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Elecciones

El Elíseo, los suburbios y la geopolítica

mayo 4, 2022   0

La presidencia francesa radica en el Elíseo, palacio construido en el siglo XVIII, cercano a la suntuosa avenida parisina de los Campos homónimos, una de las doce que confluyen en el emblemático Arco de Triunfo. Con la salvedad de los dos mandatarios precedentes, en Francia constituye una práctica repetir hasta dos mandatos presidenciales, por lo que no es novedoso según el tradicionalismo del país, la reciente reelección de Emmanuel Macron, el 24 de abril.

Los suburbios de París, denominados periferia, con elegancia idiomática, revisten características populares, porque acoge a una mayoría de obreros, empleomanía, parejas jóvenes, minorías, inmigrantes y sus descendientes, residentes en viviendas a bajo costo, abismalmente inferiores que las del distrito VIII, donde radica el Elíseo. Según los cánones de la politología occidental, la denominación de periferia signa la sumisión de los “dependientes” al imperio central, es decir, a los polos de poder, asentados en  Francia en la oligarquía industrial y financiera; la moda, las pasarelas y la cosmética, los espectáculos artísticos; el consorcio militar industrial y las transnacionales entrelazadas por la globalización, que no evitan que los sin techos y vagabundos[1] pernocten junto al Sena, en las estaciones del metro o en la iglesia de Nôtre Dame.

Pocos políticos franceses asientan sus campañas en las regiones francesas, fuera de la urbe, desde Normandía hasta los Pirineos, donde se presentan particularidades, con el predominio de intereses de un campesinado protegido de las incertidumbres del mercado, de la potente vinicultura, del empresariado provinciano y de sectores industriales, navales, portuarios, terrestres  o específicos, que no siempre concuerdan con las medidas adoptadas desde el Elíseo o refrendadas por la Asamblea Nacional. Los nacidos extrafronteras y los numerosos radicados en antiguas colonias o en los “territorios de Ultramar”[2] se incluyen en la categoría regional. Con frecuencia los candidatos presidenciales olvidan en su campaña electoral las reivindicaciones reclamadas por la minoría corsa, un secreto bien guardado por los partidos políticos

El presidente francés se involucra en la solución de problemas arraigados o surgidos en un hexágono muy heterogéneo, donde convergen y divergen tantas tendencias, que se dificulta sintetizarlas, si se toman en cuenta algunos factores: el carácter presidencialista del Estado sustentado en el artículo 5 de su Constitución, la creciente inconformidad popular con medidas socio-económicas, los impactos de la pandemia de COVID-19, la pérdida de afiliados en los partidos tradicionales y el protagonismo internacional que Francia pretende conservar y extender.

Estadísticas

Las cifras sintetizan los resultados de la primera votación, pero también simplifican la motivación de un escrutinio que obvia los problemas histórico-concretos del país. Las estadísticas oficiales arrojan lo siguiente:

CandidatoPartido político% de la votación
1-Emmanuel MacronLa República en Marcha27,6
2-Marine Le PenReagrupamiento Nacional23.4
3-Jean-Luc MélanchonFrancia Insumisa22,0
4-Éric ZemmourReconquista7,0
5-Valérie PécresseLos Republicanos4,8
6- Yannick JadotEuropa Ecológica Los Verdes4,6
Anne HidalgoPartido Socialista1,7

La segunda vuelta electoral o balotaje con una participación final del 72%, alcanzó la mayor abstención histórica desde 1969 y finalizó con la reelección de Emmanuel Macron por el 58,5 % de los votos y un 41,5% por Marine Le Pen.

Según el recuento del Ministerio del Interior, la abstención, con el 28% superó en 2,6 puntos la de 2017, ascendente al 25,4%, experimentando una desmovilización comicial de la primera a la segunda vuelta del 26,3%, inferior, comparada con la de 1969, que ascendió al 31,3%. La gradual reducción participativa puede ejemplificarse como sigue: un 84% del electorado en la segunda vuelta de 2007; el 73% en 2017 y el 63,2% en las recientes elecciones.

Auge y ocaso de los partidos políticos.

Tanto en la sociedad francesa, como en otros países de la UE, el voto antisistema acelera la desaparición de los partidos tradicionales, que inclina la balanza hacia partidos más radicales, en su mayoría de la derecha, lo que se plasma en la reducción de partidarios del partido socialista, sobreviviente únicamente en Alemania, Portugal y España y que se percibe en la proporción de diputados en el Parlamento Europeo o al aflorar incertidumbres sobre el futuro socio-político del continente.

La insatisfacción de las masas al cesar el estado de bienestar propugnado por los partidos socialistas que competían con el socialismo europeo y el frecuente incumplimiento de las promesas electorales han favorecidoel creciente desvío de la votación hacia la derecha y ultraderecha en la mayoría de los 27 Estados miembros de la Unión Europea.

La persistente inconformidad con medidas económicas y sociales, en detrimento de los intereses juveniles, según el origen ciudadano, étnico o religioso y de sectores educativos, sanitarios y de los servicios públicos constituye una constante en la vida interna francesa, desde el año de 1968 hasta la actual protesta de los denominados Chalecos Amarillos. El paro laboral entre sectores específicos y las multitudinarias manifestaciones en las calles de París, Marsella o Lyon expresan un descontento que oscila, ante las leyes rechazadas, su alcance o el estilo presidencial para gobernar.

El mal que aqueja a los socialistas franceses proviene de un virus de autodisolución, porque resultan lejanos para los electores algunos momentos de auge durante el gobierno de François Mitterrand y las expectativas incumplidas durante la presidencia de François Hollande. Esto se constata con la pingüe votación de un 1,7% de votos, que erróneamente algunos atribuyen a la escasez carismática de la candidata socialista.

Con intenciones clasistas, los observadores soslayan el incremento de la intención de voto por el candidato de Francia Insumisa (FI), Jean-Luc Mélenchon y el resultado concreto del 22% de los votos en la primera vuelta, lindantes con los alcanzados por la representante de Reagrupamiento Nacional. Los políticos y los medios de prensa o digitales omitieron durante las expectativas comiciales y soslayan los resultados en la primera vuelta para Francia Insumisa,  que desde la postguerra (cuando la balanza se inclinaba peligrosamente hacia los comunistas y excombatientes de la resistencia antifascista, abortados por la operación Gladio)[3], la izquierda no había alcanzado tantos votos, que la ubica en posición competitiva, incluso con la extrema derecha.

Los resultados de un electorado de izquierdas sugieren perspectivas novedosas en el panorama político-social galo, en el que la ciudadanía identifica la desigualdad, la inflación, las diferencias entre una sanidad pública agotada durante la pandemia y otra para quienes disfrutan del seguro privado. Aunque no lo reconozcan, indirectamente, la convocatoria del líder de FI a no votar por Marine Le Pen, inclinó a varios electores a seleccionar a Emmanuel Macron.

La derecha francesa alcanzó su mayor victoria en el repetido intento durante tres procesos electorales consecutivos: en 2012 con el 17,9% de los votos; el 21,3% en 2017 y el 23,4% en la primera vuelta del presente año, donde culminó con el segundo lugar, al alcanzar 41,5% en el reciente balotaje. Para lograrlo, la agenda radical presentada en años anteriores por el denominado Frente Nacional fue “aplacada” en 2022 por el partido denominado de Reagrupación Nacional. No es descartable que, en cinco años, la derecha y ultraderecha francesa pugne por alcanzar el primer escaño, en dependencia de los acontecimientos internos y externos del país.

En su mutable promesa electoral, con algunos visos populistas que le han granjeado adeptos, los anuncios antiinmigrantes identificaron a Marine Le Pen con la galopante tendencia en países de la UE contra un sector poblacional que integra la mano de obra más barata y que, a semejanza de Alemania, es parte vital de su población activa.

La votación por el presidente francés resulta, no tanto de la realización de una política singular o favorable a la mayoría del país durante su primer mandato, sino de la decisión por lo que muchos llaman “el mal menor”. El factor económico cuenta. En tal sentido, el informe del Instituto de Políticas Públicas de Francia reportó que el 1% más adinerado aumentó su renta en un 3%, mientras que el 5% más pobre alcanzó un 0,8%. En tal sentido se expresaron cientos de estudiantes y ciudadanos entre los 18 y 24 años de edad, obreros, asalariados de los servicios y votantes que en la primera vuelta habían apostado por el candidato de FI. En definitiva, Emmanuel Macron fue considerado como un candidato de consenso (a lo interno e internacional).

Plataformas y retos internos

Las promesas electorales de las democracias burguesas se acometen parcialmente, por lo que conviene registrar el programa o plataforma propuesto durante la candidatura del presidente electo, con la finalidad de balancear el resultado de su gestión transcurridos varios meses.

Para su segundo mandato Emmanuel Macron había planteado: “100 medidas para una Francia más independiente, a nivel energético, agrícola y militar” que incluiría: postergar la edad de jubilación para los 65 años (medida impopular que defiende como necesaria para mantener el sistema de pensiones), reabrir el debate sobre la eutanasia, potenciar la sanidad pública y elevar los gastos en la defensa, reducir impuestos de hasta 15 mil millones de euros, alcanzar el “pleno empleo” en 5 años, condicionar el subsidio mínimo por desempleo a una actividad de “inserción”, impulsar la energía renovable y construir 6 nuevos reactores nucleares.

Al celebrar su victoria electoral, el presidente planteó que su segundo mandato no sería la continuidad del anterior, sino “la invención colectiva para nuevos retos” con lo que estará “al servicio de la humanidad y la juventud”.

En contraposición, deberá afrontar el rechazo interno de los chalecos amarillos y el foráneo de Amnistía Internacional y del Consejo de Derechos Humanos, que denuncian la fuerte represión policial durante las protestas y la detención de más de 40 mil personas entre 2018 y 2019, a partir de la ejecución de “leyes vagas” que estipulan delitos como “desacato a funcionarios públicos, participación en grupos para cometer actos violentos y la organización de protestas sin cumplir los requisitos de notificación”. Igualmente el proyecto de Ley contra el Separatismo, que promueve la lucha contra el islamismo radical le granjeó la repulsa, especialmente entre inmigrantes y ciudadanos de segunda y tercera generación, por considerar que el documento confunde la religión con el terrorismo.

La  segunda candidata, Marine le Pen, centró su programa en la inmigración (incluidos la prohibición del velo en lugares públicos, clausurar 570 mezquitas “radicales para proteger a la República”; celebrar un referendo sobre el tema hasta privar a los extranjeros de varios beneficios y para que los franceses decidan sobre el reagrupamiento familiar o la expulsión de delincuentes extranjeros); conectar áreas donde ya no impera la ley francesa[4]; la promesa de ubicar a la juventud entre sus grandes prioridades; recuperar la autoridad del profesor en la enseñanza, rebajar impuestos a la energía y los carburantes (en franco desafío a los acuerdos de la UE) e instaurar el voto proporcional y un mecanismo de consulta popular de iniciativa ciudadana; elevar el salario mínimo y congelar los aportes patronales por 5 años para que las empresas incrementen los salarios un 10%.

Francia en la geopolítica

Aunque el concepto no se había definido en la época, la geopolítica francesa expresa una constante desde el siglo XVI con Jean Bodin y en el siglo XVII con el Cardenal Armand de Richelieu y las guerras napoleónicas para la expansión y la conquista territoriales, cuando el imperio francés se autoasignó el derecho a la apropiación y dominación. En la contemporaneidad, bajo nuevas condiciones, se refrenda en los sucesivos Libros Blancos de Estrategia y Seguridad emitidos por el presidente y refrendados por la Asamblea Nacional.

La geopolítica francesa concuerda con varios actores políticos, económicos y militares universales, a modo de una distribución lo más equilibrada posible de sus influencias e intereses, aunque ocasionalmente afloren desavenencias públicas entre los aliados. Sin embargo, en el entramado de las relaciones internacionales, las expresiones y acciones ante determinadas situaciones no son idénticas para los principales actores con los que Francia concilia sus estrategias (Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN, el Grupo de los 7, Israel…) con el propósito de mantener o reconformar el orden mundial.

Un resumen apretado sobre las prioridades geopolíticas galas proviene de líneas visibles durante el mandato precedente, a observar y modificar durante el quinquenio que dirigirá el presidente reelecto:

  • Consolidar los objetivos básicos políticos, económicos y defensivos de la Unión Europea como actor mundial y de Francia, en condición de promotora de una Europa de la Defensa[5] en la que Alemania estaría involucrada como parte del binomio más potente del grupo regional.
  • Fortalecer, manteniendo sus iniciativas e intereses propios, la Alianza Trasatlántica con Estados Unidos, con especificidades en la ejecución de una acción multilateral “más diplomática”, como se aprecia sobre el conflicto ruso-ucraniano y acontecimientos no conflictivos en el contexto europeo.
  • Mantener como región prioritaria, su hegemonía en África y promover su influencia en el espacio Asia-Pacífico y en el Medio Oriente. No se visibilizan las expectativas de un incremento sustancial con América Latina, aunque sí la potenciación con el Caribe, por razones histórico-culturales y comerciales.
  • Impulsar el protagonismo mundial francés ante el cambio climático y la renovación de nuevas fuentes energéticas.
  • Apoyar la Francofonía en todas las regiones como estrategia cultural y estratégica.

De las estrategias a implementar, la seguridad y defensa (traducidas en una mayor militarización) el papel de Francia en la política internacional se acrecienta y podrá incrementarse a partir de la presidencia reelecta, en correspondencia con su actual poderío, donde ocupa el sexto lugar mundial por el tamaño de sus fuerzas armadas, el cuarto en aviones, el quinto en tanques, el tercero con ojivas nucleares, el sexto en submarinos y un presupuesto reconocido superior a 46 mil millones; el tercero en la industria armamentista y exportadora y el segundo interventor a escala mundial. Por tales motivos, la proyección defensiva/ofensiva exterior francesa potenciará su participación en los conflictos, que contribuirá a los ingresos de una de sus principales industrias: el consorcio militar-industrial.

En la víspera electoral llamaron particularmente la atención acciones específicas de la UE y Francia en el orden político, económico y particularmente defensivo, que avizoran mayor dinamismo sobre cuestiones inherentes a la defensa y podrían impulsar el protagonismo francés en el contexto geopolítico:

Los ministros de defensa adoptaron una Brújula Estratégica de la UE, como una nueva doctrina de seguridad, presentada por el alto representante de Política Exterior, que multiplica la infraestructura para una fuerza de intervención rápida en 5 mil efectivos y reduciría la dependencia militar de Estados Unidos, evidenciada en Afganistán, pero significará el incremento del presupuesto, especialmente en Alemania y Francia, con definiciones de “zonas marítimas de interés”.

La Cumbre de Versalles, que respondió a las contingencias securitarias de los países miembros, a partir del conflicto ruso-ucraniano y que intensificará las inversiones para incrementar su capacidad defensiva y energética, reduciendo su dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos en 2027. El presidente Macron calificó al conflicto de “traumatismo inmenso, con el retorno de un drama humano y político, que conducirá a redefinir completamente la arquitectura de “nuestra Europa, porque la democracia está amenazada”. El resultado inmediato es el incremento de la contribución europea con mil millones de euros en armas, que triplica lo entregado hasta la fecha a Ucrania y un aumento anual entre 65 y 70 mil millones de euros anuales en gastos militares (2% del PIB)

En mayo se debatirán ambas iniciativas, en vísperas de la presidencia semestral francesa de la UE.

Por esos motivos, para sus relaciones internacionales y el papel de Francia en el continente europeo, la reelección de Emmanuel Macron conviene a sus aliados, que afianza al sistema capitalista mundial, a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Ante ambos grupos de poder, el presidente se labró una imagen de líder, que mantendría a Francia distanciada de cambios “populistas”, audaz en sus relaciones con Estados Unidos, propiciaría más europeísmo y acentuaría la “Europa fuerte” de la defensa, en momentos de crisis mundial política, económica y militar, con reconocimiento al presidente por algunos como “el líder europeo que devolverá a Francia al centro de la geopolítica mundial”.

En sentido contrario, la creciente influencia de la candidata Marine le Pen, preocupaba a una mayoría de europeístas, porque en medio de sus modificaciones a la plataforma electoral, había propugnado reducir competencias a la Unión Europea y de la contribución financiera al bloque; había oscilado en sus relaciones con Rusia (ahora declarado por Bruselas el principal enemigo de la UE), se opuso a las sanciones occidentales contra ésta y rechazó el envío de armas a Kiev; sugirió primero la salida francesa de la OTAN y después retirarla de la organización y acusó a su contrincante de no defender los intereses franceses frente a la hegemonía alemana.

Analizado desde diversos ángulos, sobre el resultado de las recientes elecciones efectuadas en Francia, el Elíseo jugará un papel sustancial en la reconformación geopolítica europea y se esforzará por atenuar la protesta social, especialmente en los suburbios y el centro del país. No sería sensato vaticinar qué ocurrirá en 2027 porque, según se presenten los acontecimientos internos y externos, la derecha pugna por acceder al gobierno y la izquierda mantiene aires de una renovación ambicionada desde 1789, 1945 y 1968.

Referencias bibliográficas

Asamblea Nacional de la República Francesa. Libro Blanco. Livre blanc de défense et sécurité nationale – 20136 6. Direction de l’information légale et administrative, Paris, 2013. ISBN : 978-2-11-009358-5
Carrillo Ramírez, Leyla. Tesis doctoral La geopolítica de Francia en el continente africano. Estudio de casos. Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana, diciembre 2021.
https://www.france24.com/es/europa/20220415-segunda-vuelta-de-las-elecciones-en-francia-por-quién-votarán-los-electores-de-izquierda
https://elpais.com/opinion/2022-04-25/los-dos-vias-posibles-para-macron.html
https://www.france24.com/es/francia/20220424-francia-elecciones-presidenciales-macron-le-pen
https://elpais.com/opinion/2022-04-14/el-socialismo-ha-muerto-en-francia-y-estamos-en-su-funeral.html
https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/04-22-2022-el-duelo-frances-dos-visiones-de-pais-en-las-antipodas
https://elpais.com/internacional/2022-04-24/elecciones-en-francia-segunda-vuelta-de-las-presidenciales-en-directo.html
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61061209
https://www.elections.interieur.gouv.fr/resultats/resultats-en-direct
https://www.rtve.es/noticias/20220403/candidatos-elecciones-presidenciales-francia/2326880.shtml
https://gaceta.es/actualidad/marine-le-pen-la-oportunidad-para-poner-fin-a-la-islamizacion-de-francia-20220424-0800/
SIPRI Yearbook 2017 “Armamentos, desarme y seguridad internacional”. www.sipriyearbook.org
https://elpais.com/opinion/2021-11-22/brujula-estrategica-y-mundo-tripolar.html
https://es.euronews.com/2021/11/15/a-donde-nos-lleva-la-brujula-estrategica-de-la-union-europea
https://www.dw.com/es/la-uni%C3%B3n-europa-elabora-una-nueva-estrategia-militar/a-59969335


[1] Sans toit y clochards, en el argot parisino.

[2] Territorios de Ultramar: categoría refrendada en documentos oficiales franceses y en el Tratado de Lisboa de la UE, para la conservación del dominio sobre 18 territorios, a pesar de las decisiones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.

[3] Operación Gladio: instrumento de inteligencia y paramilitarismo estadounidense, ejecutado para desarticular y desaparecer a los pujantes movimientos y partidos comunistas de Grecia, Italia, Francia y Portugal, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

[4] Es decir, implantar un férreo régimen policial en los sitios conocidos como no-go-zones

[5] Antiguo propósito de Charles de Gaulle, que reclamaba autonomía y protagonismo para los europeos, complementario a su membresía en la OTAN.


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