La COVID 19 ha estremecido al mundo. No tiene rostro, ni ideología, no diferencia las clases sociales, ni credo, ni sexo, ni raza o etnia; por lo tanto es un problema a enfrentar con seriedad de conjunto por la humanidad. Sin embargo, aún estamos muy lejos de concientizar ese estadío utópico de solidaridad global, libre de signos políticos. No bastan los esfuerzos aislados por parte de algunos países, aunque sin duda, merecen respeto quienes la practican.