El dominio unipolar de Estados Unidos está en crisis terminal, aunque, y quien sabe por cuánto tiempo, seguirá siendo el gran hegemón basado principalmente en su poderío militar, fortaleza económico- financiera, influencia cultural, redes mediáticas y servicios globales de espionaje, pero ya sin posibilidades de reinar como hicieron al término de la Segunda Guerra Mundial y sometido, al contrario, a convulsiones, fracasos y retrocesos constantes.
Entonces aportaban la mitad del PIB mundial, eran los únicos en disponer del arma nuclear probada genocidamente en Hiroshima y Nagasaki, las otras grandes economías estaban arrasadas por la conflagración y el país disfrutaba la excepcional condición de ser el único que no fue afectado directamente por la guerra, sino sustancialmente beneficiado por ella.
Pero 70 años después todo ha cambiado.