El reciente disenso entre Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Australia por la venta de submarinos estadounidenses, contratada previamente entre Francia y Australia, solo manifiesta las contradicciones interimperialistas. La amistad no finaliza por una querella, sino que ambas partes muestran sus credenciales como potencias mundiales ante zonas de influencia y, al final se recompondrán, con la concesión de algunos intereses.