Hace un decenio se publicó “El silencio del Parlamento Europeo”, cuando el órgano legislativo de la Unión Europea exhibió su vocación injerencista para juzgar a Cuba. Poco ha cambiado la institución que propende a evaluar y certificar el comportamiento de los denominados terceros países (los no aliados ni afines) respecto a la democracia y los derechos humanos, según los cánones occidentales.