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Dossier «Ucrania: Las claves de un conflicto en tiempos de desinformación»

Otros autores: Dr. Mario A. Padilla Torres, Dr. Jorge Casals Llano, Lic. David Lorenzo Menéndez, Lic. Leyla Carrillo Ramírez, Dr. Nelson Roque Suástegui, MSc. Ángel Rodríguez Soler, Lic. Mayra M. Bárzaga García, Dra. Sunamis Fabelo Concepción y MSc. Elio Perera Pena
marzo 21, 2022   0
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Introducción

Desde el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) en La Habana ofrecemos a nuestros lectores un primer dossier sobre el actual conflicto en Ucrania, que incluye artículos redactados por nuestros investigadores desde varias perspectivas, distintas experiencias, pero todos pensados con el objetivo común de aportar elementos de contexto, que en su mayoría no han sido tenidos en cuenta por aquellos que pretenden imponer una sola interpretación de los hechos.

Esta fue la experiencia que pudimos extraer de un ejercicio similar publicado sobre Kazajstán semanas atrás, cuando se vio amenazada la seguridad nacional de aquel país, antecedente que pocos relacionan hoy con lo que sucede en territorio ucraniano.

A esta entrega sucederán otras, en la misma medida en que puedan irse apreciando las posibles implicaciones que los hechos tendrán, no sólo en el contexto de las relaciones entre Ucrania y Rusia, o entre esta última y la OTAN, sino en una multiplicidad de impactos que pueden afectar desde la política interna de varias naciones, los precios futuros de hidrocarburos y derivados, hasta el esbozo de nuevas doctrinas militares.

Un grupo importante de analistas ha tratado de definir la ecuación agresores-agredidos mirando simplemente a los hechos del 24 de febrero pasado. Otros, con más ponderación, han ido más atrás en el tiempo y revisitan lo sucedido internamente en Ucrania entre el 2014 y el 2015. Una buena parte de la población mundial actual no había nacido cuando se desintegró la Unión Soviética junto al campo socialista y se reunificó Alemania, hechos que por sí mismos cuestionaron la existencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y su expansión al oriente europeo.

La visión desde Cuba, sin pretender generalizar, debe ser ante todo nuestramericana y, por tanto, se ve con preocupación no sólo lo que sucede en el marco europeo, sino también derivaciones tales como la identificación de socios extracontinentales de la OTAN en el hemisferio occidental, proyecto que en días recientes ha sido promovido con la misma intensidad que la rusofobia que ha venido asociada al conflicto.

Desde Cuba se ha manifestado una y otra vez el rechazo a la guerra, pero también a las precondiciones que las generan. Y estas últimas se relacionan tanto con la práctica del hegemonismo en las relaciones internacionales, como con la producción permanente de nuevos y más sofisticados armamentos, como con la vocación de ciertas naciones de inmiscuirse contantemente en los asuntos internos de otras y dedicar grandes presupuestos a ese fin.

A pesar de que los principales medios “informativos” de occidente, incluyendo todas sus plataformas digitales, han pretendido ofrecer una corriente de pensamiento universal y monolítica respecto a la operación militar especial rusa, lo cierto es que poco menos de 40 naciones, la mayoría agrupadas en Europa, ha acompañado sus pronunciamientos de condena con acciones reales que se circunscriben a sanciones económicas, o políticas.

Es decir, otros 150 países hasta el momento no han ido más allá de un planteamiento multilateral y observan el escenario político desde su propia experiencia por haber sido víctimas del neocolonialismo, de diversas guerras que han sufrido antes en sus propios territorios y también como víctimas de la agresión económica de un neoliberalismo feroz que se apropió de sus recursos materiales y buena parte de los humanos. En aquellos casos los agresores nunca fueron rusos.

Entre los propios europeos, que ha habido más cohesión en seguir las pautas trasatlánticas, no se puede decir tampoco que el ánimo sea el mismo al momento de pagar las facturas de cualquier producto que ahora son mucho más caras, ni a la hora de asimilar los desplazados que genera el enfrentamiento y mucho menos cuando para algunos la declaración de fe a Washington puede significar derrota en breve en comicios domésticos.

Se nos ha pretendido vender por años la idea del pensamiento único, el mundo globalizado, los paradigmas compartidos y otras generalizaciones, pero tal parece que la interdependencia ideológica no se corresponde ya con la interdependencia económica. Y aún en caso en que existiera una coincidencia total en las apreciaciones, esta sería a nivel de élites y no de aquellos que son los desempleados en las recesiones y los que pierden sus pequeños ahorros cuando quiebran los bancos.

Como sucede en cualquier situación de crisis internacional, se ha seguido con detenimiento la acción de las principales economías mundiales y de aquellos países que tienen cada vez más un protagonismo político tanto en asociaciones multilaterales, como en la que se considera su área geográfica de influencia. Se habla de nuevo de la multipolaridad, discusión siempre interesante, pero que deja a un lado el reclamo de la mayoría del Tercer Mundo: un multilateralismo efectivo. Pueden ser dos conceptos asociados, pero no significan exactamente lo mismo. La existencia de naciones que puedan ser un reto a la casi indisputada hegemonía estadounidense de los últimos treinta años puede significar un aliciente para algunos. Esta sería una buena noticia, en toda su extensión, solo si un Hegemón no es sustituido por émulos que pretendan influir y dominar a los países más pequeños que integran su entorno.

En cualquier caso, parece que se convertirá en una tendencia a partir del 2022 el uso de varias monedas para el comercio internacional y el surgimiento de alternativas bancarias que debiliten el poder de los sistemas de control actuales que han convertido a Nueva York, como ciudad, y a los bancos de la llamada Reserva Federal en los reguladores principales de las transacciones universales. Nadie querrá estar a expensas, como lo han  sido Rusia, Irán y Venezuela recientemente, de que sus reservas sean congeladas y robadas por delincuentes de cuello blanco que sirven a agendas políticas específicas.

Ha sido más que evidente el liderazgo “desde atrás” de Estados Unidos en los hechos que nos ocupan. Después de una retirada sin “misión cumplida” de una guerra declarada por veinte años contra el terrorismo, los estadounidenses no parecen estar en condiciones de alistarse tras un presidente que representa apenas a un sector de su propio partido y que verá un resurgimiento de la oposición oficial en las elecciones de medio término del próximo noviembre.

Las víctimas ucranianas y rusas de estos días, que son todas muy lamentables, han dejado en un segundo plano al casi millón de víctimas de la COVID19 en Estados Unidos, sumadas a otros miles de fallecidos por enfermedades curables en el mismo período, que no son resultado de la fatalidad, sino de la incapacidad de ese estado de proteger a sus ciudadanos incluso dentro de sus fronteras.

Estas son apenas algunas reflexiones iniciales para introducir los artículos que leerán a continuación, invitándolos nuevamente a asumir una actitud crítica ante lo dicho, a ponderar y a hacer observaciones que servirán para que nuestro trabajo de investigación pueda ser mejor.

La única alternativa de que disponemos ante la incultura de masas que se produce y que se vende desde todos los ingenios capitalistas de la cuarta revolución industrial es el conocimiento, el estudio, volver a las raíces y proyectar el futuro desde la Historia. Este puede ser el aporte del CIPI en cuanto a las relaciones internacionales.

Contenido

Introducción. José Ramón Cabañas

El conflicto que no debió existir. Mario Antonio Padilla Torres  

Ucrania y el reordenamiento geopolítico global. Jorge Casals Llano

Ucrania en la geopolítica de Rusia. David Lorenzo Menéndez

Percepciones sobre un conflicto anunciado. Leyla Carrillo Ramírez y Nelson Roque Suástegui

Cien días del nuevo gobierno en Alemania. Proyecciones ante el conflicto ruso-ucraniano. Ángel Rodríguez Soler

La dimensión comunicacional del conflicto ruso-ucraniano. Mayra M. Bárzaga García, Sunamis Fabelo Concepción y Elio Perera Pena


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