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Reflexiones en torno al conflicto en Ucrania: posiciones e impactos en América Latina y el Caribe

Otros autores: MSc. Claudia Marín Suárez
junio 1, 2022   0
Artículo publicado en Dossier "El conflicto en Ucrania y las disrupciones del orden mundial"

Introducción

El conflicto en Ucrania ha sido el disparador funcional a Estados Unidos para reconstruir las lealtades de América Latina y el Caribe a la vez que ha puesto a la región en la disyuntiva de tomar partido.

Si bien el peso de Rusia en las relaciones económicas de la región no es relevante, el impacto directo e indirecto provocado por la interrupción de las cadenas de suministro y el incremento de los precios de alimentos, fertilizantes y energía profundizan las presiones inflacionarias que ya existían.

Como resultado del conflicto y de la propia competencia estratégica, la importancia de América Latina y el Caribe para las potencias occidentales se redimensiona determinando la necesidad de otorgarle mayor atención bajo condicionamientos políticos más exigentes.

El objetivo de estas reflexiones es mostrar el impacto que la nueva situación creada genera en el escenario político y económico latinoamericano y caribeño.

El conflicto “ruso-ucraniano” y el contexto geopolítico global

El conflicto entre Ucrania y Rusia es parte del momento de transición de un “orden global basado en reglas” diseñadas y utilizadas a discreción y conveniencia por las potencias occidentales, a otro aún por definir, que muchos expertos de las relaciones internacionales vaticinan que será multipolar, mientras otros apuestan a una bipolaridad atenuada. Pero interpretar que el conflicto de Rusia es con Ucrania por el hecho de que las acciones de carácter militar tengan lugar en territorio ucraniano, es una perspectiva mutilada. En Ucrania se enfrentan Rusia y la OTAN, mientras sus implicaciones alcanzan dimensiones globales y en los orígenes del conflicto subyacen motivaciones geopolíticas de mayor calado.

Los expertos en el tema de las transiciones hegemónicas auguraban que esta ocurriera de una forma gradual y más asociada al creciente papel de China en las relaciones internacionales, la respuesta rusa tanto en la retórica como en el terreno apuntan a la aceleración de un nuevo momento geopolítico en el que Rusia presenta cartas credenciales.

Si bien los antecedentes del conflicto remiten a un momento anterior a la administración Obama, durante esta se produjeron eventos que daban cuenta de un escalamiento del conflicto. Paralelamente, las relaciones económicas entre Rusia y algunos países de la Unión Europea crecieron al calor de cambios en las fuentes de energía, que recibieron un impulso especial después del accidente de la central nuclear de Fukushima en marzo de 2011. Particularmente, con la Alemania de Angela Merkel, Rusia desarrolló el proyecto del Nord Stream 1 para el abastecimiento de gas, lo que elevaba el peso de Rusia como suministrador energético de Europa. El Nord Stream 2, en fase de certificación al iniciarse la conflagración, habría acentuado la dependencia en este renglón estratégico de un adversario de Estados Unidos.

La UE, respondiendo a la avidez de Estados Unidos de reconstruir su sociedad con la decadente Europa subestimada por Trump y al interés de aquel de desplazar a Rusia como proveedor de gas a Alemania, una vez más renuncia a la efímera intención de construir autonomía estratégica demandada por Borrell, presiona a Alemania para no avanzar en la certificación del Nord Stream2 para satisfacer a Estados Unidos.

Las suspicacias estadounidenses con relación al papel de Rusia como suministrador de portadores energéticos a Europa están vinculadas a la idea de que la creciente dependencia alemana del gas ruso la acerque a ese país, en lugar de atraer a Rusia a Europa como se esperaba que ocurriera al finalizar la Guerra Fría. El peor desenlace calculado por occidente era la formación de un eje Berlín-Moscú-Beijing y se valoró ese escenario como probable en el que el pilar alemán se sustentaba en su creciente dependencia del gas ruso, el chino-ruso en su asociación estratégica y el chino-alemán en una asociación estratégica integral y la potente relación económica.

Si uno de los efectos negativos de la pandemia fue la interrupción de las cadenas de suministro, cuando aún no se ha solucionado este problema, se ve agravado por el impacto que sobre ese importante conector de la economía global tiene el conflicto en Ucrania. Aunque el peso de Rusia y Ucrania en el monto de las exportaciones globales no es significativo, sí concentran una parte importante de las exportaciones de combustibles, cereales y fertilizantes lo que ha motivado presiones inflacionarias adicionales en casi todos los países del mundo por ser bienes intermedios vitales en casi todas las cadenas de producción. En el caso de los combustibles el alza de su precio incide en el transporte y la industria, por lo que se refleja en prácticamente todos los precios finales, mientras los cereales y los fertilizantes encarecen los productos de la cadena alimenticia.

Con independencia de la naturaleza de los sistemas políticos de los países involucrados directa e indirectamente en el conflicto, se trata de un evento en el que se dirimen el poder y la seguridad de las potencias. Estados Unidos y la Unión Europea han presionado al resto de los países a pronunciarse en tres niveles: condena a la respuesta militar de Rusia; su expulsión de organismos internacionales[1] (Consejo de Derechos Humanos, OEA, G20); e implementación de sanciones contra Rusia.

Estados Unidos ha llegado a niveles inéditos en el emplazamiento a países que percibe cercanos a Rusia como China y la India para que se sumen a la condena en los términos radicales que lo han hecho los aliados.

Un objetivo declarado de la administración Joe Biden fue la reconstrucción de las alianzas, con especial énfasis en la alianza trasatlántica que habían sido muy dañadas durante el gobierno de Donald Trump. El conflicto ha sido revelador de un grupo de tendencias, a saber:

Una recuperación relativa de la hegemonía estadounidense en el espacio trasatlántico, a expensas de los intereses económicos de los aliados europeos.

La aparición de matices en la medida que se prolonga el conflicto, se deja sentir el efecto de las sanciones, y no se reemplazan los suministros provenientes de Rusia. Bajo la apariencia de preservación del consenso formal en torno a las posiciones estadounidenses y de la dirección de la UE, se dejan ver fisuras manifiestas en la evasión e incumplimiento de las sanciones adoptadas contra Rusia.

A medida que escalan las exigencias estadounidenses de apoyo a las sanciones y exclusión a Rusia en organismos internaciones, se evidencian matices para marcar distancia de las políticas más radicales, incluso por parte de socios de Estados Unidos, como es el caso de Turquía, Arabia Saudita, India, e incluso Israel.

Posiciones autónomas de potencias globales y regionales abanderadas de la multipolaridad, como es el caso de los integrantes del BRICS, con la excepción de Brasil en algunas votaciones. A ello se han sumado también los países de Asia Central -ex miembros de la otrora Unión Soviética-, una parte de África y, en menor proporción, algunos asiáticos y latinoamericanos. La abstención en organismos multilaterales puede leerse como un respaldo coherente a los principios del derecho internacional y un distanciamiento ante los llamados estadounidenses al alineamiento en torno a la condena acrítica y el aislamiento a Rusia.

Como puede apreciarse, este conflicto toca no solamente a los involucrados directamente en el mismo, sino que tiene implicaciones globales en tanto marca una posición asertiva de Rusia en el juego de las potencias globales, redefine y flexibiliza apoyos en torno a los contendientes y en dependencia de cómo el conflicto afecta las dinámicas nacionales. No obstante, la manifestación de estos efectos al interior de cada región tiene particularidades. Así, los impactos del conflicto se transmiten a América Latina y el Caribe por la vía comercial, financiera y política, pero con diferente intensidad en dependencia del nivel de vínculo con Rusia, Ucrania y Bielorrusia en lo económico, mientras en el orden político las reacciones no responden linealmente a alineamientos o lealtades políticas, sino que son resultado de una amalgama factores que dan lugar a la evolución de las posiciones iniciales y su flexibilización.

América Latina y el Caribe: impactos económicos diferenciados

En América Latina y el Caribe los efectos económicos del conflicto y de las sanciones estadounidenses y europeas contra Rusia, son contradictorios en tanto los exportadores netos de cereales, energía y fertilizantes pueden beneficiarse de los altos precios de esos productos, pero repercutirá negativamente en el poder adquisitivo del ciudadano común, de manera más grave en los países que importan estos rubros. Igualmente, las exportaciones pueden verse reducidas, no solo hacia Rusia, Ucrania y Bielorrusia, sino también hacia socios como la Unión Europea. Es importante subrayar que el impacto económico y social del conflicto en la región, con énfasis en la seguridad alimentaria, se superpone a los efectos derivados y no superados de la pandemia, añadiendo mayores obstáculos a una recuperación que ya era incierta.

Si bien las importaciones de trigo procedentes de Rusia solo tienen un peso relevante para Nicaragua[2], las mayores afectaciones para los países productores de alimentos estarían asociadas a las tensiones que se ciernen en torno a la disponibilidad y los precios de los fertilizantes[3], producto en los que Rusia sí tiene un peso considerable como suministrador. Los consumidores por su parte, se enfrentarían a una menor disponibilidad y a la subida de precios de los alimentos.

El Gráfico 1 muestra la dependencia de las importaciones rusas de este producto decisivo en la producción de alimentos de países latinoamericanos. Destacan los casos de Honduras y Perú con más del 40%, seguidos de Ecuador, Panamá, Costa Rica, México, Guatemala, Brasil con más del 20%, y Colombia, El Salvador, Uruguay, Nicaragua, Argentina y Bolivia entre el 10 y el 20% ((FAO, 2022).

Gráfico 1. Dependencia de Rusia en las importaciones de fertilizantes

Fuente: (FAO, 2022).

Especial atención merece el caso de Brasil, ya que, si bien en términos relativos no es de los más dependientes, el peso que tienen los fertilizantes como insumo en su pauta exportadora (soja) en términos absolutos sí es importante para sostener estas producciones. El país suramericano es el cuarto consumidor mundial de fertilizantes y sólo produce el 15% de sus necesidades domésticas (Vera Ramírez, 2022). Previendo la interrupción del suministro y la continuidad de la tendencia ascendente de los precios de los fertilizantes (anterior al conflicto), Brasil ha logrado acopiar reservas para sostener su producción.

Adicionalmente, el gobierno brasileño se ha planteado desarrollar políticas encaminadas a reducir la dependencia de los fertilizantes importados; en esa dirección estimularía proyectos mineros que produzcan minerales utilizados en la producción de fertilizantes, como es el potasio del cual según datos de la CEPAL el 49% proviene de Rusia(Bárcena, 2022).

En sitios especializados comienzan a ser recurrentes los cálculos de las posibles afectaciones a la producción agrícola. Así Perú -quien importa el 70% de la urea de Rusia- prevé caídas en la producción entre el 20 y 40% en dependencia del cultivo pudiendo afectar las cosechas de arroz papa y maíz (CONVEAGRO, 2022) alimentos básicos del hogar peruano. Situaciones similares se plantean para Colombia y Ecuador como se infiere del Cuadro 1.

Cuadro 1. Principales productos importados desde Rusia (en porcentajes de las importaciones totales de cada producto)

ArgentinaNitrato de amonio: 70%; caucho butadieno (BR): 36,2%; cloruro de potasio: 35,5%; papeles y cartones: 32%; gasolina: 27,4%.
BrasilPlanos de hierro o acero ≥ 600 mm: 98%; nitrato de amonio: 95,5%; abonos minerales: 54,5%; cloruro de potasio: 49%; fosfato monoamónico: 22%.
ChileCaucho isopreno (IR): 97,7%; nitrato de amonio: 75,5%; tableros de madera: 41%; nitratos: 38%; copos, gránulos y “pellets” de patata (papa): 25%.
ColombiaHelicópteros: 99%; libros y folletos: 93%; nitrato de amonio: 83%; urea: 31%; aluminio: 25%; cloruro de potasio: 21%.
EcuadorAbonos minerales fosfatados: 77%; fosfato diamónico: 69%; nitrato de amonio: 63%; negro de humo: 51%.
JamaicaOctilfenol: 67%; fosfato monoamónico: 62%; cloruro de metileno: 54%.
ParaguayResiduos de petróleo: 35%; fertilizantes: 32%; químicos inorgánicos: 4,5%.
UruguayBetunes y asfaltos: 77%; cloruro de potasio: 76%; dicromato de sodio: 45%; azufre: 31%; urea: 22%.
Fuente: (Bárcena, 2022).

Se prevén también afectaciones en el sector automotor en tanto el suministro de componentes de la cadena como el aluminio y el caucho puede verse encarecido o interrumpido, lo que se revertirá en mayores costos para el consumidor final. Por esta vía, los principales países afectados serán Argentina y Brasil. 

Del lado de las exportaciones, si bien mayores precios de combustibles y alimentos benefician a los exportadores de la región, la previsible reducción de la demanda externa por agudización de la crisis -no sólo asociada al conflicto- afectaría la dinámica de las exportaciones. Aunque el peso de Rusia en general no es significativo como destino de las exportaciones de la región, existen productos -como los lácteos y algunos cárnicos- para los cuales Rusia es un mercado relevante, como ilustra el Cuadro 2.

Cuadro 2. Principales productos exportados hacia Rusia (en porcentajes de las importaciones totales de cada producto)

ArgentinaMantequilla: 99%; grasa de mantequilla: 67%; mandarinas: 45%; queso fresco: 32%; carne de caballo: 27%; limones: 25%; manzanas y peras: 23%.
BrasilManí: 43%; manzanas: 29%; concentrados de café: 15%; tractores: 13%.
ChileDesechos de cobre: 61%; salmón: 40%; queso fresco: 35%; almendras: 22%; truchas congeladas: 21%; manzanas y peras: 10%.
ColombiaCrema de leche: 98%; mantequilla: 97%; pasta de cacao: 18%; café: 15%; bananas: 10%; flores: 9%.
EcuadorFlores: 36%; café: 34%; bananas: 21%; pescado: 18%; mermeladas: 15%.
JamaicaÓxido de aluminio: 99,95%.
ParaguayMantequilla y grasas: 86%; carne bovina: 20%; soja: 11%
UruguayHígados de bovinos: 97%; lenguas de bovino: 80%; queso fundido: 37%; mantequilla:25%.
Fuente: (Bárcena, 2022).

Los países importadores de energía de la región, en su mayoría ubicados en Centroamérica y Caribe, sentirán el efecto del incremento de los costos y la inestabilidad de los envíos, lo que afectará tanto a productores nacionales como a consumidores.

En el afán de garantizar alternativas de suministro a sus aliados para que estos mantengan las sanciones a Rusia y de inyectar combustible a un inestable mercado energético, Estados Unidos parece replantearse la relación con Venezuela en lo relativo a la compra de hidrocarburos. De manera clara, esto trae aparejado un cambio político en tanto el interlocutor para estas operaciones es el gobierno bolivariano, que había sido explícitamente desconocido por las dos últimas administraciones estadounidenses. Sin embargo, el gobierno de Joe Biden no ha retirado públicamente su reconocimiento al ilegítimo y autoproclamado gobierno interino de Juan Guaidó. Igualmente, la venta de petróleo venezolano a Estados Unidos competiría con los compromisos de Venezuela con otros socios globales (China y Rusia) y regionales (miembros de PetroCaribe).

En el ámbito financiero, las presiones inflacionarias -previas y derivadas del conflicto- han llevado a la Reserva Federal a incrementar las tasas de interés en Estados Unidos, cuyos posibles efectos en la región incluyen la reducción de los flujos financieros, la fuga de capitales, la depreciación monetaria con la consiguiente inflación importada.

Resulta evidente que la cooperación occidental al desarrollo puede verse afectada, e incluso acompañada de mayores condicionamientos, pues los recursos se reorientarían a las urgencias y prolongación del conflicto. Hipotéticamente, es un espacio que podría realzar la imagen de China como cooperante.

Los efectos negativos del conflicto, sumados a una situación económica ostensiblemente deteriorada, son caldo de cultivo para el incremento de la conflictividad social con eventuales derivaciones en lo político, manifiestas en acelerados desgastes de los gobiernos con independencia de su signo político.

Respuestas desde América Latina y el Caribe: una aproximación a las motivaciones

Las posiciones de los países latinoamericanos y caribeños se han expresado a través de las diferentes instancias de los organismos multilaterales globales de Naciones Unidas y en la OEA. Llama la atención que los esquemas asociativos de la región no han sido las vías para canalizar sus posiciones, todo lo cual apunta al activismo de Estados Unidos como impulsor de estas reuniones con el objetivo de aislar a Rusia mediante la condena y la expulsión de instancias globales en las que ocupa una posición de primer nivel.

En el caso de la OEA, Estados Unidos, después de atizar el conflicto, espera recoger los dividendos del consenso en torno al rechazo a la guerra para recomponer relaciones con un área de influencia tradicional, resentida por su falta de atención, en especial en los momentos que la pandemia del covid hacía mayores estragos.

El rechazo a la guerra, la apelación al apego a los principios del derecho internacional y la búsqueda de una salida negociada al conflicto, están presentes en la mayor parte de las posiciones. Algunos países no han condenado explícitamente la operación militar rusa porque han ponderado y rechazado las causas que provocaron el escalamiento.

Las posiciones de América Latina y el Caribe con relación al conflicto “ruso-ucraniano” han sido una reacción al temor de que este se convierta en un precedente para hacer uso de la opción militar como forma de dilucidar aspiraciones de poder o dirimir conflictos fronterizos presentes también en la región. El temor a que en el orden internacional-con reglas rezagadas respecto a las nuevas relaciones de poder global-rija la ley del más fuerte, ha llevado a manifestar el rechazo en el marco de la vetusta institucionalidad multilateral, cada vez más frecuentemente ignorada por actores globales, pero vigente. No obstante, las posiciones de los países de la región en esas instancias (ver Cuadro 3) han estado también determinadas por el balance que cada gobierno hace entre el estado de las relaciones con Estados Unidos, la dependencia de las relaciones económicas (y en algunos casos de seguridad) con Rusia y las exigencias de los actores políticos domésticos.

Cuadro 3. Posiciones de países de América Latina y el Caribe en votaciones en la OEA y la ONU sobre Rusia

 A favorAbstenciónEn contraTérminos generales del documento
OEA 25 de febreroAntigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, Rep. Dominicana, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay* y Venezuela** Argentina, Dominica, Bolivia, Brasil, El Salvador, Nicaragua, San Kitts y Nevis, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas(no se sumaron a la resolución)Condena a la ilegal, injustificada y no provocada invasión de Rusia a Ucrania 
Consejo de Seguridad ONU 27 de febreroBrasil y México  Convocatoria a sesión especial de emergencia en la Asamblea General
Consejo de DDHH Debate 28 de febreroArgentina, Bolivia, Brasil, Honduras, México y Paraguay Cuba y Venezuela***Convocatoria a debate urgente sobre la situación en Ucrania
Asamblea General ONU 2 de marzoAntigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Dominica, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, Rep. Dominicana, Surinam y UruguayBolivia, Cuba, El Salvador, Nicaragua y Venezuela*** Deplora en los términos más enérgicos la agresión cometida por Rusia contra Ucrania y el reconocimiento ruso de la independencia de Donetsk y Lugansk
Consejo de DDHH 4 de marzoArgentina, Brasil, Honduras, México y ParaguayBolivia, Cuba y Venezuela*** Condena en los términos más fuertes las violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario resultante de la agresión rusa a Ucrania
Asamblea General 24 de marzoAntigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Rep. Dominicana, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y TobagoBolivia, Cuba, El Salvador, Nicaragua Exige el cese de hostilidades de Rusia en Ucrania y el respeto por todas las partes al derecho internacional humanitario
OEA 25 de marzoArgentina, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, Rep. Dominicana, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, San Kitts y Nevis, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela**El Salvador, Bolivia, Honduras, Brasil, San Vicente y las Granadinas Todas las partes deben respetar el derecho internacional humanitario
Asamblea General 7 de abrilAntigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, Ecuador, Granada, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, Rep. Dominicana, Santa Lucía y UruguayBarbados, Belice, Brasil, El Salvador, Guyana, México, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y TobagoBolivia, Cuba y NicaraguaExpulsión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos
OEA 21 de abrilAntigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, Rep. Dominicana, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela**Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador, Honduras, México, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas Suspensión de Rusia como observador permanente en la OEA hasta que cese hostilidades y retire fuerzas y equipos militares de Ucrania dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas
Fuente: Elaboración propia sobre la base de información de ONU y OEA.

* Uruguay se sumó posteriormente a la resolución.

** El voto corresponde a la representación del ilegal gobierno interino de Juan Guaidó.

*** Se refleja la posición de Venezuela, pero no se registra su voto por atrasos en el pago de la cuota a la ONU.

Una mirada a las votaciones permite identificar tres patrones bien definidos: i) países que han votado siempre a favor de la condena y exclusión de Rusia (Antigua y Barbuda, Bahamas, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Granada, Guatemala, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, Rep. Dominicana, y Uruguay); ii) países que siempre se abstienen o votan en contra (Bolivia[4], Cuba, Nicaragua, Venezuela y El Salvador); y iii) países que han variado sus posiciones en dependencia del contenido de la votación (Barbados, Belice, Brasil, Dominica, Guyana, Honduras, México, San Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago).

Además de los factores antes señalados, las posiciones dependen de la radicalidad de los términos de cada documento y de las decisiones en juego. Siguiendo el mismo patrón de las votaciones en el ámbito multilateral global, en aquellas que deciden la suspensión o expulsión de Rusia de determinadas instancias se incrementa la cantidad de países que optan por la abstención. En la OEA, para garantizar un resultado favorable, se flexibilizaron los términos del documento ya que el primero no fue acompañado por Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador y Nicaragua.

En algunos casos, la condena a Rusia ha estado complementada por consideraciones al margen de la votación que matizan las posiciones de los países. Algunos de esos matices incluyen: no aceptar las sanciones como vía para avanzar en una solución positiva del conflicto; reconocer sus detonantes, sin justificar el uso de la fuerza; no sumarse a la exclusión de Rusia; adherir una posición de neutralidad; y aludir al doble rasero relacionado con la utilización por otros Estados de la opción militar violatoria de la soberanía nacional. Una interpretación de esta posición podría encontrarse en la lectura geopolítica de la crisis y la búsqueda de una suerte de equidistancia respecto a los actores contendientes en un conflicto.

En los ámbitos nacionales latinoamericanos, el debate refrendado en votaciones en torno al conflicto ha revelado tensiones y contradicciones públicas al interior de las estructuras y facciones políticas representadas en los ejecutivos, particularmente con los funcionarios de carrera de las cancillerías, tal como lo ilustran los casos de Brasil y Argentina.

El debate en torno al conflicto en Ucrania ha revelado las tensiones entre lo geopolítico y lo geoeconómico. Para los países contestatarios a la política estadounidense y con una proyección antimperialista declarada, como Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, esta tensión se hace más aguda en tanto han sido impulsores de la paz y la no intervención. El reconocimiento de las causas y los agentes con responsabilidad en el escalamiento e insostenibilidad de las contradicciones no exime de reivindicar la soberanía nacional y la integridad territorial de los países refrendados en el derecho internacional.

De tal manera, los medios adscritos al pensamiento únicose han encargado de crear una imagen de que estos países apoyan en toda línea la respuesta rusa. A través de Twitter y en esos medios de prensa, se ha insinuado la connivencia cubana con la respuesta rusa en Ucrania. ¿En qué declaración oficial cubana se ha planteado esta posición? Todas las declaraciones de Cuba sostienen su apoyo a la solución negociada y pacífica del conflicto y el apego a los principios del derecho internacional.

El embajador cubano en el período extraordinario de sesiones de emergencia de la Asamblea General de la ONU sobre la situación en Ucrania expresó: “Cuba es un país defensor del Derecho Internacional y comprometido con la Carta de las Naciones Unidas, que siempre defenderá la paz y se opondrá, sin ambigüedades, al uso o amenaza del uso de la fuerza contra cualquier Estado” (Pedroso Cuesta, 2022). En esta oportunidad, como en otras, Cuba reiteró su crítica al doble rasero del discurso, las decisiones y las sanciones de las potencias occidentales y señaló la responsabilidad del gobierno de Estados Unidos y las posiciones agresivas de la OTAN en la escalada de un conflicto con implicaciones para la paz y la seguridad internacional. De esto no puede inferirse el apoyo a las acciones militares, aunque se toma distancia de las posiciones que la condenan desconociendo las provocaciones y amenazas que motivaron la escalada del conflicto.

A lo dicho debe agregarse que la posición cubana coincide con advertencias hechas desde 1995 por William Burns, actual director de la CIA, por Henry Kissinger o por John Mearsheimer (2014 y 2015), quienes tempranamente avizoraron cuáles serían las líneas rojas que no debían ser traspasadas por occidente si se quería preservar la paz.

Tanto Estados Unidos como la UE han reclamado una definición más clara de las posiciones de latinoamericanos y caribeños con relación a las sanciones ya que las votaciones de condena a la guerra no se han visto apoyadas por la implementación de medidas punitivas hacia Rusia. Ambos actores han criticado con dureza que ningún país latinoamericano o caribeño se haya “ganado” la inclusión en la lista de estados “no amigos” del gobierno ruso del 7 de marzo.

Ningún país latinoamericano ha impuesto sanciones a Rusia, y los más grandes (México, Argentina y Brasil) explícitamente se han resistido a hacerlo, mientras otros como Chile las asumirían sólo si fueran el resultado de una decisión vinculante emanada del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En el Caribe, sin embargo, el tema de las sanciones ha sido objeto de debate tanto en el marco de CARICOM como al interior de los países, buscando un equilibrio entre posiciones políticas e intereses económicos. Teniendo en cuenta que para unos países predominan las opciones determinadas por intereses económicos, ha sido difícil construir una posición común, por lo que CARICOM fue claro al definir que la decisión de asumir sanciones contra Rusia se dejaba al criterio de cada miembro (Francis, 2022).

Varios países caribeños, bajo el protagonismo de Antigua y Barbuda, han decidido efectivamente imponer sanciones a Rusia, pero no todos coinciden en la cobertura de las mismas en tanto algunos analistas y líderes políticos -como el vice primer ministro de Santa Lucía- han apuntado que estas podrían afectar a las economías caribeñas, en especial en lo que respecta a la prohibición de procesar aplicaciones rusas al Programa de Ciudadanía por Inversión (PCI)[5] y al registro de yates de multimillonarios rusos, un segmento floreciente de la golpeada industria turística caribeña. A manera de ilustración, Santa Lucía ha recibido por el procesamiento de individuos rusos alrededor de 97 millones de dólares entre 2016 y 2021, lo que explica su posición de no utilizar la operación militar rusa como un criterio de exclusión de las solicitudes (Bousquet, 2022). De esa manera, algunos países se han limitado a prohibir las transacciones con entidades y ciudadanos rusos designados por Estados Unidos sin restringir las aplicaciones al PCI ni los yates rusos.

Al cierre de este artículo se produce la visita de Joseph Borrell a la región agradeciendo y solicitando el apoyo a la UE en sus posiciones y sanciones contra Rusia, lo que avizora que la cooperación europea en lo adelante podría tener mayores condicionamientos políticos.

Una breve reflexión final

El conflicto, encima de la pandemia, acelera la transición del orden internacional y define protagonismo de otros actores. Estados Unidos, ante cambios previsibles que apuntarían a la conformación de un orden policéntrico aprovechando la coyuntura, apuesta por una bipolaridad cerrada en bloques a partir de las presiones -incluida China-a definir en un marco estrecho, sin matices explicativos, el apoyo a Estados Unido oa Rusia, conformando así la nueva división del mundo entre países democráticos y autocráticos según la narrativa bideneana.

De cara a la IX Cumbre de las Américas, a Estados Unidos le resulta funcional llegar con un tema a partir del cual puede construir consenso basado en el rechazo que concita la guerra. Lo que no queda claro es si este evento será suficiente para compensar la negligencia y la posición crítica de los países latinoamericanos al desempeño de Estados Unidos como supuesto socio de la región. Todo parece indicar que no.

Referencias bibliográficas

Bárcena, A. (2022). Efectos económicos y financieros en América Latina y el Caribe del conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania. CEPAL. https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/47831/1/S2200221_es.pdf

Bousquet, E. (2022, marzo 13). Caribbean warned of possible backlash from adopting Russian sanctions. The Voice. https://thevoiceslu.com/2022/03/caribbean-warned-of-possible-backlash-from-adopting-russian-sanctions/#mobile-site-navigation

CONVEAGRO. (2022, abril 23). Producción de arroz, papa y maíz caería hasta 40%. AgroNegociosPerú. https://agronegociosperu.org/2022/04/23/produccion-de-arroz-papa-y-maiz-caeria-hasta-40/

FAO. (2022). Technical Briefing to FAO Members on Theimpacti of COVID-19 and the War in Ukraine on the Outlook for Food Security and Nutrition. FAO. https://www.fao.org/3/cb9241en/cb9241en.pdf

Francis, K. (2022, marzo 3). CARICOM: Sanctions against Russia rest with individual nations. https://jamaica-gleaner.com/article/lead-stories/20220303/caricom-sanctions-against-russia-rest-individual-nations

Pedroso Cuesta, P. L. (2022, marzo 1). Intervención del embajador Pedro Luis Pedroso Cuesta, Representante Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, en el período extraordinario de sesiones de emergencia de la Asamblea General de la ONU, sobre la situación en Ucrania | Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba. MINREX. http://www.minrex.gob.cu/es/intervencion-del-embajador-pedro-luis-pedroso-cuesta-representante-permanente-de-cuba-ante-las

Vera Ramírez, N. (2022, abril 29). Crisis de fertilizantes rusos gatilla la inflación y amenaza la seguridad alimentaria en Latinoamérica. América Economía. https://www.americaeconomia.com/impacto-crisis-fertilizantes-latinoamerica


[1] Extraoficialmente se ha tanteado la idea de la expulsión del Consejo de Seguridad.

[2] Más del 45% de las importaciones nicaragüenses de trigo provienen de Rusia (FAO, 2022)

[3] Según experto del Grupo Bancolombia en 2022 el incremento de los precios internacionales de los fertilizantes ronda el 40%, lo que enciende las alarmas si se tiene en cuenta que en el año 2021 hubo incrementos de hasta el 100% para algunos fertilizantes como la urea(Vera Ramírez, 2022), que es uno de los más utilizados.

[4] La única ocasión en que Bolivia votó distinto fue en la deliberación sobre si llevar la acción militar rusa a debate en la Asamblea General de Naciones Unidas.

[5]El PCI permite otorgar el estatus de ciudadano a individuos que inviertan en San Kitts y Nevis, Dominica, Antigua y Barbuda, Granada y Santa Lucía, lo que constituye una forma de atraer inversiones y una fuente de ingresos. A manera de ilustración, Santa Lucía ha recibido por el procesamiento de individuos rusos alrededor de 97 millones de dólares entre 2016 y 2021, lo que explica su posición de no utilizar la operación militar rusa como un criterio de exclusión de las solicitudes.


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