más calificada. Convendría una profundización sobre el tema por los estudiosos de la diplomacia contemporánea, desde un ángulo histórico, filosófico, económico y sociológico para hallar la quintaesencia del ampuloso informe emitido por el Departamento de Estado (107 páginas) sobre Cuba titulado “Cuba, la capital del comunismo en el siglo XXI”.
Se anticipa una valoración. A primera vista constituye una obra apartada de la diplomacia tradicional, apoyada profusamente en documentos estadounidenses de inteligencia militar. Una lectura preliminar del informe y la observación por ciberespecialistas mostraría un resultado de la aplicación de inteligencia artificial (IA) en los párrafos destinados a exagerar sobre la “subversión cubana contra Estados Unidos”.
Corresponde arriesgar que la diseminación de acontecimientos y el seguimiento a los grupos contestatarios del imperialismo, también inducen un relato sobre la insurgencia mundial, proveniente de la experimentada inteligencia militar acopiada por EE.UU. y sus principales aliados y entrenados desde la operación Gladio en Europa, los planes Cóndor, Coru, Colombia y Mérida en América, las bases estadounidenses radicadas en todos los continentes y de las lecciones impartidas en academias como la de Langley, Virginia.
Con estructura académica y lenguaje “moderado”, el Informe procura concientizar a actores seleccionados sobre una “malignidad enfermiza de los cubanos contra Estados Unidos, desde la Revolución en 1959”. Ello constituye una pieza meditada de propaganda gris que híbrida citas sobre acontecimientos reales, ficción, campañas para captar adeptos en el mundo, tergiversaciones y falacias, exageración sobre las potencialidades cubanas en diversas regiones, que sobredimensionan la influencia cubana sobre reacciones internas en territorio estadounidense, supuestamente derivadas de la subversión ejercida desde 1959.
El informe plantea en nueve acápites: 1) El Estado revolucionario, 2) El movimiento de una nueva izquierda, 3) La expansión de la Revolución, 4) Un imperio de espionaje, 5) Turismo revolucionario, 6) La revolución racial, 7) Grupos fachada y camaradas, 8) Antiamericanismo internacional y 9) Conclusión.
Su primer desacierto histórico es atribuir exclusivamente a la Revolución Cubana las virtudes de un antiamericanismo (en esencia antimperialismo), al tomar como referencia la carta del comandante en jefe, Fidel Castro a Celia Sánchez en 1958.[1]
Los redactores del profuso informe soslayaron que desde el antianexionismo del padre Félix Varela, la descripción martiana “sobre el norte revuelto y brutal que nos desprecia” y el rechazo radical de Antonio Maceo, la historia cubana está pletórica de un pensamiento y actuación antimperialistas contra la injerencia foránea, que transitó de la autoexplosión del buque Maine, la fundación del Partido Comunista, el Movimiento de los 13, el Ala Izquierda Estudiantil, el derrocamiento del tirano Machado, los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la expedición del Granma y la lucha en la Sierra Maestra.
Llaman particularmente la atención las exageraciones sobre cualidades del poder subversivo de Cuba en todos los continentes (proveniente de un archipiélago de solo 110 000 kilómetros cuadrados y alrededor de nueve millones de habitantes) al que sitúa por encima de países como China, Rusia, Irán y la República Popular Democrática de Corea.
Sus argumentos recorren las sistemáticas y amplias campañas anticubanas desde 1959, insisten sobre la intromisión de Cuba en casi todas las repúblicas latinoamericanas y se “modernizan” con la patraña de la trata de médicos y la utilización de agentes gratuitos.
Como colofón, en el acápite denominado turismo revolucionario, aseveran que en cualquier disturbio en EE.UU. sea en los campus, las calles y en cualquier lugar, sus líderes han estado en Cuba, tales como la Brigada Venceremos, Pastores por la Paz, dirigentes del movimiento antisegregacionista, delegaciones solidarias o implicados en la “revolución racial”: Malcolm X, las Panteras Negras y Angela Davis, entre otros. El énfasis persigue incriminar a la Revolución Cubana en las contradicciones y manifestaciones internas de aquella sociedad.
Resumen
La diplomacia ejercida actualmente por el imperialismo se aparta radicalmente de la costumbre y las normas tradicionales, con retroceso hacia los decenios donde imperaron los métodos del garrote y las cañoneras.
La reciente convocatoria en Washington por el secretario de Estado a cancilleres de 66 gobiernos con la finalidad de coordinar acciones contra un “nuevo peligro”, ahora denominado terrorismo de izquierda no se diferencia de campañas precedentes, como la cruzada contra el terrorismo islamista desplegada desde 2001 o la innovación del narcoterrorismo esgrimido en el continente con el propósito de erradicar gobiernos constitucionales como el venezolano y el colombiano.
Se visualiza la extensión y diversificación de métodos extremos que atenúen los esfuerzos de organizaciones y grupos contestatarios contra el orden mundial imperante, omitiendo su lógico comportamiento derivado de la lucha entre clases antagónicas.
Las sucesivas y crecientes campañas anticubanas, articuladas por el bloqueo, el terrorismo mediático e informático, la acusación como país supuestamente patrocinador del terrorismo, las amenazas y el uso de la fuerza y la “amenaza extraordinaria” de un pequeño territorio contra la mayor potencia militar mundial, exhiben la esencia de una discrepancia histórica, desde que Estados Unidos se inmiscuyó en la guerra de liberación contra España.
La reciente reunión y el informe del Departamento de Estado sobredimensionan la capacidad cubana para subvertir todo el planeta y procura varios objetivos: provocar un distanciamiento de la compresión por gobiernos, organizaciones y personalidades sobre los impactos reales instrumentados por Washington; modificar la percepción sobre el bloqueo ante la opinión pública mundial; reducir la solidaridad de pueblos y gobiernos que lo rechazan; minimizar los efectos genocidas y reconfigurar un ambiente que acepte con naturalidad o indiferencia y justifique una intervención militar o cualquier acción mediante el uso de la fuerza.
El pretenso vínculo de reacciones y actos contestatarios de diversos sectores de la población estadounidense con elementos de la inteligencia cubana, difundido en el reciente informe, lanza un mensaje que repite la tradicional injerencia estadounidense en el mundo, particularmente en América Latina.
Hacia lo endógeno, la detallada alusión a la oposición y protesta de sectores estadounidenses, augura la exacerbación de la represión interna y muestra variables para un segundo macartismo, convertido en neofascismo de un sistema autoproclamado el más democrático del mundo. No es casual la imputación sobre vínculos entre movimientos religiosos, intelectuales y gremiales con Cuba, caracterizados por su solidaridad con Cuba.
Los acontecimientos y documentos más recientes sobre el terrorismo de izquierda van más allá de la retórica para recuperar la hegemonía estadounidense y evidencian que la tendencia ultraderechista interrelaciona manifestaciones internas de disenso social y una política extramilitarista en el espectro internacional.
Ejemplos visibles son la intimidación a periodistas críticos, la orden de aprensión contra redes informáticas como Telegram, el mercenarismo y la violencia antirracial, la persecución y maltrato policial contra los inmigrantes, en contradicción con la constitución estadounidense, en particular sus enmiendas 1 4 y 5 que proclamaron en 1791 los derechos a la libertad de pensamiento, expresión, prensa y asociación, entre otros.[2]
Fascismo, falangismo, nazismo, macartismo, sionismo, MAGA, ICE,[3] operaciones y recrudecimiento de los planes del sempiterno terrorismo de derecha aglutinan variables en las que la neodiplomacia dirigida por Washington se acelera y erradica la mesura.
Selección bibliográfica
Carrillo Ramírez, Leyla. Seguridad y Terrorismo en el siglo XXI. Editorial Ruth, noviembre de 2023.
Martínez, Kevin Mauricio. “Restrepo y Marco Rubio se reúnen en Washington para trazar el futuro de la relación Colombia-EE. UU”. José Manuel Restrepo y Marco Rubio se reunieron en Washington; ¿de qué hablaron? EL PAÍS.15 de julio 2026.
Montano Félix. “La nueva cruzada ideológica de Washington y la definición que espera a Chile”, El Clarin de Chile, 17 de julio, 2026.
Renard, Thomas. Director del Centro Internacional para la Lucha contra el Terrorismo, con sede en La Haya, comentó Al Jazeera que la cumbre refleja un cambio fundamental en la forma en que Estados Unidos percibe la amenaza. Diario El País, 15 de julio, 2026.
State Department. Informe “Cuba, la capital del comunismo en el siglo XXI”. July 2026 https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/07/further-sanctions-on-the-cuban-regimes-sources-of-funding-and-tools-of-oppression/
La Jornada. Convoca Marco Rubio a 60 países a cumbre contra la «extrema izquierda» Ap, Afp y Reuters, 11 de julio de 2026.
[1] “Me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”.
[2] La primera enmienda protege las libertades de religión, expresión y reunión pacífica; la cuarta a las personas contra registros y aprehensiones irrazonables y la quinta enmienda protege los derechos de los ciudadanos en el sistema legal, garantizando el debido proceso y la protección contra la autoincriminación.
[3] MAGA-Hacer a Estados Unidos grande otra vez). Consigna durante el gobierno actual. ICE (Sistema de Control Migratorio)
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