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Irán. El dilema negociador de Trump 2.0

mayo 2, 2026   0

Xinhua/Str

Entre amenazas y narrativa engañosa se debatía la estrategia asumida por el presidente Trump contra la República Islámica de Irán, en el lapso negociador en Islamabad, en medio de la continuidad de preparativos dirigidos al reforzamiento de la maquinaria bélica empleada por Washington en la agresión contra Teherán, bajo el rótulo de operación Furia Épica.

Lo descollante en este momento ha sido la negativa de Teherán de participar en la segunda ronda de negociación, en la capital paquistaní atendiendo a la decisión estadounidense de persistir en el bloqueo unilateral del estrecho de Ormuz, a la par que no perder la capacidad bélica en la contienda; cuestión esta, que sigue marcando la diferencia, a partir de los golpes propinados en las diferentes oleadas de bombardeos, con los misiles hipersónicos y el empleo de los distintos tipos de drones.

La estrategia seguida por Trump, que ha sido el vocero principal de esta proyección de ataque comunicacional, que ubica en primer plano la narrativa del supuesto hecho consumado, en favor de los objetivos planteados por Washington, buscó la “persuasión” de la parte iraní a que no abandonara el proceso negociador, aportándole una imagen de actor “flexible”, que conecta con la procura de una repulsa internacional hacia Teherán, a pesar de ser el país agredido.

Al mismo tiempo, esa narrativa de Trump ha estado potenciando la matriz de la existencia de ciertas diferencias al interior de la dirección iraní, entre facciones que se inclinan por la opción negociadora y otra estimulada a la continuación de la conflagración, con la mirada que apunta al Cuerpo de los Guardianes Revolucionarios Islámicos, que han estado desde su conformación al frente del enfrentamiento al sionismo.

Sobre este episodio, habría que anotar que el estado de Israel ha manejado la hipótesis de la existencia de diferencias al interior de la dirección iraní, lo cual se remonta a la era del extinto ayatola Alí Jamenei, cuestión esta, de la que se han hecho eco también, desde su propia perspectiva, académicos y estudiosos del Irán contemporáneo, sobre todo con mayor énfasis en el transcurso del siglo XXI.

Resulta evidente que Trump está urgido de una victoria frente a la República Islámica de Irán, que es un adversario que, al decir del ministro de Exteriores persa, su país está en capacidad de sostener la guerra por espacio de seis meses; condición esta que probablemente no están dispuestos a asumir los EE.UU. y su aliado Israel, en medio de un rechazo que dicha contienda ilegal se sostiene en el marco de los aliados de la OTAN, y que incluso uno de sus miembros, como Türkiye, la rechaza y reafirma su condena a los ataques contra la población civil por parte del régimen sionista en Gaza y Líbano.

Por otro lado, en Teherán la repulsa a la matriz de Trump no se ha hecho esperar, por intermedio de declaraciones del presidente, canciller y de la propia presidencia del Parlamento, autoridades que han rechazado las supuestas divisiones al interior del poder del país persa, dejando por sentado que la iniciativa de la guerra corre por su propia determinación, frente al supuesto control ejercido por Washington.

Desde los EEUU resulta apreciable la relación de controversia que mantienen el presidente y el secretario de Guerra con el Pentágono, debido al tema de la guerra ilegal con la República Islámica de Irán y los resultados adversos verificados hasta entonces, en que Washington aparece como el perdedor neto, en medio de unas elecciones de medio término complicadas por venir, a principios de noviembre del año en curso.

A lo apuntado, se añade la realidad que representa que el Eje de Resistencia ha sobrevivido en esta contienda, con la incorporación probable de otro actor agraviado por la política exterior del sionismo, como lo muestra la disposición del gobierno de Somalia de obstaculizar el tránsito de navíos israelíes por el Mar Rojo, debido a la decisión unilateral e ilegal de reconocimiento de la soberanía de Somaliland, a contrapelo de la posición contraria de la Unión Africana y de agravio a Mogadiscio.

La negativa de Teherán de seguir participando en las negociaciones con los EE.UU., con la mediación paquistaní, remitiendo a Islamabad los puntos de vista iraníes mediante una carta del canciller Araghchi, estuvo acompañada de la visita del titular de Exteriores a Omán, con el propósito declarado de ganar respaldo de ese estado árabe vecino, en cuanto al ordenamiento y control de Estrecho de Ormuz, así como de la seguridad requerida en in situ, sin intromisiones indeseadas.

Al mismo tiempo, la visita del canciller Araghchi a San Petersburgo alcanzó el compromiso del presidente Putin de hacer todo lo posible, en función de alcanzar una paz duradera, que subraya de ese modo el respaldo diplomático ruso, que previamente se hizo evidente en el Consejo de Seguridad de la ONU, con el ejercicio del veto, junto a la RP China, que neutralizó una condena a Teherán.

Otra realidad que ha estado gravitando en este contexto, en el cual el tema del cierre del Estrecho de Ormuz ha ocupado el epicentro, ha sido el desempeño diplomático de Beijing, en defensa de sus intereses nacionales, que ha dejado por sentado que no asumirá una posición pasiva, a muy pocas semanas de tener lugar la proyectada visita de Trump al gigante asiático, como parte del diálogo de alto nivel que mantienen los dos países.

Beijing ha hecho valer sus intereses respecto a la necesidad mantener la navegabilidad segura y fluida por ese espacio marítimo clave, a pesar del incidente de la toma unilateral del buque Touska, procedente del gigante asiático y rumbo a Irán, por parte de la armada estadounidense, sobre cuyo hecho el gobierno chino no ha hecho pronunciamiento alguno, dejando por sentado que existen asuntos de mayor relieve a nivel bilateral con Washington, del mismo modo que el apoyo a Teherán reafirma una dimensión estratégica.

Pese a ello, ha sido mucho más relevante la decisión adoptada por Islamabad de abrir su territorio, con el propósito de que la República Islámica de Irán encaminar su comercio con terceros países, a través de su territorio, lo que indica que ahora además de asumir el rol de facilitador/mediador en las negociaciones entre Teherán y Washington, inclina su balanza en respaldo del país persa en sus relaciones internacionales, sobre todo con destino a Beijing, un socio importante por décadas de Islamabad.

Como colofón, como parte de la ofensiva diplomática emprendida por el canciller Araghchi, que lo hizo llegar también a la capital paquistaní (26.4.2026), el país persa presentó a su contraparte estadounidense la propuesta para reabrir el Estrecho de Ormuz, poner fin a la guerra a la par que posponer las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán, lo que deja abierta una nueva posibilidad de diálogo sustancioso, en medio de la persistencia de Washington por imponer su agenda de presión, con bloqueo militar y apropiación ilegal de buques comerciales.

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