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Tendencias globales y regionales de las remesas, en particular para América Latina

octubre 16, 2019   0
Flujo de remesas

PROGRAMA NACIONAL DE INVESTIGACIONES SOBRE RELACIONES INTERNACIONALES

 

Tendencias globales y regionales de las remesas, en particular para América Latina

 

Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, 2018.

 

Autores: María Elena Álvarez Acosta, Kenny Díaz Arcaño,  Indira García Castiñeira, Gladys Hernández Pedraza,  Blanca Munster Infante, Ramón Pichs Madruga, José Luis Rodríguez, Avelino Suarez y Julio Torres.

 

Informe parcial con resultados alcanzados durante el año 2018.

 

La discusión sobre el papel  que tienen  las remesas internacionales en los países receptores constituye uno de los temas de mayor debate en la esfera de las ciencias sociales. A escala global, la magnitud del financiamiento generado por estos flujos hoy supera los montos de Ayuda Oficial para el Desarrollo. La investigación propuesta analizará los factores estructurales que convierten a las remesas en supuestas alternativas  para el Sur, sus detonantes e implicaciones, abordando la evolución del proceso en  todas las regiones del mundo con énfasis en Latinoamérica y el Caribe.

 

Desde su creación el CIEM ha estudiado las principales tendencias de los flujos financieros a nivel mundial entre los que destacan los montos  vinculados a las remesas.  A partir de la década de los 2000, los flujos de remesas han presentado un incremento notable, lo que ha despertado los debates acerca de los impactos que provocan en diversas dimensiones tanto económica como social  en los países receptores. La crisis global también ha agudizado los desequilibrios financieros asociados al endeudamiento externo de las naciones, por lo que el mecanismo de las remesas pudiera interpretarse por muchos gobiernos como una alternativa para escapar de los efectos más negativos de la crisis.

 

Las posiciones resultan diversas. Por una parte se encuentran las instituciones internacionales como el Banco Mundial (World Bank, 2006) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID/Fomin, 2006) que analizan posibles  mecanismos a través de los cuales las remesas podrían reducir la pobreza y servir como mecanismo para el desarrollo. Sin embargo , otros autores más  críticos (Binford, 2003; Canales y Montiel Armas, 2004; Canales, 2008; Delgado Wise, Márquez Covarrubias y Rodríguez Ramírez, 2007; Márquez, 2010) se encargan de apuntar el carácter privado de estas  transferencias monetarias y su manejo casi  exclusivo en el ámbito familiar.

 

Otra tendencia destaca que las remesas no pueden sustituir al Estado como motor del desarrollo y el bienestar de la sociedad, por lo que reclaman transformaciones estructurales que generen las condiciones nacionales indispensables para que la migración ya no se erija en “solución” en los países subdesarrollados.  Este proceso resulta por demás crucial para poder analizar el devenir de las tendencias presentes y perspectivas en la economía mundial.

 

Esta investigación ha seleccionado las metodologías cualitativa y cuantitativa para responder a la necesidad de abordar las relaciones establecidas entre diversos factores y condicionantes. Se emplearan técnicas tales como la participativa a partir de  entrevistas abiertas y cuestionarios a expertos, y la consulta bibliográfica donde se estudiarán documentos tales como textos y publicaciones seriadas y no seriadas de diversos autores e instituciones nacionales e internacionales, lo cual permitirá explicar las concepciones asociadas al debate teórico actual  y contribuirá a la conformación de criterio en relación a los impactos del fenómeno remesas, haciendo énfasis en la región de América Latina y en  Cuba.

 

OBJETIVO GENERAL: Profundizar en la evolución de las principales tendencias  vinculadas al tema de las remesas internacionales y sus impactos en el desarrollo.

 

 OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

  • Identificar las principales tendencias globales vinculadas al tema de las remesas internacionales.
  • Evaluar el impacto de las remesas en las regiones  subdesarrolladas con énfasis en el caso de América Latina y el Caribe.
  • Promover el estudio de casos, que permitan un análisis de estas experiencias para  retroalimentar  los cambios actuales en la gestión económica de la economía cubana.

 

En el trabajo elaborado se recogen los avances desarrollados en el año 2018. En el periodo analizado se abordaron los temas teóricos vinculados al debate internacional en un primer capítulo; el análisis  de temas vinculados a las remesas y el subdesarrollo incorporando en un segundo capítulo las principales tendencias globales y regionales. Finalmente, en la medida que fueron analizados estudios que vinculan a Cuba con la dinámica de las remesas en la región, se  avanzó en los elementos que condicionan impactos cruciales para este caso en particular. Ello aparece recogido en el tercer capítulo que se presenta en este informe preliminar.

Para el año 2019, el proyecto continuará analizando las diversas regiones subdesarrolladas así como otros casos de países de Europa del Este, donde los temas de las migraciones y las remesas tienen importantes implicaciones y simultáneamente se profundizara en la evolución de estos procesos en la región Latinoamericana, así como se enriquecerán  los impactos para Cuba.

 

Capítulo I : Temas teóricos vinculados al debate internacional

 

Muchos han sido los debates y aproximaciones en torno a  las migraciones, en especial, las internacionales. En ese contexto, las remesas han ocupado un espacio, no sólo en las cuestiones  teóricas, sino también en la implementación de acuerdos bilaterales, discusiones de organizaciones multilaterales y en el impacto socioeconómico y político, tanto en países receptores, como emisores.   Debe destacarse, que tanto para el tema de las migraciones, como en el caso de las remesas, predominan los enfoques económicos y su relación con el desarrollo.

En estos estudios sobre la relación migración- remesas y desarrollo han destacado tres etapas esenciales:

I Etapa: Se corresponde con el enfoque estructuralista de los años 70s y 80s, cuando predominaba el criterio  de que las remesas, al igual que la migración,  generaban obstáculos al desarrollo (nacional y regional). Se consideraba que las remesas  tenían un efecto negativo en la economía y en la estructura social de las comunidades de origen, así como que provocaban dependencia  de los países receptores y su utilización dejaba  a un lado la atención a la inversión productiva. Por tanto, no tributaban al desarrollo de las comunidades y países emisores. Destacaba la crítica a los gobiernos  que buscaban en las remesas una posibilidad de solucionar los problemas sociales de las comunidades, cuando ellos no tenían un programa para solucionar los problemas estructurales. (Jones, 1998).

 

II Etapa: Vinculada a la  perspectiva funcionalista, desde fines de los años 80s, que establece cambios en la perspectiva anterior de análisis. En este caso,  predominaba el enfoque de que las remesas y la migración podían constituir una opción preferente para el desarrollo y la transformación estructural de las comunidades de origen; tenían un efecto positivo sobre el crecimiento y el desarrollo económico de las comunidades; podían contribuir a reducir la pobreza y la desigualdad del ingreso y ayudaban a estabilizar económicamente a la familia, lo que contribuía al desarrollo regional. En ese ámbito destacaban como se había subestimado  la inversión productiva financiada  con remesas. Paralelamente, se insistía en que las remesas podían contribuir a reducir las desigualdades de clase, regionales y rural- urbanas. (Jones, 1998; Montoya, 2006). Se concluía que si las remesas se destinaban a gastos básicos como alimentación, educación, salud y vivienda, de hecho podían  significar mayor bienestar para las familias y tenían un efecto multiplicador para la economía.  En los años 90s, este enfoque incorpora la concepción de codesarrollo, que merece un tratamiento específico,  por lo que se comenta en otra parte del trabajo.

 

III Etapa: Comprende la denominada  visión crítica y ha tenido auge en los últimos años, donde ya no se magnifica sólo la relación remesa-desarrollo, aunque tiende a prevalecer. Se ha intentado reorientar  el debate en función de las nuevas condiciones de la migración y de los resultados que se han visto en la práctica sobre la relación migración-remesas-desarrollo.[1]Esta tercera perspectiva replantea las formulaciones funcionalistas y estructuralistas.

 

 Las migraciones, el desarrollo,  el subdesarrollo y el codesarrollo

 

Para analizar en qué medida las migraciones humanas en general, y las remesas en particular, impactan o influyen en los niveles de desarrollo de las sociedades, antes y ahora, debe analizarse el tema del desarrollo.  El concepto más difundido recientemente es el de desarrollo sostenible que concibe el desarrollo como un proceso  armónico, donde la explotación de los recursos, la dirección de las inversiones, la orientación del cambio tecnológico y las transformaciones institucionales deben estar a tono  con las necesidades de las generaciones presentes y futuras. De esta manera se presenta al desarrollo como un proceso que requiere un progreso global en un conjunto de dimensiones económica, humana, ambiental y tecnológica,, que interactúan entre sí.

 

Sin embargo, conviene también recordar la definición que se plasmó en la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo, según la cual el derecho al desarrollo es  un derecho humano inalienable en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar de un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos, asi como las libertades fundamentales.

 

Tres interrogantes saltan a la vista, las primeras vinculadas al régimen capitalista y la segunda a las migraciones. ¿La esencia –objetivos y leyes- del sistema capitalista permite el desarrollo sostenible? ¿Dónde se ubicarían las poblaciones  para lograr el progreso global?¿pueden las remesas desempeñar un papel esencial en el desarrollo de los países del sur?

 

El avance del sistema capitalista ha sido posible por la explotación de unos países sobre otros, que ha ocasionado una evolución desigual y donde la “aspiración” al desarrollo es lograr lo alcanzado en el plano socioeconómico por los países del norte. Sin embargo, ese modo de vida no es posible para todos, demostrado no sólo por el impacto ambiental del mismo, sino porque no es objetivo del sistema satisfacer las necesidades de la humanidad. Por lo tanto, el concepto desarrollo sostenible –o el muy frecuentemente utilizado desarrollo humano- dentro del capitalismo es sólo una “consigna”, imposible de lograr por la esencia del sistema.

 

Por otra parte, el subdesarrollo expresa una deformación estructural, con una gran dependencia externa y una ubicación desfavorable y subordinada dentro de la división internacional del trabajo, donde se sobreexplotan los recursos naturales en función de las necesidades de los centros económicos más poderosos, lo que conduce al deterioro ambiental y, por supuesto, se afectan las bases del desarrollo económico futuro y, en la práctica, las condiciones social, además de la polarización, expresan pobreza, desestructuración, etcétera. Asimismo, sobre todo en el sur, las inversiones extranjeras (la industrialización)  han afectado  las producciones tradicionales, lo que ha sido una causa permanente de movimiento campo-ciudad.

 

En ese contexto, las migraciones humanas que constituyen las bases del desarrollo capitalista de los países industrializados, mantienen sus principales causas y direcciones si bien se adoptan nuevos enfoques por parte de Occidente que justifican la aparición del fenómeno del codesarrollo. Las causas para la migración  siguen siendo  las mismas, los desniveles de desarrollo y la dirección fundamental: la Sur-Norte. Pero hoy los países capitalistas desarrollados necesitan otro tipo de migración. Esta tendencia ha estado experimentando cambios en los últimos años, como consecuencia de las políticas selectivas y restrictivas de los países receptores y sus necesidades de una mano de obra calificada, así como por el elevado costo de los viajes. Los países del sur ven como resulta estimulada la migración de este tipo de mano de obra calificada y profesional, mientras el norte comienza a insistir en la posibilidad del codesarrollo, ocultando el impacto negativo de la pérdida de esas personas para los países emisores y realzando “lo positivo” de las remesas.

 

El codesarrollo es una categoría que se utilizó para definir determinado tipo de “cooperación” entre el Norte y el Sur en los años 80 que, como se ha demostrado por sus resultados, fracasó, pues portó muy poco a los países subdesarrollados. En la actualidad el concepto codesarrollo vincula a las migraciones y el desarrollo, a través de la cooperación internacional, donde las remesas desempeñan un papel protagónico.

 

Esta concepción fue “relanzada” por Sami Naïr en el segundo lustro de la década de los años 90 del siglo pasado. Para él, el codesarrollo “es una propuesta para integrar inmigración y desarrollo de forma que ambos países, el de envío y el de acogida, puedan beneficiarse de los flujos migratorios. Es decir, es una forma de relación consensuada entre dos países de forma que el aporte de los inmigrantes al país de acogida no se traduzca en una pérdida para el país de envío”. (Nair, 1997)

 

El aspecto más importante del codesarrollo  será la relación entre migración y desarrollo para los países emisores. En esa interrelación, los inmigrantes deben desempeñar un papel esencial, para ello, los países receptores en conjunto con los emisores deben elaborar políticas de migración y de cooperación al desarrollo que vincule al inmigrante como actor protagónico de esta relación, donde la remesa desempeña un papel esencial.

 

Desde sus planteamientos iniciales, el concepto propone una fuerte vinculación a las políticas migratorias, enlazándolo con el control migratorio y con el apoyo al retorno de los inmigrantes a sus países de origen. Como apunta este autor, el propósito real de las políticas de los países del Norte y del capitalismo no es frenar la inmigración, sino estructurar un mercado laboral que le garantice máxima rentabilidad, manteniendo a un segmento del mismo en una situación de precariedad y desprotección. 

 

En el informe de Sami Nair, se articulan  varios ejes de trabajo, los más relevantes:

 

  • Control de los flujos migratorios.
  • Regulación de las migraciones.
  • Establecimiento de contingentes de inmigrantes destinados a formarse trabajando en países desarrollados  con el retorno programado a su país de origen.
  • Compromisos bilaterales para el control de los flujos y del retorno. 

 

Como se observa, el codesarrollo debe basarse en el control y la regulación y, si bien, eso es necesario, sobre todo, para  garantizar la seguridad de las personas que migran, este elemento no es el eje de la propuesta. En la práctica, el codesarrollo trata de satisfacer el diseño de las políticas migratorias del norte: el control y la selección del flujo migratorio.

 

El codesarrollo  plantea como causa de los flujos migratorios, el “poco” desarrollo económico de los países de emigración, y plantea la solución a través del desarrollo (local) de tales zonas de emigración. En la práctica, la ayuda, se concentra a nivel local, a través de mini proyectos, con un efecto limitado a ese.

 

A partir de esta concepción, presente en todos los foros internacionales relacionados con las migraciones, se pretende justificar el incumplimiento en la Ayuda  Oficial al Desarrollo (AOD) destinada a los países más pobres, y privilegiar a los países con más interés económico ara los países donantes. Esta concepción también sobrevalora el papel de las remesas y “legaliza y santifica” el robo de la “cerebros” de los países del sur.

 

El codesarrollo obvia, por una parte, el análisis estructural del sistema y sólo parte de la situación de los inmigrantes en las sociedades, asi como las características de las relaciones entre países y las necesidades reales de los países del sur. Las recetas se reparten de la siguiente manera:

 

  • Del lado del norte se observan los intereses por el control de flujos, la transferencia de conocimiento y recursos.
  •  Del lado del sur se deben aplicar políticas para garantizar el retorno, la inversión productiva de las remesas, la aplicación de conocimientos y recursos procedentes del Norte.

 

En resumen lo que no ha asumido el codesarrollo es el carácter inviable e insostenible del modelo de desarrollo de los países del norte. La práctica del “codesarrollo” podría calificarse como la ley del “embudo”.

 

Aunque se han ampliado los estudios sobre el codesarrollo y su aplicabilidad y se intentaron desarrollar acciones concretas, en la práctica no ha tenido resultados válidos. Paralelo a esto, han comenzado a abundar los estudios de corte académico de instituciones internacionales, tanto de Naciones Unidas, como del Banco Mundial, por sólo citar dos ejemplos, en que se magnificaba –y magnifica- el vínculo entre migraciones-desarrollo, para el sur, esencialmente por el monto, cada vez mayor,  de las remesas.

 

Elementos adicionales de crítica al discurso  de remesas para el desarrollo de los organismos internacionales

A partir de la segunda mitad de la década de 1990, desde diversos organismos internacionales de ayuda al desarrollo (Banco Mundial, UNCTAD, FMI) se ha puesto una mayor atención a los flujos de remesas, enfatizando sus posibles impactos en el desarrollo de los países de origen de la emigración. Durante la Cumbre del G-8 en 2004 se aprobó el Plan de Acción suscrito por el G8 “Aplicando el poder del empresariado en la erradicación de la pobreza (Applying the power of entrepreneurship to the eradication of poverty”), en el cual se dedica un apartado específico a las remesas enfatizando su efecto en el bienestar de las familias y en la creación de pequeños negocios que impulsarían el desarrollo de las comunidades de origen de la migración.

 

También  el Banco Mundial anunció  la creación de la Asociación Mundial de Conocimientos sobre Migración y Desarrollo (KNOMAD, por sus siglas en inglés), entidad ideada para transformarse en un centro global de conocimientos y experiencia en materia de políticas sobre temas de migración. El programa se centrará en una serie de áreas temáticas claves: mejoramiento de los datos sobre flujos de migración y remesas; migración de mano de obra calificada y no calificada; temas de integración en las comunidades anfitrionas; coherencia normativa e institucional; seguridad y desarrollo; derechos de los migrantes y aspectos sociales de la migración; cambios demográficos y migración; remesas, incluido acceso a finanzas y mercados de capitales; movilización de recursos de la diáspora; cambio medioambiental y migración; y migración interna y urbanización. También abordará diversos temas transversales, como género, seguimiento y evaluación, formación de capacidades y percepciones del público y comunicaciones (Banco Mundial, 2013).

 

De esta forma emerge con mucha fuerza el paradigma denominado remesas para el desarrollo, el codesarrollo, que  encuentra en el Banco Mundial y el  Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a sus máximos promotores, especialmente a este último en el ámbito latinoamericano. Este discurso  sobre el impacto de las remesas en el desarrollo se centra en el análisis de los efectos beneficiosos  en los hogares y las comunidades de los  países de origen de la migración.

 

Los principales supuestos del paradigma remesas para el desarrollo de los organismos internacionales

 

Las remesas monetarias  aparecen como la piedra angular de la incidencia de la migración en el desarrollo. Su potencial  de desarrollo que sustenta en los denominados impactos positivos a nivel macro (estabilización de la balanza de pagos, fuente de financiación y de reducción de la pobreza) y en impactos positivos a nivel de desarrollo local (tanto de forma directa en los hogares receptores como indirecta, para el conjunto de la comunidad).

 

De esta forma, las remesas toman la forma de capital, como recursos frescos y posibles de ser invertidos en el desarrollo de las comunidades. Con frecuencia se relacione el monto de remesas que ingresa a un país con el PIB, los fondos por concepto de cooperación internacional o la inversión extranjera que recibe el mismo país (ver Recuadro)

 

 Las remesas que los inmigrantes enviaron a sus hogares representaron el 2% del producto interno bruto (PIB) de todos los países en desarrollo en 2008, pero el 6% del PIB de los países de ingreso bajo en particular. En varias naciones pequeñas de ingreso bajo, las remesas exceden un quinto del PIB y constituyen la mayor fuente de divisas extranjeras (Banco Mundial, 2012).

Las remesas enviadas al país de origen por las corrientes migratorias a los países en desarrollo representan tres veces el volumen de la asistencia para el desarrollo oficial y una ayuda para los pobres. (Banco Mundial, 2012).

 

Entre 2008 y 2010 las remesas registradas superaron a las entradas de AOD e IED en nueve PMA, y en otras ocho economías menos adelantadas superaron a la IED, pero no a la AOD. Aunque las remesas se distinguen de los flujos de capitales por su naturaleza misma, es evidente que desempeñan un papel destacado en el suministro de divisas en un gran número de PMA (Banco Mundial 2012)

 

 

 

En este discurso, los y las migrantes emprendedores y sus familias son los sujetos protagonistas  del proceso de desarrollo local posibilitado por los flujos de remesas. Al contar con las remesas lo que se supone que hagan es disfrutar de  mayores oportunidades de utilización de su dinero. A partir de ahí, “ellos harán el resto” (Bakker, 2006). El primer elemento a cuestionar es que el peso del desarrollo recae esencialmente en las iniciativas individuales como motor del dinamismo económico, con lo cual las instituciones internacionales pueden romper  con las intervenciones macro de combate contra la pobreza.

 

Las remesas, al estar consideradas como capital económico, junto a otros capitales sociales (redes familiares, trabajo familiar y comunitario, organizaciones de migrantes, entre otros), constituirían recursos privilegiados para las comunidades que si fueran bien gestionados, podrían contribuir a superar las condiciones de vulnerabilidad social y precariedad económica, aun cuando las condiciones del entorno estructural en el que viven no les sean favorables.

 

Esta propuesta se basa en el enfoque activos-vulnerabilidades (asset/vulnerabilty) desarrollado por el Banco Mundial, y según el cual esta situación de vulnerabilidad podría ser contrarrestada con una adecuada gestión de los activos (assets) sociales, económicos, culturales, políticos y demográficos que los pobres poseen, independientemente de sus escasos ingresos, y de las condiciones que imponga el contexto estructural tanto interno como externo a estos grupos vulnerables.

 

Dentro de este paradigma, los impactos positivos de las remesas sobre el desarrollo local pueden darse de dos formas:

 

A través del impacto directo en los hogares receptores, pues al incrementarse  los ingresos, se logra un mayor consumo y un mejor acceso a la salud y a la educación. Los resultados finales deberían ser el alivio de la pobreza y una menor vulnerabilidad  frente a situaciones de crisis. Asimismo, se producirían efectos positivos en el empoderamiento de las mujeres, cuyos roles como principales receptoras y administradoras de las remesas pueden mejorar su estatus en el hogar. Esta propuesta considera que esto impactos positivos se pueden potenciar con inversiones “productivas”, es decir, inversiones que incrementen el ingreso futuro de los hogares independientemente de la recepción de remesas.

 

Adicionalmente, también se mencionan  efectos indirectos sobre la comunidad en su conjunto, que pueden producirse de diferentes formas: a) Mediante el efecto multiplicador sobre la economía local, en tanto los receptores de remesas adquieren bienes y servicios de proveedores locales. b) Incrementando el capital humano, sobre todo a través de la mejora en el acceso a salud y educación, lo que a su vez aumenta la productividad económica; c) Incrementando la disponibilidad de capital financiero que puede ser canalizado hacia créditos para inversiones productivas tanto en hogares receptores como no receptores.

 

Otro elemento distintivo de este paradigma es el énfasis en la bancarización de las remesas, entendida como la utilización de intermediarios  financieros formales para el envío o la recepción de remesas. En la medida en que la mayor disponibilidad de recursos monetarios vaya acompañada de cambios en el sistema financiero formal promovidos por el mercado, derivarán en una especie de “democracia financiera incluyente”. Esto, a su vez, incrementará el acceso a servicios financieros tanto a las personas migrantes, como a los hogares receptores de remesas y, más aún, al conjunto de la comunidad, lo cual les permitirá iniciar actividades de emprendimiento que son la columna vertebral del desarrollo local en este modelo.

 

Una perspectiva crítica sobre la vinculación remesas y desarrollo cuestiona el supuesto de base -que las remesas están llamadas a jugar un rol central en el desarrollo- y plantea la importancia de comprender en primer lugar, qué son las remesas, que función  cumplen y cómo se integran en la economía (Canales, 2008).

 

El enfoque antipobreza del Banco Mundial y el BID se orienta a fortalecer los activos de los pobres a través del potencial de las remesas monetarias como capital y para lograr, en  palabras de Canales: “A diferencia del carácter asistencialista que estaba impregnado en las anteriores políticas de combate a la pobreza, este nuevo enfoque traslada el eje de atención a la promoción de una correcta gestión de los activos y recursos de los pobres para que ellos mismos enfrenten y superen su situación de pobreza y vulnerabilidad. […] Según este enfoque, los pobres pueden ser los protagonistas del proceso de desarrollo porque cuentan con los recursos necesarios para tal fin, entre ellos las remesas. En todo caso, tan sólo necesitan  aprender a usarlos y gestionarlos correctamente” (Canales y Montiel I, 2006).

 

En el paradigma “remesas para el desarrollo”, el migrante aparece como un “sujeto neoliberal” (Bakker, 2007) y la migración se presenta como un proceso profundamente empresarial en el que “los migrantes, como empresarios que buscan mercados a lo largo del mundo, atraviesan el planeta en busca de ventajas comparativas” (Bakker, 2007). Un elemento positivo de esta visión es que las personas migrantes y la población beneficiaria de las intervenciones en pro del desarrollo ya no son vistas como meras receptoras pasivas de las políticas o sino que su capacidad de agencia se reconoce. Sin embargo, la forma en que se produce este reconocimiento entraña un riesgo doble y correlacionado: esta capacidad de decisión se valora solo en el ámbito del mercado, y, a menudo, adquiere tintes de instrumentalización. La falta de atención a los derechos de las y los migrantes supone que su capacidad de agencia sólo se valora en términos de “peones del desarrollo global” y no como beneficiarios del mismo. Migran para sostener sus familias transnacionales; los sistemas socioeconómicos de los países más ricos dependen fuertemente de su trabajo y sus contribuciones; y, adicionalmente, se les responsabiliza del desarrollo de sus comunidades de origen.

 

A la hora de destacar el papel estabilizador de los flujos de remesas, es preciso tomar en cuenta que éstas representan una porción muy pequeña de los flujos financieros globales, por lo que no se debe esperar que sus beneficios para la balanza de pagos compensen los riesgos que presentan los capitales especulativos y de corto plazo, que se pueden transferir de un país a otro de forma instantánea. Además, los efectos positivos sobre la balanza de pagos también pueden constituirse en factor de riesgo, tanto en términos económicos como políticos, en la medida en que los países de origen se hacen dependientes de los flujos constantes de remesas para asegurar su estabilidad macroeconómica.

 

La reducción repentina de estos flujos a causa de  crisis o inestabilidad  económica en el país de destino puede tener efectos desastrosos en la economía de origen (tal como en el caso del  empeoramiento de la situación de la eurozona). Los cambios en las políticas migratorias de los países de destino pueden tener un efecto similar, como lo demuestra la reducción en la tasa de crecimiento de las remesas hacia México a causa de las políticas migratorias cada vez más restrictivas de los Estados Unidos.

 

Por otro lado, es  cuestionable la sostenibilidad del  efecto benéfico de las remesas sobre la pobreza, ya que la mejoría económica  de los hogares depende de un flujo ininterrumpido de

dinero desde el extranjero. Mientras que a nivel agregado las remesas representan sumas muy grandes de dinero, éstas están dispersas en una multiplicidad de pequeños montos que a menudo apenas alcanzan para cubrir las necesidades más básicas de los hogares.

 

La evidencia es mucho más contradictoria cuando se trata el impacto de las remesas sobre la desigualdad económica, en tanto los efectos macro sobre la desigualdad parecen estar mediadas por diversos factores, como son la ubicación y el nivel de ingreso de los hogares, entre otros. La evidencia empírica sugiere que las disparidades de ingreso entre hogares receptores y no receptores son mucho más evidentes al nivel local, ya que los hogares receptores no sólo gozan de un mejor estándar de vida, sino que al éstos aumentar su consumo pueden provocar presiones inflacionarias en el costo de la vivienda, terrenos agrícolas, materiales de construcción y otros bienes y servicios, lo que afecta negativamente el consumo de los hogares no receptores

 

Hay que tener en cuenta otros elementos, tales como la necesidad de distinguir entre la proporción de hogares de bajos ingresos dentro del total de hogares receptores de remesas, y la proporción del monto total de remesas que en efecto llega a los hogares de bajo ingreso. En el caso latinoamericano, por ejemplo, aunque la mayor proporción de hogares receptores pertenece al quintil con menores ingresos, el quintil con mayores ingresos tiende a recibir un mayor monto per cápita de dinero.

 

Otro elemento a considerar es en qué medida el efecto multiplicador de las remesas beneficia a las comunidades locales y no a empresas o clases sociales con posiciones más ventajosas en el mercado. También habría que evaluar si el efecto multiplicador está beneficiando otras regiones   (estimulando la migración hacia zonas urbanas o promoviendo la inversión en otras regiones con menos problemas estructurales) o hacia otros países (cuando el efecto multiplicador conduce a un aumento de las importaciones).Si esto ocurre, las remesas pueden crear nuevas desigualdades o profundizar las existentes.

 

Al analizar los impactos locales se deben tomar en cuenta diferentes niveles: el hogar en su conjunto, los miembros individuales del hogar (que pueden no compartir los mismos objetivos o tener igual acceso a los beneficios), y la comunidad en sentido amplio (donde los impactos pueden variar en función de la clase, el género y la etnia).

 

En el mundo subdesarrollado, las miradas hacia los contextos locales permiten develar las desigualdades y problemas estructurales que caracterizan a las comunidades emisoras de migrantes.  En la mayoría de los contextos locales, las remesas parecen funcionar como salario, cuyo excedente se usa para comprar servicios básicos que el Estado no provee (salud, educación, pensiones). En consecuencia, los montos disponibles para ahorro e inversión tienden a ser muy pequeños, lo que condiciona fuertemente la posibilidad y el tipo de inversión a realizar. También hay que considerar que las comunidades emisoras de migrantes generalmente presentan deficiencias estructurales severas, siendo ésta precisamente la causa de la migración. Como señala Newland (2007):

 

“La proporción relativamente pequeña de remesas que se destina a la inversión (más allá de la inversión en capital humano que representan los gastos en educación y salud) no solo refleja las necesidades de consumo inmediato de las familias pobres, sino también el desalentador lima de inversión para los pobres. Mientras no se resuelvan los problemas de infraestructura, corrupción, falta de acceso al crédito, distancia de los mercados, falta de capacitación empresarial y de incentivos al ahorro, no se puede esperar que las remesas resuelvan el problema de la falta de inversión en las comunidades pobres. Mientras tanto, las remesas sirven para sacar a muchos receptores de la pobreza, siempre y cuando las transferencias se mantengan.”

 

Según muestran diferentes estudios de casos en la región la mayoría de emprendimientos empezados con remesas son comercios pequeños, salones de belleza y centros de llamadas, que generalmente se sostienen gracias al auto empleo o al empleo de familiares. Sin una modificación del  contexto estructural, los pequeños emprendimientos individuales basados en remesas tendrán pocas posibilidades de éxito, dado que los/as inversionistas enfrentan restricciones que no pueden ser superadas al nivel individual.

 

Llama la atención sobre el sucesivo reduccionismo a que sido sometido el concepto de desarrollo humano dentro del paradigma remesas para el desarrollo que termina equiparando desarrollo con la expansión mercantil. Al valorar los impactos a nivel macro de las remesas se toma como referencia una noción sumamente estrecha de desarrollo como puro incremento de la actividad mercantil  y  al evaluar el impacto en lo local es más habitual utilizar una visión focalizada en el bienestar.

 

El paradigma “remesas para el desarrollo” es profundamente mercantilista en un triple sentido. En primer lugar, porque sitúa el potencial para el desarrollo promovido por la migración en las manos del migrante emprendedor (¡y de la migrante emprendedora!) que actúa en el escenario del mercado, convirtiéndose así en un paradigma marcadamente individualista. En segundo lugar, porque enfatiza los mecanismos de mercado y desatiende al papel de las instituciones públicas. Y, en tercer lugar, porque es plenamente consistente con las políticas neoliberales, entre ellas, las políticas de liberalización financiera características del actual periodo globalizador.

 

Se considera al territorio como un espacio económico cuyas ventajas comparativas y competitivas pueden potenciarse, asumiendo el papel de las entidades que pueden entrar a competir en el mercado internacional. El problema es que este énfasis en lo local se produce: “en un contexto caracterizado por el fracaso de las políticas de ajuste estructural y de liberalización comercial a la hora de mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población en los países en desarrollo, políticas que además, fueron no sólo impulsadas sino impuestas por estos mismos organismos internacionales de promoción del desarrollo económico (FMI, BID, Banco Mundial, UNCTAD, entre otros), que ahora promueven este nuevo paradigma de desarrollo sustentado en las remesas y el protagonismo de los migrantes” (Canales, 2006).

 

Pero la capacidad explicativa del discurso de los organismos internacionales resulta insatisfactoria, sino se enmarcan las migraciones  como procesos sociales, dentro de las relaciones sociales de producción en las que se desarrollan.  Las migraciones son hechos sociales complejos que no pueden comprenderse completamente sino aceptando la naturaleza social contradictoria de los migrantes, como los  sujetos sociales que están detrás del envío de las remesas. En este proceso entran en juego un conjunto de variables (macro, meso y micro) relacionadas tanto con el país de origen como de destino de la migración.

 

Situar a las remesas en el marco de la economía política global, por otra parte,  requiere comprender que la expansión de la economía capitalista se basa en el reacomodo del patrón de acumulación del capital en función de recomponer aquellos espacios de valorización, que le permitan garantizar  la maximización de las ganancias. La incorporación masiva de fuerza de trabajo barata a modalidades extremas de explotación laboral, donde la migración y en sentido más amplio, la exportación de fuerza de trabajo, se han convertido (…) en las piezas clave. Los resultados que arroja esta configuración capitalista son contrastantes: una descomunal concentración de capital; un agudo crecimiento de las asimetrías entre países, particularmente en el horizonte Norte-Sur, y un incremento sin precedentes de las desigualdades sociales. (Delgado, Márquez, Rodríguez, 2009, p.29).

 

Desde una visión más crítica otros autores (R. Delgado W., H. Márquez C. y H. Rodríguez R, 2009), contribuyen a desmitificar la idea de las remesas como fuente de desarrollo de los lugares de origen y del migrante como agente del desarrollo enarbolada por los organismos internacionales.

 

Las remesas de los migrantes están enmarcadas en modalidades de intercambio desigual dentro de la nueva división internacional del trabajo propia de la globalización neoliberal, que en conjunto generan obstáculos y distorsiones para el desarrollo. Los  países están perdiendo su principal fuente de riqueza, las personas, además, transfieren junto con la exportación de fuerza de trabajo calificada y no calificada, los costos de formación educativa y los gastos familiares y sociales de reproducción.

 

Sin embargo, la evidencia demuestra que la migración trae consigo una forma de transferencia que aparece invisible para la mayoría de los analistas: los costos de preparación educativa y de formación de fuerza de trabajo en general son transferidos en el proceso migratorio, lo que representa ahorros importantes para la economía receptora. El proceso de inserción laboral de los migrantes al mercado de trabajo del país receptor significa una transferencia de recursos derivada de los costos de formación educativa y reproducción social. Estos costos representan la inversión que realizó el país de origen en su programa de educación y el gasto familiar y social para la subsistencia y bienestar de quienes emigran. Visto de otra manera, la inmigración laboral entraña un significativo ahorro en la formación de fuerza de trabajo para el país receptor. Por las asimetrías socioeconómicas, estos costos son bastante menores en los países periféricos a diferencia de los países receptores.

 

La exportación directa de fuerza de trabajo vía migración laboral signi­fica la transferencia de beneficios futuros que se anticipan como ahorros en los gastos de formación y reproducción social de la fuerza de trabajo migrante. Como se ha demostrado para el caso de México, principal país exportador de migrantes del mundo, estos costos no son compen­sados por el flujo de remesas (Márquez, 2007; Delgado Wise, Márquez y Rodríguez, 2009).

 

Entre 1994 y 2008, México  captó un monto acumulado de remesas familiares de 185 mil millones de dólares a precios de 2008. Este flujo de divisas representa la segunda fuente de ingreso después del petróleo, y  su contribución  apoya la subsistencia de alrededor de 5 millones de hogares mexicanos. Sin embargo, México pierde recursos netos que en estimaciones conservadoras prácticamente duplican lo que recibe por concepto de remesas. De hecho, las remesas tienen un impacto limitado en el desarrollo local y la disminución de la pobreza ya que sólo 1/3 de esos hogares logra una ligera mejoría que los ubica provisionalmente en los niveles bajos de la clase media, pero también en los umbrales de la pobreza. Ciertos análisis destacan que sin la entrada de remesas la pobreza se incrementaría entre 1.5% (Rodríguez, 2007) o  y 1.9% (Canales, 2008). Adicionalmente, los pocos proyectos productivos financiados con remesas están desvinculados de estrategias de desarrollo local .

Solamente en 2008,  México transfirió 83 millones de dólares a su vecino del norte, en capital humano. Si los niveles de escolaridad –tomando en cuenta los más bajos y los más altos– con los que los migrantes mexicanos llegaron a Estados Unidos, se hubieran conseguido en ese país, su costo habría sido de 613 millones de dólares, a precios constantes de 2008, en el mismo periodo.

Por otra parte, la entrada de remesas no compensa  costos socioeconómicos para las familias, localidades, que de manera tangible se traducen en el despoblamiento, fragmentación de las familias, el abandono de actividades productivas y la dependencia de remesas en los niveles macro y micro.

 

La naturaleza salarial de las remesas enviadas por los migrantes debe ser entedida como un pseudo sobresalario, es decir, de un salario en apariencia superior al que se percibe en el lugar de origen, pero menor al que captan otros contingentes laborales, en condiciones semejantes, en el país de destino y que es  generado en condiciones de superexplotación y exclusión social.

 

Sobre otros enfoques económicos  relacionados con las remesas

 

En la revisión realizada sobre el estado de las principales investigaciones económicas  relacionadas con las remesas  se pueden delimitar  cinco grandes grupos de temas:

 

Estudios sobre las metodologías de cuantificación y definición de las remesas: se dedican a la preparación de herramientas de registro y estimación de las remesas, así como a su conceptualización. Los análisis que en otros periodos se basaban en el uso de encuestas y métodos indirectos de estimación con el tiempo se ha redirigido hacia la utilización de datos procedentes de la balanza de pagos de y la introducción de indicadores para analizar el tema de las remesas en los países.

 

Investigaciones que abordan  las repercusiones económicas de las remesas en la estabilidad  macroeconómica de los países receptores. A lo largo de las diferentes etapas abordadas en el debate internacional se destacan los enfoques más cercanos en el tiempo que hoy defienden  el efecto supuestamente estabilizador de las remesas y su resistencia ante los embates de la crisis económica a diferencias de otros flujos financieros como la ayuda oficial para el desarrollo (AOD)  y la inversión extranjera directa (IED). Este tratamiento también es el resultado de los impactos recibidos por estos flujos financieros a raíz de la contracción generada por la crisis global.

 

Investigaciones sobre los impactos de las remesas en el combate contra la pobreza y mejorar los indicadores de educación y salud y sobre todo el capital humano: Algunos de estos trabajos confieren a las remesas un papel esencial  como parte de una estrategia antipobreza que  empodera a los pobres y contribuye a la formación del capital humano. Si bien en otros casos se destaca la ausencia de políticas que promuevan un mayor aprovechamiento de estos flujos en función de un diseño más integral de desarrollo.

Otro grupo de estudios profundiza en la  identificación de los factores determinantes y en las motivaciones que explican la decisión de enviar remesas. En este sentido, las presiones económicas que ocasionan la migración,  hoy  reflejan cambios en las tendencias originales cuando se constata que lo que inicialmente  fue destinado a la sobrevivencia de las familias en los países de origen puede convertirse  en inversión productiva

También son cada vez más las investigaciones que reflejan cambios en la tendencia histórica de la migración Norte –Sur ya que  van cobrando un mayor protagonismo  los corredores Sur-Sur,  sobre todo a partir de las transformaciones en los patrones migratorios.

A continuación se comentan estas tendencias.

  1. Cuantificación y definición de las remesas

En la actualidad los países cuantifican  las remesas a través de las balanzas nacionales de pagos. Esta información es recogida por los bancos centrales de cada país y remitida al Fondo Monetario Internacional (FMI), desde donde se elaboran las estadísticas comparadas. Sin embargo, numerosos autores (Martínez 2008), han llamado la atención sobre las dificultades que genera de utilizar la balanza de pago. Se señala que el problema con utilizar la balanza de pago es que las categorías y definiciones que ahí existen no fueron diseñadas para identificar envíos realizados por migrantes, por lo que los registros tienen alta probabilidad de que aparezcan mezclados con otros tipos de envío, o simplemente no queden registrados (Martínez 2008).

 

Por su parte,  Alejandro Canales (2008) señala que la principal dificultad es el subregistro de los envíos, pues parte importante de los envíos sigue utilizando canales informales (envíos a través de personas). A esto se le añade el hecho que dentro de la balanza de pagos se pierde información respecto de los usos y destinos que esas remesas tienen.

 

Al respecto, Reinke y Patterson (2005) , en Martínez (2008) señalan que las remesas de los migrantes autoempleados no se recogen en el rubro de “remesas de trabajadores”, sino como transferencia de capital. Agregan que el Manual de Balanza de Pagos del FMI no contempla la categoría de inmigrante, pues solo distingue residentes (a partir de un año y no residentes).

 

A pesar de estas limitaciones, esta metodología, al menos  permite la comparabilidad de los datos a nivel internacional y la posibilidad de ofrecer una estimación a lo largo de períodos prolongados de tiempo, lo que posibilita analizar su evolución respecto de otras variables micro y macroeconómicas.

 

Otra de las herramientas utilizadas para medir el flujo de remesas es la aplicación de encuestas a  familiares en origen o migrantes en destino que permitan registrar información de los dineros enviados y/o recibidos (Durand, Parrado et.al, 1996). El problema con las encuestas es que son aplicadas a grupos acotados, por lo que se pone en cuestionamiento la representatividad de los resultados[2].Una dificultad adicional con las encuestas es la validez del dato entregado, pues en determinados casos existe alta desconfianza por parte de familiares o migrantes para entregar este tipo de información, especialmente cuando la persona se encuentra en una situación de irregularidad.

 

Frente a las complejidades que presenta la medición con la balanza de pagos y las  encuestas, Martínez (2008), plantea la necesidad de avanzar en modelos que combinen o triangulen ambos métodos para poder alcanzar una mayor validez en la calidad de la información.

 

  1.  Sobre la definición y tipos de remesas

 

En la literatura consultada existe un consenso en que las remesas son transferencias de recursos económicos desde lugares donde residen los migrantes hacia sus familias y/o comunidades en el país de origen. De modo generalizado se definen como las porciones del ingreso de los migrantes internacionales con residencia temporal o permanente en el país donde trabajan (Martínez, 2008). Más concretamente, las remesas representan una parte de la remuneración salarial que envían los migrantes a sus dependientes económicos radicados en sus lugares de origen con el propósito de sufragar los gastos ordinarios para la subsistencia familiar (Márquez, 2010).

 

Visto desde una perspectiva financiera, las remesas se definen como una transferencia unilateral entre residentes de dos países distintos que no tienen por objeto el pago de un bien o un servicio 

 

Una primera distinción que realizan  autores (Lozano, 2004; Delgado, et al  2009;  Canales, 2008), es la clasificación  entre remesas familiares o salariales y remesas colectivas.

 

 

Cuadro 1 Clasificación Tipos de remesas, usos y áreas de atención prioritaria

      

Tipo de

 remesas

Emisor

 remesas

Receptor Diferentes usos de las remesas
Remesas individuales Recursos económicos enviados Emigrante Individual

Familiares del País de origen, socios, amigos

Satisfacer las necesidades básicas de  los receptores: Gastos especiales destinados a solventar  costos asociados a problemas de salud específicos (tratamientos, urgencias médicas, operaciones).

 ahorro familiar,  celebraciones, fiestas o llamadas telefónicas

Remesas 

Colectivas 

Clubes y asociaciones  de migrantes

Organizaciones del distrito, pueblos etc

Gobiernos locales

Socios o inversionistas

Fondo de ahorro y uso colectivo Infraestructura en pequeña escala (Gasto Social)

Inversión productiva en pequeñas y medianas empresas

      Fuente: Elaboración propia a partir de Lozano (2004), Martínez (2008)

 

Para la mayoría de los autores consultados las remesas cumplen dos funciones principales. La primera se refiere a la reproducción material de la familia, es decir, las remesas son utilizadas en alimentación, vestimenta, abrigo, educación, salud. La segunda se relaciona con la reproducción social de la familia. Aquí cobra importancia mantener los vínculos pese a la distancia espacial, realizar celebraciones que marcan encuentros y reencuentros familiares (cumpleaños, navidades, día de la madre, entre otros).

 

Para Canales (2008) así como para diversos autores, estas funciones corresponden al rol tradicional del salario. En estricto rigor, se trata de un dinero obtenido por un trabajo realizado por uno de sus miembros (proveedores principales y/o secundarios) y que permite la reproducción material y simbólica de la familia y de cada uno de sus integrantes. La diferencia es que en este caso el trabajador/a realiza su trabajo fuera de los límites territoriales de su hogar, incorporando un elemento de trasnacionalidad en el análisis.

 

Es fundamental el vínculo entre los  trabajadores en el extranjero, ya sea hombre o mujer y la familia resulta central para que se produzca el flujo de remesas. En este sentido Moctezuma (2006) señala que las remesas “a) reafirman permanentemente las relaciones familiares; b) aseguran expresividad afectiva, al tiempo que atienden diversas situaciones de emergencia; y c) promueven la movilidad social de las comunidades” (p.92). Al mismo tiempo se reconoce que las remesas involucran relaciones sociales, de ahí que no se pueda considerar estos  flujos económicos sin considerar el contexto social que las origina  (Durand, en Moctezuma 2006).

 

Para autores con un enfoque neoclásico (Keely-Tran 1989) son positivos los efectos de la exportación de la fuerza de trabajo, ya que la remesa es una fuente adicional de moneda extranjera  que contribuye a equilibrar la balanza de pagos: paga una gran parte de las importaciones.  Otro efecto favorable para las economías receptoras es la menor volatilidad que muestran las remesas respecto a otros flujos de capitales, tales como la inversión extranjera directa, exportaciones, ayuda oficial, etc. Dicha estabilidad permite reducir el impacto negativo de los shocks tanto  internos como externos.

 

La investigación de Acosta, Calderón, Fajnzylber y López (2007) llama la atención sobre los efectos de estas transferencias monetarias sobre el crecimiento  y el hecho de que  las inversiones realizadas a partir de las remesas recibidas impactan en el crecimiento económico de estas economías. En otros trabajos se destacan  evidencia de que las remesas son contra cíclicas, lo cual tiende a reducir la volatilidad de las tasas de crecimiento económico en los países receptores.

 

  1. Sobre los impactos de las remesas en el combate contra la pobreza y mejorar los indicadores de educación y salud y sobre todo el capital humano:

 

Otro foco de atención de estos estudios ha sido analizar y medir el impacto de las remesas en distintos ámbitos de la economía nacional (por ejemplo, distribución del ingreso, reducción de la pobreza, impulso al crecimiento económico, formación de capital humano). Al respecto se destacan :

 

Stark (1991): señala que las remesas responden a la preocupación del inmigrante por el bienestar de sus familias receptoras que cuentan  con una renta adicional que podrá ser destinada a incrementar el consumo o la inversión en capital humano (educación y salud). Esta genera un efecto multiplicador en la economía.

 

FMI (2005): estima que si bien el impacto de las remesas en el crecimiento económico podría ser limitado, éstas tienen un efecto importante en el bienestar.

 

PNUD (2009): cuando las remesas se destinan al consumo, a menudo este ejerce efectos similares a la inversión a largo plazo, la mejora en la nutrición y en artículos de consumo básico enriquece el capital humano y por ende los ingresos futuros

 

 

  1. La identificación de los factores determinantes y de las motivaciones que explican la decisión de enviar   remesas.

 

 Algunos autores dividen las teorías de las remesas en tres grupos:

 

Recuadro Grupos de remesas de acuerdo a motivaciones

  

 

Motivaciones

Función de utilidad

Hipótesis básicas

Puramente

 Altruistas

La seguridad de  los padres, hijos o del cónyuge

 

Dependerá de su propio consumo  y  de la utilidad ponderada del resto del hogar  en el país de origen.

Las remesas se incrementarán con el nivel salarial del migrante.

Las remesas  disminuirán con el nivel de ingreso del hogar del país de origen

Puramente

 Egoístas

Envía dinero para (i) invertir en activos o  porque tiene la  aspiración de heredar una mayor  proporción  del legado de sus  padres

Inversión para el migrante

el migrante decide acumular bienes en el país de origen  para el futuro

                     

.

 

Altruistas/egoístas moderados o

interés

compartido:

Contrato implícito mutuamente beneficioso entre el hogar y el migrante

 la devolución de la inversión  se traduce en la  forma del envío  de remesas

el hogar actúa como asegurador del potencial migrante al inicio,  dándole educación o instrucción necesaria para realizar alguna actividad económica

Después el emigrante se convierte en el asegurador del hogar de origen

 

Fuente: Lucas, Robert y Stark, Oded (1985),      

Por su parte, Adams (2011) hace un análisis de sección cruzada (cross section) con una  muestra de países en desarrollo (Sur) y obtiene algunos resultados que sugieren que el nivel educativo de los migrantes es de importancia para determinar el nivel per cápita de los flujos de remesas recibidos en el Sur. Aquellos países que ‘exportan’ una mayor proporción de migrantes altamente calificados (educados) reciben menos remesas per cápita que países que lo hacen en una menor proporción. Una de las posibles explicaciones es que los migrantes altamente calificados envían menos remesas porque ellos tienen más probabilidad de traer a sus familiares con ellos y de permanecer en el nuevo país y, de esta manera, se preocupan menos por volver eventualmente a sus países de origen. En tanto que los migrantes de baja calificación tienden a enviar más remesas porque su migración es más temporal y se preocupan más por el eventual regreso a sus hogares.

 

  1. Sobre las remesas Sur-Sur

 

Numerosos estudios demuestran que existen importantes diferencias en la dinámica y el impacto del fenómeno migratorio y las remesas entre los contextos Norte-Sur y Sur-Sur. Autores como Ratha y Shaw (2007), en un estudio sobre migración y remesas, plantean algunos hallazgos que vale mencionar acerca de las remesas Sur-Sur. Destacan que en los marcos de esta migración hoy se mueven alrededor de  74 millones de personas,  residentes en otros países en desarrollo. En ese sentido se constata que la magnitud relativa de las remesas sur-sur respecto al total de remesas se ubicaba para mitad de los 2000 entre el  10 y 30 % del total de remesas recibidas por  los países subdesarrollados. Se calcula que el promedio de remesas mensuales provenientes de la migración Norte-Sur es  4,5 veces el monto de las recibidas en la migración Sur-Sur.

 

Sin embargo, aunque pequeño el monto, la importancia en el ingreso de los hogares resulta determinante  ya que elevan el bienestar  económico de los hogares  pobres. Adicionalmente, esta redistribución de recursos humanos en el Sur, contribuye a mejorar la disponibilidad de fuerza de trabajo en diferentes regiones de los  países implicados. Sin embargo, los costos de envío de las remesas Sur –Sur  son más altos que los costos para las remesas Norte-Sur, debido, en general, a la   falta  de competencia en el mercado de remesas, a la falta de desarrollo financiero  en los países  del Sur y a las altas comisiones en el cambio de divisas en ambos lados de  dichas transacciones.

 

Otro elemento a destacar es que la mayor parte de los migrantes tiende a ser de origen rural. En el contexto de esta migración se observan también menos opciones para el envío de  remesas, por ejemplo, se conoce que existen más opciones para enviar remesas  desde EUA, donde también hay mayores posibilidades para  reducir los costos de envío de las remesas .  En América Latina y el Caribe la participación de los bancos e instituciones  financieras  formales en las transferencias de remesas es mucho menor.  También se ha observado que una buena parte de las remesas que se reciben son en especie. Muchos de los  mensajeros  informales, transportan mercaderías, alimentos e incluso personas, además del dinero, hacia los países vecinos. De forma general, en este tipo de migración se observa una menor  confianza en las instituciones financieras formales.  Los inmigrantes  confían menos  y tienen menos experiencia con las instituciones financieras formales por lo que dan preferencia a los canales informales para enviar sus remesas.      

 

II Capitulo

Remesas y Subdesarrollo: Principales tendencias globales y regionales

 

Las migraciones continúan siendo tendencias características del proceso de globalización neoliberal, reflejos de sus múltiples dimensiones económicas, sociales, ambientales, culturales y humanas, entre otras. Las transferencias financieras internacionales por concepto de remesas han evolucionado en correspondencia con los flujos migratorios y con las condiciones socioeconómicas de los países de origen y de destino.

 

En 2017 se reportó un flujo global de remesas de 613 miles de millones U$D, y de este total el 76% correspondió a las corrientes dirigidas hacia países de ingresos bajos o medios (PIBM), es decir,  466 miles de millones U$D. El incremento de las remesas en el mundo en 2010-2017 fue de un 31%; y en los flujos orientados hacia los PIBM  fue de 36.7%.

 

Según estadísticas del Banco Mundial, correspondientes al período 1990-2018 (y proyecciones para 2019), los flujos de remesas hacia los PIBM superan ampliamente a los montos de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y resultan mucho más estables que los flujos privados de capital, incluida la inversión extranjera directa (IED) (Figura 1)

 

Figura 1:

Flujo de remesas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con relación al destino geográfico de los montos de remesas internacionales, cabe apuntar que más de la mitad (53%) de las remesas dirigidas a PIBM se dirigió a Asia en 2017: Este de Asia y Pacífico (28%) y Sur de Asia (25%). Luego se ubica América Latina y el Caribe, que absorbió en ese año un 18% y Medio Oriente y Norte de África con 12%. Europa Oriental y Central captó un 10% y África Subsahariana un 8% (Figura 2).

 

Figura 2:

 

Remesas recibidas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ubicación relativa de estas regiones con relación a la cantidad de remesas recibidas se mantuvo en sentido general entre 2014 y 2018. En todos los casos se registraron caídas de este indicador en 2016, seguidas de una recuperación en los años siguientes;  excepto en América Latina y el Caribe donde se mantuvo la tendencia creciente durante este período (Figura 3).

 

Figura 3:

Remesas hacia PIBM

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La transferencia de remesas a los PIBM en 2010-2017 aumentó en 125 mil millones de dólares y de ese total el 55% correspondió a Asia (Sur de Asia: 28% y Este de Asia y Pacífico: 27%); 18% a América Latina y el Caribe, 11% a Medio Oriente y Norte de África; 8% a Europa y Asia Central y 6% a África Subsahariana (Figura 4).

 

Figura 4:

Incremento de remesas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los principales receptores de remesas en 2017, según las estadísticas del Banco Mundial fueron India, China, Filipinas, México, Nigeria y Egipto. Estos seis países recibieron el 51% de las transferencias realizadas por este concepto hacia los PIBM en ese año.

Si se analiza el comportamiento de estos flujos como proporción del PIB, los países que se ubican en los primeros lugares son Kirguistán, Tonga, Tayikistán, Haití, Nepal y Nigeria. Estos seis países muestran proporciones remesas/PIB cercanas o superiores al 30%.

 

Figura 5:

Mayores receptores de divisas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con relación a los costos de las transferencias por concepto de remesas, estudios recientes, como los del Banco Mundial, revelan que los mismos han permanecido en buena medida en torno a 7.1% (según datos del 1er trimestre de 2018), es decir más del doble de la Meta de Desarrollo Sostenible del 3%.

 

Entre las razones que contribuyen a estos altos costos se destacan las medidas adoptadas por la banca comercial para reducir riesgos; y los acuerdos exclusivos en los sistemas de correos nacionales y operadores específicos para estas transferencias. Estos factores limitan la introducción de tecnologías más baratas y eficientes (ej. aplicaciones de internet y Smartphone) en los servicios de remesas. En general, los bancos siguen considerando a las remesas como un sector de alto riesgo.

 

Los costos de transferencia más bajos se registran en el Sur de Asia (5.2%), mientras en África Subsahariana se opera con los costos más elevados (9.4%). En muchos países africanos y pequeños estados insulares del Pacífico los costos suelen ubicarse por encima del 10%, debido a los bajos flujos formales y problemas tecnológicos (Figura 6).

 

Figura 6:

Correlaciones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Correlación entre los flujos de remesas y el crecimiento económico en los países de origen de dichas remesas

 

Como parte de este estudio se llevó a cabo una exploración inicial acerca de la correlación existente entre la variación de las remesas y la dinámica económica de los países de origen y destino de estos flujos, para las principales regiones receptoras de PIBM en 2015-2018.

 

Para el conjunto de los países en desarrollo (PIBM), existe una correlación positiva alta entre el comportamiento de las remesas recibidas y la dinámica del PIB en los países desarrollados (países de destino), aunque la variación de las remesas resulta más volátil que la dinámica del PIB (Figura 7). En el caso de los países en desarrollo de Asia, esta correlación sigue pautas muy similares a las del conjunto de los países en desarrollo (Figura 8).

 

Figura 7:

Remesas 7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 8:

Remesas 8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las variaciones en los montos remesas recibidos por África en 2015-2018 están muy correlacionados positivamente con la dinámica del PIB en Europa (importante área de destino) y poco correlacionados con la evolución del PIB en África (Figura 9).

 

Por su parte, el comportamiento de las remesas que recibe América Latina y el Caribe registra una alta correlación negativa con la evolución del PIB en EE.UU., lo que pudiera explicarse por factores tales como mayores posibilidades de deportación en condiciones de menor crecimiento en EE.UU. lo que pudiera estimular la emisión de remesas  en esos períodos (Figura 10).

 

En cualquier caso, esta es una primera aproximación en la búsqueda de explicaciones económicas y extraeconómicas al comportamiento de estos flujos financieros, que si bien son relativamente estables con relación a otros flujos financieros privados, también tienen importantes anclajes a las principales tendencias económicas en los países de origen y destino.

 

Figura 9:

Remesas 9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Figura 10:

Remesas 10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros temas afines

 

Otros temas conexos a los flujos migratorios y las remesas, con implicaciones económicas significativas son los de los costos del empleo que deben asumir los trabajadores migrantes y el de las condiciones socioeconómicas en las rutas de tránsito, tales como: África Subsahariana – Norte de África – Europa; Asia Occidental y Sur de Asia – Turquía – Europa; América Central – México – EE.UU.; y Asia Occidental – Tailandia/ Malasia / Indonesia – Australia

 

Acerca de los costos del empleo, la bibliografía especializada destaca que dichos costos tienden a ser más altos para los trabajadores migrantes de  bajos ingresos, para los cuales se combinan los altos costos de reclutamiento y condiciones laborales muy adversas.

 

Estos son temas que pudieran objeto de otros estudios socioeconómicos relacionados con los flujos migratorios y sus consecuencias socioeconómicas, desde una perspectiva m

 

 

Capítulo III: Impactos globales y regionales en los flujos de remesas a Cuba.

 

El tema de las remesas en Cuba no ha sido exhaustivamente tratado en la literatura académica. Adicionalmente la mayoría absoluta de los estudios elaborados han sido realizados por académicos residentes fuera de nuestro país y –en muchos casos- son manipulados políticamente contra el proceso revolucionario cubano.

Por otro lado los estudios sobre las remesas a nivel internacional son relativamente recientes y aún se discute sobre el valor de las estadísticas que sirven de base, así como la metodología para el estudio del tema.

El análisis en este trabajo incluirá una breve valoración de la situación de las remesas en América Latina y el Caribe antes de proceder al estudio del tema en Cuba. En este caso se analizarán las características específicas de la remesas para nuestro país incluyendo estimados de su volumen y su utilización. El trabajo finalizará con algunas consideraciones sobre las perspectivas y algunas alternativas para el uso de las remesas en la economía nacional.

Visión reciente de las remesas en la región

Históricamente las remesas han estado asociadas a los procesos migratorios y han jugado un significativo papel en el consumo de la población –fundamentalmente- en los países subdesarrollados, principales receptores de las mismas.

Según un estudio del Banco Mundial[3] las remesas recibidas por países de América Latina y el Caribe se estima que alcanzaron los 87 000 millones de dólares en 2018 y se pronostica que crezcan hasta los 90 000 millones este año. El país que mayor volumen de dinero vía remesas recibió fue México con 33 700 millones de dólares, aunque en proporción a su PIB el mayor índice lo tiene Haití con el 26,5%. Otro hecho destacable es que las remesas han crecido un 52,6% en los últimos 8 años, aunque la cifra es ligeramente inferior al crecimiento del conjunto de países subdesarrollados (53,7%).

El mayor generador de remesas hacia la región es Estados Unidos, aunque también países de la Unión Europea –especialmente España- ocupan un lugar destacado. El costo de envío de las remesas para nuestra región se estima en el 5,9% de su valor, aunque el costo de la remisión desde EEUU hacia América Latina y el Caribe es ligeramente más bajo, 5,4%.

Las estadísticas de las remesas en todo el mundo siguen siendo objeto de polémica, ya que existen diferentes metodologías para su cálculo y también se discute en relación a los procedimientos para su estimación, ya que se emplean para ello encuestas de diversa naturaleza, tanto para los remitentes como para los receptores.[4]

En cuanto al uso de las remesas por los receptores, en América Latina y el Caribe se ha observado que hasta el 2006 su uso era casi totalmente como fondo de consumo familiar. Sin embargo, a partir de esa fecha comenzaron a utilizarse las remesas como fuente de capital para inversiones en pequeños negocios y como capital de operaciones para los mismos. También se llevaron a cabo experiencias del empleo de remesas como capital conjuntamente con otros inversionistas, tales como entidades gubernamentales, para proyectos de interés comunitario.[5]

En síntesis, “Las migraciones configuran un doble proceso de transferencias económicas. Por un lado, son una forma de transferencia de fuerza de trabajo desde las comunidades de origen hacia las economías desarrolladas. Por otro lado, las remesas y otros bienes y servicios que envían los migrantes constituyen un flujo en sentido inverso que contribuye a la reproducción social de los inmigrantes, sus familias y comunidades de origen.” (Canales, 2018).

 

Análisis de los flujos de remesas hacia Cuba

 

El estudio de las remesas en el caso de la economía cubana muestra un conjunto de aspectos comunes a otros países, pero también presenta importantes diferencias.

En primer término, no existe una cifra oficial y pública de las cantidades de dinero recibidas en el país, ni de su uso por los receptores. Tampoco se tiene la cifra de los envíos en especie realizados. En relación a este aspecto, algunos autores consideran esos envíos como remesas. En este trabajo se entiende por remesas aquellas que involucran operaciones financieras solamente.

En segundo lugar, la ausencia de información oficial –salvo un estimado brindado por Marino Murillo[6] en la Asamblea Nacional de diciembre de 2014- provoca que existan múltiples cálculos.

En tercer lugar, las remesas se han utilizado por parte del gobierno de Estados Unidos como un elemento de presión política contra Cuba.

En cuarto lugar, las remesas en moneda convertible ingresan en la balanza de pagos del país expandiendo las reservas del Banco Central de Cuba. Al propio tiempo, una vez convertidas en pesos convertibles, financian -de facto- el sector no estatal de la economía (trabajadores por cuenta propia, el sector privado agrícola y los cooperativistas) además del consumo familiar de las personas que las reciben.

Por último las modalidades de envío de las remesas así como su costo tienen características particulares, ya que una parte no despreciable de las mismas se envía a través de viajeros que entregan el dinero personalmente a los receptores, a los que se les denomina popularmente como “mulas”. A esto contribuye que su costo por vías formales resulta elevado.

Según se podrá observar, la mayor parte de las remesas se estima que parten de EEUU, por lo que el grueso de las estadísticas disponibles se refieren a ese país. Adicionalmente –según datos del 2015- otro 13% de las remesas se recibían de Europa, básicamente España y un 19% de países de América Latina y otros países en desarrollo, entre ellos destaca un 8% proveniente de trabajadores cubanos de Venezuela.[7]

El tema de las remesas a Cuba en la legislación norteamericana ha variado en el tiempo, aunque siempre ha estado sometido a manipulación política.

Un breve resumen de la evolución de la legislación[8] revela que los envíos a Cuba estuvieron prohibidos oficialmente entre 1963 y 1978 y posteriormente entre 1994 y 1998. A partir de 1978 se admitieron oficialmente las remesas, unidas a la autorización por el gobierno de James Carter para los viajes de la comunidad cubanoamericana a Cuba[9], situación que fue revertida parcialmente por Ronald Reagan desde 1982 y por George Bush posteriormente, hasta la prohibición de William Clinton de 1994. Este último las volvió a autorizar en 1998 hasta que fuera nuevamente restringido el envío de remesas por George W. Bush en el 2004.

En este último caso se señala que “Las regulaciones del 2004 eliminaron la licencia general para viajes a su país nativo a los cubanoamericanos, requiriendo los emigrados cubanos de una licencia específica de la OFAC para hacerlo. Después de julio del 2004 los familiares podían recibir autorización para visitar la “familia inmediata” una vez cada tres años y llevar consigo 300 dólares en remesas[10] para miembros de la familia en Cuba, cifra drásticamente menor que los 3 000 dólares como máximo previamente autorizados bajo las regulaciones de la OFAC.” (Barberia, 2004).[11]

En el 2009 el presidente Barack Obama eliminó las restricciones para viajar a Cuba y restableció el límite de las remesas en 3 000 dólares. Esta política se mantuvo y –en algunos aspectos- se amplió desde el inicio del proceso de normalización de relaciones entre los dos países en diciembre del 2014.

Sin embargo, nuevas sanciones contra Cuba se iniciaron bajo la administración de Donald Trump en el 2017, las que si bien hasta el momento no se han referido directamente al envío de remesas a Cuba de forma general, si lo han hecho en relación a la prohibición de recibir las mismas a más de un millón de personas que constituyen todo el cuerpo de dirección del gobierno, miembros y funcionarios de la Asamblea Nacional, miembros del MINFAR y el MININT, miembros del Partido Comunista de Cuba y dirigentes de las organizaciones de masa como la CTC y los CDR.[12]

Como se apuntó en la primera parte de este trabajo, la base para la emisión de remesas se encuentra –básicamente- en el nivel de migrantes de  cada nación. Según el Censo de EEUU del 2013 en ese país vivían 2 013 155 cubanos, de ellos el 57% nacidos en Cuba y el 43% en Estados Unidos.[13] De ellos durante el 2017 visitaron Cuba 493 169 y se estima que alrededor del 2015 enviaba dinero al país el 65% de ellos.[14]

Un tema que añade complejidad al cálculo de las personas que envían remesas a Cuba, es que –a partir de la Ley Migratoria de 2013- los cubanos que viajaban y vivían en el exterior de manera temporal se elevó al 84% del total entre 2013 y 2016, frente a un 16% entre 2008 y 2012. A su vez la cantidad de personas con familiares en el exterior llegó a 3 547 523, lo que representa el 32,1% de la población residente en el país.[15]

Desde que en 1993 se abrió la posibilidad de recibir remesas legalmente en Cuba, el volumen de las mismas y el uso de estos flujos financieros ha ido variando de manera acelerada, lo cual puede apreciarse en los siguientes datos que muestran las cifras máximas y mínimas de los diferentes estimados, cifras que se refieren –fundamentalmente- a los Estados Unidos :

 

TABLA Nº 1.- ENVÍO DE REMESAS A CUBA (EN MILLONES DE USD)

 

Año

Cantidad

Por ciento del PIB*

Por ciento de las exportaciones

1995

** 537 / 583

2,7%

20,0%

2000

740 / 987

2,6

22,9

2005

1 070 / 1 100

2,6

12,3

2008

1 200 / 1447

2,4

11,6

2010

1 920 / 2 000

3,1

14,0

2011

2 295 / 2 300

3,3

13,3

2012

2 605

3,6

14,0

2013

2 834

3,7

15,2

2014

**1 700 / 3 129

3,9

17,6

2015

**1 500 / 3 354

 3,8

        22,4

2016

3 445

3,8

25,2

2017

3 000 / 3 575

3,7

25,4

 

Notas: * Se toma la cifra máxima estimada

           ** Datos ofrecidos oficialmente.

Fuentes: Spadoni (2014); Morales (2017); Murillo (2014); ONEI (Varios años) y estimados del autor.

 

Como se apuntó anteriormente, no existen series estadísticas oficiales sobre las remesas recibidas en Cuba. De tal modo, los estimados que se recogen en la tabla se basan en diversas técnicas para efectuar el cálculo.  Al respecto se ha señalado: “El indicador “proxy” más cercano son las transferencias netas reportadas en la balanza de pagos, donde se considera representan el 90% de estas.” (Sánchez y Triana, 2010)[16]. Sin embargo, la publicación del desglose de la balanza de pagos en los Anuarios Estadísticos de Cuba solo se produjo hasta inicios de los años 2000, por lo que posteriormente los cálculos basados en ella se han apoyado también en estimaciones.[17]

Igualmente se presentan otras complicaciones técnicas: a la hora de efectuar encuestas entre los remitentes o los receptores;[18] al basar los cálculos en las características socioeconómicas de los remitentes;[19]o al tomar el volumen de ventas en divisas en la isla como el principal punto de referencia para calcular las remesas.[20]

De igual modo existen otros puntos de vista diferentes que se expresan a la hora de considerar como remesas flujos como las propinas del turismo,[21] el dinero que remiten al país los trabajadores que cumplen misiones internacionalistas en otros países, lo que ingresan al país profesionales que obtienen contratos para trabajar en el exterior, creando una suerte de emigración circular -que no existía antes de la nueva Ley Migratoria del 2013-,   e incluso lo que paga el Estado cubano a través de los sistemas de estimulación en pesos convertibles.[22]

Los datos de que se dispone muestran un crecimiento medio anual entre 1995 y el 2017 del 8,6% en las remesas recibidas en el país. Sin embargo, hay una clara diferenciación entre el período que va de 2008 –año que se inician los primeros cambios de la reforma económica- hasta el 2014, cuando las remesas crecen a un ritmo promedio anual del 13,7%, período que coincide con el mayor incremento de  los trabajadores del sector privado y cooperativo, que lo hacen al 8,7%, lo que ofrece una clara correlación positiva entre ambas magnitudes.

Por otro lado, si bien el peso de las remesas en el PIB se mantiene entre 2,4 y 3,7% en el período, se aprecia un importante crecimiento en el peso de estos ingresos en relación a las exportaciones de bienes y servicios, proporción que se eleva al 25,4%, cifra por encima de los años del Período especial y que pone de manifiesto la potencialidad e importancia relativa de estos recursos financieros para el país.

Otro elemento de importancia es el costo de las remesas a Cuba por vías formales[23], el que se considera muy elevado, donde se reportan cifras que lo ubican en el 11% de la cantidad de dinero enviada en 2018.[24]No obstante, a inicios de los años 2000 el costo para agencias especializadas como la Western Union fluctuaba entre el 10 y el 30%; para MoneyGram/Transcard del 9 al 22%; para Caribe Express del 10 al 18% y para Duales (Canada) del 10 al 15%, entre las entidades más significativas. En el caso de los bancos, las transferencias de Argentaria (España) fluctuaban entre 2,5 y 5,0%; las de Caja Madrid de 4,5 a 5,0% y las del National Bank of Canada 10%. Finalmente se transferían fondos vía tarjetas de débito como Transcard (Canada), que cobraba entre 5,0 y 5,5% por transacción; Quick Cash entre 10 y 20% y otras como Visa Master Card, Banamex etc. [25]

El origen de las remesas se mantiene centrado en EEUU, aunque se registran variaciones, ya que en el 2005 se concentraba en Norteamérica el 81% del total, cifra que desciende al 68% en el 2011 y vuelve a reportarse un 90% en el 2018. Las vías de transferencia se mantienen aproximadamente en un 50% por vías formales y otro 50% por vías informales.[26]No obstante, en el primer caso se observa un incremento en los últimos años en la misma medida en que se utilizan las remesas como vehículo para el pago por servicios prestados en la isla a cuenta de entidades extranjeras. Al respecto se señala “Los canales usados para enviar remesas se han convertido también en una vía para los cubanos de la Isla para recibir pagos por renta de alojamiento para turistas, para trabajos a distancia como: consultorías de negocios sobre temas jurídicos o económicos, trabajos de diseño, creación de aplicaciones para teléfonos móviles, traducciones, edición de libros, tutoría de tesis, diseño de programas de computación, elaboración de artículos sobre economía, cultura, medicina, pagos por obras de arte, etc.” (Morales, 2018).[27]

Un caso singular en este sentido es el de la empresa Airbnb. Al respecto se reporta que maneja en su plataforma 32 000 capacidades de alojamiento en Cuba y en 2016 el 12% de los norteamericanos que visitaron la Isla se alojaron utilizando las reservaciones de la compañía, la que paga a los dueños cubanos de los hospedajes mediante remesas.[28]

A continuación se examinará más detenidamente el uso de las remesas por parte de sus receptores.

 

El empleo de las remesas en Cuba

En primer término se estima que en el 2009 recibían remesas directa o indirectamente solamente 30% de la población, pero las mismas se concentraban en un 59,1% en los dos deciles más altos de la distribución de ingresos, al menos en el caso de La Habana, donde se registraba  el 60% de las remesas que entraban al país.[29]Estas proporciones se estima que han sufrido pocos cambios en los últimos años. De este modo si bien las remesas resultan un factor de compensación de los bajos ingresos salariales de una parte de la población, son –por otro lado- un factor clave en la diferenciación de ingresos que se ha producido entre los cubanos desde los inicios del Período especial.

En efecto, se ha estimado que existe un deterioro del índice GINI cuyo valor  llegaba a 0,22 a mediados de los años 80, pero se calcula por un especialista que pudo llegar a 0,55 en 1995,[30] para ubicarse –según otros estimados- en 0,38 en 1996.[31]Ya desde entonces se señalaba que “El principal factor asociado a la mayor desigualdad de ingresos monetarios es poseer una fuente estable de ingresos en divisas. Ello responde a que algunos bienes de consumo esenciales como los artículos de higiene y limpieza personal, entre otros, solo se ofertan en el mercado racionado en cantidades insuficientes o en el mercado en divisas, por lo que aquellas familias sin ingresos frescos en esa moneda deben asimilar el incremento de precios que supone la adquisición de la divisa en el mercado monetario.” (Alvarez y Mattar, 2004).

En años más recientes  es válido suponer que el coeficiente GINI puede haber llegado a 0,43 debido a la reestratificación social que se ha producido a partir de la reforma económica en curso.[32]Un factor clave en esa reestratificación se observa cuando –según datos del autor- en el 2017 el salario real de los trabajadores estatales se encontraba todavía por debajo del devengado en 1989 en un 10,6%, mientras que los ingresos de los trabajadores no estatales resultan mucho más elevados.[33]

Desde otro punto de vista las remesas impactan en la macroeconomía contribuyendo al incremento de la liquidez en manos de la población, que convierte una parte de las remesas a pesos cubanos dado el mayor poder de compra del mismo en productos o servicios con precios subsidiados. De tal modo la liquidez ha aumentado del 41,5% del PIB en 2008 al 53,8% en 2017, incrementando la presión inflacionaria medible en las dos monedas que circulan en el país.[34]

Por otro lado la división de las remesas entre fondo de consumo y fondo de acumulación no está precisada cuantitativamente aún. La mayoría de los autores coinciden en la preponderancia casi absoluta del uso de las remesas como fondo de consumo desde 1993 hasta el 2008. Esto puede apreciarse en la insuficiencia para invertir que registra el volumen de las remesas estimadas en su comparación con el cálculo de las ventas en divisas en el mercado minorista de la Isla hasta el 2008, situación que cambió a partir de entonces.

De la información  puede inferirse que si en el 2008 las remesas quedaban por debajo de las ventas minoristas en divisas en 286 millones de CUC (16,5%), en el 2015 se presentaba un excedente de 473 millones (16,4%) como potencial fondo de acumulación en las mismas.

Otra forma de calcular un excedente potencialmente disponible para inversiones de las personas naturales se muestra al comparar el incremento de los ingresos de las personas frente al aumento del consumo final de los hogares.[35] En efecto, las cifras entre el 2008 y el 2017 muestran un incremento de 41 559 millones de pesos en los ingresos, en tanto que el consumo final de los hogares creció en 24 323 millones, lo cual refleja un incremento del potencial utilizable con fondo de acumulación de 17 236 millones de pesos, o unos 689 millones de CUC a la tasa de cambio de CADECA.

 

TABLA Nº 2.- ENVIO DE REMESAS A CUBA Y VENTA DEL COMERCIO MINORISTA EN DIVISA (MM DE USD)

 

Año

Cantidad máxima de remesas

Venta minorista en divisas

Relación entre remesas y ventas (%)

1995

583

537

108,6%

2000

987

986

100,0

2005

1 100

1 391

79,1

2008

1 447

1 733

83,5

2015

3 354

2 881

116,4

Fuentes: Spadoni (2014) y estimado para el 2015, basado en Murillo (2015).

Igualmente el uso de las remesas como elemento de apoyo al consumo –especialmente en el caso de los alimentos- ha ido incrementándose en los últimos 30 años, en la misma medida en que se han reducido las entregas de productos subsidiados a través de la libreta de racionamiento y se ha incrementado la compra de alimentos a precios no subsidiados en CUP o en CUC. De tal modo, el consumo de alimentos en el hogar cubría solo el 22,5% del gasto total de la población en 1988.[36] Todavía en el 2001 el 75% del acceso a la disponibilidad de calorías, el 71% de las proteínas y el 67% de las grasas se obtuvieron por canales subsidiados por el Estado,[37]y aún en el 2009 la libreta de abastecimientos satisfacía el 55% de los requerimientos nutricionales de la población.[38]

Sin embargo, ya a la altura del 2016 se reportaba que el 49% de los gastos de la población se destinaban a alimentos,[39]pero un estudio más completo mostraba que se produjo una disminución en el consumo aparente de alimentos de la población entre 2008 y 2013, unido a que las familias dedicaban entre el 65 y el 75% de sus gastos a la compra de los mismos.[40] Finalmente un análisis reciente demuestra que actualmente se requiere un promedio de 2 300 pesos mensuales por núcleo familiar –equivalentes a 92 CUC o a tres salarios medios en CUP- para cubrir sus necesidades básicas.[41]

No obstante, esta tendencia a generar mayores gastos no ha impactado por igual a toda la población, ya que el 30% que recibe remesas ha podido cubrirlos satisfactoriamente dado el incremento que se observa en las cantidades recibidas en los últimos años, por lo que no puede afirmarse que las remesas hayan cubierto –de manera general- el incremento en los gastos de la población.[42]

Por otro lado el empleo de las remesas para nutrir el fondo de acumulación de pequeños negocios comenzó a manifestarse con posterioridad al año 2008.

Una encuesta realizada por Manuel Orozco  y Katrin Hansing alrededor del 2011 mostraba que en esos momentos el 23% de los receptores de remesas en Cuba incluidos en la muestra ya tenían un negocio. De esos negocios un 26% se dedicaba a la venta de alimentos; un 19% poseía peluquerías; un 4% rentaba habitaciones y un 3% desarrollaba actividades vinculadas al comercio de importación y exportación. Por su volumen de ventas aparecían la renta de habitaciones, con un ingreso por ventas mensuales de 1 400 dólares; las actividades vinculadas al comercio con un ingreso de 550 dólares y los restaurantes (paladares) con un ingreso de 500 dólares.[43] Otro trabajo de Orozco[44]de 2014 significaba que existía un potencial del 16,4% de las remesas para inversiones y capital de trabajo de los receptores.

Adicionalmente una información elaborada con datos del 2017 –que requeriría una mayor precisión sobre la metodología empleada para los cálculos-[45] destaca, no obstante, que el 96% de los negocios operaban con ganancias y que el 47% recuperaban la inversión inicial en menos de dos años. En cuanto a los volúmenes globales de ganancia anual se destacaba el sector de comercio de importación y exportación (sin licencias para operar) con un máximo de 2 000 millones de dólares al año; los restaurantes (paladares con 1 712 licencias para operar) 693 millones; renta de habitaciones (con 35 066 licencias) 430 millones; y transportación (con 54 350 licencias) 287 millones. Finalmente, este autor estimaba que los cubanos de la Isla habían realizado inversiones en otros países por 366 millones de dólares.

Todas estas actividades se verían favorecidas por la autorización para la compraventa de casas y autos, así como por las facilidades para viajar temporalmente al exterior a partir de la nueva Ley Migratoria del 2013 y también por los efectos favorables del inicio del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos a partir de diciembre del 2014.

Perspectivas

Resulta muy difícil realizar un pronóstico sobre el nivel de las remesas en los próximos años. Sin embargo, el estudio del Boston Consulting Group de 2016 estimaba que las mismas llegarían a 6 000 millones de dólares anuales en el 2020, cifra que a la altura del 2019 resulta difícil de alcanzar cuando en el 2017 el estimado máximo logrado llegaba solo a 3 575 millones.

No obstante, puede suponerse razonablemente que las remesas deben haber crecido  en el 2018, probablemente lo hagan también este año y que continuarán siendo la fuente fundamental para la ampliación de los negocios del sector privado y cooperativo en el país.

En tal sentido y tomando en cuenta experiencias internacionales que ya existen, es preciso elaborar un proyecto de fondo de inversión conjunto entre el Estado cubano y los remitentes y receptores de remesas, que permita elevar la capacidad de inversión del país y –al mismo tiempo- ofrecer algunas alternativas de solución a problemas sociales y también productivos.

Experiencias como la del programa 3 x 1[46] de México merecen valorarse. En este caso se trata de remitentes de remesas que son emigrados mexicanos en Estados Unidos, los que se propusieron resolver problemas sociales y productivos en sus comunidades de origen, a cuyo propósito se unió el Estado mexicano, con un flujo que ya alcanza decenas de millones de dólares y que ha resultado exitoso.

Otras variantes fueron expuestas por el académico de Estados Unidos Cheney Wells en el 2011,[47] donde examina propuestas de fondos de inversión para aplicar en el caso de Cuba.

Existen diversas experiencias que pueden analizarse para adecuarlas a nuestra realidad y tal vez en una primera etapa, dirigir los esfuerzos a compartir la carga del Estado en proyectos de inversión de alto costo como la construcción

Finalmente no debe ignorarse que el volumen de recursos que supone la entrada de remesas al país merece un tratamiento adecuado y posible, brindando beneficios a todas las partes y –particularmente- al Estado cubano que hoy no se beneficia de esta importante fuente de financiamiento externo.

 

Conclusiones parciales

 

A escala global, la magnitud del financiamiento generado por estos flujos hoy supera los montos de Ayuda Oficial para el Desarrollo y marchan en 2do lugar detrás de la IED.

 

Si bien el  debate internacional, paulatinamente asume tendencias donde se confiere a las remesas el papel de alternativa para el desarrollo de los países del sur,  en realidad  su proyección constituye un reflejo de las deformaciones estructurales  del sistema capitalista.

La crisis global también ha agudizado los desequilibrios financieros asociados al endeudamiento externo de las naciones, por lo que el mecanismo de las remesas es interpretado  por muchos gobiernos como una alternativa para escapar de los efectos más negativos de la crisis.

Las migraciones están presentes en todos los países y regiones y su impacto se manifiesta de una u otra forma. Aunque las tendencias desde Occidente tratan de restar importancia al fenómeno de la  descapitalización,  el efecto negativo para los emisores es evidente, sobre todo por la pérdida de mano de obra calificada, así como por  la desestructuración regional y, en ocasiones, familiar. Asimismo, abundan el tráfico y trata de personas y las contradicciones entre países y regiones emisoras y receptoras. También las migraciones pueden repercutir negativamente sobre las economías de las regiones receptoras de diferentes maneras: al presionar sobre el mercado de fuerza de trabajo, así como aumentar las dimensiones de la economía sumergida o la creciente desigualdad. En otro sentido se manifiestan acciones xenófobas y racistas, entre otras.

Entre los aspectos más  negativos de  este proceso se destacan, particularmente lo  referido  a la inequidad de su distribución en los países de origen, la irregularidad de los montos (que tienden a disminuir a medida que los migrantes se instalan de manera durable en el extranjero), la presión social y psicológica que pesa sobre los migrantes para que envíen cantidades importantes, y  la dependencia, el efecto disuasivo para el trabajo, el consumismo que pueden propiciar en las regiones de origen.

También se observa la tendencia a considerar a las remesas como posibles sustitutos del Estado, como motor del desarrollo y el bienestar de la sociedad. De hecho lo que se necesitarían serían  transformaciones estructurales que generen las condiciones nacionales indispensables para que la migración ya no se erija solución en los países subdesarrollados.

Los movimientos vinculados a la relación migración-remesas  no permiten el desarrollo de vínculos justos y equitativos,  sino más bien siguen reproduciendo las mismas condiciones que  continúan beneficiando, como en otras etapas, a una parte del sistema, al  capital. El mercado de fuerza de trabajo migrante está a disposición de los países desarrollados, por lo que, en la práctica, los flujos migratorios internacionales tributan al desarrollo de unos pocos y al subdesarrollo de la mayoría.

Como se ha comentado, las remesas desempeñan un papel esencial en la concepción del codesarrollo con lo cual las instituciones internacionales  promotoras constantemente  hacen alusión a que estos flujos se han convertido en una fuente de ingresos para los países del sur, que supera la AOD y, en ocasiones, a las inversiones directas foráneas.

El enfoque de triple win, «los tres factores ganan» en el debate sobre la triangulación entre remesas / migración \desarrollo, genera una representación demasiado optimista de la migración ya que ésta favorece el desarrollo de los países de origen, responde a las necesidades de los países de destino (en términos de mercado laboral o de demografía en particular) y además permite a los migrantes mejorar su nivel de vida. Este enfoque responde a los intereses de los Estados y de otros actores, como el sector privado (que ve reconocida la demanda de mano de obra extranjera y la flexibilidad laboral)

Pero estos argumentos siguen sujetos a debate: numerosos son los enfoques que plantean que las remesas deben convertirse en factor clave en las políticas de desarrollo de las economías nacionales, para promover la superación de la pobreza y la disminución de la desigualdad, Pero, en la práctica, las remesas conforman un proceso extremadamente vulnerable , en la misma medida que no responde a lógicas nacionales , sino individuales y se encuentra sometido a las presiones lógicas que impone el sistema capitalista.

Es cierto que las remesas han desempeñado un papel significativo para paliar algunas de las necesidades básicas de muchas de las familias de los inmigrantes en el sur y han generado  mejoras en determinadas áreas. Sin embargo, sobredimensionar su papel, deja a un lado una cuestión básica, los países del sur necesitan un proyecto de desarrollo real, no un paliativo y deben fomentar aquellas condiciones básicas para dar cumplimiento al mismo.

En este contexto, la creación de estímulos financieros para promover la inversión redirigida hacia proyectos, fundamentalmente locales y regionales en un país como Cuba, puede tener impactos positivos.  Sin obviar el carácter sensible e inestable de estos flujos, la creciente entrada de remesas al país puede generar una dinámica favorable en tanto responda a los programas de desarrollo nacionales y se identifiquen políticas y proyectos que resulten atractivos para este capital.

 

  • Entre las posibles alternativas se proponen :

 

  • Una posible solución depende de la «diáspora del conocimiento», o sea,  que los migrantes calificados que puedan regresar a sus países e invertir o participar en proyectos a distancia gracias a las nuevas tecnologías.

 

  • Aunque esta solución parece sencilla y atrayente, implica un conjunto de condiciones que no siempre se encuentran reunidas ( la voluntad de los migrantes y la posibilidad de viajar de un país a otro, lo que no es siempre compatible con las estrategias de los gobiernos en materia de control de la migración).

 

  • Convertir el debate migración\ desarrollo  en el objeto de análisis y políticas públicas sin olvidar la sensibilidad del tema vinculado a la legitimidad o no  de la intervención del Estado en lo que concierne a la gestión de los recursos privados de los migrantes

 

  • Instrumentar mecanismos financieros atractivos para el depósito de remesas en los bancos como activos de inversión

 

  • Alentar una gestión colectiva de las remesas en manos de los mismos trabajadores migrantes.  El caso de las organizaciones de migrantes (Hometown Associations) es frecuentemente citado como un modelo. Estas asociaciones, que aparecieron en los años noventa y reúnen migrantes latinoamericanos residentes en Canadá y Estados Unidos, permiten centralizar los fondos e invertirlos en proyectos colectivos en beneficio de las regiones de origen.

 

  • Promover mayor transparencia en el sector de los servicios financieros para que los migrantes puedan comparar fácilmente las tarifas de envío de dinero de los diversos proveedores de servicios y obviar los canales ilegales.

 

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[1] En estudios realizados en países latinoamericanos, algunas de los efectos negativos de las remesas, revelan que: contribuyen a la diferenciación económica y social entre los habitantes de las comunidades expulsoras,  no alimenta los procesos de desarrollo debido al uso improductivo de las remesas,  disminución de la producción local. A nivel familiar, además de la dependencia hacia las remesas. 

[2] Por ejemplo, las encuestas suelen realizarse en zonas urbanas por las mayores facilidades que reviste realizarlas en esos contextos, pero en países como México o República Dominicana, gran parte de las remesas tiene como destino las zonas rurales, quedando estas subrepresentadas o sin información

[3] Banco Mundial (2018)

[4] Ver Stefoni (2011).

[5] Ver el programa 3 x 1 de México en Stefoni (2011).

[6] Ver Murillo (2014)

[7] Ver Orozco y Hansing (2015). En estos cálculos se ubicaba a EEUU con el 68% de remesas emitidas.

[8] Una amplia explicación en este sentido puede verse en Lorena Barberia (2004) y en Kaplowitz (1998).

[9] No obstante, desde esa época y hasta el 2014, los viajes fueron bajo la modalidad de vuelos charter.

[10] Ello no significa que no se remitieran cifras mayores de remesas a Cuba, pero tenían que realizarse a través de terceros países, con un costo más elevado aún.

[11] Traducción del inglés por el autor.

[12] Ver Whitefield (2017).

[13] Ver US (2013)

[14] Orozco y Hansing (2015).

[15] Ver ONEI (2018).

[16] Otros autores calculaban las remesas en la balanza de pagos como la diferencia entre las transferencias corrientes y la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD). Ver Barberia (2004).

[17] Ver CEPAL (2000 y 2012) y Barberia (2004)

[18] Ver Orozco (2012) y Orozco y Hansing (2015).

[19] Ver Aguilar (2001)

[20] Ver Spadoni (2014).

[21] Para algunos autores los gastos de bolsillo de los turistas pueden llegar a 1 000 millones de dólares al año. Ver Torras y Ferran (2018).  Dentro de esta cifra se encuentran las propinas, las que –en criterio del autor- pueden estar en el entorno del 20% de esa cifra.

[22] Según estimados del autor, el sistema de estimulación en divisas llegó a cubrir alrededor del 30%  de los trabajadores estatales, con una cifra promedio mensual de estimulación de unos 12 CUC, lo que hubiera representado en el año 2005 alrededor de 165 millones de CUC.

[23] No se conocen las cifras de los envíos por vías informales, pero se infiere que deben resultar inferiores a los de las agencias especializadas.

[24] Ver WB (2018).  El cargo para las transferencias entre EEUU y América Latina y el Caribe como promedio fue 5,4%.

[25] Barberia (2004).

[26] Ver Orozco y Hansing (2011) y Morales (2018).

[27] Traducción del inglés por el autor.

[28] De otra forma no pudiera hacer sus negocios en Cuba debido a las leyes del bloqueo de EEUU. Ver Morales (2018).

[29] Ver Sánchez y Triana (2010).

[30] Fabienke (2001).

[31] Ver Alvarez y Mattar (2004).

[32] Ver Galtes (2016) y Rodríguez (2018).

[33] Los trabajadores no estatales representaban ya el 31% de los ocupados en el 2017. Ver ONEI (2018), Galtés (2016) y BCG (2016).

[34] Ver ONEI (2010 y 2017).

[35] Ver ONEI (2008 y 2017).

[36] Ver Díaz, (2010).

[37] Alvarez y Mattar (2004).

[38] Ver Díaz (2010).

[39] Ver BCG (2016)

[40] Ver Anaya y García (2016)

[41] Ver Anaya y García (2018)

[42] No se ignora que otras fuentes de ingreso en CUC pueden haber compensado en alguna medida el incremento de los gastos, pero por su volumen tanto las propinas del turismo, como los fondos de estimulación en CUC y otras fuentes menores de ingresos deben haber tenido un impacto limitado.

[43] Ver Orozco y Hansing (2015).

[44] Ver Orozco (2014).

[45] Ver Morales (2018a).

[46] Se inversiones donde trata de un fondo de interviene (1) el emisor de remesas, (2) el gobierno de México y (3) las autoridades de las comunidades receptoras. Ver Stefoni (2011).

[47] Ver Wells (2011).


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