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¿Intento de magnicidio en U.S.A.?

mayo 2, 2026   0

Crédito: EFE/EPA/YURI GRIPAS / POOL

El pasado 25 de abril fue convocada la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, un evento de larga tradición que tendría lugar por primera vez bajo una administración del presidente Donald Trump. Durante su primer mandato Trump se negó a realizarla, por lo que se considera que esta marca un cambio de estrategia hacia el mejoramiento de su imagen ante el establishment mediático. En esta ocasión 2 600 personas fueron invitadas al Salón de Fiesta del Hotel Hilton de Washington donde tendría lugar el importante evento.

Poco después de comenzar la actividad se escucharon detonaciones que resultaron ser disparos que provenían de algún lugar cercano al salón donde se encontraban los invitados. El presidente, el vicepresidente y otros altos funcionarios del gobierno con sus respectivas esposas fueron rápidamente sacados del lugar y puestos a buen recaudo por miembros del Servicio Secreto.

Poco después se informó que un ciudadano norteamericano, Cole Tomas Allen, de 31 años, había sido apresado cuando intentaba acercarse al Salón de Fiesta para atentar contra la vida del presidente. Con posterioridad se conoció que Allen pensaba atentar también contra otros miembros de la administración.
Según se ha informado, Allen intentó pasar a toda carrera por un punto de control donde había varios miembros del Servicio Secreto llevando en sus manos una escopeta calibre 12. También tenía en su poder una pistola calibre 9 mm y tres cuchillos. Esto ocurrió en el piso superior al del Salón de Fiesta. Inmediatamente después de pasar el punto de control, se escuchó un disparo, aparentemente proveniente de la escopeta, donde más tarde se encontró un cartucho vacío. Inicialmente se informó que este disparo dio en el pecho de un miembro del Servicio Secreto, el cual resultó ileso gracias a su chaleco antibala. Posteriormente se ha dicho que los videos arrojan dudas sobre si en realidad el disparo que golpeó el pecho del oficial salió de la escopeta de Allen o de la pistola de alguno de los otros oficiales del Servicio Secreto.

Este mismo oficial y otros miembros de dicho cuerpo, realizaron numerosos disparos con sus pistolas a Allen, quien cae, según una testigo, por un tropezón que da en la carrera, y allí es apresado. Allen sólo tenía un golpecito en la rodilla producto de la caída.

A partir de estos elementos y de otros que posteriormente se han ido conociendo, surgen numerosas dudas y cuestionamientos sobre todo lo ocurrido y las verdaderas intenciones de Allen.

Allen se hospedó en el Hilton dos días antes, o sea el 23, cuando ya se conocía del evento que tendría lugar dos días después, y el hotel tenía que estar estrechamente controlado por el Servicio Secreto. Sin embargo, se hospedó introduciendo todo aquel armamento sin el menor contratiempo.

La escopeta que llevaba el atacante podía cargarse con balas, pero según declaró el mismo Allen en unos papeles escritos que dejó contando de sus planes, prefirió cargarla con cartuchos de perdigones para evitar hacer daño a otras personas con balas que podían perforar paredes. Una escopeta calibre 12 del tipo que llevaba Allen, utilizando perdigones, para matar a una persona deberá dispararle a una distancia no mayor de 15 o 20 metros. Para un atentado de este tipo, donde difícilmente un hombre armado con una escopeta pueda acercarse a un jefe de estado, no parece el arma más apropiada. Utilizar balas a mayor distancia o la pistola en lugar de la escopeta, seguramente sería un plan de atentado mucho más lógico.

Con posterioridad a recibir un disparo en su chaleco antibalas, este oficial dispara su pistola varias veces contra Allen, y también otros oficiales le hacen varios disparos con sus pistolas. Que ninguno de estos hombres, que sin lugar a dudas son expertos tiradores, le hayan acertado ni una sola vez, ni para herirlo, a una distancia tan corta, resulta altamente sospechoso.

Este conjunto de hechos; hospedarse en ese lugar con todo el armamento que llevaba sin ser detectado, utilizar pedigones en lugar de balas o pistola, intentar pasar corriendo por un punto de control donde había varios miembros del Servicio Secreto con una escopeta en la mano, incluso en un piso diferente al del Salón de Fiesta, salir ileso de varios disparos hechos por tiradores expertos, realmente nos hace plantearnos algunas dudas.

¿Realmente Allen quería matar al presidente o quería que lo capturaran? ¿Pueden al menos algunos de estos extraños sucesos encontrar explicación solamente en deficiencias del Servicio Secreto? ¿Se esconde alguna otra cosa detrás de estos aparentemente incongruentes hechos? Por la información de que se dispone hasta ahora no hay indicio alguno de que Allen sea un perturbado mental, ni de que estuviese buscando fama o notoriedad. Tampoco existe un solo elemento que lo vincule con organizaciones ni ideologías de izquierda ni organizaciones extremistas.

Antes del comienzo de la cena la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respondiendo a una pregunta sobre lo que sería el discurso de Trump, respondió que sería entretenido y que además “se iban a disparar algunos tiros”. Aunque luego se aclarase que se trataba de una afirmación simbólica referente al discurso del presidente, esta declaración no ha pasado inadvertida para los observadores.
Por otra parte, este hecho no podía haber ocurrido en mejor momento si se pretende intentar rescatar la popularidad del presidente que actualmente se encuentra en su punto más bajo. El apoyo a su gestión por debajo del 40% de aprobación. El precio de la gasolina ya anda por los $4.30 el galón. El 55% diciendo que su situación financiera es cada vez peor. Sólo un 34% aprueba el manejo de la economía por Trump mientras un 66% lo desaprueba. Y por primera vez en años mostrando los electores de mayor confianza hacia los demócratas en el manejo de la economía. Además, dentro de seis meses tendrán lugar las elecciones de medio término y ya se está dando por descontado que los republicanos van a perder la Cámara, y que el Senado, que parecía a salvo, ahora no se descarta que también puedan perderlo.

El caso Epstein sigue atentando contra la popularidad de Trump. Muchos sectores, sobre todo católicos, entre los que hay muchos latinos, se sienten ofendidos por los ataques de Trump al Papa, y por sus publicaciones donde aparece como Jesucristo.

La guerra en Irán a la que se opone el 59% de los estadounidenses le ha costado hasta ahora al país 25 billones de dólares, aún no se le ve el fin, y ya algunos analistas plantean que Estados Unidos está perdiendo la guerra. Declaraciones de Trump tales como que “toda una civilización morirá esta noche para no volver jamás” si Irán no reabría el estrecho de Ormuz, y otros comentarios incendiarios como alegrarse en público de la muerte de un fiscal, y decir cuando un cineasta fue asesinado que eso le había pasado por ser antitrumpista, han sido condenados no sólo por demócratas, también por republicanos incluyendo algunos miembros del movimiento MAGA.

Los republicanos y la propia administración Trump no han demorado mucho en aprovecharse de estos sucesos del 25 de abril en el Hilton para atacar a sus rivales del Partido Demócrata. El día 27 la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el tiroteo en la cena de corresponsales se produjo en un clima de violencia política alimentado por una “demonización sistemática de Donald Trump y sus seguidores por parte de comentaristas, dirigentes demócratas y algunos medios de comunicación”, y calificó el hecho como un “culto izquierdista al odio contra el presidente”
Por su parte, el senador de Florida Rick Scott dijo en la discusión de un proyecto de ley en el Senado que “algunos demócratas han utilizado una retórica violenta contra el Presidente durante los últimos años, lo que ha traído como resultado un nuevo intento de asesinato contra el Presidente por parte de izquierdistas radicales”.

Pero quizás el punto más notable del aprovechamiento de los sucesos del Hilton por parte de la administración Trump está en el controvertido Salón de Baile que el magnate presidente construye en el ala este de la Casa Blanca, a un costo inicialmente estimado de 200 millones, que ha ido paulatinamente incrementándose hasta 400 millones, y que según Trump será enteramente costeado por donaciones privadas. Las obras están actualmente paralizadas por una prolongada batalla legal presentada por el principal grupo de preservación histórica del país que plantea que Trump no puede avanzar con el proyecto hasta que el Congreso lo autorice expresamente.

Tras los acontecimientos del Hilton, el Departamento de Justicia pidió a un juez federal que anule un fallo que habría detenido la construcción. La presentación, redactada en términos tajantes critica al Trust for Historic Preservation por padecer el “síndrome de trastorno por Trump”, y señala que el hecho de que un asesino estuvo a meros segundos de dispararle al presidente y la mayor parte de su gabinete, deja en evidencia que Washington no tiene un espacio seguro para grandes eventos de alto perfil, ni uno capaz de albergar un evento con la línea de sucesión del Gobierno de EE.UU. “¡Lo que hizo el sábado por la noche no podría haber ocurrido en esta nueva y altamente segura instalación!”.

El propio Trump, a través de su red social, insistió en que el incidente refuerza la conveniencia de disponer de este salón, argumentando que será una “instalación grande y segura”, que permitirá tener sentados a entre 900 y 1 000 personas, y que estará rodeado de cristales antibalas, con cubiertas resistentes a drones, un refugio y sistemas técnicos concebidos para minimizar vulnerabilidades.
Los congresistas republicanos también se movilizan aceleradamente a favor del proyecto de Trump. El senador Lindsey Graham, Presidente del Comité de Presupuesto del Senado, planteó su deseo de moverse lo más rápido posible en favor de una ley que otorgue 400 millones de dólares para la construcción del Salón de Baile, sugiriendo que las donaciones privadas se utilicen para comprar vajillas y otros útiles similares.

Los acontecimientos del Hilton sin dudas ofrecen numerosas vertientes desde las cuales los republicanos y Trump en particular pueden obtener beneficios. Seguramente, toda una serie de sucesos sospechosos ocurridos durante el supuesto intento de asesinato hará pensar a muchos si todo esto no es otra cosa que un montaje republicano elaborado con el propósito de mejorar la percepción del electorado sobre Trump, obtener algunos otros beneficios como el del Salón de Baile, y sobre todo tratar de evitar los previsibles fracasos en las elecciones congresionales de noviembre.

Estados Unidos es el país de las teorías de las conspiraciones. En relativamente pocos años hemos conocido de varias. La llamada Pizzagate de 2016 que pretendió dañar la reputación de Hillary Clinton; la Q Anon, en la que supuestamente Trump emprendía una cruzada contra la pedofilia y el estado profundo; la iniciada por el propio Trump sobre el lugar de nacimiento del presidente Obama; y la más conocida de todas que planteaba que el derrumbe de las Torres Gemelas obedecía a explosivos puestos allí por la propia administración de George W. Bush para justificar sus posteriores aventuras militares y en la que aún cree más del 30% de los norteamericanas.

Han transcurrido muy pocos días de los sucesos del Hilton, pero seguramente no demorará mucho en que comiencen a aparecer teorías que cuestionen la versión oficial. Razones de sobra hay.


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