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América Latina y Caribe

Dossier «El conflicto en Ucrania y las disrupciones del orden mundial»

Otros autores: Lic. Pável Alemán Benítez (CIPI), Dr. José Ramón Cabañas (CIPI), Dr. José Luis Rodríguez (CIEM), Dr. Nelson Roque Suástegui (CIPI), MSc. Santiago Espinosa Bejerano (CIPI), Msc. Elio Perera Pena (CIPI), Lic. Leyla Carrillo Ramírez (CIPI), Lic. Julio Francisco Sotés Morales (CIPI), Lic. Lourdes María Regueiro Bello (CIPI) y MSc. Claudia Marín Suárez (CIPI)
junio 1, 2022   4

Introducción

La guerra en Ucrania introdujo nuevos riesgos e incertidumbres a nivel global, que profundizaron tendencias económicas y geopolíticas internacionales en curso. El desenlace del conflicto no solo impacta en los procesos políticos y de seguridad en Europa, sino que incide en la evolución más o menos acentuada hacia un mundo multipolar y en las disrupciones que afronta el orden mundial actualmente.

Explicamos el conflicto en Ucrania desde una aproximación a las tendencias geoestratégicas, de seguridad, económicas e ideopolíticas globales. Se requiere desbordar entonces los análisis nacionales, regionales e incluso birregionales para la compresión de este tema, lo cual puede ser uno de los aportes del Dossier que proponemos desde el CIPI y en cuanto al estudio de las relaciones políticas internacionales actuales.  

La transición hacia un mundo multipolar se está produciendo bajo múltiples tendencias, que en ocasiones pueden ser contradictorias: la diseminación del poder con una traslación del centro de gravedad económica desde Occidente hacia Asia, cambios en la geopolítica internacional, incluyendo el ascenso de las posturas nacionalistas, de las fuerzas de extrema derecha y neofascistas, la elevación de la importancia de los factores étnicos, religiosos y civilizatorios, el debilitamiento de la gobernanza internacional, la crisis del multilateralismo tal como se ha conocido hasta ahora, el incremento de la inestabilidad regional y el aumento del potencial de conflictos internacionales.

Elementos estructurales evidencian un paulatino declive del llamado mundo occidental y la entrada de una era internacional “post europea” y en alguna medida “post occidental”, para transitar a lo que sería la “era de Asia”. Dos tendencias de largo plazo que van a continuar son ilustrativas: la enorme diferencia demográfica y la convergencia de este factor con la pérdida occidental del monopolio de la tecnociencia. Si hace un siglo Europa era el 20 o el 25% de la población mundial, hoy es el 6 o 7%, América Latina incluida América del Norte será pronto poco más de un 20%, más o menos lo que será África, mientras Asia es y será, el restante 60%. La tecnociencia ya es producida en Asia, e incluso toma el liderazgo en tec­nologías de vanguardia como el 5G y en la biotecnología. Los 1.400 mi­llones de trabajadores chinos generan un PIB agregado que es el segundo del mundo, y el primero en paridad del poder adquisitivo (PIB PPA).

Por su parte Rusia y China comparten la estrategia de crear una red de interconexiones entre no menos de cinco zonas de medular importancia estratégica: Rusia (puente clave entre Asia y Europa), los países de Asia Central, Asia del sureste (con importantes funciones para Irán, Iraq, Siria, Arabia Saudita y Turquía), el Cáucaso y Europa del Este (entre otros Belarús, Moldavia y, en función de su estabilidad, Ucrania). La planificación de las denominadas Rutas de la Seda a través de Eurasia, aunque atraviesa obstáculos de todo tipo, prosigue. El resultado final podría ser la concreción de infraestructuras integradas – carreteras, trenes de alta velocidad, oleoductos, puertos – que conectaría a China con Europa Occidental y el Mediterráneo, en todas las formas imaginables.

En la génesis del conflicto en Ucrania se encuentra el propósito de EE.UU. de aislar y debilitar a Rusia, obstaculizando la relación entre el Kremlin y Berlín, con el objetivo de dividir a Eurasia, e impedir avances hacia una relación comercial (China, Rusia, UE) cuyo desarrollo no está controlado por Washington. Estos son factores esenciales, tras el conflicto en Ucrania, que explican los posicionamientos de estos actores ante el orden mundial y la correlación de fuerzas existente. 

Ciertamente la supremacía de los EE.UU. sigue sustentada tanto en su peso económico, científico-técnico, militar e ideopolítico, como en las vulnerabilidades estructurales de la Unión Europea y la pérdida de protagonismo de Japón en su papel de potencia económica regional y mundial. Sin embargo, también es un hecho de que EE.UU. muestra cada vez menos capacidad para poder afrontar por si solo los desórdenes globales y garantizar el suministro de los llamados bienes comunes: estabilidad, y seguridad esencialmente. Al propio tiempo, las divisiones y las vacilaciones europeas previsiblemente inhabilitarán a la UE para llenar el vacío creado por una progresiva y relativa retirada norteamericana y por un igualmente progresivo traslado del centro de gravedad del poder desde el Oeste hacia el Este y el Sur.

A estas tradicionales cuestiones, el conflicto en Ucrania suma otros elementos que impactan la situación global más reciente: los problemas en la económica global, visibles en el ámbito de la las materias prima, la energía, en sectores industriales y servicios en un contexto de creciente inflación y disrupción de las cadenas de suministro ya visiblemente afectadas con la pandemia, el alineamiento de distintas potencias ante el conflicto y las implicaciones políticas, económicas, financieras y de seguridad derivadas de una mayor concertación entre China y Rusia, expresado en una mayor articulación entre procesos integracionistas y de cooperación como la Unión Económica Euroasiática, el Tratado de Seguridad Colectiva y la Organización de Cooperación de Shanghái.

Ante los intereses de actores occidentales -como la UE, la OTAN, y el propio EEUU- se presenta así un doble problema: por una parte la inevitable consideración de compartir con Rusia y China un grupo de problemas globales, como las pandemias, las crisis migratorias, o el cambio climático, a lo cual se suma la interdependencia de sus economías, mientras que por otra parte, ante los intereses occidentales las concertaciones entre Pekín y Moscú se perciben como una potencial amenaza, pues ya aparecen entre los principales competidores por el acceso y control de recursos naturales, materias primas y nuevos o tradicionales mercados.

Los instrumentos de cooperación, así como las concertaciones futuras entre las partes -ya sean de índole económica, política, financiera, tecnológica o de seguridad- constituyen instrumentos de poder a través de los cuales tanto las potencias tradicionales como las emergentes se disputan un estatus privilegiado en el balance y correlación de fuerzas mundiales.  

Lo anterior explica por qué para EE.UU. la proyección hacia Rusia pasa necesariamente por el fortalecimiento del vínculo transatlántico. Para los EE.UU. sus aliados occidentales continúan siendo una figura clave en los propósitos de contener a una Rusia en ascenso, cuyas áreas de influencia tradicionales son de un interés estratégico para los EE.UU.

Sin embargo, las potencias occidentales han desconocido los intereses estratégicos de Rusia, específicamente en áreas que son consideradas, desde Moscú, prioritarias para su seguridad nacional. Desde Rusia se percibe la ampliación, tanto de la UE como de la OTAN, como un intento de cerco por parte de Europa, quien a veces también percibe a Rusia con pretensiones expansionistas, de ahí los contenciosos con respecto a Kosovo, Chechenia, Georgia, y actualmente con Ucrania. Una supuesta “normalización” de las relaciones entre EEUU y Rusia encuentra entre sus presumibles obstáculos la invariable defensa rusa de su seguridad nacional. Una posición diferente por parte del Kremlin no solo sería ingenua, sino que tendría impactos considerables para el equilibrio de fuerzas a escala global. 

Consecuentemente, el reforzamiento de las posiciones de la OTAN en la vertiente noreste ha incrementado gradualmente las divergencias de Occidente con Rusia y constituido un catalizador de la carrera armamentista en la región. La estrecha cooperación atlantista también ha conducido a una mayor militarización de la política exterior de la UE, con un consecuente uso de la fuerza militar. Ello ha propiciado que la UE y en particular alguno de sus Estados miembros, lejos de generar estabilidad, apuesten por una participación creciente en conflictos y el incremento de las tensiones internacionales. La necesidad de evitar una mayor pérdida de credibilidad en el escenario internacional, también han conducido al liderazgo comunitario a una mayor cooperación en el marco de una “defensa inteligente”, apoyando una remilitarización regional que se base en hacer más con menos, y evitar duplicidades.

Sin embargo, el propósito en la UE de fortalecer la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) no es un resultado de la coyuntura actual. Tampoco es un desenlace de la guerra en Ucrania. El constante llamado de EEUU al aumento de las partidas destinadas a las cuestiones militares está en sintonía con una antigua tendencia que se inclina a favor de la militarización del pensamiento de política exterior en la UE. La paulatina militarización comunitaria es un objetivo compartido en los marcos de la OTAN y aunque los esfuerzos principales en la PESD se orienten a delimitar cada vez más sus propias prioridades, estas siempre se han concebido en un marco de estrecha coordinación atlántica.

Seguir el rastro del dinero también resulta esclarecedor en estos análisis. ¿Quiénes serían los mayores beneficiados con la militarización de la política exterior de la Unión Europea? Uno de los principales intereses por los cuales EE.UU. y la Alianza insisten tanto en que los miembros aumenten su presupuesto militar es porque el Complejo Militar Industrial necesita que el Bloque Atlántico consuma el armamento que producen sus empresas.

El incremento de las capacidades defensivas de la UE beneficia en primer término al Complejo Militar Industrial y a las transnacionales productoras de armamento ubicadas en el espacio trasatlántico. También existe una importante sintonía en los objetivos contemplados en la Estrategia Europea de Seguridad y la Estrategia de Seguridad Estadounidense, particularmente visibles en las prioridades referidas al denominado “arco meridional de inestabilidad”, que se extiende desde el Medio Oriente hasta el litoral de Asia; región del mundo en que se identifican una multitud de problemas debido a supuestos vacíos de seguridad, desequilibrios de poder, pobreza, gobiernos considerados ineficaces y por supuesto el fundamentalismo islámico extremista. Consecuentemente valdría plantearnos una pregunta. ¿Por qué asociar la presumible profundización de la PESD con la erosión de la OTAN y no como un ineludible complemento de ésta?

Sin embargo, existen elementos divergentes que dificultan el diálogo bilateral UE – EEUU. Las propias deficiencias que presenta la UE en el ámbito de la defensa resultan en recurrentes fricciones dentro de la alianza trasatlántica. El desarrollo de la PESD está lastrado por problemas estructurales. Existe una tradición de apelaciones genéricas a mayores esfuerzos presupuestarios y a generar economías de escala en materia industrial y tecnológica que se han incumplido reiteradamente en el pasado.

Mientras el conflicto se desarrolla en Europa y no en los EE.UU., produce que sus impactos negativos afecten en primer lugar a la UE dentro del marco trasatlántico. En medio de una creciente incertidumbre sobre el desenlace de la guerra, los inversores buscan proteger su capital en dólares o activos en esta divisa. Este escenario conduce a una paulatina paridad del euro con el dólar como tendencia. El encarecimiento de la energía sigue afectando fundamentalmente a la UE, mientras EE.UU. es uno de los mayores productores de petróleo del mundo. En cuanto al gas las diferencias son aún mayores puesto que EE.UU. se mantiene como un exportador neto de esta materia prima, mientras que los estados miembros de la UE no están en igualdad de condiciones para financiar nuevas posibilidades de suministro, al margen de las exportaciones que provienen Rusia,

Una alternativa al gas natural por gasoducto será el gas natural licuado (GNL). EE.UU. incrementa sus ventas pero se requiere de infraestructuras adicionales de transporte y de regasificación, con el agravante de que no hay flota excedentaria de buques metaneros, ni es fácil expandirla, apenas se fabrican unos 50 al año. Construir plantas de regasificación terrestre lleva tiempo y es muy costoso; y las plantas flotantes (FSRU) son escasas, hay 50 en todo el mundo y apenas las hay ociosas.

Tras la aparente cohesión evidenciada por los aliados trasatlánticos, en su política de sanciones contra Rusia, el envío de armas y financiamiento a Ucrania, una pregunta hace saltar las alarmas de la divergencia: ¿cómo termina esto? los presidentes y primeros ministros, así como los líderes del Partido Demócrata y Republicano en los Estados Unidos han pedido la victoria en Ucrania. Pero justo debajo hay divisiones reales sobre el cómo y si la «victoria» tiene la misma definición en los Estados Unidos, en Europa y en Ucrania. Algunos líderes europeos también piensan en Rusia como un vecino ineludible que no podrá ser aislado por siempre, sin estimular grandes peligros para la seguridad internacional. 

La proyección geoestratégica de la UE, la OTAN, y Rusia, en el actual contexto, también estarán permeadas por el ascendente protagonismo de la extrema derecha. Fenómenos como Trump, Le Pen, o Amanecer Dorado no son procesos aislados, sino sistémicos, fuertemente vinculados con los impactos del neoliberalismo y la crisis estructural del sistema capitalista. EE.UU. ha dejado de ser un aliado predecible para Europa, y desde la UE ya se deben esperar los resultados en las primarias estadounidenses; así como, sus impactos para un ejecutivo demócrata que ya se percibe débil ante los republicanos en la oposición. 

Los artículos que proponemos en este Dossier ofrecen reflexiones desde diferentes perspectivas analíticas y regionales, que nos adentran en las causas históricas del conflicto desatado en Ucrania, sus impactos económicos internacionales, el interés hegemónico estadounidense en el acercamiento a las fronteras rusas mediante la estimulación a Europa y a la OTAN, sus proyecciones junto a las de Rusia y China en el Cáucaso y Asia Central, como áreas en disputas geoestratégicas, los últimos resultados electorales en Francia y su incidencia geopolítica; así como, el importante rol de la India ante el conflicto, para cerrar con una importante reflexión sobre las posiciones e impactos en América Latina y el Caribe.

Ofrecemos a nuestros lectores, desde el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) en La Habana, otra valiosa propuesta que se suma al primer Dossier que fue elaborado sobre el tema, y auguramos un próximo número de nuestra revista, Cuadernos de Nuestra América, donde se abordarán la multipolaridad, el multilateralismo y la transición hacia un nuevo orden mundial, factores estrechamente vinculados al tema que hoy proponemos: “El conflicto en Ucrania y las disrupciones del orden mundial”.

Contenido

Introducción. Raynier Pellón Azopardo (CIPI)

¿Lo que el viento se llevó? La geopolítica detrás de la guerra en Ucrania. Pável Alemán Benítez (CIPI)

¿Qué relación existe entre el neoliberalismo, la guerra contra el Terrorismo, la COVID19, la cuarta revolución industrial y la guerra en Ucrania? José Ramón Cabañas Rodríguez (CIPI)

Notas sobre el impacto económico del conflicto entre Rusia y Ucrania. José Luis Rodríguez García (CIEM)

La competencia de la OTAN y Rusia en el Cáucaso y Asia Central. Nelson Roque Suástegui (CIPI)

Seguridad, geopolítica, y teoría de la guerra desde la visión rusa. Papel de EE.UU. y la OTAN en el conflicto ruso-ucraniano. Santiago Espinosa Bejerano y Elio Perera Pena (CIPI)

El Elíseo, los suburbios y la geopolítica. Leyla Carrillo Ramírez (CIPI)

La India ante el conflicto ruso-ucraniano de 2022. Julio Francisco Sotés Morales (CIPI)

Reflexiones en torno al conflicto en Ucrania: posiciones e impactos en América Latina y el Caribe. Lourdes María Regueiro Bello y Claudia Marín Suárez (CIPI)


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comentarios (4)

  • Jose Luis
    junio 1, 2022, 7:34 pm  Responder

    Hola, no puedo acceder al contenido del dossier. No deja descargarlo. Saludos

  • Beatriz Barneche
    junio 1, 2022, 7:44 pm  Responder

    Muy buena investigación.

  • maría Alicia Herrera
    junio 2, 2022, 12:17 pm  Responder

    Gracias por el aporte, muy esclarecedor. La descripción de los intereses en pugna , me parece, nos llevan a ese refrán que dice más o menos así: un mundo que está muriendo (mundo unipolar) y un nuevo mundo que tarda en aparecer( multilateralismo).