El 1ro de mayo: ideología, símbolos y bloqueo
Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate.
Hallar la interrelación de axiomas facilita profundizar sobre la esencia de factores, acontecimientos y prevenir situaciones. Por ello, un acercamiento a tres categorías ayudaría a desentrañar vericuetos de lo que se gesta en un momento dado, en procura de un cambio drástico, acelerar el caos o la solución del problema.
La ideología
Sería atinado sintetizar análisis emitidos por los clásicos en el sentido de que la ideología es “una forma de la conciencia social, el conjunto de determinados conceptos, ideas, nociones, representaciones, que abarcan la política, la ciencia, la cultura, el arte, la moral, la religión y refleja el sistema económico-social imperante”.
Desde los años 50 del siglo XX, estudiosos de la materia abundaron en su conceptualización de: “un sistema de criterios e ideas políticos, jurídicos, morales, estéticos, religiosos y filosóficos. La ideología es parte de la superestructura (vínculo entre la base y la superestructura) y, en calidad de tal refleja, en última instancia, las relaciones económicas y políticas. A la lucha de los intereses de clase en la sociedad antagónica corresponde determinada lucha ideológica. La ideología puede ser un reflejo auténtico o falso de la realidad, puede ser científica o acientífica”.[1]
“La ideología ejerce una activa influencia en el desarrollo o en el retroceso social, porque responde a la clase dominante, en particular a la burguesa y pequeño-burguesa, desde luego como antípoda de las aspiraciones obreras, a la vez que desconoce y rechaza el humanismo”.[2]
Lo que antecede se constata, durante los siglos XX y XXI ante la adopción de acciones y políticas destinadas a preservar el capitalismo (el sistema socio-económico más prolongado en la historia) y de su ideología. Han transcurrido diversas fases capitalistas: de Estado, imperialismo, nazi-fascismo, neoliberalismo, sionismo y neofascismo (en desarrollo los dos últimos).
Por tales razones, no sería lógico inferir un comportamiento más moderado, justo o “humanista” proveniente de los principales polos de poder occidentales, en la pugna por su hegemonía o para prolongar su dominación indefinidamente. Entre sus innúmeros métodos se halla la visible “desideologización” aplicada por los países más industrializados para socavar la lucha sindical.
También podría resultar incongruente esperar a que un presidente estadounidense o un primer ministro israelita fuese menos dañino y letal contra pueblos como el cubano, el palestino o el iraní; que respetasen el Derecho Internacional y el menoscabado Derecho Internacional Humanitario y —mucho menos— que entiendan los símbolos para los trabajadores ante sus reclamos laborales en medio de la lucha de clases, para alcanzar equidad o la preservación de su independencia, soberanía y autodeterminación.
Los símbolos
El símbolo refleja una expresión sensible de algo intelectual o moral y varios diccionarios lo conceptualiza como “un dicho sentencioso de la fe”. En sus manifestaciones históricas, determinados valores, factores y acontecimientos se reflejan simbólicamente y señalan una interrelación entre la esencia y la forma. Simplificado, la bandera, el escudo y el himno de una nación simbolizan la patria; el beso a un ser querido simboliza el amor y el movimiento obrero es un símbolo de la prolongada lucha de clases.
Los sindicatos en países capitalistas de Europa y América, unidos a la aparición del proletariado industrial a finales del siglo XVIII y principios del XIX, constituyeron el embrión de la prolongada batalla de la clase obrera por reivindicar sus derechos laborales, extendida hasta el presente.
Su objetivo era la ayuda mutua, transformada en asociaciones, distribuidas a continuación por ramas y oficios y convertidas, decenios después, en las primeras centrales sindicales nacionales. Posteriormente surgieron en países coloniales y dependientes de América, África y Asia.
En varios países de Europa occidental y en Estados Unidos los sindicatos precedieron a los partidos revolucionarios representativos de la clase obrera y limitaron sus actividades a la lucha económica. En el Sur Global (especialmente en el continente africano) los nacientes gremios se involucraron en la lucha por la liberación nacional, alineados a diferentes tribus, pueblos y grupos étnicos. En América Latina y el Caribe el sindicalismo osciló —en buena medida— según el grado industrialización en países agrarios y, con frecuencia, el estudiantado protagoniza la exigencia de reivindicaciones para otros sectores sociales. Al unísono las acciones económicas, también fortalecen sus reclamos independentistas y soberanistas.
Una imprescindible referencia a los símbolos obreros en Europa la constituyen el ludismo[3] inglés y los ascendentes movimientos sindicales en Francia, Italia y Portugal, hasta que la Operación Gladio[4] arremetió contra sus dirigentes e influyentes partidos comunistas, para impedir su ascenso al gobierno.
La prolongada lucha obrera inglesa emergió en 1867, cuando, resultado de la Revolución Industrial, los trabajadores combinaron los actos aislados contra las máquinas con reclamos de derechos laborales. El sindicalismo británico ha transitado desde las primeras asociaciones y sociedades fraternales, el ludismo (en la industria textil contra las máquinas), el socialismo utópico propugnado por Robert Owen y el cartismo.[5] Ello condujo a la profesionalización sindical (sin doctrinas revolucionarias) y a la legalización y consolidación a finales del siglo XIX de los derechos laborales británicos que protegen contra el despido injusto y regula la salud y seguridad social.
El movimiento sindical francés surgió desde las Revoluciones Industrial y Francesa, con hitos desde 1791, en cuya trayectoria destacaron sucesivamente: la prohibición del derecho de negocios y huelgas, el Motín de los cuatro centavos (por los mineros), proclamación de libertad sindical, participación de obreros en la Comuna de París, su ilegalización durante la Segunda Guerra Mundial, la Belle Époque,[6] la fundación de la Confederación General del Trabajo (CGT), las leyes de pensiones para obreros y campesinos, convenios colectivos, la creación de comités de empresas y el establecimiento de la seguridad social. Entre sus principales reivindicaciones actuales, los trabajadores galos protestan básicamente contra la extensión de la edad para la jubilación.
En Italia la Confederación General del Trabajo (CGdL) fue fundada en 1906. El movimiento sindical surgió en las primeras factorías desde una motivación ideológica socialista, no basada en la profesión ni la calificación obrera, afiliado a la II Internacional, con tradición revolucionaria y socialista e influyente sobre el sector agrario en las regiones menos industrializadas.
Durante el fascismo, la adhesión de obreros al movimiento guerrillero contribuyó a un movimiento unitario, aglutinado en la CGIL (fundada en 1944) con sectores comunistas, socialistas y demócrata-cristianos, fragmentados en 1948. Desde entonces, aprobaron en 1970 los estatutos para los derechos individuales y colectivos por centros de trabajo, en 1978 incorporaron las restricciones macroeconómicas; entre 1969 y 1972 efectuaron nutridas movilizaciones reivindicatorias y en 1993 adoptaron el Acuerdo Tripartito que reformó el sistema de negociación colectiva.
En la ciudad estadounidense de Chicago en 1886 tuvo lugar una protesta por la jornada laboral de ocho horas. La explosión de una bomba originó una represión brutal, que generó la muerte de los Mártires y signó el 1ro de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores.[7]
El movimiento sindical en Estados Unidos ha transitado, desde la membresía por anarquistas, la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, la ley Ingersoll, el derecho a la huelga, las protestas callejeras para la equiparación salarial y el heterogéneo movimiento Ocuppy Wall Street. En la nación más poderosa del planeta están pendientes innúmeras reivindicaciones laborales conquistadas en Estados progresistas y socialistas, por ejemplo: la equiparación salarial para ambos sexos, el arbitrario despido ante las crisis cíclicas, la equidad salarial entre los nacidos y los inmigrantes residentes o nacionalizados y la persecución a los contratantes ilegales, entre otros.
En el siglo XIX los tabaqueros cubanos en Tampa y Cayo Hueso apoyaron la lucha por la independencia, contribuyeron con fondos para costearla y a la fundación del Partido Revolucionario liderados por José Martí. A comienzos del siglo XX obreros azucareros, portuarios y tabaqueros se sacrificaron para lograr avances laborales, a pesar de la represión y el asesinato de sus líderes sindicales. Así se consolidó el constante bregar, que experimentó un cambio radical al triunfo de la Revolución en 1959. Es oportuno recordarlo, para quienes olvidan u omiten la historia sindical cubana.
En el ámbito mundial del 1ro de mayo se afianzó como tribuna de los trabajadores, reflejado en fiestas o disputas callejeras, según el país, la historia y su ideología. Por ejemplo, las banderas rojas ondean en la Plaza Roja de Moscú (como herencia de la etapa socialista), banderas rojas, cintas multicolores y globos se enarbolan en Vietnam, China y Laos o Cuba, donde los trabajadores han avanzado hacia un espectro inimaginable en siglos precedentes
Pero no todo es color de rosa, ni los logros por el movimiento sindical en países socialistas (eliminados o sobrevivientes) o reproducidos parcialmente en un mundo capitalista desarrollado, que se empeña en proclamar una supuesta defensa de la democracia y los derechos humanos. Indistintamente en Italia, Francia, España, Alemania, Portugal, Grecia, Corea del Sur, Estados Unidos, Argentina o Bolivia se reproducen cada año, los reclamos por reivindicaciones laborales, respondidas con cachiporras, gases lacrimógenos y detenciones arbitrarias contra los manifestantes y determinadas minorías, grupos étnicos, confesionales e inmigrantes. Pero escasean las críticas a esos gobiernos por violación los derechos humanos o del derecho al trabajo.
El país imperialista más poderoso de la historia readapta los tradicionales símbolos del proletariado y de las transnacionales a la actualidad, valiéndose del terrorismo mediático, la exclusión y represión migratoria, el ciberterrorismo y el eficiente uso de la Inteligencia Artificial, para movilizar en su favor a sectores laborales y grupos sociales. La novedad en la simbología laboral es silenciar las expresiones populares positivas y, por el contrario, exacerbar, las dificultades afrontadas en países progresistas o socialistas, mediante campañas que son instrumentos eficaces para potenciar la ideología capitalista, neofascista y sionista.
Por tales razones, sería irrealizable esperar que el “trumpismo” acepte la realidad defendida durante la celebración del 1ro de mayo, por los trabajadores cubanos, sus familiares y amigos solidarios al desfilar con más de cinco millones de personas y exhibir la firma de más de seis, que defienden el derecho soberano de la patria. Todo ello, a pesar del bloqueo, de la coerción ampliada, las carencias materiales, los apagones eléctricos y derivados y de la urdimbre de amenazas militares contra Cuba en un mundo cada vez más polarizado, inestable, represivo, brutalizado y guerrerista.
Evidentemente en el establishment de Washington no pueden entender los símbolos enarbolados por las banderas rojas, las sonrisas, el esfuerzo de transportarse a pie y bailar una conga[8] cuando los potentados y neofascistas persisten en asesinar el espíritu de Hatuey, Antonio Guiteras, Jesús Menéndez, Lázaro Peña, entre los rebeldes cubanos por la lucha libertaria. Ellos requerirían estudiar la historia sindical cubana, aunque tampoco conocen la propia.
El bloqueo
Quien siga la huella de la escalada imperialista contra el Sur global podría percatarse de sus efectos inhumanos contra los países demonizados, pero también contra determinados sectores sociales estadounidenses. La ideologización tiende a profundizar y expandir el abismo socio-económico, el odio étnico, religioso, político y laboral (traducidos en represión policial, discriminación, xenofobia y deportación masiva de los inmigrantes indeseados); una explotación más lucrativa y el enriquecimiento geométrico de los gobernantes quienes adoptan decisiones cuasi unilaterales, con actos muy distantes de la proclamada democracia, rayanos con el totalitarismo y las acusaciones sobre “inestabilidad interna” o “violación de los derechos humanos”, como pretextos justificativos para imponer sanciones unilaterales o el uso de la fuerza.
Los factores mencionados se presentan más que nunca en el actual escenario de Cuba y —cuando los estrategas, gestores y ejecutores del caos apelan a sus habituales métodos y no obtienen el resultado esperado— muestran opciones peligrosas y atentatorias contra dos derechos humanos insoslayables: a la vida y a la paz.
El bloqueo anticubano, persistente y recrudecido desde hace seis decenios es un ejemplo de los métodos empleados por el país más poderoso de la tierra, ahora en una etapa de neofascismo. En su legislación y prácticas el gobierno estadounidense exhibe una vesania indetenible que preocupa a muchos: a los cubanos, los amigos, las organizaciones e instituciones internacionales o al Papa católico. La repetición anual de una resolución que lo condena disgusta a los ideólogos que centran sus actos para provocar la oclusión del proyecto social hacia el socialismo.
En lo vinculado a la ideología, Washington decidió que el símbolo de Cuba para los explotados y vilipendiados “sea borrado de la faz del hemisferio”, sin importar las falacias contra el país caribeño, proliferar la “confusión” y las imputaciones en las redes informáticas, extremar el bloqueo energético y de combustibles, de alimentos y medicamentos; sucesivas acusaciones sobre practicar la “trata de médicos”, violaciones de los derechos humanos, de “manifestantes en el 1ro de mayo, supuestamente obligados a participar en el desfile” o de acoger “operaciones militares en el territorio de países enemigos de Estados Unidos”.
Cada día los “ingeniosos” asesores y estrategas de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y de la Oficina para el Control de Activos (OFAC) amanece con un nuevo documento asfixiante para acabar con Cuba. Los pretextos se “innovan” o reciclan, según el insomnio o la profundidad del sueño la noche anterior. Arguyen actuar contra un “gobierno narcoterrorista”, tratante de médicos, amenazante inusual para la seguridad estadounidense, patrocinador del terrorismo o sede de operaciones militares de países enemigos y violador de los derechos humanos hasta el infinito.
Los expertos que intensifican el bloqueo ignoran, olvidan o invisibilizan que al reciente desfile del 1ro de mayo acudieron más de cinco millones de cubanos, para celebrar las conquistas de la Revolución a las que todavía aspiran trabajadores de varios continentes y que más de seis millones estamparon sus firmas por Cuba, a pesar de las carencias, los apagones y la incertidumbre.
En cambio, tal simbolismo no puede comprenderse por los altos representantes de un país que instiga y perpetra en el magnicidio de países del Medio Oriente; instiga guerras en todo el planeta, agudiza la desigualdad racial, reprime y deporta a los inmigrantes, incrementa las cárceles de máxima seguridad y es el país con mayor aplicación de la pena de muerte. Mientras silencia la violación interna de sus derechos humanos. A pesar del corolario resurgente de la Doctrina Trump, Washington tampoco ha podido silenciar ni —mucho menos asimilar— la presencia de más de 700 representantes sindicales en los festejos del Día Internacional de los trabajadores, en lo que constituye un símbolo de hermandad y solidaridad mundial con el pueblo cubano.
Por ello, no debe sorprender la emisión de la nueva orden ejecutiva el reciente 1ro de mayo, que multiplica las sanciones contra Cuba y enardece la coerción mundial, incluso contra terceros países. En lo ideológico, refuerza las amenazas para el uso de la fuerza, en lo jurídico pisotea el derecho de los cubanos a su autodeterminación y agrede, una vez más, el principio de soberanía.
Entre los símbolos omitidos se halla el orgullo de los cubanos, tanto a defender la patria, como a mantener los logros sociales alcanzados por la Revolución; a que mulatos ni negros sean violentados o asesinados por policías blancos en las calles, ni a esconderse huyendo de ICE para poder trabajar o para no ser internados en los ultramodernos centros de detención en Alcatraz, la ilegal base naval de Guantánamo o El Salvador. Al parecer, los estrategas del bloqueo y de la asfixia anticubana ignoran varios principios amparados en sus derechos humanos.
El 29 de enero de 2026 había sido emitida una primera Orden Ejecutiva que impuso un sistema arancelario adicional a exportadores de petróleo a Cuba, resaltaba “la alineación del régimen cubano a países hostiles y autores malignos y acoge a sus ejércitos y capacidades de inteligencia para robar información delicada de seguridad nacional de EE.UU.; proporciona refugio seguro a grupos terroristas transnacionales como Hezbolá y Hámas y apoya a sus adversarios en el hemisferio occidental”.
La Orden Presidencial del 1ro de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, arrecia el prolongado y genocida bloqueo para asfixiar al pueblo cubano que “sigue representando una amenaza extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos” y sanciona a las personas involucradas en los sectores de la energía y la minería, a “cualquiera involucrado en graves violaciones de los derechos humanos y arremete contra “políticas y prácticas diseñadas para perjudicar a Estados Unidos, contrarios a los valores morales y prácticas de las sociedades libres y democráticas”. Huelgan los comentarios.
Resumen
Resultaría insensato aventurar un resumen final, porque la prolongación del bloqueo anticubano y la promulgación de nuevas medidas coercitivas pudieren avizorar —indistintamente— un desenlace más favorable, pero también apocalíptico para Cuba.
La adición del bloqueo petrolero al prolongado cerco económico, comercial y financiero, condenado anualmente por una mayoría de Estados miembros de las Naciones Unidas en su Asamblea General no augura necesariamente un inmediato final feliz para los cubanos.
La ideología imperialista en su actual etapa persevera y profundiza la brecha existente entre las aspiraciones a la autodeterminación y soberanía de Cuba y las del establishment del gobierno más poderoso. Mientras, los símbolos del proletariado mundial difieren, se modifican o se deshacen impunemente en ocasión de conmemorarse el 1ro de mayo.
Selección bibliográfica
Editorial Progreso. Diccionario de Comunismo Científico. Moscú, URSS. 1981, https://academia-lab.com › enciclopedia › sindicatos-en-el-reino-unido
Bruno, Mattei. ¡Rebelde, rebelde!: revueltas y mitos de la menor, 1830-1946, Ediciones Champ Vallon, Paris, 1987. P. 14, https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/05/fact-sheet-president-donald-j-trump-imposes-sanctions-on-cuban-regime-officials-responsible-for-repression-and-threats-to-u-s-national-security-and-foreign-policy/
[1] Rosental, Diccionario de filosofía. Editorial esp., Mocú. 1984:222-223.
[2] Lenin, Vladimir I. “¿Qué hacer?”, Obras escogidas, t. I, pp. 215 y 216, Ed. esp., Moscú, 1948.
[3]Ludismo: movimiento surgido durante la Revolución Industrial inglesa, iniciado mediante sabotajes a las máquinas, porque eliminaban puestos de trabajo.
[4] Operación Gladio. Conjunto de operaciones clandestinas perpetradas por la OTAN y la CIA durante la Guerra Fría, bajo el pretexto de evitar una supuesta invasión soviética, que abarcó Francia, Italia, Bélgica, Suiza, Alemania, Portugal, Noruega, Dinamarca y España. Junto a los servicios secretos europeos instrumentó sabotajes, terrorismo de bandera falsa y manipulación de la democracia interna. Cercenó el ascenso al gobierno en Francia, Italia y Portugal de los partidos comunistas, presentes en los respectivos sindicatos.
[5] Cartismo. Movimiento de masas que planteó en la Carta del Pueblo seis derechos: el sufragio universal masculino (para hombres adultos), voto secreto, supresión del requisito de propiedad para ser diputado (acceso a cargos electivos sin condicionantes de riqueza), pago de los diputados (para permitir la representación de clases populares), distritos electorales con igual representación y elecciones parlamentarias con periodicidad regular (Parlamento anual). Su fracaso condujo a sus simpatizantes a emplear métodos pacíficos y a la negociación como vía para mejorar las condiciones laborales.
[6] Belle époque: período en Europa y Estados Unidos transcurrido entre el siglo XIX y la Primera Guerra Mundial. Alcanzó avances tecnológicos, florecimiento cultural y artístico, progresos en el nivel de vida y afianzó el dominio por la clase burguesa en la sociedad.
[7] Martí recogió el hecho histórico en su crónica para el diario La Nación de Buenos Aires: “… salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, le ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro.
[8] Conga. Baile popular cubano, de origen africano. Usual con la fiesta del Día de Reyes que otorgaba a los esclavos un día de gracia para festejar y se popularizó.
Déjanos tu comentario